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Parte 1 /4
Fragmento del
ensayo
"Desarrollo territorial rural en América Latina y el Caribe:
manejo sostenible de recursos naturales,
acceso a tierras y finanzas rurales"
La población indígena de
América del Sur, Centroamérica y parte del Caribe, perteneciente a unas 600
culturas, supera hoy los 50 millones de personas, esto es, el 10% del total.
Y aunque numéricamente varía de un lugar a otro, su presencia se traduce
también en el valor de su historia, de su patrimonio cultural, de su dominio
del espacio que habita, y del espacio mismo. El viejo modelo de relación de
esos pueblos con el Estado, basado en la voluntad de este último de
asimilación compulsiva, les ocasionó traumatismos y pérdidas irreparables.
Sin embargo, sus esfuerzos organizativos y el avance institucional de las
últimas décadas han abierto cada vez más la alternativa de que se articulen
en las sociedades nacionales, con el reconocimiento formal y práctico de sus
derechos fundamentales —entre los que figura prominentemente el derecho a la
tierra— traducido en normas y en programas de gobierno.
Una revisión de las formulaciones y planteamientos de las
comunidades indígenas y afroamericanas permite señalar las razones que, a su
juicio, han permitido concluir que las modalidades de propiedad y manejo
colectivos de las tierras son más eficaces cuando el objetivo es garantizar
estabilidad y posibilidades de mejoramiento futuro. Entre dichas razones se
mencionan la mayor seguridad en el mantenimiento del dominio territorial; la
mayor protección a su integridad social y cultural como comunidades; el
acceso al uso fácil y al manejo apropiado de los recursos naturales y a una
adecuada base alimentaria; la contribución al desarrollo sostenible
preservando su identidad; y el logro de un grado razonable de autonomía en
el manejo de sus propios asuntos y de participación en los asuntos
nacionales.
En este capítulo se propone una aproximación reflexiva al
tema del dominio de la tierra, de particular interés para los pueblos y
comunidades indígenas y afroamericanas, así como para las agencias de
gobierno y entidades financieras y de apoyo que deben asumir
responsabilidades de trabajo con estos sectores de la población. Se
describen y analizan las modalidades que distintos países han venido
utilizando para reconocerle a comunidades indígenas y afroamericanas el
dominio de los territorios que ocupan y la forma en que estas modalidades
pueden ser articuladas a las iniciativas de desarrollo con identidad que
tales comunidades reclaman.
- el desarrollo del tema se formulan algunas observaciones sobre el
recorrido histórico de estas comunidades y su situación política presente,
para avanzar luego en la revisión de las formas actuales de tenencia y uso
de la tierra, de las modalidades jurídicas bajo las que se les ha
reconocido el dominio de sus territorios, y de las limitaciones y alcances
de dichas modalidades.
- referencia al tema del desarrollo, se hace mención de las
características más marcadas de los agentes que intervienen en los
proyectos de mejoramiento de estas comunidades, señalando sus recursos y
carencias. El examen de estas materias se orienta a obtener unas pautas
que permitan, señalar un derrotero útil para comunidades indígenas y
afroamericanas, gobiernos y organismos financieros interesados en alcanzar
de manera conjunta los objetivos propuestos en los planes y programas de
desarrollo de esta población.
- concluye que para abrir espacios al desarrollo de indígenas y
afroamericanos se debe considerar el pleno reconocimiento de sus derechos
fundamentales; procurar que los países que no lo han hecho ajusten su
modelo de relación con los grupos étnicos a los nuevos lineamientos
internacionales sobre la materia; respaldar iniciativas de avance en el
reconocimiento territorial en países donde éstas no se han dado; definir
políticas flexibles y evitar la réplica mecánica de experiencias, en
consideración a la gran diversidad cultural de estos grupos; aceptar y
adoptar la modalidad de esfuerzos colaborativos entre indígenas, gobiernos
y entidades financieras; y por último, trabajar en la solución de vacíos y
ambigüedades institucionales y de políticas de los gobiernos.
Los pueblos indígenas
Presencia en las sociedades nacionales
Los datos más confiables sobre la población indígena en
América Central y del Sur muestran una cifra cercana a los 52 millones de
personas, esto es, un 11% de la población total en esa parte del continente
(Cuadro 6.1). Un 88% estaría constituido por las etnias Azteca, Maya,
Quechua y Aymará, descendientes de las grandes sociedades mesoamericanas y
andinas precolombinas. Se trata de un sector caracterizado hoy por una
carencia general de gobierno propio y por una mediana inserción a las
economías regionales y locales en las que participan como vendedores de
excedentes agropecuarios y productos artesanales, y frecuentemente como
mercado de mano de obra disponible para empresarios rurales y urbanos. Su
constante interrelación con la población no indígena ha inducido cambios en
todas las esferas de la vida comunitaria y de su patrimonio cultural
ancestral.
