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Alejandro Álvarez es un conocido consultor y educador en
Ambiente y Sostenibilidad. En el III Congreso Internacional de Educación
Ambiental, hizo una provocadora presentación acerca de los logros y atascos
de la educación ambiental en América Latina, Futuros lo entrevistó en los
pasillos del Palacio de Congresos de Granada.
"La educación ambiental en América Latina es algo
que nos sale del corazón, es algo más que apasionado, es el soñar la
utopía".
"Necesitamos educación ambiental que desarrolle solidaridad,
cooperación y solución de los conflictos para disminuir las tensiones
y las violencias que se producen en las grandes ciudades de América
Latina". |
¿Cómo ha desarrollado su trabajo en el campo de la educación
ambiental?
He trabajado de varias maneras, principalmente a través de
una pequeña organización no gubernamental llamada Ecojuegos, en la cual me
inicié hace 10 años trabajando el juego como recurso didáctico.
Posteriormente he ido abriendo mi perfil y en los últimos años he trabajado
principalmente como consultor apoyando a instituciones, tanto del sector
público como del sector privado en Venezuela.
En los últimos años he hecho algunos trabajos con respecto a
lo que implica la cooperación de Latinoamérica en materia de educación
ambiental y como se pueden abrir mecanismos de cooperación en toda esa área
que llamamos América Latina, por no tener un mejor nombre, porque América
Latina y el Caribe es de una complejidad tan grande que decir que son los
países de América que hablan español o portugués es una falacia; comenzando,
porque ahí dentro tenemos países que no hablan ni español ni portugués.
Tenemos a Haití, de habla francesa, y tenemos países de habla inglesa, como
Belice o países de habla holandesa como Surinam. En general, hay una
tendencia a ignorar a estos países pero son parte de nuestra realidad y
parte de la compleja situación de una gran región. Deberíamos llamarnos la
región que está en América, menos los Estados Unidos y Canadá.
En su exposición en el Congreso se refirió a la poca
comunicación y a la necesidad de retomar esta comunicación...
Es una región que ha tenido relaciones de dependencia muy
fuertes con las grandes metrópolis, particularmente con Estados Unidos y
Europa. Uno puede seguir la evolución de las ideas de la educación ambiental
en Venezuela y darse cuenta de las dos grandes influencias: la influencia
norteamericana que es la educación ambiental centrada en la biodiversidad y
en la conservación de áreas protegidas; y el otro enfoque teórico-pedagógico
que proviene de directamente de España.
Por lo tanto, hemos mirado mucho a Estados Unidos y a Europa
y nos hemos mirado poco entre nosotros.
Hay dificultades muy grandes para mirarnos entre nosotros
y darnos cuenta que tenemos realidades comunes a pesar de la gran
diversidad.
Esas realidades provienen de una historia común que
viene desde una llamada conquista y a partir de la cual se ha construido un
continente de resistencias y mestizajes. La creación de ese nuevo mundo que
llamamos América Latina y el Caribe, en el cual la realidad existente actual
es simplemente de una enorme diversidad pero al mismo tiempo de una unidad
tan grande que habría que analizarlo desde lo que llaman ahora la
metodología de la complejidad.
¿Qué piensa que pudiera hacerse a través de educación
ambiental para aumentar esta comunicación?
En particular necesitamos comenzar a tener la capacidad de
comunicarnos y hablar entre nosotros y redescubrir el idioma que tenemos en
común. Si has visto en las presentaciones de los brasileños y mexicanos hay
algo que nos une: el sueño común de una sociedad diferente.
La educación ambiental en América Latina es algo que nos
sale del corazón, es algo más que apasionado, es el soñar la utopía. Todavía
creemos en las ideas de nuestra juventud de que es posible cambiar el mundo.
Porque todavía creemos, es que seguimos en la educación ambiental, no es
simplemente una profesión técnica como ser ingeniero o electricista, en la
que no hay pasión sino un conocimiento estrictamente técnico.
¿En este sentido piensas que a lo mejor la sensibilización,
o sea el llegar al corazón sería más efectiva que una educación formal?
Somos un continente donde la emoción es importante. La
emoción es lo que se traduce en acciones. Necesitamos compartir esa emoción
los unos con los otros para no sentirnos solos; no sentirnos luchadores
aislados contra el mundo y comunicar esa necesidad de utopías, si no nos
comunicamos entre nosotros casi que podemos decir que estamos derrotados
desde el principio, porque sólo uniendo esfuerzos es que podemos hacer
acciones verdaderamente tangibles. Por poner un ejemplo, estoy trabajando
con Patricia Mousinho, de la Red Brasileña de Educación Ambiental, REBEA
para coordinar una red de educadores ambientales amazónicos, de todos los
países que están alrededor de la gran cuenca amazónica.
Al final de mi presentación mencioné al libro "Alicia detrás
del espejo" cuando la Reina Roja dice "En este país para seguir donde estas
tienes que correr mucho, si quieres avanzar tienes que correr el doble";
empezamos a tener la necesidad de correr el doble, necesitamos correr doble
constantemente y ese correr doble quiere decir correr hacia nuestros
vecinos.
Venezuela y Brasil son dos países fronterizos que se han
ignorado mutuamente en toda su historia, aunque recientemente comienza a
desarrollarse algún intercambio. Estamos aprendiendo a mirarnos el uno al
otro; es más echamos todo el tiempo bromas acerca del nuevo idioma
latinoamericano "el portuñol", porque empezamos a construir una idea
común y un idioma común.
