Una publicación de CDF     | Enlaces | Comentarios | Contacto | Búsqueda |

ISSN 1913-6196

Inicio Temas Autores Reseñas Libros Recursos digitales
Ediciones Documentos Multimedia Lectores opinan Entrevistas Nosotros
Año 2008 Vol. VI
Futuros 21
 Futuros 20
Año 2007 Vol. V
 Futuros 19
 Futuros 18
 Futuros 17
Año 2006 Vol . IV
 Futuros 16
 Futuros 15
 Futuros 14
 Futuros 13

Año 2005 Vol.  III

 Futuros 12
 Futuros 11
 Futuros 10
 Futuros 9
Año 2004 Vol. II
 Futuros 8
 Futuros 7
 Futuros 6
 Futuros 5
Año 2006 Vol.  I
 Futuros 4
 Futuros 3
 Futuros 2
 Futuros 1
 

Visítenos en el nuevo portal
Futuros 21

 

Transiciones y reconciliaciones:
cambios necesarios en el mundo actual

Prevención y resolución de conflictos

Por Mario López Martínez

Parte 4 /6

La no violencia ayuda a la reconciliación

En este punto conviene recordar cómo desde la Investigación para la Paz, la teoría política y la práctica de la noviolencia nos permite avanzar significativamente para reforzar la tarea y la comprensión de muchos de los nuevos procesos de reconciliación, aunque claro está no de todos. Gandhi decía, y evidentemente es sólo una cita de autoridad, que «la noviolencia comienza a partir del instante en que amamos a los que nos odian».76 Difícil tarea si no imposible, pero si ahondamos en su doctrina vemos cómo al hablar de la «ley del amor», ésta resulta más eficaz y perdurable que la «voz de la violencia». Cierto es, continúa siendo parte de la enseñanza del líder indio. Pero, ¿no tiene la tarea de la reconciliación muchos de los contenidos comunes, de los denominadores de la teoría política de la noviolencia, entre ellos la confianza en la regeneración moral y ética del género humano, su capacidad retributiva y reparadora, su oportunidad para modificar su conducta inicial si esta es lesiva para la sociedad?

Al menos en lo que los teóricos de la noviolencia se han puesto de acuerdo como principios que la fundamentan se pueden encontrar ideas muy útiles para el trabajo de la reconciliación. Entre ellas, la recuperación del donde la palabra y del diálogo (y la escucha), la historia de la violencia ha sido, en gran medida, la historia de la negación de la palabra, de la privación de la palabra a grupos que han tenido que permanecer forzadamente en el silencio. También, cabe señalar que, lo más significativo del ser humano –para expresar su identidad, su dignidad y su libertad– es precisamente la posibilidad de manifestarse como tal a través de la palabra. La muerte de ésta es también la cesación de la política, porque la violencia mata a la política. Muchas víctimas, muchos desaparecidos han sufrido la negación del verbo, que es una forma de olvido y de muerte civil.

Por eso, robar y privar de la palabra es desposeer también a la historia de su memoria, por ello parece normal que las dictaduras opten claramente por la censura, por la mordaza, por negar o silenciar la existencia de toda oposición..., las dictaduras son sobre todo la muerte de la palabra.

En tal sentido, la noviolencia invita a recuperarla, a rescatar sus virtudes y potencialidades para instalar el diálogo en el seno de la sociedad, pero más allá de razones instrumentales, sino como un reconocimiento de la otredad, de la diversidad de discursos, de perspectivas, de entidades. Una sociedad que persiga la reconciliación ha de recuperar su memoria silenciada, ha de fundamentarse en la confianza que supone poder mirarse y hablarse cara a cara sin sentir vergüenza o recelo, y eso sólo es posible rescatando la libertad de la palabra.

Otro principio es no negar el derecho a la vida, ponerla ésta como fin en sí misma y no como un puro medio para la culminación de cualquier política. Gandhi solía decir que en el mundo en el que vivimos existen muchas cosas por las que valdría la pena morir, pero no conocía ninguna por la que mereciera la pena matar. Hábil silogismo. Para cualquier reconciliación, la teoría política de la noviolencia recomienda hacer frente al «círculo vicioso» de la violencia con el «círculo virtuoso» de una forma de acción y de pensamiento que se fundamente en aquello que se oriente o dé conciencia de identidad humana, en tal sentido la paz, la fuerza del amor, la presión moral liberadora o las formas de rebeldía permanente sin causar daño, es decir, lo que denominaríamos la noviolencia sería el mejor antídoto a la violencia. No olvidando que no hay causas principales en esta lucha (de la noviolencia) que el respeto a la vida humana. Un principio que invoca a renunciar a la utilización de la violencia no sólo por una ética de la responsabilidad (que tiene en cuenta la conveniencia por cuestiones tácticas o estratégicas de las acciones, que valora cuestiones como la oportunidad, o la proporción en la utilización de la violencia o de la noviolencia), sino por una ética de la convicción (una ética firme, sostenida por principio sin controvertibles, que se puede aplicar al margen de las circunstancias y de las conveniencias).

Este conjunto de principios axiológicos permiten dar fuerza y sentido al trabajo reconciliador puesto que la nueva sociedad surgida de la superación de la violencia anterior debe plantearse un conjunto de nuevos métodos (pacíficos y no violentos) para la resolución de futuros conflictos si no quiere volver a caer en una espiral vertiginosa de violencia.

