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ISSN 1913-6196

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La formación profesional de los educadores ambientales en México

Desarrollo Humano Sustentable

Miguel Ángel Arias

Presentación en el  III Congreso Internacional de Educación Ambiental
Granada, 27 al 30 de septiembre 2005

Voy a hablarles acerca de una experiencia de trabajo en México sobre la formación de los educadores ambientales, que no fue una práctica generalizada para todo el país. Fue una experiencia que se desarrolló a través del Ministerio de Educación con un grupo de especialistas en el campo de la educación ambiental.

Lo que nos interesaba en esa experiencia era recuperar la pregunta ¿cómo vamos a formar educadores ambientales?, porque veíamos que los problemas que se estaban presentando en el contexto mexicano tenían una gran envergadura dadas las condiciones de nuestro país, particularmente en las ciudades, como caso concreto en la ciudad de México, por lo que tratamos de retomar la pregunta de "si vamos a necesitar un educador ambiental, ¿qué tipo de educador ambiental necesitaríamos?".

En México, la incorporación de la dimensión ambiental dentro de las actividades académicas y de investigación empezó a tener una presencia importante a partir de la década de los ochenta, como consecuencia de los negativos efectos de ciertos problemas ambientales: deforestación, erosión del suelo, pérdida de la biodiversidad, contaminación atmosférica y de los recursos hídricos, hacinamiento, pobreza y marginalidad, entre otros. Pero no va a ser sino hasta la década de los noventa cuando se inicia la puesta en marcha de programas académicos tendientes a formar y actualizar profesionistas en las diversas áreas del conocimiento, con el propósito de que a través de su trabajo, los diversos grupos de la sociedad, construyan nuevos conocimientos, competencias, valores y destrezas en relación con el ambiente.

El contexto en México también puede ser generalizado para América Latina y algunos otros países. Tenemos problemas de justicia, equidad social y desempleo, y se pueden preguntar: "bueno ¿y esto cómo se vincula a los educadores ambientales?, por supuesto que tiene que ver, porque se trata de las condiciones de vida de las personas. Una de los objetivos que perseguimos con la educación ambiental es lograr tener gente menos deteriorada, es por ello que las condiciones de pobreza y marginalidad son elementos esenciales que debíamos retomar. México, según los datos de UNICEF, tiene 40 millones de pobres.

Tuvimos que retomar la interrogación de si en realidad la educación nos iba a proveer de los elementos que necesitábamos para poder darle una solución o al menos aminorar esos graves reclamos sociales, y al mismo tiempo queríamos trabajar sobre los factores de la equidad y solidaridad. ¿Qué ha ocurrido históricamente con las relaciones del uno y el otro y el que está al lado? Me parece que los problemas son evidentes y todos lo estábamos padeciendo.

En este contexto empezamos a preguntarnos sobre la responsabilidad que se le otorgaba a la formación. Siempre se nos dice: necesitamos formar un nuevo profesionista, básicamente académico, -me estoy refiriendo a las cuestiones netamente académicas-, nos dábamos cuenta que siempre había una pretensión de formar un nuevo profesionista, porque los profesionistas que teníamos no estaban dando los resultados que estábamos esperando, y también, porque no estaban suficientemente vinculados con la problemática del país.

¿Cuáles fueron los caminos que se tomaron? Primero se adecuaron los planes y programas de estudios de las instituciones de educación superior, porque los programas anteriores no estaban respondiendo a las necesidades que en ese momento la problemática demandaba.

¿Para qué necesitábamos un nuevo profesionista?

  1. Necesitábamos un nuevo profesionista que estuviera formado para que pudiera responder a las exigencias directas del mercado de trabajo.
  2. Necesitábamos un sujeto que pudiera comprender la problemática que se establece entre la sociedad y las sociedades. Ahí utilizábamos ese concepto de la otredad, los otros, no los otros que pueden ser prescindibles, sino los otros que son diferentes, que tienen algo que decir y algo que compartir con nosotros.
  3. Y por supuesto, necesitábamos un profesionista que tuviera la capacidad para poder trabajar y relacionarse entre la sociedad y la naturaleza, porque es un problema derivado: los problemas ambientales que tenemos en el contexto mexicano se derivan en una gran parte del tipo de relación que tiene la sociedad con la naturaleza.

