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Presentación en el III Congreso
Internacional de Educación Ambiental
Granada, 27 al 30 de septiembre 2005
Voy a hablarles acerca de una experiencia de trabajo en
México sobre la formación de los educadores ambientales, que no fue una
práctica generalizada para todo el país. Fue una experiencia que se
desarrolló a través del Ministerio de Educación con un grupo de
especialistas en el campo de la educación ambiental.
Lo que nos interesaba en esa experiencia era recuperar la
pregunta ¿cómo vamos a formar educadores ambientales?, porque veíamos que
los problemas que se estaban presentando en el contexto mexicano tenían una
gran envergadura dadas las condiciones de nuestro país, particularmente en
las ciudades, como caso concreto en la ciudad de México, por lo que tratamos
de retomar la pregunta de "si vamos a necesitar un educador ambiental, ¿qué
tipo de educador ambiental necesitaríamos?".
En México, la incorporación de la dimensión ambiental dentro
de las actividades académicas y de investigación empezó a tener una
presencia importante a partir de la década de los ochenta, como consecuencia
de los negativos efectos de ciertos problemas ambientales: deforestación,
erosión del suelo, pérdida de la biodiversidad, contaminación atmosférica y
de los recursos hídricos, hacinamiento, pobreza y marginalidad, entre otros.
Pero no va a ser sino hasta la década de los noventa cuando se inicia la
puesta en marcha de programas académicos tendientes a formar y actualizar
profesionistas en las diversas áreas del conocimiento, con el propósito de
que a través de su trabajo, los diversos grupos de la sociedad, construyan
nuevos conocimientos, competencias, valores y destrezas en relación con el
ambiente.
El contexto en México también puede ser generalizado para
América Latina y algunos otros países. Tenemos problemas de justicia,
equidad social y desempleo, y se pueden preguntar: "bueno ¿y esto cómo se
vincula a los educadores ambientales?, por supuesto que tiene que ver,
porque se trata de las condiciones de vida de las personas. Una de los
objetivos que perseguimos con la educación ambiental es lograr tener gente
menos deteriorada, es por ello que las condiciones de pobreza y marginalidad
son elementos esenciales que debíamos retomar. México, según los datos de
UNICEF, tiene 40 millones de pobres.
Tuvimos que retomar la interrogación de si en realidad la
educación nos iba a proveer de los elementos que necesitábamos para poder
darle una solución o al menos aminorar esos graves reclamos sociales, y al
mismo tiempo queríamos trabajar sobre los factores de la equidad y
solidaridad. ¿Qué ha ocurrido históricamente con las relaciones del uno y el
otro y el que está al lado? Me parece que los problemas son evidentes y
todos lo estábamos padeciendo.
En este contexto empezamos a preguntarnos sobre la
responsabilidad que se le otorgaba a la formación. Siempre se nos dice:
necesitamos formar un nuevo profesionista, básicamente académico, -me estoy
refiriendo a las cuestiones netamente académicas-, nos dábamos cuenta que
siempre había una pretensión de formar un nuevo profesionista, porque los
profesionistas que teníamos no estaban dando los resultados que estábamos
esperando, y también, porque no estaban suficientemente vinculados con la
problemática del país.
¿Cuáles fueron los caminos que se tomaron? Primero se
adecuaron los planes y programas de estudios de las instituciones de
educación superior, porque los programas anteriores no estaban respondiendo
a las necesidades que en ese momento la problemática demandaba.
¿Para qué necesitábamos un nuevo profesionista?
- Necesitábamos un nuevo profesionista que estuviera formado para que
pudiera responder a las exigencias directas del mercado de trabajo.
- Necesitábamos un sujeto que pudiera comprender la problemática que se
establece entre la sociedad y las sociedades. Ahí utilizábamos ese
concepto de la otredad, los otros, no los otros que pueden ser
prescindibles, sino los otros que son diferentes, que tienen algo que
decir y algo que compartir con nosotros.
- Y por supuesto, necesitábamos un profesionista que tuviera la
capacidad para poder trabajar y relacionarse entre la sociedad y la
naturaleza, porque es un problema derivado: los problemas ambientales que
tenemos en el contexto mexicano se derivan en una gran parte del tipo de
relación que tiene la sociedad con la naturaleza.