Un segundo sector, que representa el 12% de la población
indígena total, se encuentra conformado por una amplia gama de pueblos y
comunidades indígenas que, por su relativo aislamiento del resto de la
población en áreas selváticas y periféricas o por su resistencia a la
asimilación, ha conseguido mantener en forma más acentuada rasgos
importantes de sus culturas ancestrales. Este sector agrupa a pueblos que
nunca estuvieron articulados a las grandes sociedades políticas
precolombinas, y que en muchos casos fueron tardíamente contactados por las
sociedades colonial o republicana.
Las acciones de expoliación y sometimiento de los pueblos
indígenas durante la Conquista y la Colonia prosiguieron con el nacimiento
de las nuevas repúblicas. Al amparo de los principios filosóficos
igualitarios que orientaron las luchas de independencia, las formas de
autogobierno y dominio comunitario que mantenían los indígenas sobre la
tierra fueron vistas generalmente como un obstáculo para la consolidación de
los nuevos regímenes. 1
Cuadro
6.1:
Población indígena en América Central y del Sur
|
País |
Población nacional |
Población indígena |
Porcentaje |
|
Bolivia |
8.329.000 |
5.913.590 |
71,00 |
|
Guatemala |
12.640.000 |
8.342.400 |
66,00 |
|
Perú |
27.013.000 |
12.696.110 |
47,00 |
|
Ecuador |
12.920.000 |
5.555.600 |
43,00 |
|
Belice |
250.000 |
47.500 |
19,00 |
|
Honduras |
6.250.000 |
937.500 |
15,00 |
|
México |
100.350.000 |
14.049.000 |
14,00 |
|
Chile |
15.211.000 |
1.216.880 |
8,00 |
|
El Salvador |
6.122.515 |
428.576 |
7,00 |
|
Guyana |
697.286 |
56.294(*) |
8,00 |
|
Panamá |
2.808.268 |
168.496 |
6,00 |
|
Surinam |
431.303 |
25.878 |
6,00 |
|
Nicaragua |
4.812.569 |
240.628 |
5,00 |
|
Guyana Francesa |
100.000 |
4.000 |
4,00 |
|
Paraguay |
5.585.828 |
167.574 |
3,00 |
|
Colombia |
39.685.655 |
793.713 |
2,00 |
|
Venezuela |
23.542.649 |
470.852 |
2,00 |
|
Jamaica |
2.652.689 |
53.053 |
2,00 |
|
Puerto Rico |
3.600.000 |
72.000 |
2,00 |
|
Trinidad
y Tobago |
1.292.000 |
25.840 |
2,00 |
|
República Dominicana |
8.442.533 |
168.850 |
2,00 |
|
Costa Rica |
3.644.000 |
36.440 |
1,00 |
|
Guadalupe |
280.000 |
3.000 |
1,00 |
|
Barbados |
274.540 |
2.745 |
1,00 |
|
Bahamas |
294.982 |
2.949 |
1,00 |
|
Martinica |
73.000 |
730 |
1,00 |
|
Argentina |
36.955.182 |
369.551 |
1,00 |
|
Brasil |
166.113.000 |
332.226 |
0,20 |
|
Uruguay |
3.278.000 |
524 |
0,016 |
|
Total general |
493.648.484 |
52.182.499 |
10,57 |
Fuente:
Estimaciones del autor sobre la base de la población total por países, con
porcentajes dados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y
ajustes de otras fuentes confiables a febrero de 2002. Nota: Según estudio
del Tratado de Cooperación Amazónica (TCA), 1997.
