A partir de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo
comienza a concebirse como crecimiento económico, orientándose hacia el
logro de un acelerado desarrollo industrial y tecnológico; a este paradigma
de desarrollo se le llamó "desarrollista", el mismo ha acarreado negativas
consecuencias para la humanidad relacionadas con el incremento del deterioro
de las condiciones ambientales del planeta y los diferentes sistemas
biofísicos y sociales que lo constituyen; lo cual ha desencadenado la
llamada crisis ambiental.
Como resultado de esta crisis ambiental, Según, Muñóz, Marta
Rosa, 2003 ya en la década del 60, la humanidad comienza a cuestionarse este
paradigma de desarrollo que contiene altos costos sociales, económicos,
culturales y ambientales vinculados al consumo y manejo irracional e
indiscriminado de los recursos del medio, y se demuestra la existencia de un
gran mito alrededor del mismo, tanto acerca de su ineficacia para resolver
los problemas que enfrenta la humanidad, como respecto a la responsabilidad
con la creciente degradación ambiental.
En este contexto de preocupación mundial ante las graves y
diversas problemáticas ambientales que enfrenta el planeta, surge como
alternativa la teoría del desarrollo sostenible o sustentable, concepto que
aunque se había manejado con anterioridad, adquirió verdadera relevancia en
1987, en Nuestro Futuro Común, Informe de la Comisión Mundial sobre Medio
Ambiente y Desarrollo, conocido también como informe de la Comisión
Brundtland, en la cual se definió el Desarrollo Sostenible como "aquel que
satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la
capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas propias".
"El desarrollo sustentable requiere la promoción de valores
que estimulen patrones de consumo dentro de los límites de lo ecológicamente
posible, y a los cuales todos puedan aspirar razonablemente, implica además
que las sociedades satisfagan las necesidades humanas incrementando el
potencial productivo y asegurando oportunidades equitativas para todos, y no
debe poner en peligro los sistemas naturales que constituyen la base de la
vida en la Tierra: la atmósfera, los suelos, las aguas y los seres vivos"
Muñóz, Marta Rosa 2003.
Este modelo ha resultado ser muy polémico y en ocasiones
contradictorio, por lo cual desde finales de la década de los ’80, se han
desarrollado múltiples acercamientos conceptuales al mismo, los cuales,
independientemente de sus incompatibilidades, coinciden, en su orientación
hacia el logro de un crecimiento con eficiencia económica, que no deteriore
ni utilice de manera irracional los recursos naturales, que garantice el
progreso y la justicia y equidad social, que respete y estimule la
diversidad y riqueza de las identidades culturales, así como el precepto de
la eficiencia ecológica de los sistemas biofísicos.
En todo caso, el nuevo paradigma de la sustentabilidad
presupone alcanzar una armonía entre las diversas aristas que incluyen el
desarrollo humano, tales como la economía, la sociedad, la naturaleza, la
cultura y la tecnología, donde la dimensión ambiental atraviese
transversalmente este proceso de desarrollo.
"De otro modo se interpreta que al desarrollo sustentable,
le resultan inherentes: la posible única opción viable para salvaguardar a
la Humanidad, la adopción de una nueva ética humana para con la naturaleza,
un motivo de solidaridad intergeneracional, una teoría humanista y
progresista, el sentido de responsabilidad por salvar las condiciones que
sustentan la vida en el planeta, un móvil para la paz y la estabilidad
mundial, una alternativa sensata a los modelos existentes de desarrollo y la
globalización de la solidaridad ambiental" Jaula, Jose Alberto, 2002.
El mismo autor, señala ciertos principios que debe seguir un
proyecto de desarrollo sostenible, tales como la percepción transdisciplinar
de la ciencia y la educación, la descentralización del saber, el
conocimiento sistémico, la ciencia posnormal, la visión ambiocéntrica, el
pensamiento analógico, las relaciones diacrónicas, la concepción holística
de la realidad, la certeza de la incertidumbre, la lógica sensitiva,
inductiva y sintética, la prevención y mantenimiento del ambiente, la
dirección participativa de la población, la solidaridad con el entorno, la
solidaridad intergeneracional y la armonía e intercambio con el ambiente.