Así que buscábamos a un sujeto que pudiera ser capaz de asimilar nuevos conocimientos, y construir nuevas habilidades y destrezas en los diferentes grupos de la sociedad. No pensábamos solamente en los escolares, pensábamos en amas de casas, sindicatos, profesores, directivos, políticos, las iglesias y otros actores. Pensábamos que teníamos que tratar de construir nuevos conocimientos, habilidades y destrezas para que tuvieran una relación diferente con el medio natural.

En el contexto mexicano la educación ambiental nació en el ámbito de lo social, no nació en la escuela. Nació en aquellos trabajos que hacían los campesinos en la protección de sus parcelas, de los bosques y en la protección de la tenencia de la tierra. Así fue como nació la educación ambiental en el contexto mexicano y muchos de esos educadores ambientales se formaron de una forma netamente empírica, es decir en una relación directa con la realidad. También tenemos que decir que estos educadores, al menos algunos de ellos, estuvieron más enfocados a una formación de prueba y error.

Cuando se empiezan a formar educadores ambientales en México en la década de los 90, era un campo relativamente muy joven. No teníamos experiencia, ¿con quién vamos a formar y a quién vamos a formar? Eran diversos los profesionales que se acercaban a los espacios de formación académica en la educación ambiental, pero vimos en ello una gran posibilidad. Estos nuevos espacios de formación se estaban construyendo con diferentes profesionistas; es decir, llegaban los biólogos, psicólogos e ingenieros pero también llegaba el médico, el pedagogo, el jurista y el economista. Eso nos permitía tener una posibilidad de acercamiento, lectura y aproximación diferente a las cuestiones ambientales, porque cada uno de ellos veía desde un ángulo diferente los problemas. Lo que se lograba con esa diversidad era enriquecer esa mirada.

Tratamos también de implementar el debate y análisis de los problemas y desafíos ambientales. Hace aproximadamente un mes, estábamos con Marcos Rigota en la ciudad de Jalapa, México, y uno de los aspectos que él señalaba era que la discusión de lo ambiental la teníamos que llevar a todo tipo de espacios, a la escuela y la casa, pero también con los amigos, las reuniones, y hasta al partido de fútbol; es decir, discutir lo ambiental en todos los posibles y diferentes espacios públicos.

¿Qué buscábamos?

La construcción de propuestas más integrales, y con esto no estábamos pensando que íbamos a solucionar toda la problemática, pero lo que sí estábamos buscando era construir una respuesta que diera solución, aminorara y sobre todo previniera problemas ambientales.

Nos dimos cuenta también de algo muy positivo, que lo ambiental comenzaba a tener una mayor presencia en las universidades. Como no nace en la escuela, no había educación ambiental vinculada a la escuela, pero la universidad empieza a tener cierta acogida a los problemas ambientales, comienzan a desarrollarse proyectos de investigación y se inician cursos de formación en lo ambiental. Pero ¿qué nos encontramos?, que la educación ambiental dentro del contexto de la educación era un campo muy débil y en permanente construcción ¿por qué? porque usted puede ver como dentro de lo ambiental existe una diversidad de posturas tanto en lo educativo como en lo ambiental. Cada uno de nosotros puede tener un concepto de educación y para cada uno de nosotros la educación se maneja de diferentes formas, y por supuesto también en lo ambiental; esto traía una singularidad y una problemática particular cuando queríamos formar educadores ambientales.

Un problema fue que en la educación se centraron muchas esperanzas para resolver los problemas ambientales. Me parece que hemos creado muchas expectativas en relación con lo ambiental, y particularmente con la educación. Encontrábamos muchos mitos en cuanto a la formación de educadores ambientales. Se suele decir: "si tú ya pasaste por un programa de educación, ya eres un educador ambiental", es decir, la misma formación disciplinaria que cada uno de nosotros tiene posibilita o impide, en algunos de los casos, la formación de un educador ambiental integral.