Así que buscábamos a un sujeto que pudiera ser capaz de
asimilar nuevos conocimientos, y construir nuevas habilidades y destrezas en
los diferentes grupos de la sociedad. No pensábamos solamente en los
escolares, pensábamos en amas de casas, sindicatos, profesores, directivos,
políticos, las iglesias y otros actores. Pensábamos que teníamos que tratar
de construir nuevos conocimientos, habilidades y destrezas para que tuvieran
una relación diferente con el medio natural.
En el contexto mexicano la educación ambiental nació en el
ámbito de lo social, no nació en la escuela. Nació en aquellos trabajos que
hacían los campesinos en la protección de sus parcelas, de los bosques y en
la protección de la tenencia de la tierra. Así fue como nació la educación
ambiental en el contexto mexicano y muchos de esos educadores ambientales se
formaron de una forma netamente empírica, es decir en una relación directa
con la realidad. También tenemos que decir que estos educadores, al menos
algunos de ellos, estuvieron más enfocados a una formación de prueba y
error.
Cuando se empiezan a formar educadores ambientales en México
en la década de los 90, era un campo relativamente muy joven. No teníamos
experiencia, ¿con quién vamos a formar y a quién vamos a formar? Eran
diversos los profesionales que se acercaban a los espacios de formación
académica en la educación ambiental, pero vimos en ello una gran
posibilidad. Estos nuevos espacios de formación se estaban construyendo con
diferentes profesionistas; es decir, llegaban los biólogos, psicólogos e
ingenieros pero también llegaba el médico, el pedagogo, el jurista y el
economista. Eso nos permitía tener una posibilidad de acercamiento, lectura
y aproximación diferente a las cuestiones ambientales, porque cada uno de
ellos veía desde un ángulo diferente los problemas. Lo que se lograba con
esa diversidad era enriquecer esa mirada.
Tratamos también de implementar el debate y análisis de los
problemas y desafíos ambientales. Hace aproximadamente un mes, estábamos con
Marcos Rigota en la ciudad de Jalapa, México, y uno de los aspectos que él
señalaba era que la discusión de lo ambiental la teníamos que llevar a todo
tipo de espacios, a la escuela y la casa, pero también con los amigos, las
reuniones, y hasta al partido de fútbol; es decir, discutir lo ambiental en
todos los posibles y diferentes espacios públicos.
¿Qué buscábamos?
La construcción de propuestas más integrales, y con esto no
estábamos pensando que íbamos a solucionar toda la problemática, pero lo que
sí estábamos buscando era construir una respuesta que diera solución,
aminorara y sobre todo previniera problemas ambientales.
Nos dimos cuenta también de algo muy positivo, que lo
ambiental comenzaba a tener una mayor presencia en las universidades. Como
no nace en la escuela, no había educación ambiental vinculada a la escuela,
pero la universidad empieza a tener cierta acogida a los problemas
ambientales, comienzan a desarrollarse proyectos de investigación y se
inician cursos de formación en lo ambiental. Pero ¿qué nos encontramos?, que
la educación ambiental dentro del contexto de la educación era un campo muy
débil y en permanente construcción ¿por qué? porque usted puede ver como
dentro de lo ambiental existe una diversidad de posturas tanto en lo
educativo como en lo ambiental. Cada uno de nosotros puede tener un concepto
de educación y para cada uno de nosotros la educación se maneja de
diferentes formas, y por supuesto también en lo ambiental; esto traía una
singularidad y una problemática particular cuando queríamos formar
educadores ambientales.
Un problema fue que en la educación se centraron muchas
esperanzas para resolver los problemas ambientales. Me parece que hemos
creado muchas expectativas en relación con lo ambiental, y particularmente
con la educación. Encontrábamos muchos mitos en cuanto a la formación de
educadores ambientales. Se suele decir: "si tú ya pasaste por un programa de
educación, ya eres un educador ambiental", es decir, la misma formación
disciplinaria que cada uno de nosotros tiene posibilita o impide, en algunos
de los casos, la formación de un educador ambiental integral.
Encontramos propuestas de programa de formación de
educadores ambientales donde había intereses académicos o la ausencia de
estos, ¿por qué? porque algunos estaban más dirigidos a las cuestiones
económicas y se vendía una propuesta en la cual los intereses académicos no
estaban en el eje conductor de dichas propuestas y era más bien otro tipo de
interés el que primaba. Incluso, la experiencia misma de cada uno de
nosotros tiene que ver cuando estás en un proceso de formación y también
determina el nivel de formación de un educador ambiental.
Otro problema era el plan de estudios ¿cómo podemos
estructurar un programa de formación de educadores ambientales? ¿A qué le
vamos a dar más peso, a la parte práctica o vamos a estar sólo discutiendo
las cuestiones teóricas? Ese fue uno de los aspectos que analizamos con
profundidad. ¿A dónde queríamos llegar? A la creación de un perfil
profesional de un educador ambiental, pero ¿qué educador ambiental queremos
tener cuando termine un programa de formación?
Mientras analizábamos los diferentes planes y programas que
formaban a educadores ambientales mexicanos, nos dábamos cuenta de que
muchos de estos perfiles eran definidos por el coordinador del programa. Se
decía "Ah!, yo creo que debe ser un educador que sea capaz de resolver una
problemática ambiental en el área rural", pero el propio coordinador no
tenía ninguna experiencia con el área rural y entonces era una definición en
lo abstracto.
¿Cuáles eran las consecuencias de estos planes de
estudio?
Las consecuencias eran las que mencioné antes. Le dicen al
recién graduado: "tú ya eres un educador ambiental y entonces puedes
desempeñarte en cualquier área". Particularmente en las maestrías se llegaba
a esa conclusión porque cuando revisábamos los perfiles de egreso, se veía
claramente que rezaba: "va a ser un profesionista que tenga la capacidad de
reflexionar, analizar, proponer un sin número de aspectos", entonces el
sujeto salía con esa postura, y cuando se enfrentaba a la realidad tenía
grandes problemas, ¿por qué? porque se le dificultaba su trabajo, cometía
más errores de los que pretendía solucionar, y por supuesto no contribuía en
nada a la consolidación del campo de la educación ambiental; por lo tanto,
sus alternativas de solución eran sumamente inconsistentes.
Ayer conversaba con alguien una anécdota que merece traer a
colación. Encontré un educador ambiental que llegó a una región y dijo: "les
voy a dar un curso de educación ambiental para el ahorro de agua" y comenzó
a trabajar y dijo: "…este es el ciclo del agua. El agua es muy importante
para los seres vivos, debemos conservarla, debemos cuidarla". Termina el
segundo día su presentación y cuando está haciendo la evaluación una señora
se levanta y le dice: "oye, me parece que es muy importante lo que nos has
venido a decir acerca del agua, pero ¿sabes tú qué significa caminar más de
2 kilómetros diarios, con una cubeta de agua, a 40º, bajo los rayos del
sol?, cómo me vienes a decir a mí que cuide el agua, si soy la que más la
cuida, porque no la tengo".
¿Cuál fue el problema?
El problema era que la persona no sabía donde estaba
parada, le dijeron que podría impartir ese curso de educación ambiental. Sin
embargo no sabía, no fue capaz de analizar el contexto donde se iba a llevar
a cabo; ¿dónde estaba?, en la península de Yucatán, suelos altamente
calizos, donde las filtraciones son enormes y los pozos de agua están a
kilómetros de distancia. Los pobladores tienen que ir a esos lugares a tomar
una cubeta de agua, ¿saben cuándo vuelven a participar esas personas en un
curso de educación ambiental? Jamás.
Esas son las consecuencias que tratamos de evitar, por eso
queríamos adentrarnos en la discusión de ¿cómo vamos a formar educadores
ambientales? Pero para encontrar respuesta ante esa pregunta teníamos que
movernos primero a la definición ¿qué es un educador ambiental?, Pero esa es
una pregunta equivocada porque no la podemos responder de una manera única.
