Economía y desarrollo: causas potenciales de conflictos
sociales
El desarrollo y el crecimiento económico continúan siendo
focos de la agenda nacional en Centroamérica. Es de lamentar, que la
capacidad gubernamental para brindarles seguridad social a los pobres haya
disminuido debido a la corrupción gubernamental, la implementación de
medidas y ajustes estructurales --como la privatización de servicios
públicos, reducción de servicios sociales y despidos de funcionarios--, el
impacto de desastres naturales –como el huracán Mitch y los terremotos en El
Salvador-- y las crecientes presiones de la globalización.
En el plano económico, la región se ha integrado a través de
cuatro dinámicas que no necesariamente representan garantías de generación
de riqueza en el largo plazo, ni sostenibilidad. Son ellas las exportaciones
de productos no tradicionales, la maquila, la migración y el turismo. El
resultado ha sido que Centro América dejó de ser la región exclusivamente
agro-exportadora conocida como ‘economía postre’ (exportadora de café,
azúcar, ron) y se ha diversificado en al menos estas cuatro dinámicas. En
algunos casos hay beneficios perceptibles, sin embargo, faltan políticas
económicas que incentiven el accionar inversionista, la participación
trabajadora y el efecto multiplicador sobre mercados locales que puedan
crear oportunidades productivas, además de movilidad social.
El poder de compra e ingresos centroamericanos siguen siendo
los mismos que en 1980 --una de las etapas económicas más bajas en la
historia de la región. El PIB per cápita continúa siendo el mismo que en
1980, e indicadores sociales como el Índice de Desarrollo Humano sólo
muestra aumentos muy marginales. Además, la esperanza en el desarrollo
económico sigue siendo baja. En el mejor de los casos, el crecimiento
económico durante los próximos cinco años no se incrementará en más de un 4
por ciento. Esta realidad se convierte en una advertencia acerca del
descontento social por la falta de empleo, la continuidad de la pobreza y
las promesas incumplidas, ya que podría degenerar en tensión y violencia.
Uno de los mayores problemas al que tienen que hacer frente
los centroamericanos es el significativo tamaño de sus déficit fiscales y
deudas externas. Las obligaciones de Nicaragua y Honduras ante la comunidad
financiera internacional paralizan su habilidad para invertir en desarrollo
social. El aumento en déficit fiscal de Guatemala, El Salvador y Costa Rica
les impide apoyar programas sociales.
El Salvador ha tratado de resolver sus problemas usando el
dólar como moneda de curso legal. En el 2001 el país dolarizó su economía,
como medida preventiva para reducir la inflación, debido al aumento de las
reservas extranjeras y el fluir de dólares de los emigrados hacia Estados
Unidos y Canadá. Todavía está por probarse si la dolarización ha sido
beneficiosa para el país. Un indicador importante, sin embargo, del efecto
de la dolarización se refiere al de la caída de las tasas de interés, las
cuales cambiaron de un 14 por ciento a un 9 por ciento. El impacto de los
terremotos, sin embargo, con pérdidas por casi dos mil millones de dólares,
se convirtió en el mayor reto para la reconstrucción económica y la
disciplina fiscal.
La liberalización de la economía y el comercio han resaltado
la pregunta sobre el impacto de éstas en pequeñas y medianas empresas.
Pequeñas y medianas empresas se encuentran con el desafío del control
tradicional del capital sobre industrias específicas, como construcción,
alimentación, textil y exportaciones agroalimentarias, y de multinacionales
que compiten con medianas empresas aprovechándose de industrias no
controladas por grandes capitales, como los medios de comunicación y
servicios. El resultado ha sido que la supervivencia de pequeñas y medianas
empresas se desvanece debido a la liberalización y al aumento de la
competencia de grandes multinacionales o de capital local.
Mientras tanto, la región se enfrenta a una seria recesión
económica de dos años, causada en parte por la caída de los precios del café
que ha afectado a los cinco países principales de la región, por la sequía
que ocurrió en 2001 y continuó en 2002, y por la recesión económica mundial.
En Guatemala, las pérdidas ascendieron a $250 millones, a $100 millones en
Nicaragua y a $350 millones en El Salvador. En este sentido, la estrategia
regional de concentrarse en el sector agro-exportador no tiene muchas
posibilidades de éxito, debido a la continua fluctuación de precios y al
alza de la oferta mundial de estos productos. A esto se suma el problema de
la sequía e inundaciones por las que la región está pasando, que produce
serios problemas alimentarios, al extremo de que las zonas norte de Honduras
y Nicaragua están pasando por hambrunas que afectan a millón y medio de
centroamericanos.