Encontramos propuestas de programa de formación de educadores ambientales donde había intereses académicos o la ausencia de estos, ¿por qué? porque algunos estaban más dirigidos a las cuestiones económicas y se vendía una propuesta en la cual los intereses académicos no estaban en el eje conductor de dichas propuestas y era más bien otro tipo de interés el que primaba. Incluso, la experiencia misma de cada uno de nosotros tiene que ver cuando estás en un proceso de formación y también determina el nivel de formación de un educador ambiental.

Otro problema era el plan de estudios ¿cómo podemos estructurar un programa de formación de educadores ambientales? ¿A qué le vamos a dar más peso, a la parte práctica o vamos a estar sólo discutiendo las cuestiones teóricas? Ese fue uno de los aspectos que analizamos con profundidad. ¿A dónde queríamos llegar? A la creación de un perfil profesional de un educador ambiental, pero ¿qué educador ambiental queremos tener cuando termine un programa de formación?

Mientras analizábamos los diferentes planes y programas que formaban a educadores ambientales mexicanos, nos dábamos cuenta de que muchos de estos perfiles eran definidos por el coordinador del programa. Se decía "Ah!, yo creo que debe ser un educador que sea capaz de resolver una problemática ambiental en el área rural", pero el propio coordinador no tenía ninguna experiencia con el área rural y entonces era una definición en lo abstracto.

¿Cuáles eran las consecuencias de estos planes de estudio?

Las consecuencias eran las que mencioné antes. Le dicen al recién graduado: "tú ya eres un educador ambiental y entonces puedes desempeñarte en cualquier área". Particularmente en las maestrías se llegaba a esa conclusión porque cuando revisábamos los perfiles de egreso, se veía claramente que rezaba: "va a ser un profesionista que tenga la capacidad de reflexionar, analizar, proponer un sin número de aspectos", entonces el sujeto salía con esa postura, y cuando se enfrentaba a la realidad tenía grandes problemas, ¿por qué? porque se le dificultaba su trabajo, cometía más errores de los que pretendía solucionar, y por supuesto no contribuía en nada a la consolidación del campo de la educación ambiental; por lo tanto, sus alternativas de solución eran sumamente inconsistentes.

Ayer conversaba con alguien una anécdota que merece traer a colación. Encontré un educador ambiental que llegó a una región y dijo: "les voy a dar un curso de educación ambiental para el ahorro de agua" y comenzó a trabajar y dijo: "…este es el ciclo del agua. El agua es muy importante para los seres vivos, debemos conservarla, debemos cuidarla". Termina el segundo día su presentación y cuando está haciendo la evaluación una señora se levanta y le dice: "oye, me parece que es muy importante lo que nos has venido a decir acerca del agua, pero ¿sabes tú qué significa caminar más de 2 kilómetros diarios, con una cubeta de agua, a 40º, bajo los rayos del sol?, cómo me vienes a decir a mí que cuide el agua, si soy la que más la cuida, porque no la tengo".

¿Cuál fue el problema?

 El problema era que la persona no sabía donde estaba parada, le dijeron que podría impartir ese curso de educación ambiental. Sin embargo no sabía, no fue capaz de analizar el contexto donde se iba a llevar a cabo; ¿dónde estaba?, en la península de Yucatán, suelos altamente calizos, donde las filtraciones son enormes y los pozos de agua están a kilómetros de distancia. Los pobladores tienen que ir a esos lugares a tomar una cubeta de agua, ¿saben cuándo vuelven a participar esas personas en un curso de educación ambiental? Jamás.