La educación desempeña una importante función en la
progresiva implementación de este nuevo paradigma de desarrollo; la misma
debe encargarse de estimular el establecimiento de nuevos y más positivos
estilos de relación del hombre con el medio ambiente, abarcando las diversas
aristas o dimensiones del mismo, tales como las sociales, naturales,
tecnológicas, económicas o políticas; debe instituirse como punto de partida
e instrumento por excelencia en la necesaria incidencia sobre los diferentes
actores sociales existentes en la actualidad, para potenciar la adquisición
de nuevas informaciones, conocimientos, sensibilidades, valores y estilos de
conducta humanas, favorables al medio ambiente.
La Educación Ambiental constituye una de las respuestas a la
crisis ambiental, y a su vez, educar para la sustentabilidad constituye el
objetivo de la misma, esta juega un importante papel en el necesario
incremento de las informaciones y conocimientos a los ciudadanos de nuestro
planeta, en la asunción de nuevos valores, de cambios positivos en las
actitudes con relación a la problemática ambiental; así como en la
modificación de los comportamientos humanos lesivos al medio ambiente.
"Es evidente que el conocimiento es, hoy más que nunca, un
factor decisivo en el proceso de desarrollo. En lo que respecta a la
problemática ambiental, se hace indispensable en la actualidad tener un
mayor conocimiento sobre nuestros recursos naturales y la propia realidad
social y cultural, que haga posible la utilización inteligente del inmenso
potencial de riquezas en beneficio de toda la sociedad" Muñóz, Marta Rosa,
2003.
"Uno de los retos principales del desarrollo sostenible
implica la necesidad de formar capacidades en las personas y la sociedad,
para orientar el desarrollo sobre bases ecológicas, de diversidad cultural,
y equidad y participación social. Para ello han de tenerse en cuenta los
comportamientos, valores sociales, políticos, culturales y económicos en
relación con la naturaleza. De igual forma, ha de propiciar y facilitar
herramientas para que las personas puedan producir y apropiarse de saberes,
técnicas y conocimientos que les permitan una mayor participación en la
gestión ambiental, decidir y definir las condiciones y calidad de vida"
Muñóz, Marta Rosa, 2003.
Teniendo en cuenta la situación ambiental actual de nuestro
planeta, podemos decir que hasta ahora la educación ambiental ha cumplido
incipientemente con su misión, dentro de las razones fundamentales de este
fracaso se encuentra el hecho de que la misma no se ha dirigido de manera
acertada hacia el logro de un cambio profundo en las concepciones y estilos
de vida, de producción y consumo de los seres humanos, ni a sus relaciones
con el medio ambiente.
Los patrones de producción y consumo insostenibles se
encuentran dentro de los principales factores condicionantes de la situación
actual del medio ambiente, en ello poseen una gran importancia los estilos
de vida de las personas; para lograr una sociedad sustentable, es necesario
realizar un giro hacia un estilo de vida de "simplicidad voluntaria"
comprometido con la sostenibilidad.
Los cambios en los valores y estilos de vida hacia una
posición más ecológicamente responsable, constituyen un estadio importante
en pro de la disminución de los problemas ambientales que posee nuestro
planeta. La educación ambiental, debe estar por tanto, dirigida a la
estimulación de la adopción por parte de las personas de un modo de vida
compatible con la sostenibilidad, en el que se valorice la sencillez y el
gastar los recursos de la tierra a la menor velocidad posible, lo cual
supone un freno parcial en algunas direcciones que se traducirá a la larga,
en una mayor abundancia y durabilidad de la vida en sentido general; para
lograr esta aspiración, es imprescindible elevar el nivel de conocimiento e
información, de sensibilización y concienciación por parte de los
ciudadanos, científicos, investigadores, gobiernos, la sociedad civil y
todas las organizaciones nacionales e internacionales.
Este cambio es susceptible de realizarse, teniendo en cuenta
que así como un estilo de vida mantiene comportamientos ambientales
singulares, también la adopción de prácticas concretas pueden ayudar a
construir un estilo de vida sostenible a través de la educación ambiental.
