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La corrupción es un problema social de
difícil cuantificación más allá de la experiencia personal o de las
denuncias publicadas por los medios de comunicación, no obstante no
cabe duda que el tema se ha instalado en la atención de la sociedad
latinoamericana.
¿Qué se entiende por corrupción?
Algunos estudiosos del fenómeno distinguen la llamada "corrupción
blanca" o sea aquellas conductas que están tan integradas a la cultura
que no se perciben como corruptas, de la llamada "corrupción negra" o
sea todas aquellas prácticas que unánimemente se condenan. Más allá de
estas distinciones relativas al contexto social, no cabe duda que se
catalogan como corruptas aquellas conductas que implican desviación o
abuso de poder en el ejercicio de un cargo, con la intención de
obtener un beneficio privado. Así el soborno, el tráfico de
influencias o la aceptación de ventajas indebidas son ejemplos de
conductas corruptas. Con la intención de establecer normas comunes que
permitan coordinar medidas en su contra, se elaboró la "Convención
Interamericana contra la Corrupción", lo cual es un paso de avance
pero falta mucho por hacer. |
Latinoamérica,
en los últimos años, ha sido escenario de todo un conjunto de movilizaciones
sociales que ha tenido como causa principal el descontento de la población a
las promesas incumplidas y a los flagrantes casos de corrupción ocurridos
desde los propios gobiernos centrales, originado la indignación y rechazo
multitudinario de la población. Una característica muy común, observada en
estos países, donde se han registrado estos levantamientos sociales, es que
en la mayoría de los casos, estos presentaban sistemas democráticos muy
débiles o estaban atravesando aun por un proceso de fortalecimiento y/o
consolidación de sus democracias.
La intención de lo expresado es evidenciar, como la ausencia
de un proyecto nacional que esté orientado a alcanzar el bienestar común y
la falta de firmeza en la lucha contra la corrupción, pueden calar el orden
y estabilidad de un país, deteriorando el concepto propio de democracia,
sobre todo en aquellos países que presentan un sistema democrático débil y
en donde las diferencias sociales son abismales, como es el caso de la
mayoría de los países latinoamericanos.
El descontento generado por una mala gestión de gobierno o
por decisiones que beneficiaban a ciertos sectores privilegiados, yendo en
contra de los intereses de las grandes mayorías, a tenido como resultado el
rechazo popular inmediato, plasmándose en situaciones de movilización y
descontrol social. De esta situación han sido protagonistas algunos países
de Latinoamérica en donde se han producido grandes levantamientos sociales
en contra de sus gobiernos, acusándolos de corruptos, mentirosos e
incapaces, y teniendo como consecuencia final la inevitable expulsión de los
gobernantes y sus cúpulas de poder. Este es el caso de países como Bolivia,
Ecuador, Argentina, Perú, etc.
Otro hecho importante y observado en América Latina, es que
el escándalo generado como producto de un acto de corrupción, está sujeto a
lo que la población considere aceptable o no de su gobernante, es decir cuan
identificados se sientan estos con él y con lo que hace. Ahora bien, esto no
estaría mal, si algunos gobiernos corruptos, no utilizaran la necesidad de
la población como pretexto para brindar regalos a los sectores populares, a
través de la implementación de Programas Sociales, desfigurando el concepto
propio de estos programas que deberían tener una existencia temporal y
determinada, con el fin que los dejen hacer lo que a ellos y a sus cúpulas
les interesa. Esta situación es sumamente preocupante, ya que esto es una
aceptación formal de la corrupción y que se traduce en frases populares,
tales como: «Esta robando, pero esta haciendo», relacionando las cosas en
los siguientes términos: «cuanto haces y cuanto puedes robar». Esto que
podría ser inaceptable, desde todo punto de vista, esta relacionado con
comportamientos individualistas que se traducen en frases como: «cuanto me
das o cuanto recibo y cuanto puedes hacer». Esta visto que una práctica muy
común de dictadores, corruptos y tiranos es precisamente comprar la
conciencia de la población con regalos que salen de las arcas del Estado y
que de ello hemos y seguimos viendo en Latinoamérica.
De todo esto, podemos deducir lo siguiente: la corrupción,
entendida como medio para obtener ciertas ventajas y beneficios de manera
ilícita, afecta indudablemente la gobernabilidad, la estabilidad democrática
y económica de los pueblos, pero lo más grave es que carcome el alma de un
país y de las nuevas generaciones, generando una situación de desesperanza y
desconfianza tanto en el futuro como en el sistema democrático. Esta
situación que de por sí, ya es peligrosa, se encuentra en muchos casos
acompañada de una crisis cultural, educativa y de información, lo que nos
está llevando a una situación de individualismo extremo y que podría derivar
en una anomia total.
Es responsabilidad actual de los gobernantes emprender una
batalla frontal contra la miseria económica, pero también contra la miseria
moral que viene carcomiendo la conciencia de sus habitantes. La estabilidad
y el fortalecimiento del orden democrático requiere, entre otras cosas, de
la participación activa de los ciudadanos en su conjunto, es por ello, que
se hace necesario que esta se haga con conocimiento pleno de las
responsabilidades individuales y en conjunto. Esto implica elevar los
niveles de participación ciudadana y compromiso social de la población, pero
con conocimiento pleno de sus derechos y responsabilidades ciudadanas, a fin
que se ejerzan verdaderos mecanismos de control y vigilancia social.
La clase política y los gobernantes deben entender que su
responsabilidad es para con el país y no sólo para con quienes los
eligieron. La democracia no es únicamente elecciones y participación
ciudadana en épocas electorales, sino participación y trabajo conjunto entre
gobierno y todos los ciudadanos, a través de las diferentes organizaciones e
instituciones civiles. Esta es la esencia de la democracia y la mejor receta
para alcanzar su consolidación y un sostenido desarrollo regional.
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