Podríamos dar una definición distinta en cada uno de los programas. Sin
embargo estamos convencidos de que esa pregunta se contesta preguntando
primero ¿en qué contexto pretende intervenir?, para que no le vaya a pasar
como el curso del ahorro de agua, es decir ¿dónde pretendes que ese educador
ambiental participe de manera activa? Es ese el contexto que te va a dar los
requerimientos de los profesionales que vas a necesitar. ¿A qué le vas a dar
más peso? ¿Cuál va a ser tu prioridad? ¿Va a tener conocimientos teóricos?,
y ¿qué habilidades prácticas va a necesitar para poder desempeñarse de
manera adecuada? Porque las realidades ambientales son diversas y complejas,
y además porque nos dimos cuenta que en las áreas en donde los educadores
ambientales podrían ingresar se habían ampliado extraordinariamente.
Necesitamos educadores ambientales para las áreas naturales protegidas,
necesitamos educadores ambientales para la oficina del turismo, para el
trabajo de las organizaciones no gubernamentales y para que estuvieran
impartiendo docencia. En México, en el nivel secundario está incorporada la
asignatura de educación ambiental, pero ¿quiénes la están dando?, el
biólogo, el ecólogo, el físico, a veces hasta el matemático. Para impartir
esas asignaturas también se requieren a educadores ambientales, al igual que
para trabajar en los ministerios o en la investigación.
En este Congreso los colegas decían "se han ampliado las
líneas de investigación" y creo que tenemos que ampliarlas aún más todavía;
trabajar con los sindicatos, trabajar con las amas de casa, los campesinos,
trabajar en la asesoría técnica, es decir, hay innumerables nuevos campos y
áreas en el que los educadores ambientales pueden incorporarse.
Cuando estuvimos discutiendo ¿cuál sería el perfil
profesional del educador ambiental? Nos dimos cuenta de que no debíamos
pensar en términos de lo que debe saber un educador ambiental, porque
tendría que saber de muchas cosas. Tendría que saber de economía, aspectos
sociales, psicológicos; tendría que tener herramientas para ser capaz de
hacer investigaciones. ¡Era enorme la cantidad de conocimientos que se
pretendía que manejara un educador ambiental! Nos dimos cuenta que más bien
lo que necesitábamos era plantearnos la pregunta, no lo qué debe saber, sino
¿qué es lo que no debe ignorar?, y eso le da un matiz especial, ¿qué no debe
ignorar un educador ambiental que va a la investigación? ¿Qué no debe
ignorar un educador ambiental que se va a desempeñar en la docencia? ¿Qué no
debe ignorar un educador ambiental que va a trabajar en una red de
educadores ambientales? Esto nos pareció un cambio cualitativo importante.
También incorporamos al análisis la dimensión ambiental:
"este es el escenario del futuro que nos planteamos". Aspiramos a que en un
futuro las maestrías en educación ambiental y este tipo de congreso
desaparezca ¿por qué? porque ya no van a ser necesarios. Si tú empiezas a
formar a un sujeto desde niño hasta la universidad en lo ambiental, no va a
ser necesario obtener una maestría en educación ambiental, ya no va a ser
necesario formar educadores ambientales. Ese es el escenario del futuro,
porque nos damos cuenta que formar un químico que contamina y otro que
descontamine saldría muy caro, porque lo que estamos haciendo ahora es
formar un químico que maneja una diversidad de sustancias nocivas, pero
estamos formando a un educador ambiental que va a descontaminar lo que ese
químico contaminó. Ese no es el camino.
Trataré de aventurarme en una respuesta a ¿qué es un
educador ambiental?, Pienso que es un sujeto que a través de un proceso de
intercambio multidireccional de formación, con conocimientos, imágenes,
prácticas y reflexiones, motiva el análisis crítico de los mismos, con lo
cual busca la construcción de los conocimientos, valores, síntesis y
experiencias en torno al campo de lo ambiental.
Lo que tratamos de priorizar fue, ¿qué necesitamos para que
ese sujeto pudiese desempeñarse de manera respetable?, les repito que no
puede ser generalizable, pero lo que sí creemos es que un educador ambiental
debe tener conocimientos pedagógicos. Debe tener la capacidad de construir
un pensamiento multidisciplinario, no estamos hablando de interdisciplina,
creo que si podemos lograr que diferentes especialidades se congreguen en
relación con un problema ambiental y discutan sobre ella, hemos dado un paso
muy importante. Pero para que el educador ambiental pueda acercarte a los
diferentes colegas para poder intercambiar necesita tener una formación
sólida en diferentes disciplinas. Necesitamos tener una formación que le
permita dialogar en biología, pedagogía, economía, política y sociología.
