 |
Las inversiones socialmente responsables son aquéllas
que a los tradicionales criterios financieros añaden criterios sociales
y medioambientales permitiendo a los inversores combinar objetivos
financieros con valores sociales, vinculados a ámbitos de justicia
social, desarrollo económico, paz y medio ambiente |
Preguntas Iniciales
- ¿Qué es la inversión ética o socialmente responsable y con qué
mecanismos cuenta para lograr su finalidad?
- ¿Qué es un fondo de inversión ético y en qué se diferencia de un fondo
solidario?
- ¿Qué experiencias internacionales existen sobre financiación ética y
qué avances se están dando en España?
- ¿Añade valor la información social, ética y medioambiental de las
empresas a las decisiones de un inversor convencional?
1. Introducción
La inversión socialmente responsable o inversión ética es
aquella que a los tradicionales criterios financieros incorpora criterios
sociales y medioambientales. Esta filosofía de inversión permite a los
ahorradores ser congruentes con su modo de pensar y pueden servir incluso
como mecanismo de presión desde el sector privado para cambiar o al menos
orientar las decisiones empresariales de acuerdo a aspectos sociales o
medioambientales. Además, de estas inversiones se benefician un conjunto de
pequeños proyectos y microempresas que no pueden obtener fácilmente
financiación al no ofrecer las garantías convencionales que exigen las
entidades financieras tradicionales.
El compromiso del inversor ético puede consistir en la
simple exclusión o inclusión de determinadas empresas a la hora de escoger
sus inversiones, como hacen la mayor parte de los fondos de inversión y de
pensiones éticos, o suponer una implicación más directa en el desarrollo
social y sostenible de determinadas comunidades, participando con capital en
proyectos, empresas o bancos que apoyan dichas comunidades. Estos últimos
mecanismos de inversión y financiación alternativa pueden consistir en
fondos de microcréditos o fondos rotatorios, fórmulas de capital riesgo o de
garantía recíproca, operaciones de canje de deuda por desarrollo o emisión
de valores mobiliarios como bonos solidarios.
Pero sin duda, la forma más extendida de invertir con
criterios de responsabilidad social es a través de la participación en
fondos de inversión o de pensiones éticos o socialmente responsables Estos
fondos permiten dirigir el ahorro de forma colectiva hacia determinados
valores que, además de ser rentables, conllevan la financiación de empresas
socialmente responsables. En algunos casos, una comisión ética seleccionará
los valores, en función de la información suministrada por agencias de
calificación independientes o índices sociales, y garantizará que se cumplen
una serie de criterios contemplados en el ideario.
Al estudio del significado de las inversiones socialmente
responsables, su tipología, finalidad y evolución dedicaremos este capítulo,
prestando especial atención a los elementos que configuran los denominados
fondos de inversión éticos cuyo desarrollo en nuestro país es de momento
escaso.
2. Concepto y justificación de las inversiones éticas o
socialmente responsables (ISR)
El ahorro ético es una fórmula de inversión que, sin
renunciar a la rentabilidad, permite al ahorrador dirigir su excedente hacia
aquellas empresas que contribuyen positivamente a un desarrollo justo y
equilibrado. Las inversiones éticas no suponen ninguna innovación en el
campo de la ingeniería financiera, simplemente hacen explícito su contenido
social, medioambiental o redistributivo. Utilizan los instrumentos que
proporciona el sistema financiero convencional para canalizar recursos hacia
iniciativas y proyectos en los que se conjugan criterios de rentabilidad
económica y social. Suponen un importante compromiso social del inversor, ya
que permiten canalizar ahorro hacia proyectos o empresas que contribuyen al
desarrollo en países empobrecidos así como hacia organizaciones o sectores
excluidos del crédito y la financiación dentro de los países desarrollados.
En definitiva, son instrumentos alternativos y complementarios de
financiación para la acción social y el desarrollo que en algunos casos
permiten al inversor reforzar sus derechos de propiedad como accionista.
Las inversiones socialmente responsables son inversiones
dirigidas hacia empresas que acrediten buenas prácticas en materia de Responsabilidad Social Corporativa
(RSC) y
que por tanto cuenten con una buena calidad de gestión y de gobierno. Si la
responsabilidad social empresarial se concibe pues como un estadio óptimo en
la búsqueda de la excelencia empresarial, una adecuada gestión financiera
exigirá tener en cuenta el comportamiento de la empresa con la sociedad y el
medioambiente.
Hoy en día, existe una mayor presión social hacia un
comportamiento más responsable de las empresas motivado en buena parte por
los escándalos protagonizados por grandes corporaciones vinculados a falta
de transparencia y ética. El mercado cada vez más valora los activos
intangibles de la empresa: reputación, buen gobierno, sostenibilidad, y las
nuevas estrategias empresariales van dirigidas a gestionar adecuadamente
estos activos para atraer nuevo capital e inversión. La ISR pretende pues
participar en la restauración de la confianza del sistema y de transparencia
de los mercados, y proporcionar al gestor una herramienta de control de
riesgos que le permita seleccionar mejor sus inversiones.
Dependiendo del grado de compromiso del inversor, nos
encontramos con una serie de productos financieros éticos muy diversos.
Desde instrumentos financieros convencionales, que simplemente tratan de
discriminar la inversión a favor de empresas y organizaciones socialmente
responsables, participando en ellas a través de los mercados financieros
ortodoxos; hasta fórmulas de financiación más alternativas para proyectos de
cooperación en el Sur o de acción social en países del Norte. Según la
naturaleza del instrumento empleado pueden consistir en créditos o
préstamos, (rotatorios o microcréditos), fondos de garantía, fórmulas de
participación directa en el capital (capital-riesgo o operaciones de canje
de deuda por desarrollo) o la inversión en empresas mediante la adquisición
de valores de forma individual o colectiva. También existen otros mecanismos
como los dirigidos a financiar proyectos o actividades específicas como
cultivos biológicos, comercio justo, crédito a artesanos, etc. u otras más
sencillas como la emisión de depósitos o préstamos solidarios.
Así mismo los operadores de las finanzas éticas son de
naturaleza muy variada: desde ONGs o instituciones microfinancieras
informales, hasta entidades bancarias supervisadas con sucursales, cajeros
automáticos y medios de pago habituales, que ofrecen los mismos servicios
financieros y bancarios que sus competidores convencionales.
Los bancos éticos son el ejemplo más emblemático e integral
de las finanzas éticas. Se trata, de entidades bancarias sometidas a la
misma regulación que sus homólogas, que con su actividad promueven la
economía solidaria, dirigiendo el ahorro hacia la concesión de créditos para
proyectos sociales en su país y en el Tercer Mundo.