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Parte 1 /4
Tomado de CSA
http://www.csa.com/discoveryguides/sustain/overview.php
Traducción realizada por Revista Futuros
Generalidades
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El objeto de la sostenibilidad es la
tierra
en su totalidad |
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Con la Declaración de Brundtland de 1987 se introdujo un
nuevo concepto en asuntos humanos y medioambientales: "El desarrollo
sustentable es un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin
comprometer las posibilidades de las futuras generaciones de satisfacer sus
propias necesidades". En esta definición, citada con frecuencia, está
implícita la idea de que el medioambiente natural enfrenta presiones y
sobreexplotación, y no podrá satisfacer indefinidamente las crecientes
demandas de la humanidad.
De por sí, la definición de Brundtland es insuficiente.
¿Cómo se pueden definir las "necesidades" en oposición a carencias o incluso
a lujos excesivos? ¿Es que resulta aceptable la reducción de los estándares
de vida? ¿Es más que suficiente comer solamente, o tener una forma elemental
de alojamiento? ¿Dónde dejamos a la educación y la atención médica? ¿Es que
la sostenibilidad implica cierta equidad en la distribución de los bienes, o
es que una prueba de la sostenibilidad es poder satisfacer la creciente
brecha entre ricos y pobres (si se ha alcanzado la estabilidad de la
población y del medioambiente)? ¿Es que la salud del ecosistema es
importante por sí misma, o sólo en su relación con los seres humanos?
La Declaración de Brundtland sugiere algunas respuestas. Al
vincular la desigualdad global con la degradación medioambiental, estamos
ante una disminución en el consumo del Norte rico, junto al desarrollo del
empobrecido Sur global. 1 En esto se soslaya al movimiento actual de
justicia medioambiental. Aquí el problema implícito radica en que con
frecuencia los ricos se protegen de los costos medioambientales de sus
sistemas de vida, mientras los pobres a menudo carecen de los medios para
ocuparse de su medioambiente inmediato.
Si la sostenibilidad implica una interrelación entre los
problemas de consumo y pobreza con la contaminación, degradación de los
recursos y los conflictos, las soluciones van a requerir de vinculaciones
novedosas. Con relación a la sostenibilidad, la ciencia no puede existir en
un vacío, sino debe interactuar con las políticas, con la política, con
cuestiones de la gobernabilidad que afectan la vida diaria de los pueblos.
Los factores económicos estructuran cómo, dónde y cuánto el medioambiente
puede ser explotado. La comunicación entre diferentes sectores –que muchas
veces existen como unidades compartimentadas—es crucial. Los científicos
medioambientalistas ya no pueden sentirse felices sólo con hacer "buena"
ciencia; el debate y la persuasión devienen partes del papel del científico.
La manera de proceder con relación al desarrollo sustentable
depende de las percepciones que se tengan. Si se percibe la disminución de
los recursos, se recicla; si se percibe una cantidad ilimitada de recursos
extractivos, o la posibilidad de contar con respuestas tecnológicas a todos
los problemas, no se recicla. De modo similar, si la gente cree que las
emisiones de los automóviles son las causantes del peligroso calentamiento
global, comprarán más autos con sistemas eficientes de combustible, y
buscarán otras alternativas. No obstante, los ciudadanos se deben sentir
empoderados (empowered), deben creer que sus esfuerzos y
decisiones tienen un significado para poder trabajar hacia la obtención de
estilos de vida sustentables.
Las percepciones individuales llegan hasta la voluntad
social colectiva, y hasta las operaciones políticas --y relacionadas con la
política--, que puedan institucionalizar lo que pudo haberse iniciado como
opciones de estilos de vida. Con relación a los automóviles, los incentivos
monetarios provocan que los individuos a menudo hagan "lo correcto". Las
prohibiciones son instrumentos de política más contundentes que funcionan en
términos absolutos, como la indicación de las millas recorridas en un carro.
Los incentivos y las prohibiciones son generados --y necesitan ser
apoyados-- por políticas y por los gobiernos. Al pasar al ámbito de la
sostenibilidad, tanto las creencias de los políticos, el sistema de
gobernabilidad, como el papel de las organizaciones locales, nacionales e
internacionales, todos, tienen una parte que desempeñar.
Los papeles solapados de la gobernabilidad, valores sociales
y necesidades económicas generan la naturaleza interdisciplinaria de la
ciencia de la sostenibilidad. Para romper las barreras entre las disciplinas
--que muchas veces permanecen veladas--, y estimular la exploración de
opciones de políticas prácticas, la CSA y la Infraestructura de Información
sobre Biología Nacional (National Biological Information Infrastructure) del
USGS (United States Geological Survey) ha lanzado la publicación
electrónica: Sostenibilidad: Ciencia, práctica y políticas (Sustainability:
Science, Practice, & Policy). "Es éste un esfuerzo importante en tanto
aspira a responder las preguntas fundamentales acerca de qué impide la
amplia diseminación de las mejores prácticas del desarrollo sustentable",
escribió Klaus Töpfer, director ejecutivo del Programa Medioambiental de
Naciones Unidas. "Espero que esta publicación pueda servir de catalizador
para el debate entre diferentes disciplinas, de modo que incluya a expertos
y políticos".
Dada su naturaleza interdisciplinaria, permanece en el aire
la pregunta acerca de si la "ciencia de la sostenibilidad" es más una
ciencia tradicional, una ciencia social, o algo diferente y más improvisado,
más un arte que una ciencia. En el sentido más estrecho de experimentación y
reproducción, no puede llamársele ciencia tradicional (aunque muchos de los
campos que contribuyen a ella provienen de las ciencias tradicionales). En
última instancia, es una ciencia el hecho de que sucesos empíricos están
ocurriendo en nuestro ecosistema, y que tendrán efectos seguros; bien cierto
es que afectarán la vida cotidiana de cada ser humano. El impacto final de
las decisiones de hoy proporcionará, por tanto, una prueba final sobre la
sostenibilidad.
