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ISSN 1913-6196

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 Educación y desarrollo sustentable

Desarrollo Humano Sustentable

 Por Revista Futuros 

 

La Revista Futuros ha decidido dedicar este número especial al tema de los vínculos entre educación y desarrollo sustentable. Futuros pudo cubrir el evento que sobre este tema se realizara en Granada, España, en septiembre del pasado año. Comenzamos por ello esta presentación editorial agradeciendo a sus organizadores y participantes la cooperación prestada para esta edición de nuestra Revista.

En líneas generales cuando hablamos de desarrollo sustentable damos por sentado que hay cierto desarrollo que no lo es. También queda implícita la aspiración a que nuestra especie –antes que cualquier otra- pueda continuar su aventura planetaria sin desaparecer de manera abrupta o extinguirse de forma paulatina. El surgimiento del concepto está asociado al reconocimiento de la finitud de los recursos naturales a nuestra disposición y de la mortalidad inevitable de nuestra especie de no darse ciertas circunstancias que hicieron posible su surgimiento y sostenimiento en el planeta.

Los ecologistas son más dados a recordarnos el complejo tramado de ecosistemas que sostiene la vida humana y a alertarnos de cómo muchos de ellos están llegando al límite debido al crecimiento de la población humana y su cada vez mayor impacto ambiental como resultado de nuevas y más productivas tecnologías. Una visión sociológica nos llamaría a comprender mejor las relaciones entre pobreza y medio ambiente y nos convocaría a una mejor distribución de la riqueza acumulada. Los politólogos probablemente desearían hacer siempre mayor énfasis en las limitaciones que ofrecen los actuales sistemas políticos para gestionar conflictos internos y entre naciones destacando que las catastróficas consecuencias que ellos tienen sobre el desarrollo y el medio ambiente, tanto de manera directa como indirecta, al distraer recursos para alimentar carreras de armamentos. Todas esas visiones son validas así como sus serias advertencias sobre el actual curso de la humanidad; afortunadamente se nota cada día más comunicación entre estas visiones. Sin embargo, la perspectiva de la arqueología y la antropología quizás resulte particularmente relevante en este campo.

Las ruinas de culturas desaparecidas constituyen una suerte de "caja negra" que nos permite conocer por que un día aquello que floreció en el pasado pudo desaparecer no como resultado de los conflictos bélicos en que se involucraron y de intervenciones militares externas –como le ha ocurrido a algunas- sino a manos de sus propios presupuestos y lógica de desarrollo. Los monumentos de la Isla de Pascua y las ruinas de Tiahuanaco en Bolivia contienen un mensaje para civilizaciones venideras: los presupuestos del paradigma de desarrollo que en un momento dado puede proveer bienestar puede conducir a largo plazo a minar de manera irreversible las bases que los sustentan.

La humanidad ha participado ya en varios procesos civilizatorios jalonados por las tecnologías que imaginó y forjó para poderse adaptar y sobrevivir a los retos climáticos y de otras especies que le fueron impuestos en su trayectoria planetaria. El nomadismo, la agricultura y ganadería, y el industrialismo fueron los cuatro principales procesos civilizatorios – tecnológicos con que la especie humana busco su adaptación y supervivencia por más de 35,000 años. De ellos el proceso civilizatorio industrial –que ahora va cediendo terreno al nuevo proceso civilizatorio de la información- fue el de más corta duración (poco mas de dos siglos), el que más dramáticamente elevó las condiciones de vida de la población (permitiendo su rápida multiplicación) y el que más impacto ha tenido en el medio ambiente y ecosistemas que sostienen la vida de nuestra especie. Este proceso civilizatorio alcanzó su máximo esplendor en el pasado siglo XX organizándose en torno a dos culturas industriales principales- el capitalismo y el socialismo de Estado- con diferentes instituciones y esquemas organizativos políticos, sociales y económicos. En ese periodo de existencia desarrolló la ciencia y la tecnología a niveles impresionantes al gestar un volumen crítico de información y conocimientos que otorgaron la capacidad humana de crear nuevas formas de vida o destruir todas las existentes. Pero nunca llegó a alcanzar una nueva sabiduría para re-enfocar las relaciones humanas y las de nuestra especie con el resto del medio ambiente (ya que nosotros somos parte del mismo).

Desde la invención de la computadora, los satélites espaciales y la revolución en las telecomunicaciones, transitamos a pasos acelerados hacia un nuevo proceso civilizatorio: el de la información. Pero nuestras sociedades, instituciones, valores, percepciones, continúan anclados en los presupuestos del "progreso" según ellos quedaron definidos por las sociedades industriales. El Informe Brundtland, cualesquiera que sean las insuficiencias que pueda encontrársele, constituyó un rudo golpe a las premisas en las que hasta entonces suponíamos anclado el progreso: vivimos en un mundo de recursos finitos que hoy explotamos con tecnologías tan productivas que pueden dejar poco de ellos para las futuras generaciones.

A partir del Informe Brundtland se abrió el debate sobre la necesidad de un cambio hacia un paradigma de desarrollo más sensible de los límites del medio ambiente. Pero la nueva realidad tecnológica reclama mucho más que ese debate. Si nuestras sociedades no son capaces de promover nuevas perspectivas, instituciones y valores para administrar y resolver pacíficamente sus contradicciones y conflictos se exponen al empleo de armas de destrucción masiva –como sería el caso de una guerra nuclear-que pueden generar un cataclismo irreversible a las condiciones de habitabilidad del planeta para nuestra especie - o armas pequeñas y ligeras que hacen cataclismos locales que se suman y amplian la pobreza y destrucción medioambiental. Es por eso que el tránsito hacia un nuevo paradigma de desarrollo sustentable no puede limitarse a la búsqueda de tecnologías de producción menos contaminantes sino a la construcción integral de un nuevo proyecto de vida planetaria. Una nueva mirada acerca del papel de la tecnología tiene que ser acompañada por una nueva manera de concebir la convivencia, la gestión política, la eficiencia y eficacia de los proyectos económicos, la resolución pacifica de los conflictos violentos, y reconocer y respetar –de manera integral- los derechos humanos.

Un tránsito civilizatorio y cultural, una revolución tecnológica y social de tal magnitud, no es posible sin una revolución de nuestras ideas y concepciones tradicionales, enraizadas en los últimos siglos de modernidad e industrialismo. Tenemos que revisar y aprender de nuevo todo lo que dábamos por sentado. Como decía Mafalda en una de sus tiras cómicas "Ahora que finalmente me había aprendido todas las respuestas, resulta que me cambiaron las preguntas". Tenemos que educarnos de nuevo. Re-educarnos de nuevo.

   

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