Parte 4 / 4
6. Experiencias españolas de ahorro e inversión ética
Si
la situación de las finanzas éticas fuera de nuestras fronteras está más o
menos consolidada, en nuestro país es un fenómeno que surgió a comienzos de
la última década.
Desde la década de los 90, diferentes iniciativas de
solidaridad y ética en la captación de ahorro y en la concesión de préstamos
fueron surgiendo para cubrir las necesidades financieras de diversos
colectivos, promovidos en su mayoría por organizaciones sociales no
financieras, algunas creadas al efecto para ofrecer productos alternativos a
los cauces habituales de la financiación. Entre los numerosos ejemplos
podemos mencionar: COOP 57 que presta servicios financieros a otras
cooperativas en Cataluña, el Fondo Microcrédito FEDEEI (Federación de
Entidades promotoras de Empresas de Inserción), Oiko Credit Cataluña y País
Vasco o la Red de Útiles Financieros Alternativos (RUFAS).
A través de todas estas iniciativas se promueve el ahorro
ético y se facilita financiación a organizaciones que trabajan por una
economía alternativa y solidaria y a colectivos que tienen dificultades de
obtenerla por los cauces habituales del sistema financiero tradicional. Las
fórmulas son variadas: préstamos de pequeña cuantía a un tipo de interés
igual al IPC para financiar proyectos de carácter solidario e integrador,
fondos de garantía recíproca y de capital riesgo para apoyar proyectos
empresariales con elevado contenido social, etc.
Junto a estas iniciativas más informales, en los últimos
años de los noventa, algunas de las entidades financieras convencionales así
como instituciones privadas y públicas empezaron a interesarse por el ahorro
ético y las microfinanzas ofreciendo al mercado español productos de este
tipo.
Así en 1999 las principales instituciones financieras de
nuestro país comienzan a distribuir fondos de inversión calificados como
éticos, ecológicos y solidarios 3.
Estos fondos, promovidos en su día por organizaciones
sociales, son los productos que actualmente aglutinan en nuestro país mayor
volumen de ahorro ético, aunque el volumen de inversión de sus carteras
dista mucho del de sus homólogos estadounidenses británicos o canadienses
entre otros 4.
Según la circular1 5/11/99 elaborada por la patronal de
instituciones de inversión colectiva (INVERCO) y aprobada por la CNMV, estos
fondos tendrán que reflejar en el folleto informativo su ideario y los
criterios que necesariamente deberán de cumplir en su política de
inversiones. Para garantizar este último punto y realizar un filtro previo
de los valores que cumplan con los idearios del fondo existirá una Comisión
de Ética, formada por miembros independientes y que guarden una relación de
proximidad con estos idearios. La Sociedad Gestora será la que determine las
decisiones de inversión o desinversión de la cartera aprobada por la
comisión. No precisarán de una Comisión de Ética aquellas IIC que inviertan
en valores incluidos en índices éticos o calificados como tales por una
agencia especializada. Toda esta información deberá aparecer en el folleto
informativo, el informe trimestral y los mensajes publicitarios.
En cuanto a las IIC denominadas solidarias, la propia
circular afirma que en éstas, la Sociedad Gestora cede una parte de la
comisión de gestión a determinadas entidades benéficas o no gubernamentales;
no requieren, por tanto, de una Comisión de Ética y su regulación es similar
a cualquier otro fondo de inversión existente en el mercado. No obstante,
puede ocurrir que una IIC ética sea simultáneamente solidaria al combinar
ambos aspectos, como ocurre en la mayoría de los fondos españoles.
El "Observatorio de los fondos de inversión éticos,
ecológicos y solidarios en España", publica anualmente un informe en el que
se recogen las características de los fondos que se comercializan en nuestro
país con esos calificativos5. A finales de 2003, se comercializaban en
España aproximadamente 25 fondos éticos, ecológicos y solidarios de los
cuales 10 eran extranjeros.
En España, a diferencia de lo que ocurre en otros países de
nuestro entorno como Inglaterra, Alemania, Bélgica o Francia, no existe de
momento regulación que obligue a los gestores de fondos de inversión y de
pensiones a comunicar a los inversores si aplican o no filtros éticos en la
gestión de sus fondos. Lo único que existe es, además de la circular
anterior, una norma AENOR sobre los requisitos que deben cumplir los
productos financieros éticos, cuyo fin es verificar que el diseño y
procedimientos de gestión de estos productos cumplen unos determinados
requisitos mínimos como son entre otros el filtro ético o la comisión de
ética.6
Junto a estos productos de inversión colectiva, algunas
entidades bancarias comercializan también cuentas y depósitos de ahorro
éticos y solidarios. Así por ejemplo, Caixa Popular en Valencia, Caixa
Pollença en Baleares o BBK en el País Vasco ofrecen a sus clientes la
libreta de ahorro ético o depósitos solidarios. Se trata de instrumentos de
ahorro intermediado que permiten al pequeño ahorrador dirigir su dinero
hacia créditos de alto impacto social cediendo a la vez parte de los
intereses. Todo esto supervisado por un comité ético en el que participan
organizaciones sociales de reconocido prestigio en la zona.
Por el lado de las microfinanzas, diferentes
instituciones públicas y privadas están ofreciendo ya financiación a
colectivos vulnerables fundamentalmente en forma de microcréditos.
En esa línea se encuentra el Fondo de Concesión de
Microcréditos para Proyectos de Desarrollo Social Básico en el Exterior
creado por la Agencia Española de Cooperación
Internacional a finales de los noventa. Este fondo otorga financiación
reembolsable a países en desarrollo a través de entidades financieras
supervisadas de segundo o primer piso7, o instituciones crediticias no
supervisadas en proceso de formalización. Del mismo modo, el Instituto de
Crédito Oficial oferta una línea de microcréditos para el autoempleo en el
mercado español. Es la llamada Línea de microcréditos de integración. Los
destinatarios son personas físicas residentes en España que puedan
considerarse excluidos financieramente, es decir, que no puedan acceder a la
financiación por los canales habituales del sistema financiero por carecer
de garantías suficientes para ello. Las condiciones financieras son suaves,
tanto en tipos de interés como en plazos de devolución. En concreto, está
dirigido a mayores de 45 años, hogares monoparentales, inmigrantes y
mujeres. Su finalidad es fomentar la auto-ocupación y la inserción
sociolaboral del beneficiario.
Algunas entidades financieras privadas, como las cajas de
ahorro, también se están preocupando por atender este sector y están
ofreciendo instrumentos de este tipo, en la mayoría de los casos a través de
sus fundaciones o sus obras sociales. Es el caso más de la Fundación un Sol
Mon (Fundación de Caixa de Catalunya) , la caja de ahorros de Granada a
través de la Fundación La General para el Desarrollo Solidario o Caixa
Galicia. Su objetivo es promover y facilitar el desarrollo local y
atender cuestiones de pobreza y exclusión social desde el frente
socioeconómico.
Pero quizás el ejemplo más integral de finanzas éticas es lo
que se conoce con el nombre de banca ética o sostenible, uno de cuyos
representantes en Europa, Triodos Bank, ha abierto sucursal en Madrid en
septiembre de 2004. Se trata de un banco holandés, con presencia también en
Bélgica y Reino Unido, especializado en la financiación de proyectos de alto
impacto social medioambiental y cultural, que lleva funcionando desde hace
más de 20 años.
7. Perspectivas para las finanzas éticas en España
Analizando brevemente lo ocurrido en España respecto a las
finanzas éticas, a pesar de la variedad de instituciones e instrumentos que
pueden enmarcarse dentro de esta filosofía de inversión, hemos podemos decir
que su desarrollo ha sido tardío y lento comparado con países de nuestro
entorno. El patrimonio y el número de fondos de inversión orientados con
esta filosofía son aún pequeños y además han crecido muy poco desde su
nacimiento. Ello se ha debido en parte a la mala coyuntura bursátil de
principios del siglo XXI y a la escasa sensibilidad social y conocimiento
del inversor español sobre el poder transformador de las finanzas éticas.
Sin embargo, las inversiones socialmente responsables están
demostrando ser una palanca impulsora de cambio en el comportamiento
empresarial.
La necesidad de evaluar el comportamiento socialmente
responsable de las empresas españolas que forman parte de las carteras de
fondos nacionales e internacionales con el calificativo de ético o
socialmente responsable ha generado una creciente demanda de información que
estimula sin duda su compromiso con la responsabilidad social. De hecho no
es hasta el año 2002 cuando empiezan a verse con fuerza iniciativas
empresariales dirigidas a gestionar y poner en marcha estrategias de RSC. La
primera respuesta de las empresas y en especial de las grandes corporaciones
trasnacionales ha sido empezar a comunicar a través de sus balances y
memorias de RSC o sostenibilidad, sus compromisos, políticas y resultados en
materia socio laboral, medioambiental, de derechos humanos, de buen gobierno
o de comportamiento ético, tratando de satisfacer las demandas de
transparencia e información de la comunidad de inversores y de la sociedad
en general. Al mismo tiempo han empezado a desarrollar códigos de conducta,
de buen gobierno, sistemas de gestión ética o de responsabilidad social para
poner en marcha las políticas y compromisos asumidos públicamente con la
firma de acuerdos y pactos relativos a estos aspectos (Directrices de la
OCDE, Pacto Mundial de las Naciones Unidas, Acuerdos de la OIT, etc.).
Un aspecto que no ha contribuido a que el concepto de las
inversiones éticas cale en nuestro país es la comercialización de fondos
éticos que incorporan aspectos solidarios. Ello ha generado confusión
conceptual entre fondos de inversión éticos y solidarios. Hay que tener
presente que el objetivo prioritario de las inversiones éticas es dirigir el
ahorro hacia aquellas empresas y sectores que, de acuerdo al ideario
establecido en los documentos contractuales e informativos del producto,
cumplan los criterios excluyentes y valorativos allí expuestos, y contribuir
de esta forma a mejorar las condiciones de vida de la sociedad. Los fondos
solidarios son una simple vía de financiación más para proyectos sociales o
de desarrollo que, incluso y paradójicamente, puede proceder de plusvalías
obtenidas con inversiones en empresas que actúan de forma no ética.
Tampoco ha ayudado al desarrollo y al ordenamiento de este
mercado la falta de regulación al respecto como sí ha ocurrido en otros
países, dirigida a aumentar la transparencia en el mercado y a obligar a los
gestores a informar a sus partícipes sobre si aplican o no algún criterio o
filtro ético a la hora de seleccionar sus carteras de inversión. Creemos que
la traslación de dicha regulación a nuestro país sería de gran ayuda, no
sólo para el desarrollo de la inversión socialmente responsable y por ende
de la responsabilidad social de la empresa española, sino también para
aumentar la transparencia e información en el mercado financiero y dar más
poder de decisión al inversor particular que de forma imparable viene
aumentando su participación en el capital empresarial a través de
instituciones de inversión colectiva.
En todo caso, para garantizar el destino ético del dinero y
no desvirtuar el objetivo de estos productos financieros es prioritario
contar con una investigación adecuada e independiente que permita evaluar el
comportamiento ético de la empresa y ofrecer a la sociedad y a los
inversores información elaborada y contrastada sobre las empresas españolas.
Esta tarea la viene realizando agencias especializadas en la investigación
ética, medioambiental y social de las empresas, que procesan y analizan la
información y la ofrecen a inversores, índices bursátiles y organizaciones
que valoran estos comportamientos en sus decisiones de compra o inversión.
Por último, debe haber un convencimiento claro del gestor de
que la responsabilidad social genera valor en la empresa y que es un
componente a tener en cuenta en la selección de valores. Los gestores
financieros deben tomar una actitud proactiva en la difusión y promoción de
los fondos éticos en la sociedad en general y en el ámbito financiero en
particular, deben adoptar estrategias de comunicación directa con los
partícipes sobre la aplicación del ideario ético, el proceso de
investigación y las aplicación del filtro ético en la construcción de
carteras, y deben fomentar el diálogo con empresas para impulsar políticas
de responsabilidad social.
Pero sin duda, el mercado de las finanzas éticas no
desplegará con fuerza en España si no hay una demanda constante y creciente
por parte del inversor, más consciente de su poder en una economía de
mercado y con una actitud crítica y activista que traslade a través del
diálogo con la empresa sus percepciones y exigencias en temas no sólo
económicos sino también éticos, sociales y medioambientales.