En esta evolución hacia los cambios fundamentales de
nuestros estilos de vida y comportamientos, la educación en su sentido más
amplio juega un papel fundamental, la educación es la fuerza del futuro,
porque ella es uno de los más poderosos instrumentos para lograr el cambio.
En esta educación uno de los aspectos esenciales es el
conocimiento, un conocimiento que se preocupe por si mismo, sus
disposiciones y tendencias tanto al error como a la ilusión, como afirma
Edgar Morin, 1997: se debe "armar cada mente para el combate vital por la
lucidez; promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y
fundamentales para inscribir allí los conocimientos parciales y locales;
aprender a través de él a enfrentar las incertidumbres, enseñar principios
de estrategia que permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto,
es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbre a través de
archipiélagos de certeza"…"debemos prepararnos para enfrentar las
incertidumbres; debemos educar para la comprensión, la comprensión mutua
entre seres humanos es vital para que las relaciones humanas salgan de su
estado bárbaro de incomprensión, desdeñar los racismos, las xenofobias, y
los desprecios culturales, tenemos que realizar la educación por la paz que
necesitamos"
No obstante, como señala Scoullos, Michael en su discurso de
apertura de la Conferencia Internacional Medio ambiente y Sociedad:
Educación para la Sensibilización y para la Sostenibilidad, 1997, es
necesario plantearse la interrogante: ¿cuán tolerantes, amplios, son los
márgenes de la educación?, si desde Aristóteles sabemos que junto al
conocimiento de lo bueno, debemos tener poder para aplicarlo; es evidente
que sin una reestructuración profunda de nuestra sociedad desde el punto de
vista político, económico, social y ético, no alcanzaremos nunca la solución
verdadera y duradera de los problemas ambientales.
"En este contexto, se debe precisar que la educación
ambiental como proceso educativo, no puede por si sola, lograr la protección
del medio ambiente. La protección ecológica requiere y necesita de una
voluntad y acciones políticas, económicas y sociales; no es posible la
protección de los ecosistemas naturales, sociales, históricos y culturales
sin eliminar la pobreza y erradicar el hambre, sin garantizar la educación,
la cultura y la salud de la población, así como eliminar los conflictos
bélicos, el terrorismo de estado y otros problemas globales que ocasionan
tragedias de muertes y graves pérdidas que afectan la calidad de vida".
Valdés, Orestes, 2001.
"La educación es, a la vez, producto social e instrumento de
transformación de la sociedad donde se inserta. Por lo tanto, los sistemas
educativos son al mismo tiempo agente y resultado de los procesos de cambio
social. Ahora bien, si el resto de los agentes sociales no actúa en la
dirección del cambio, es muy improbable que el sistema educativo transforme
el complejo entramado en el que se asientan las estructuras socioeconómicas,
las relaciones de producción e intercambio, las pautas de consumo y, en
definitiva, el modelo de desarrollo establecido". Martínez, Jose Félix,
2001.
La educación ambiental, por tanto no debe limitarse a una
reflexión filosófica y teórica, sobre todo, significa concienciación,
sensibilización y proposición de soluciones alternativas, la misma no se
debe quedar en las aulas, en las familias; debe extenderse a todos los
espacios de socialización, tales como la comunidad, los grupos formales e
informales, los medios de comunicación; promoviendo acciones concretas en
pro de la solución de los problemas ambientales, basadas en modelos
participativos.
De tal manera, la educación ambiental se erige como el
valuarte hacia un planeta sustentable, aunque las actuales condiciones
socioeconómicas predominantes constituyen obstáculos inconmensurables para
el presente, el futuro puede representar la posibilidad de alcanzar de forma
paulatina y progresiva un incremento de concienciación mundial hasta
alcanzar aquella masa crítica capaz de revertir los actuales estilos de
desarrollo hacia aquellos con aspiraciones de sustentabilidad.
Bibliografía
- Alcántara Juan Carlos, Castro J, Arturo: Breve Historia de la
Educación Ambiental. 1997.