De ahí que los procesos de reducción, sometimiento, y a
veces de exterminio, emprendidos contra los indígenas por el Estado o por
los particulares con la tolerancia de aquél, pudieran repetirse durante todo
el siglo XIX y la primera mitad del XX, ante la indiferencia de la comunidad
internacional. 2 El botín perseguido
con estas operaciones era el de las tierras y la mano de obra de las
comunidades. Hubo insurrecciones indígenas en casi todos los países, así
como repliegues masivos de comunidades a zonas inhóspitas. Las
confrontaciones tuvieron diferentes matices y en algunos casos se
prolongaron hasta ya muy avanzado el siglo XX. 3
La lucha de resistencia de los pueblos indígenas, los
cambios en las políticas internacionales sobre minorías y los avances de las
ciencias sociales han sido factores determinantes en la definición de nuevas
formas de relación entre las sociedades nacionales y los primeros. En este
proceso pueden mencionarse algunos hitos importantes. La Constitución
peruana de 1920 consagró por primera vez en América la existencia legal de
las sociedades indígenas y su derecho de dominio imprescriptible sobre la
tierra. En México en 1940, el Congreso de Pátzcuaro creó el Instituto
Indigenista Interamericano que trazó algunas pautas para la defensa de los
indígenas. La OIT, mediante los Convenios 107 de 1957 y 169 de 1989, abrió
espacios de respeto a los derechos fundamentales de los indígenas, entre
ellos el de tener su propio territorio. En América Central y del Sur, el
Estado ha comenzado a avanzar en esta misma dirección en forma progresiva.
El hecho de que más de un 10% en promedio de la población
total de América Central y del Sur sea indígena representa para los
gobiernos la obligación de responder a las necesidades básicas y de
desarrollo de este sector, cuya magnitud en algunos países se acerca o
supera al 50%. Pero además de la incidencia numérica de estas comunidades,
que cumple su papel en la estabilidad de los sistemas políticos y en las
posibilidades y características del desarrollo, se deben considerar otros
factores:
- El patrimonio cultural de los pueblos indígenas, preservado contra
todas las contingencias, enriquece a las naciones ayudándolas en la
búsqueda de su identidad.
- La solidaridad y comunitarismo de las formas de organización indígenas
constituyen un elemento de reflexión sobre los modelos de relación de
nuestras sociedades.
- El saber acumulado que ha permitido a los indígenas sobrevivir
milenariamente en terrenos inhóspitos e insalubres, disponiendo
moderadamente de los recursos y especies naturales que conocen bien y que
hoy son codiciados por empresas particulares, debe ser defendido por los
países como parte esencial de su patrimonio.
Finalmente, la misma magnitud de los territorios que, con
título o sin él, ocupan los pueblos indígenas, hace que el reconocimiento
legal de sus derechos sea una forma de defender el país, puesto que las
tierras ocupadas coinciden muchas veces con zonas limítrofes o con reservas
naturales que comprenden valiosos recursos. 4
En las últimas tres décadas los indígenas han alcanzado
resultados notables en diversos campos de su interés, como son la formación
y consolidación de sus organizaciones, el respeto ganado ante las sociedades
nacionales, el reconocimiento institucional, la legalización de tierras, y
la obtención de algún grado de autonomía en el manejo de sus asuntos
internos y en la capacidad de intervenir en los asuntos de la vida política
de su país. Pese a estos avances, las sociedades indígenas buscan la
concreción de muchos de los derechos ya mencionados y de otros, entre los
cuales figuran el desarrollo legal de las garantías acogidas en las
constituciones y los convenios internacionales; la consolidación de los
procesos de entrega de tierras; una mayor autonomía para el manejo de sus
asuntos internos; medidas que les permitan erigirse en entes
político administrativos en aquellos casos en que las constituciones les han
concedido esa opción; libertad de intervención en la explotación y usufructo
de recursos naturales renovables y poder de participación en la explotación
y manejo de los no renovables; y el derecho a acceder al desarrollo político
y económico sin sacrificar su pensamiento, sus valores ni su forma de
relacionarse con el medio natural en que habitan, elementos éstos
constitutivos de su identidad cultural.
El mantenimiento de los avances y la satisfacción de las
expectativas dependerán sin duda de la fuerza y coherencia que consigan
mantener los indígenas en su organización, así como de la actitud de cada
Estado frente a estos grupos, y de la labor de las organizaciones y
entidades interesadas en la defensa de sus derechos. Sin embargo, parece
necesaria una revisión crítica constante de aquellas actitudes y acciones de
cada uno de estos sectores que pudieran incidir negativamente en el
desarrollo del proceso. Conviene hacer hincapié en el hecho de que los
avances logrados por los indígenas se han limitado a unos pocos países
centro y suramericanos, pues son muchos los que todavía no han realizado
esfuerzos significativos en la revisión del viejo modelo de relación con sus
poblaciones indígenas.
Notas
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