De cara al futuro, esa mayor demanda procederá, como ya está
ocurriendo en el resto de Europa, de los llamados inversores institucionales
que han contribuido a aumentar significativamente el mercado europeo de los
fondos de inversión y de pensiones socialmente responsables. Dentro de esa
demanda institucional, deberían jugar un papel protagonista las entidades
sociales y religiosas españolas por motivos de coherencia moral o social.
Ello dependerá en gran medida de la profesionalización con la que los
gestores y entidades financieras lleven a cabo la investigación de empresas
y el proceso de inversión, su esfuerzo en ser transparentes para que los
inversores puedan elegir fondos de acuerdo con sus convicciones, el
posicionamiento como "banca ética" que puedan tener algunas de esas
entidades con fuerte credibilidad en sus compromisos sociales y
medioambientales y la oferta que de otros productos financieros éticos
puedan hacer a este tipo de instituciones acordes con sus valores éticos.
GLOSARIO DE TÉRMINOS
Inversiones socialmente responsables:
las que a los tradicionales criterios financieros añaden criterios sociales
y medioambientales permitiendo a los inversores combinar objetivos
financieros con valores sociales, vinculados a ámbitos de justicia social,
desarrollo económico, paz y medio ambiente
Agencias de calificación ética: empresas de análisis y
calificación ética que ofrecen información al mercado sobre el
comportamiento socialmente responsable de las principales empresas
cotizadas.
Fondos de Inversión Éticos (FIE): instituciones de
inversión colectiva (IIC) cuyo objetivo es dirigir el ahorro hacia aquellas
empresas u organizaciones que de acuerdo con el ideario del fondo cumplan
con los criterios valorativos y/o negativos en él reflejados, para
contribuir de esta forma a mejorar las condiciones de vida de la sociedad y
un desarrollo sostenible del planeta
Fondos de inversión solidarios: se limitan a ceder parte
de la rentabilidad generada por sus inversiones en favor de organizaciones
benéficas o proyectos sociales o de desarrollo.
Ideario ético: conjunto de criterios éticos, sociales y
medioambientales que deben respetar las decisiones de inversión de la
institución de inversión colectiva.
Comisión Ética: órgano de expertos independientes, que
guardan una relación de experiencia o proximidad con el ideario de la IIC,
encargado de definir el universo de valores que cumplen el ideario ético.
Agencia de calificación ética
REFERENCIAS
Aupperle, K.E., A.B. Carroll y J.D. Hatfield (1985),
An empirical examination of the relationship between corporate social
responsibility and profitability, Academy of Management Journal,
28:2, 446-463.
Backhaus, K.B., B. A. Stone y K. Heiner (2002), Exploring
the relationship between corporate social performance and employer
attractiveness,Business and Society, 41:3, 292-318.
Brown, T.J. y P. A. Dacin, 1997, "The company and the
product: corporate associations and consumer product responses", Journal of
Marketing, 61(1), 68-84
Griffin J.J. y J. F. Mahon (1997),The corporate
social performance and corporate financial performance debate: twenty-five
years of incomparable research, Business and Society. 36:2, 5-31.
Maignan, I., O.C. Ferrell, y G. T. M. Hult (1999),
Corporate Citizenship: cultural antecedents and business benefits,
Journal of the Academy of Marketing Science, 27:4, 455-469.
Mcwilliams, A. y D. Siegel (2000), Corporate social
responsibility and financial performance: correlation or misspecification,
Strategic Management Journal, 21, 603-609.
Moore, G. (2001), Corporate social and financial
performance: an investigation in the UK supermarket industry, Journal of
Business Ethics, 34:3/4, 299-315
Orlitzky, M. y J. D. Benjamin, 2001, "Corporate Social
Performance And Firm Risk: A Meta-Analystic Review", Business and Society
Review, 40(4), 369-396.
Robert A.G. Monks y Nell Minow (1996), Watching the
Watchers: Corporate Governance in the 21st Century, Cambridge, MA:
Blackwell, p.121.
Simpson, W. G. y T. Kohers (2002), The link between
corporate social and financial performance: evidence from the banking
industry, Journal of Business Ethics. 35:2, 97-109.
Turban, D. B. y D. W. Greening, 1997, "Corporate Social
Performance and Organizational Fox, Attractiveness to prospective employees",
Academy of Management Journal, 40(3), 658-672.
Notas
http://www.esade.edu/institution/institutos/ipes/index.php?MzA%3D&MTAy&&&