Otro de los elementos de la teoría es la búsqueda de la verdad, un término que puede parecer controvertido, polémico y hasta inquietante. Demasiadas verdades religiosas, políticas, ideológicas o económicas se han querido imponer por la fuerza bruta de la violencia. La noviolencia habla de una verdad parcial, fraccionada, imperfecta, como la búsqueda de la adecuación entre el pensamiento y la realidad, como la conformidad entre lo que se dice y lo que se siente, la teoría no violenta añade a este tipo de verdad como «correspondencia» o como «coherencia», también otro tipo de búsqueda entendida como verdad «existencial», es decir, aquella que da sentido, que ilumina, que colma la existencia humana. Evidentemente, una búsqueda inalcanzable, permanente, constante, pero que llena de sentido valores humanos tan importantes como la dignidad, la libertad, la justicia, el amor, la solidaridad o la igualdad. No es pues anormal o inusual que en los procesos de reconciliación se hable de las comisiones de la verdad, porque éstas no son sólo las que buscan conocer la verdad (con todo género de detalle) frente a la mentira oficial, sino que son también un intento de superación de la violencia degenerativa, abyecta e indigna alcanzada, una superación que no sólo sea capaz de recompensar moralmente a las víctimas, sino también de rescatar de la vorágine del odio y del desprecio a los victimarios, una verdad que llene espiritual y existencialmente, porque ésta es más nutriente que sólo la que cuantifica el daño físico.

Asimismo, la noviolencia nos invita a construir nuestro pensamiento y nuestras acciones de una forma alternativa y creativa respecto de la violencia. Esto no es fácil, hágase una reflexión profunda, póngase en práctica tal principio y se podrá comprobar que la tarea es dificultosa. Para la noviolencia pensar y construir la realidad de manera alternativa permite a muchas personas salir de la angustia, la pasividad, el miedo, la indiferencia o la huida en la que les instala la violencia del mundo. Por esto mismo, la noviolencia se nutre de personas –no ingenuas– sino resueltas, emprendedoras e inquietas, que se hagan interrogantes para crecer mental y espiritualmente. Sujetos que obedezcan a la voz de su conciencia, gentes que ejerzan su poder para cambiar las injusticias del mundo, personas empoderadas que sean desobedientes frente a la abyección, objetores de conciencia respecto del mal, que no crean en la «obediencia debida» (por simple obediencia) y que sean capaces de aportar además de un buen análisis de la realidad posibles alternativas a la misma.

Saber superar la violencia y tener alternativas a ésta es parte, también, del trabajo desde la reconciliación, es como tender puentes –cuando éstos parecen definitivamente rotos– para crear lazos y condiciones para que el sentido desplace al sin sentido. Es –como dijera Luther King– la capacidad de reconocer que «juntos debemos aprender a vivir en fraternidad, o juntos nos hundiremos en la locura». 77

Por último, combinando tales principios a los que nos hemos referido, se aumenta y potencia la capacidad de una sociedad para la pacificación, la reconstrucción y, por último, la reconciliación para superar o, al menos, mejorar las situaciones de persistente violencia. La noviolencia, advertimos es una metodología activa para influir en el curso y el resultado pacífico de un conflicto fundamentándose en la acción, el deber y el convencimiento por la justicia dentro del respeto total de la persona y de la vida de los adversarios, renunciando a todas las formas de violencia.

Asimismo, también conviene decir que cuando una parte de la sociedad (los no violentos) decide detraer del mundo su capacidad para ejercer la violencia, se afanan en mediar y aliviar con sus procedimientos los males humanos y cuando firmemente creen en la regeneración y en la acción moral del género al que pertenecen es –por lo que sabemos– una apuesta tan arriesgada como lo es la misma reconciliación, pero también una tarea que quienes la realizan sienten que vale la pena. La reconciliación – en marcada en la teoría política de la noviolencia– requiere, para quienes la realizan, de agallas. De una suerte de combinación difícil pero inevitable de rechazo de la violencia pero a la par de capacidad para identificarla.

De ejercicio de la empatía para identificarse con los que han sufrido, pero también de confianza en todos para saber romper las lógicas dicotómicas de buenos y malos, de humanos e inhumanos. De disposición al diálogo que significa, también, aceptar el principio de falibilidad que se instala en la tolerancia, pero sólo de lo que puede ser tolerado. De templanza y moderación en sus juicios, sus argumentos y sus acciones para no causar mal y, a la vez, sentirse firme en lo que hace y dice. De ser pacientes y no tener prisa, la búsqueda de la verdad como parte ineludible del proceso de reconciliación requieren de tiempo y esfuerzo para lograrse, hay que saber esperar a la vez que ser diligentes. Y, conviene también ser valientes como decíamos más arriba, rozando el estrecho camino que separa las orillas del miedo y la temeridad que conducen a la audacia y el coraje. 78

Notas

Ir a:

Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte
Cuarta Parte
Quinta Parte
Sexta Parte

Siguiente: Condiciones para la reconciliación 

Descargar este artículo   Imprimir


Este website esta bajo la licencia de Creative Commons Licence
Cualquier material de esta revista puede reproducirse libremente de forma impresa o electrónica sin previa autorización, siempre que se cite como  fuente a la Revista Futuros y su uso no sea con fines comerciales. Agradeceríamos ser informados y que se nos hiciera llegar una copia o referencia del material reproducido.
Se exceptúan de la libre reproducción los materiales tomados de otras fuentes; para reproducir estos artículos debe pedirse autorización a la fuente original.

Las opiniones expresadas en los artículos son de los y las autores y no de Rostros y Voces  o de Citizen Digital Facilitation
Los invitamos a enviarnos sus colaboraciones, las cuales serán  publicadas de ser seleccionadas por la dirección de la revista.
Si tiene problemas o preguntas relacionadas con esta Web, póngase en contacto con el Equipo Futuros.
Última actualización: