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ISSN 1913-6196

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 La cooperación internacional y la educación ambiental

Entrevista

 Alejandro Álvarez Iragorry

   

Alejandro Álvarez es un conocido consultor y educador en Ambiente y Sostenibilidad. En el III Congreso Internacional de Educación Ambiental, hizo una provocadora presentación acerca de los logros y atascos de la educación ambiental en América Latina, Futuros lo entrevistó en los pasillos del Palacio de Congresos de Granada.


"La educación ambiental en América Latina es algo que nos sale del corazón, es algo más que apasionado, es el soñar la utopía".

"Necesitamos educación ambiental que desarrolle solidaridad, cooperación y solución de los conflictos para disminuir las tensiones y las violencias que se producen en las grandes ciudades de América Latina".

¿Cómo ha desarrollado su trabajo en el campo de la educación ambiental?

He trabajado de varias maneras, principalmente a través de una pequeña organización no gubernamental llamada Ecojuegos, en la cual me inicié hace 10 años trabajando el juego como recurso didáctico. Posteriormente he ido abriendo mi perfil y en los últimos años he trabajado principalmente como consultor apoyando a instituciones, tanto del sector público como del sector privado en Venezuela.

En los últimos años he hecho algunos trabajos con respecto a lo que implica la cooperación de Latinoamérica en materia de educación ambiental y como se pueden abrir mecanismos de cooperación en toda esa área que llamamos América Latina, por no tener un mejor nombre, porque América Latina y el Caribe es de una complejidad tan grande que decir que son los países de América que hablan español o portugués es una falacia; comenzando, porque ahí dentro tenemos países que no hablan ni español ni portugués. Tenemos a Haití, de habla francesa, y tenemos países de habla inglesa, como Belice o países de habla holandesa como Surinam. En general, hay una tendencia a ignorar a estos países pero son parte de nuestra realidad y parte de la compleja situación de una gran región. Deberíamos llamarnos la región que está en América, menos los Estados Unidos y Canadá.

En su exposición en el Congreso se refirió a la poca comunicación y a la necesidad de retomar esta comunicación...

Es una región que ha tenido relaciones de dependencia muy fuertes con las grandes metrópolis, particularmente con Estados Unidos y Europa. Uno puede seguir la evolución de las ideas de la educación ambiental en Venezuela y darse cuenta de las dos grandes influencias: la influencia norteamericana que es la educación ambiental centrada en la biodiversidad y en la conservación de áreas protegidas; y el otro enfoque teórico-pedagógico que proviene de directamente de España.

Por lo tanto, hemos mirado mucho a Estados Unidos y a Europa y nos hemos mirado poco entre nosotros.

Hay dificultades muy grandes para mirarnos entre nosotros y darnos cuenta que tenemos realidades comunes a pesar de la gran diversidad.

 Esas realidades provienen de una historia común que viene desde una llamada conquista y a partir de la cual se ha construido un continente de resistencias y mestizajes. La creación de ese nuevo mundo que llamamos América Latina y el Caribe, en el cual la realidad existente actual es simplemente de una enorme diversidad pero al mismo tiempo de una unidad tan grande que habría que analizarlo desde lo que llaman ahora la metodología de la complejidad.

¿Qué piensa que pudiera hacerse a través de educación ambiental para aumentar esta comunicación?

En particular necesitamos comenzar a tener la capacidad de comunicarnos y hablar entre nosotros y redescubrir el idioma que tenemos en común. Si has visto en las presentaciones de los brasileños y mexicanos hay algo que nos une: el sueño común de una sociedad diferente.

La educación ambiental en América Latina es algo que nos sale del corazón, es algo más que apasionado, es el soñar la utopía. Todavía creemos en las ideas de nuestra juventud de que es posible cambiar el mundo. Porque todavía creemos, es que seguimos en la educación ambiental, no es simplemente una profesión técnica como ser ingeniero o electricista, en la que no hay pasión sino un conocimiento estrictamente técnico.

¿En este sentido piensas que a lo mejor la sensibilización, o sea el llegar al corazón sería más efectiva que una educación formal?

Somos un continente donde la emoción es importante. La emoción es lo que se traduce en acciones. Necesitamos compartir esa emoción los unos con los otros para no sentirnos solos; no sentirnos luchadores aislados contra el mundo y comunicar esa necesidad de utopías, si no nos comunicamos entre nosotros casi que podemos decir que estamos derrotados desde el principio, porque sólo uniendo esfuerzos es que podemos hacer acciones verdaderamente tangibles. Por poner un ejemplo, estoy trabajando con Patricia Mousinho, de la Red Brasileña de Educación Ambiental, REBEA para coordinar una red de educadores ambientales amazónicos, de todos los países que están alrededor de la gran cuenca amazónica.

Al final de mi presentación mencioné al libro "Alicia detrás del espejo" cuando la Reina Roja dice "En este país para seguir donde estas tienes que correr mucho, si quieres avanzar tienes que correr el doble"; empezamos a tener la necesidad de correr el doble, necesitamos correr doble constantemente y ese correr doble quiere decir correr hacia nuestros vecinos.

Venezuela y Brasil son dos países fronterizos que se han ignorado mutuamente en toda su historia, aunque recientemente comienza a desarrollarse algún intercambio. Estamos aprendiendo a mirarnos el uno al otro; es más echamos todo el tiempo bromas acerca del nuevo idioma latinoamericano "el portuñol", porque empezamos a construir una idea común y un idioma común.