Esas son las consecuencias que tratamos de evitar, por eso queríamos adentrarnos en la discusión de ¿cómo vamos a formar educadores ambientales? Pero para encontrar respuesta ante esa pregunta teníamos que movernos primero a la definición ¿qué es un educador ambiental?, Pero esa es una pregunta equivocada porque no la podemos responder de una manera única. Podríamos dar una definición distinta en cada uno de los programas. Sin embargo estamos convencidos de que esa pregunta se contesta preguntando primero ¿en qué contexto pretende intervenir?, para que no le vaya a pasar como el curso del ahorro de agua, es decir ¿dónde pretendes que ese educador ambiental participe de manera activa? Es ese el contexto que te va a dar los requerimientos de los profesionales que vas a necesitar. ¿A qué le vas a dar más peso? ¿Cuál va a ser tu prioridad? ¿Va a tener conocimientos teóricos?, y ¿qué habilidades prácticas va a necesitar para poder desempeñarse de manera adecuada? Porque las realidades ambientales son diversas y complejas, y además porque nos dimos cuenta que en las áreas en donde los educadores ambientales podrían ingresar se habían ampliado extraordinariamente. Necesitamos educadores ambientales para las áreas naturales protegidas, necesitamos educadores ambientales para la oficina del turismo, para el trabajo de las organizaciones no gubernamentales y para que estuvieran impartiendo docencia. En México, en el nivel secundario está incorporada la asignatura de educación ambiental, pero ¿quiénes la están dando?, el biólogo, el ecólogo, el físico, a veces hasta el matemático. Para impartir esas asignaturas también se requieren a educadores ambientales, al igual que para trabajar en los ministerios o en la investigación.

En este Congreso los colegas decían "se han ampliado las líneas de investigación" y creo que tenemos que ampliarlas aún más todavía; trabajar con los sindicatos, trabajar con las amas de casa, los campesinos, trabajar en la asesoría técnica, es decir, hay innumerables nuevos campos y áreas en el que los educadores ambientales pueden incorporarse.

Cuando estuvimos discutiendo ¿cuál sería el perfil profesional del educador ambiental? Nos dimos cuenta de que no debíamos pensar en términos de lo que debe saber un educador ambiental, porque tendría que saber de muchas cosas. Tendría que saber de economía, aspectos sociales, psicológicos; tendría que tener herramientas para ser capaz de hacer investigaciones. ¡Era enorme la cantidad de conocimientos que se pretendía que manejara un educador ambiental! Nos dimos cuenta que más bien lo que necesitábamos era plantearnos la pregunta, no lo qué debe saber, sino ¿qué es lo que no debe ignorar?, y eso le da un matiz especial, ¿qué no debe ignorar un educador ambiental que va a la investigación? ¿Qué no debe ignorar un educador ambiental que se va a desempeñar en la docencia? ¿Qué no debe ignorar un educador ambiental que va a trabajar en una red de educadores ambientales? Esto nos pareció un cambio cualitativo importante.

También incorporamos al análisis la dimensión ambiental: "este es el escenario del futuro que nos planteamos". Aspiramos a que en un futuro las maestrías en educación ambiental y este tipo de congreso desaparezca ¿por qué? porque ya no van a ser necesarios. Si tú empiezas a formar a un sujeto desde niño hasta la universidad en lo ambiental, no va a ser necesario obtener una maestría en educación ambiental, ya no va a ser necesario formar educadores ambientales. Ese es el escenario del futuro, porque nos damos cuenta que formar un químico que contamina y otro que descontamine saldría muy caro, porque lo que estamos haciendo ahora es formar un químico que maneja una diversidad de sustancias nocivas, pero estamos formando a un educador ambiental que va a descontaminar lo que ese químico contaminó. Ese no es el camino.

Trataré de aventurarme en una respuesta a ¿qué es un educador ambiental?, Pienso que es un sujeto que a través de un proceso de intercambio multidireccional de formación, con conocimientos, imágenes, prácticas y reflexiones, motiva el análisis crítico de los mismos, con lo cual busca la construcción de los conocimientos, valores, síntesis y experiencias en torno al campo de lo ambiental.

Lo que tratamos de priorizar fue, ¿qué necesitamos para que ese sujeto pudiese desempeñarse de manera respetable?, les repito que no puede ser generalizable, pero lo que sí creemos es que un educador ambiental debe tener conocimientos pedagógicos. Debe tener la capacidad de construir un pensamiento multidisciplinario, no estamos hablando de interdisciplina, creo que si podemos lograr que diferentes especialidades se congreguen en relación con un problema ambiental y discutan sobre ella, hemos dado un paso muy importante. Pero para que el educador ambiental pueda acercarte a los diferentes colegas para poder intercambiar necesita tener una formación sólida en diferentes disciplinas. Necesitamos tener una formación que le permita dialogar en biología, pedagogía, economía, política y sociología.