Un educador ambiental debe ser conciente de la dimensión
política. Para nosotros la dimensión política es la toma de postura, no
tiene nada que ver con las cuestiones netamente partidistas, no es que el
educador ambiental tenga que adherirse a un partido, no me refiero a eso. El
educador ambiental tiene que tomar una postura frente a un problema, esa es
su dimensión política y no la debe desconocer, por supuesto a esa formación
de responsabilidad se le debe dar peso en su formación.
Otro factor sería incrementar nuestra proyección social
sobre los educadores ambientales, porque no solamente necesitamos educadores
ambientales para trabajar en las cuestiones formales, recupero una cita un
tanto irónica de Javier Reyes "los educadores ambientales que se desempeñan
en el ámbito de la educación no formal son educadores considerados de
segunda, que imparten una educación considerada de segunda, para sujetos
sociales considerados ciudadanos de segunda". Trataré de ejemplificarlo,
aquella mujer que tomó una asesoría técnica sobre la conservación del suelo
y que llega a su comunidad y tiene un intercambio con las mujeres de su
comunidad y su acción repercute en la conservación de su suelo ¿es una
educadora ambiental?, porque ella no fue a ningún curso, no tiene un diploma
que diga "tú eres una educadora ambiental", ni pasó por una maestría, ni
está en un diplomado, ni en una especialidad. Sin embargo, la actividad que
desarrolló está contribuyendo a la conservación de un espacio natural ¿es
una educadora ambiental?, es una discusión que tenemos al respecto. Yo apelo
porque se debe seguir en estos momentos con la formación de los educadores
ambientales desde el ámbito académico, pero al mismo tiempo desde el ámbito
de lo no formal, es fundamental incrementar la presencia social de los
educadores ambientales.
En una exposición anterior alguien decía "bueno, ¿a dónde
vamos a ir a buscar un educador ambiental?", si yo salgo de aquí ¿dónde
puedo ir a buscar un educador ambiental? La visibilidad pública de los
educadores ambientales es pobre y esa parece ser otra de nuestras derrotas
¿quiénes los conocen? En ocasiones hemos sido tomados en cuenta en alguna
propuesta del gobierno o alguna acción comunitaria. Creo que esa visibilidad
es algo que también debemos de incrementar.
Por tal motivo llegamos a una primera conclusión: debemos
educar para la pregunta y no para la respuesta. Debemos hacer que ese
educador ambiental pueda tener la capacidad de transmitir con el otro y
hacia el otro, hacer que el otro se pregunte, -porque muchos de los
problemas que tenemos presente ha sido por esa falta de reflexión que hemos
tenido en relación con ellos. Si vamos a formar educadores ambientales,
tendría que ser un educador ambiental que logre que sus interlocutores
también empiecen a preguntarse.
Los problemas ambientales en México son de una gran
magnitud. Nos percatamos que en nuestra sociedad algunos de los problemas
que tenemos de contaminación, generación de residuos o falta de agua se
estaban dando porque la gente dejaba de preguntarse las cosas. Se podía ver
a una persona que agarraba un papel y lo aventaba sin mayor reflexión al
respecto. Entonces, si hacemos que ese sujeto pueda reflexionar sobre su
actividad, sobre las consecuencias de sus acciones, estaremos ganando. Por
eso nos interesaba mucho educar para la pregunta y no para la respuesta,
porque va a depender de la forma en que nos preguntemos las cosas, la forma
en que vamos a darle solución.
Cuando venía para acá, veía en un graffiti en la ciudad de
México que decía "si ustedes globalizan el mundo, nosotros globalizamos la
resistencia". Me pareció muy atractivo para traer acá. El "ustedes" es
cualquiera. Yo estoy incluido en el "nosotros". Nosotros queremos globalizar
la resistencia, ¿cómo?, formando educadores ambientales pero ¿cómo formamos
esos educadores ambientales?, Críticos, reflexivos y propositivos. Muchas
gracias.
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