Raíces económicas e históricas
El vínculo entre la economía y el medioambiente es crucial,
en particular en un mundo globalizado. Sin embargo, la economía
históricamente ha soslayado ampliamente las cuestiones medioambientales,
desde los tiempos de Adam Smith y su Riqueza de las naciones (The
Wealth of Nations) Es verdad que Smith incluyó "la tierra" entre sus
factores de producción originales, pero principalmente como un recurso para
la explotación. 2 Más tarde otros economistas minimizaron la importancia de
la tierra y de otros factores medioambientales, al asumir virtualmente como
inagotables los productos recolectados y utilizados por el hombre.
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Thomas Malthus, iniciador de
las sombrías teorías de población |
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La excepción problemática es Thomas Malthus, quien al
publicar Ensayo acerca del principio de la población (An Essay on
the Principle of Population) en 1798, advirtió que mientras la población
aumentaba exponencialmente, la producción de alimentos aumentaba sólo a
partir de incrementos. 3 La población por tanto tendería a sobrepasar
ampliamente sus niveles de subsistencia, lo cual conduciría a la pobreza
masiva y la devastación. Esto sentaba los términos entre los límites
medioambientales y las cada vez más crecientes necesidades humanas.
Con relación a la riqueza de las sociedades de hoy Malthus
estaba equivocado, en tanto los avances tecnológicos han permitido la
producción de alimentos, junto a un número de bienes y servicios, hasta
incluso alcanzar índices más acelerados que los de la población. Una
pregunta sobre la sostenibilidad futura es si el uso de los recursos podrá
cambiar continuamente según se necesite, o si todos los recursos llegarán a
desaparecer. Una pregunta relacionada con esto es cuán pesado será el precio
que una creciente contaminación nos hará pagar, incluyendo los peligrosos
desperdicios y efectos ya anticipatorios como los cambios climáticos. Los
economistas se refieren a dichos costos, los cuales no son pagados por
aquellos que recolectan o producen bienes, como externalidades.
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Mientras tanto, Malthus acertó en algunas circunstancias
particulares, como cuando varios grupos humanos han excedido la capacidad
de carga,5 de sus medioambientes y han pagado el precio. Un
ejemplo favorito de los medioambientalistas y de los científicos de la
sostenibilidad es la Isla de Pascua, descubierta en 1722 por los europeos,
quienes al tiempo que quedaron asombrados ante sus enormes estatuas de
piedra, no pudieron sino meditar acerca de otros escenarios yermos. Las
especulaciones sobre quién puso allí las piedras durarán siglos.
Hoy pensamos que tenemos la respuesta. Líderes de la
civilización de la Polinesia que pobló la isla erigieron estas estatuas como
símbolos enormes de su autoridad. El apetito de poder los condujo a hacer
caso omiso de consideraciones ecológicas. En su afán por hacer estatuas cada
vez más grandes, denudaron la isla al cortar más y más árboles con los
cuales arrastraban las enormes piedras. El hecho de que la isla estaba
aislada y su ecosistema era muy frágil la hizo más proclive aún al colapso
medioambiental.
Aunque algunos medioambientalistas utilizan el ejemplo de la
Isla de Pascua como símbolo de lo que pudiera sucederle a nuestra propia
sociedad, los ecosistemas globales son, por supuesto, mucho más complejos y
tienen más capacidad de recuperación, al tiempo que nuestra tecnología y
habilidad para comunicarnos y para cambiar las cosas nos brindan más
capacidad de adaptación. Sin embargo, como argumenta Jared Diamond en su
libro El colapso: Cómo las sociedades escogen entre el fracaso o el éxito
(Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed), otras sociedades
han explotado en exceso los ecosistemas a su disposición y han provocado
desastres similares a los pronosticados por Malthus. 6
La civilización maya presenta uno de los casos más
dramáticos. Esta civilización colapsó, probablemente durante el siglo noveno
d.n.e., dejando vastas ruinas repletas de templos abandonados y monumentos.
Diamond explica el colapso a partir de "un crecimiento de la población por
encima de la disponibilidad de recursos", junto a la deforestación,
conflictos, sequías, y la inacción de los reyes maya.
7 La explicación va
más allá del determinismo ecológico. A pesar de las difíciles
circunstancias, Diamond considera que de haber los maya tomado mejores
decisiones se hubiera evitado el colapso.
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| Proyecto Pirámide: el stress medioambiental forzó a
los mayas a abandonar algunas ciudades (los conquistadores españoles
terminaron el proceso) |
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Las sociedades que enfrentan exceso de población y presiones
ecológicas no siempre fracasan. Diamond explica que en ocasiones se han dado
cuenta de su situación y han adoptado estrategias de control del
medioambiente que han permitido el éxito a largo plazo. Japón es un
excelente ejemplo. En el siglo XVII la isla nación enfrentó una explosión en
el crecimiento demográfico que amenazaba con aniquilar los recursos
disponibles en su limitado espacio. En especial la deforestación era una
amenaza. De acuerdo con Diamond, una combinación de prácticas forestales con
miras al futuro, junto a medidas casi draconianas sobre la población,
permitió que Japón evitara el destino de los maya, para moverse hacia su
dinámico papel más reciente en la historia mundial. 8
Notas
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