Hay algún deseo de defender el término de educador ambiental
por encima de educador para el desarrollo, aunque le pongas el apellido de
desarrollo sostenible o sustentable ¿por qué?
Sí, absolutamente. Hay una resistencia muy grande en América
Latina acerca de la utilización de "educación para el desarrollo" aunque le
pongas el apellido "sostenible". Esa obstinación es motivada por diversos
factores, unos políticos y otros que tienen que ver simplemente con la larga
trayectoria del esfuerzo para reconocer el término "educación ambiental".
En América Latina la educación ambiental ha tenido poca
visibilidad política, por lo tanto, lograr lo que se ha conseguido ha sido
un proceso de lucha muy fuerte y se han alcanzado avances importantes.
Decir ahora que toda institución u organización tiene que
empezar a construir algo que en ninguna parte está claramente definido, ¿qué
es exactamente educación para el desarrollo sostenible? Además la educación
para el desarrollo sostenible comienza a ser usado por algunas personas para
hablar de educación para el desarrollo económico. Entonces colocan frente a
nosotros ese nuevo término poco o muy poco claro y se comienza a decir: "No,
no necesitamos más ambiente, eso no es importante, lo que necesitamos es
formar empleos, crear nuevas fábricas...". Eso es lo que se entiende por
desarrollo económico, por lo que todo el avance en educación ambiental
comienza a ser dejado de lado. Es algo a lo que tenemos que hacerle
resistencia.
Luego, no queda muy claro de que el camino sea simplemente
"vamos a borrar el término de educación ambiental y vamos a hacer lo mismo
que estábamos haciendo bajo el concepto educación para el desarrollo
sostenible". Para muchos eso es hipocresía; es por ello que estamos
presionando a la UNESCO para que aclare a que está llamando educación para
el desarrollo sostenible, porque la UNESCO no lo aclara ni siquiera en la
documentación que tiene en su propia página Web y no queda claro cuáles son
las interacciones entre el proceso de 30 años de educación ambiental y lo
que ahora se empieza a llamar educación para el desarrollo sostenible,
¿donde están sus articulaciones?
¿Qué sugerencias haría a la UNESCO?
Lo primero que debe explicar con detalle donde están las
articulaciones entre la educación ambiental y la educación para el
desarrollo sostenible; a partir de entonces, no encontraría mal que la
UNESCO, -que además tiene una red internacional con conexión a expertos-,
puedan ayudar a todos los educadores a conectarse con otras experiencias de
todo tipo; porque me doy cuenta que hacer educación ambiental sin tener
contacto con la educación para los derechos humanos, sin la educación para
el desarrollo humano, sin la educación para la paz, sería una educación
parcializada, al menos en este continente. Por lo menos esas tres conexiones
son necesarias: educación en los derechos humanos, desarrollo humano y para
la paz. Todas ellas necesitan ser incorporadas a la educación ambiental sin
perder su identidad propia.
La UNESCO podría también ayudar a los educadores, -no a los
grupos de expertos que vienen a congresos-, sino aquellos hacedores que
están en la base y que son personas que a veces lo que tienen es mucho
ánimo, pero la formación no es muy grande. Necesitamos ayudar a esa gente,
hacerles comprender como conectar su trabajo con el desarrollo sostenible,
siempre y cuando desarrollo sostenible no signifique una etiqueta nueva para
el mismo modelo de desarrollo.
¿Cuáles crees que sean los principales retos que tiene la
educación ambiental para el nuevo Milenio, o en este Milenio?
Es una pregunta bien compleja porque tiene múltiples retos.
La educación ambiental en América Latina - la verdad es que no podría hablar
para el caso de Europa o Estados Unidos- tiene como primer reto el convertir
a la educación ambiental en un mensaje que llegue a las personas que
realmente la necesitan, tenemos un 60% de la población en niveles de
pobreza. La educación ambiental tiene que convertirse en respuesta a sus
necesidades, tiene que conectarse con la salud ambiental. Por decir algo
elemental: tenemos problemas de personas que toman agua contaminada que
producen enfermedades. Un número muy alto de niños mueren en su primera
etapa de vida por enfermedades transmitidas por el agua, ¿cómo conectar la
educación ambiental para resolver ese problema?, ¿sólo se resolvería con
"educación" o es necesario involucrar a otros actores de la sociedad para
resolver este problema elemental?
Es necesario conectar la educación ambiental con los
campesinos para producir una agricultura sustentable a largo plazo, pero
productiva para ellos y que permita mejorar sus condiciones de vida.
Necesitamos educación ambiental que desarrolle
solidaridad, cooperación y solución de los conflictos para disminuir las
tensiones y las violencias que se producen en las grandes ciudades de
América Latina.
Son retos que hace que la educación ambiental sea algo más
que proteger los árboles y los pajaritos, eso también es importante, pero
con ese concepto la gente pobre que se está muriendo de hambre no importa
para nada.
¿Algo más qué quisiera decirle a los lectores de Futuros?
Creo que España tiene un reto, -y eso lo han dicho los
distintos gobiernos españoles-, que es materializar la conexión que tiene
con América Latina. Los sucesivos gobiernos españoles hablan de las raíces y
los vínculos con América Latina pero no lo han traducido en cooperación
real, una cooperación concreta sería ayudar a organizar la educación
ambiental en nuestros países. España pudiera apoyar acompañando procesos,
siendo promotor de algunas reuniones y pudiera hacerlo a través de los
múltiples órganos que tiene, porque si no es algo retórico hablar de que se
apoya a América Latina.
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