Hay algún deseo de defender el término de educador ambiental por encima de educador para el desarrollo, aunque le pongas el apellido de desarrollo sostenible o sustentable ¿por qué?

Sí, absolutamente. Hay una resistencia muy grande en América Latina acerca de la utilización de "educación para el desarrollo" aunque le pongas el apellido "sostenible". Esa obstinación es motivada por diversos factores, unos políticos y otros que tienen que ver simplemente con la larga trayectoria del esfuerzo para reconocer el término "educación ambiental".

En América Latina la educación ambiental ha tenido poca visibilidad política, por lo tanto, lograr lo que se ha conseguido ha sido un proceso de lucha muy fuerte y se han alcanzado avances importantes.

Decir ahora que toda institución u organización tiene que empezar a construir algo que en ninguna parte está claramente definido, ¿qué es exactamente educación para el desarrollo sostenible? Además la educación para el desarrollo sostenible comienza a ser usado por algunas personas para hablar de educación para el desarrollo económico. Entonces colocan frente a nosotros ese nuevo término poco o muy poco claro y se comienza a decir: "No, no necesitamos más ambiente, eso no es importante, lo que necesitamos es formar empleos, crear nuevas fábricas...". Eso es lo que se entiende por desarrollo económico, por lo que todo el avance en educación ambiental comienza a ser dejado de lado. Es algo a lo que tenemos que hacerle resistencia.

Luego, no queda muy claro de que el camino sea simplemente "vamos a borrar el término de educación ambiental y vamos a hacer lo mismo que estábamos haciendo bajo el concepto educación para el desarrollo sostenible". Para muchos eso es hipocresía; es por ello que estamos presionando a la UNESCO para que aclare a que está llamando educación para el desarrollo sostenible, porque la UNESCO no lo aclara ni siquiera en la documentación que tiene en su propia página Web y no queda claro cuáles son las interacciones entre el proceso de 30 años de educación ambiental y lo que ahora se empieza a llamar educación para el desarrollo sostenible, ¿donde están sus articulaciones?

¿Qué sugerencias haría a la UNESCO?

Lo primero que debe explicar con detalle donde están las articulaciones entre la educación ambiental y la educación para el desarrollo sostenible; a partir de entonces, no encontraría mal que la UNESCO, -que además tiene una red internacional con conexión a expertos-, puedan ayudar a todos los educadores a conectarse con otras experiencias de todo tipo; porque me doy cuenta que hacer educación ambiental sin tener contacto con la educación para los derechos humanos, sin la educación para el desarrollo humano, sin la educación para la paz, sería una educación parcializada, al menos en este continente. Por lo menos esas tres conexiones son necesarias: educación en los derechos humanos, desarrollo humano y para la paz. Todas ellas necesitan ser incorporadas a la educación ambiental sin perder su identidad propia.

La UNESCO podría también ayudar a los educadores, -no a los grupos de expertos que vienen a congresos-, sino aquellos hacedores que están en la base y que son personas que a veces lo que tienen es mucho ánimo, pero la formación no es muy grande. Necesitamos ayudar a esa gente, hacerles comprender como conectar su trabajo con el desarrollo sostenible, siempre y cuando desarrollo sostenible no signifique una etiqueta nueva para el mismo modelo de desarrollo.

¿Cuáles crees que sean los principales retos que tiene la educación ambiental para el nuevo Milenio, o en este Milenio?

Es una pregunta bien compleja porque tiene múltiples retos. La educación ambiental en América Latina - la verdad es que no podría hablar para el caso de Europa o Estados Unidos- tiene como primer reto el convertir a la educación ambiental en un mensaje que llegue a las personas que realmente la necesitan, tenemos un 60% de la población en niveles de pobreza. La educación ambiental tiene que convertirse en respuesta a sus necesidades, tiene que conectarse con la salud ambiental. Por decir algo elemental: tenemos problemas de personas que toman agua contaminada que producen enfermedades. Un número muy alto de niños mueren en su primera etapa de vida por enfermedades transmitidas por el agua, ¿cómo conectar la educación ambiental para resolver ese problema?, ¿sólo se resolvería con "educación" o es necesario involucrar a otros actores de la sociedad para resolver este problema elemental?

Es necesario conectar la educación ambiental con los campesinos para producir una agricultura sustentable a largo plazo, pero productiva para ellos y que permita mejorar sus condiciones de vida.

Necesitamos educación ambiental que desarrolle solidaridad, cooperación y solución de los conflictos para disminuir las tensiones y las violencias que se producen en las grandes ciudades de América Latina.

Son retos que hace que la educación ambiental sea algo más que proteger los árboles y los pajaritos, eso también es importante, pero con ese concepto la gente pobre que se está muriendo de hambre no importa para nada.

¿Algo más qué quisiera decirle a los lectores de Futuros?

Creo que España tiene un reto, -y eso lo han dicho los distintos gobiernos españoles-, que es materializar la conexión que tiene con América Latina. Los sucesivos gobiernos españoles hablan de las raíces y los vínculos con América Latina pero no lo han traducido en cooperación real, una cooperación concreta sería ayudar a organizar la educación ambiental en nuestros países. España pudiera apoyar acompañando procesos, siendo promotor de algunas reuniones y pudiera hacerlo a través de los múltiples órganos que tiene, porque si no es algo retórico hablar de que se apoya a América Latina.

   

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