Un área totalmente olvidada en política económica es la
emigración laboral. Las economías centroamericanas son dependientes del
flujo de envíos y otras transacciones que emergen de sus emigrados en
Estados Unidos. El valor de los envíos a veces excede el valor total de las
exportaciones y es mayor que el valor de inversión extranjera. Los
economistas de la región han fallado en implementar políticas que
capitalicen la moneda extranjera que viene de fuera. De hecho, Centroamérica
ha cambiado de una economía de exportación agroalimentaria, a una economía
de exportación de mano de obra, y para dirigir el desarrollo y crecimiento
económico este factor productivo debe incorporarse al plan nacional.
Integración regional y cooperación
Los líderes de la región han promovido la integración
regional como un factor para lograr la recuperación de sus naciones. Esta
idea de integración se materializó de tres maneras. Primero, mediante el
apoyo al establecimiento y renovación de instituciones regionales. Segundo,
al revitalizar la cooperación regional, particularmente a través del
estímulo de una versión moderna del mercado común de 1960. Tercero, al
expandir la región como un bloque de comercio en el hemisferio.
Pero los esfuerzos hacia la institucionalización regional
han sido lentos e incompletos. Los líderes no le han otorgado poderes a
nuevas instituciones, como el Secretariado del Sistema de Integración
Regional, SICA --el órgano central que define las orientaciones de
desarrollo regional-- o Parlamento Centroamericano. En la reunión consultiva
regional con la comunidad donante internacional, celebrada en marzo de 2001,
en Madrid, los líderes centroamericanos fueron incapaces de convencer a los
donantes de su visión y voluntad de trabajar en proyectos relacionados con
la región.
La cooperación regional también ha sido lenta y reacia. A
pesar de reconocer que al aumentar el comercio intra regional los países
reciben efectos positivos, el comercio regional sólo ha aumentado de un 18
por ciento en 1991 a un 20 por ciento en exportaciones totales en 1999.
Incluso, algunas firmas han establecido operaciones regionales, como el
grupo Taca, la empresa alimenticia Pollo Campero y grupos bancarios o
empresariales como el Grupo Poma, pero faltan esfuerzos para intensificar la
comercialización regional.
Finalmente, los intentos de liberación de mercado han
seguido pautas desiguales, con algunos países liberalizándose más que otros.
Algunos gobiernos han sido más lentos que otros al desregular sus economías
o al reducir sus tarifas de comercio. Pero las tarifas han descendido
significantemente, desde un promedio de 22 por ciento en 1986 a un 7 por
ciento en 1999.
Estas tendencias sugieren que los países carecen de consenso
para forjar una visión regional, pero están de acuerdo en liberalizar el
comercio. De hecho, mientras que la reunión de Madrid no fue un éxito, los
esfuerzos para establecer el libre comercio regional con México y otros
países, más el inicio de negociaciones en enero de 2003 con Estados Unidos,
implican que hay un interés en continuar la integración de la región en la
economía global. Una importante pregunta a responder es si un comercio más
libre estimularía la integración regional y el cambio social. En el corto
plazo es posible que el comercio con Estados Unidos aumente
beneficiosamente, sin embargo, en el largo plazo se desconoce hasta dónde se
obtendrían beneficios.
Centro América se enfrenta al menos ante tres problemáticas
con el libre comercio. Primero, los subsidios a la agricultura en Estados
Unidos tienen un poder que Centro América no puede contrapesar. Segundo, la
competitividad centroamericana frente a Estados Unidos en el campo agrícola
es limitada, ya que muchos de sus productos no reúnen los requisitos y
estándares de comercialización e importación para con este país. Tercero, la
apuesta de que el libre comercio promoverá más al sector de maquilados se
enfrenta a muchos obstáculos desconocidos, como la eliminación de cuotas y
la vulnerabilidad ante la competencia de China.
Pero los conflictos fronterizos es otro de los desafíos e
impedimentos para lograr la cooperación regional. Los países
centroamericanos tienen ante sí importantes disputas territoriales que
amenazan al futuro de la integración. Las tensiones de Nicaragua con Costa
Rica sobre el río San Juan empeoran las oportunidades de mejorar sus
relaciones. El conflicto marítimo entre Honduras y Nicaragua no sólo amenaza
la cooperación, sino ha aumentado el miedo a una carrera de armas, siguiendo
las alegaciones de que Honduras está buscando rearmarse. La disputa entre
Guatemala y Belice ha sido la única instancia de progreso significativo en
la resolución de conflictos y ha probado ser una prueba de cooperación y
estabilidad.