Un educador ambiental debe ser conciente de la dimensión política. Para nosotros la dimensión política es la toma de postura, no tiene nada que ver con las cuestiones netamente partidistas, no es que el educador ambiental tenga que adherirse a un partido, no me refiero a eso. El educador ambiental tiene que tomar una postura frente a un problema, esa es su dimensión política y no la debe desconocer, por supuesto a esa formación de responsabilidad se le debe dar peso en su formación.

Otro factor sería incrementar nuestra proyección social sobre los educadores ambientales, porque no solamente necesitamos educadores ambientales para trabajar en las cuestiones formales, recupero una cita un tanto irónica de Javier Reyes "los educadores ambientales que se desempeñan en el ámbito de la educación no formal son educadores considerados de segunda, que imparten una educación considerada de segunda, para sujetos sociales considerados ciudadanos de segunda". Trataré de ejemplificarlo, aquella mujer que tomó una asesoría técnica sobre la conservación del suelo y que llega a su comunidad y tiene un intercambio con las mujeres de su comunidad y su acción repercute en la conservación de su suelo ¿es una educadora ambiental?, porque ella no fue a ningún curso, no tiene un diploma que diga "tú eres una educadora ambiental", ni pasó por una maestría, ni está en un diplomado, ni en una especialidad. Sin embargo, la actividad que desarrolló está contribuyendo a la conservación de un espacio natural ¿es una educadora ambiental?, es una discusión que tenemos al respecto. Yo apelo porque se debe seguir en estos momentos con la formación de los educadores ambientales desde el ámbito académico, pero al mismo tiempo desde el ámbito de lo no formal, es fundamental incrementar la presencia social de los educadores ambientales.

En una exposición anterior alguien decía "bueno, ¿a dónde vamos a ir a buscar un educador ambiental?", si yo salgo de aquí ¿dónde puedo ir a buscar un educador ambiental? La visibilidad pública de los educadores ambientales es pobre y esa parece ser otra de nuestras derrotas ¿quiénes los conocen? En ocasiones hemos sido tomados en cuenta en alguna propuesta del gobierno o alguna acción comunitaria. Creo que esa visibilidad es algo que también debemos de incrementar.

Por tal motivo llegamos a una primera conclusión: debemos educar para la pregunta y no para la respuesta. Debemos hacer que ese educador ambiental pueda tener la capacidad de transmitir con el otro y hacia el otro, hacer que el otro se pregunte, -porque muchos de los problemas que tenemos presente ha sido por esa falta de reflexión que hemos tenido en relación con ellos. Si vamos a formar educadores ambientales, tendría que ser un educador ambiental que logre que sus interlocutores también empiecen a preguntarse.

Los problemas ambientales en México son de una gran magnitud. Nos percatamos que en nuestra sociedad algunos de los problemas que tenemos de contaminación, generación de residuos o falta de agua se estaban dando porque la gente dejaba de preguntarse las cosas. Se podía ver a una persona que agarraba un papel y lo aventaba sin mayor reflexión al respecto. Entonces, si hacemos que ese sujeto pueda reflexionar sobre su actividad, sobre las consecuencias de sus acciones, estaremos ganando. Por eso nos interesaba mucho educar para la pregunta y no para la respuesta, porque va a depender de la forma en que nos preguntemos las cosas, la forma en que vamos a darle solución.

Cuando venía para acá, veía en un graffiti en la ciudad de México que decía "si ustedes globalizan el mundo, nosotros globalizamos la resistencia". Me pareció muy atractivo para traer acá. El "ustedes" es cualquiera. Yo estoy incluido en el "nosotros". Nosotros queremos globalizar la resistencia, ¿cómo?, formando educadores ambientales pero ¿cómo formamos esos educadores ambientales?, Críticos, reflexivos y propositivos. Muchas gracias.

   

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