Estados Unidos y Centroamérica
El papel que desempeña Estados Unidos en Centroamérica ha
sido siempre significativo y dominante. La relación con Estados Unidos ha
sido históricamente de tipo conflictivo debido a la promoción que este país
hiciera de dictaduras y regímenes militares antes, y durante la guerra fría.
En los años 80 este enfoque prevaleció mediante el apoyo abierto a gobiernos
conservadores, con un abandono en la evitación de violaciones de los
derechos humanos y carencia de instituciones democráticas.
En la década de los 90, Estados Unidos mantuvo una política
poco prominente. La cooperación americana con Centroamérica se centró en la
poca ayuda, comercio y control anti-narcótico. La ayuda externa puso
atención en la construcción de instituciones democráticas y también en
tratar problemas sociales. Sin embargo, todavía falta que la ayuda alcance
niveles más significativos. Ésta ha descendido considerablemente en
Centroamérica, de varios miles de millones en la década de los 80, a sólo
menos de dos mil millones de dólares en 1998 para toda la región.
La ley de Asociación Comercial de la Cuenca del Caribe, que
permite el libre acceso de cuotas e impuestos a textiles tejidos con
materiales de la región, así como camisetas, aumentó la perspectiva de
desarrollar un comercio regional. Por otra parte, la inversión en la
industria de maquila --zonas de impuestos libres dedicadas a la producción
de exportación-- ha incrementado las ventas de Centroamérica a Estados
Unidos superando los dos mil millones de dólares en 1999. Debido a que en la
actualidad Estados Unidos es el mayor destinatario de exportaciones
centroamericanas --recibe un promedio que supera el 60 por ciento de las
exportaciones regionales— mejorar la posición comercial es de significativa
importancia. Sin embargo, la negociación comercial de apertura completa
amenazaría la posibilidad de mayor atracción de inversión económica.
Estados Unidos también ha tratado de parar el tráfico de
narcóticos en la región a través de la formación tanto de fuerzas
policiales, como de agencias de seguridad del estado. Estos esfuerzos han
sido beneficiosos para ambas partes. Los países centroamericanos han sido
capaces de identificar áreas donde existen redes de comunicación y
transporte para el tráfico de drogas.
Estos esfuerzos implican que la cooperación es
significativa. Sin embargo, Estados Unidos no ha respondido activamente a
los problemas políticos regionales. Los esfuerzos diplomáticos se han
quedado cortos al movilizar recursos e influencias para mejorar, o
construir, un proceso de democratización. Además, la disminución de ayuda
exterior afecta a programas de desarrollo social que podrían aliviar los
efectos de las políticas de ajuste estructural. Estados Unidos necesita
implementar una estrategia de desarrollo a largo plazo, centrada en el
comercio y también en el desarrollo social y la gobernabilidad.
Opciones políticas para la región: construir eslabones
perdidos y evitar conflictos
¿Cuáles son las futuras opciones políticas para la región
que pudieran contribuir a la prevención de potenciales conflictos? Una doble
estrategia necesita ser implementada, una, que apunte hacia la
regionalización; y otra, que apunte hacia el desarrollo nacional. En el
primer caso, los gobiernos y sociedades centroamericanos necesitan
reconsiderar el estado de integración reconociendo el significado de
mercados a largo plazo y el incremento de actividades sociales, tales como
aquellas que surgen del transnacionalismo o la emigración. En el segundo
caso, cada gobierno necesita atender el revés político y económico sufrido
en los últimos cinco años. Los líderes de la región continuamente buscan
oportunísticamente una solución para reconciliar la política de caudillo con
la política de instituciones democráticas. El resultado final ha
generalizado el estancamiento político y el retroceso democrático. Las
organizaciones de la sociedad civil son, a largo plazo, los actores sobre
los que recae la mayor responsabilidad, pero a su vez son las que tienen
menos recursos y, en muchos casos, carecen de la capacidad idónea para
promover agendas políticas.
Además de que la comunidad internacional debata la agenda de
desarrollo y democracia, es importante que Estados Unidos, en particular,
establezca una agenda a largo plazo para la región. Específicamente, debe
generarse un programa de crecimiento económico equilibrado centrado en el
desarrollo, emigración e integración regional. Favorecer el apoyo a una
gobernabilidad democrática debe incluir modernización de partidos políticos,
estrategias anti-corrupción, responsabilidad ejecutiva y legislativa,
reforma judicial y apoyo a la sociedad civil.