Los retos de la sociedad civil en el presente
América Latina se ha ido contagiando de las luchas anti-globalización
y éstas han hallado un terreno abonado en la grave crisis por la que
atraviesan todos los países de la región, unos más afectados por la deuda
externa, y otros, por la guerra y la militarización. De allí que los retos
más importantes que debe afrontar la sociedad civil en el momento actual,
entre otros, son:
El mantenimiento de espacios de
ciudadanía democrática
Los avances logrados en la última década en cuanto al
reconocimiento de derechos en la legislación interna, la ratificación de
instrumentos de protección de los derechos humanos, entre ellos, el Convenio
169 de la OIT por la mayoría de países latinoamericanos, la creación de
formas y mecanismos de participación social han ido sufriendo las presiones
de políticas regresivas impuestas por muchos de los gobiernos de la región.
Uno de los retos claves, entonces, es el fortalecimiento de las
organizaciones sociales existentes, a fin de evitar su desmantelamiento y
destrucción tanto por la vía de las reformas legales, como de la represión
violenta de sus protestas.
En ese orden de ideas, la situación del pueblo colombiano
requiere de un mayor compromiso solidario de parte de las redes y
organizaciones latinoamericanas. Es necesario comprender lo que subyace a
este conflicto violento y proponer mecanismos de apoyo institucional a
personas, grupos y movimientos en alto riesgo, entre ellos, los de las
minorías étnicas.
El apoyo a las normas que reglamentan el refugio y el asilo
político en concordancia con los instrumentos internacionales de derechos
humanos y del derecho de los refugiados y refugiadas en los países de la
región son por ende, urgentes, a fin de no cerrar las puertas al exilio
colombiano en momentos en que se precisa la construcción de redes de
solidaridad con los que huyen del conflicto.
El fortalecimiento y consolidación de las acciones de
carácter regional latinoamericano, se que enlazan con iniciativas mundiales
en la lucha contra la pobreza y los impactos negativos de la globalización
económica, son otro de los elementos que necesitan ser abordados como un
reto del presente. Pasar de las declaraciones conjuntas a la sensibilización
y acción con los gobiernos de cada país, mediante el cabildeo y la
incidencia con los representantes del Legislativo, la vigilancia ciudadana
en los órganos de control del Estado y el seguimiento detallado de las
políticas públicas, es un imperativo en este momento para América Latina.
La construcción de una sociedad civil
activa, opuesta a la guerra
Al tiempo que las agendas de muchas de las redes y
organizaciones regionales se centran en los efectos nocivos del
Neoliberalismo y las políticas económicas en curso, entre ellas el ALCA, no
deben olvidarse las implicaciones que tienen dichos proyectos para el
fortalecimiento de las respuestas militares desde nuestros Estados.
La adhesión de los gobiernos de la región a las políticas
anti terroristas de Washington, como recientemente ocurriera con la reunión
en Los Cabos, México, plantean que el tema de la guerra no debe movilizar
solamente a los grupos pacifistas de los Estados Unidos o de la región
latinoamericana en torno de la guerra contra Irak, sino que su mirada deberá
volcarse también al conflicto más grave del hemisferio, la guerra en
Colombia. En la medida en que se generen espacios de reflexión sobre el
contenido y los alcances de lo que se ha denominado el "paquete" de ayuda
militar de Estados Unidos a la Región Andina, podremos comenzar a ampliar
las formas pacíficas de oposición a la guerra.
Uno de los mecanismos para hacerlo es mediante la
diseminación de la información relativa a las valerosas experiencias de las
comunidades que en el medio rural y el urbano, resisten en Colombia a los
embates del conflicto armado.
Experiencias campesinas, indígenas y Afrodescendientes que
logran inclusive rescatar semillas para la producción de alimentos, para la
supervivencia de la familia en las zonas rurales, son algunas de las
muestras de esta resistencia pacífica.
Organizaciones de derechos humanos que promueven programas
de protección a dirigentes sociales, activistas y personas que sufren el
hostigamiento mediante la creación de pasantías dentro y fuera de Colombia,
son otra manifestación del deseo de construir alternativas al conflicto
violento.
En fin, las innumerables actividades que existen nos
ayudarán a fortalecer y generar formas creativas de apoyo a esta lucha por
la paz en Colombia, a fin de que los pueblos puedan pervivir.
Incidencia con las agencias humanitarias
y de cooperación
Los giros en la cooperación internacional al desarrollo en
América Latina y el Caribe son un factor importante a considerar al momento
de analizar los retos presentes, tanto para la prevención de conflictos
violentos como para su atención en aquellos lugares en donde resultan más
álgidos.
En primer lugar, las organizaciones civiles de la región han
aportado enormemente al establecimiento de un diálogo fluido con dichas
agencias en los últimos veinte años, que ha permitido la concertación sobre
prioridades y mecanismos de relación que parten de la base del
reconocimiento de derechos y deberes iguales entre las partes.
Dichas relaciones han avanzado al punto de existir en la
actualidad un conjunto valioso de Redes y Plataformas promovidas y
acompañadas por las agencias internacionales de cooperación al desarrollo,
que han posibilitado el intercambio de experiencias, el fortalecimiento de
una perspectiva más regional y global y la construcción de parámetros de
diseño, implementación y evaluación de los proyectos de desarrollo social y
económico.
En segundo lugar, la intervención de muchas de dichas
agencias en los conflictos violentos de la región también dieron lugar a
actividades claves para la protección de comunidades victimizadas o
amenazadas por la guerra, a la supervivencia de grupos étnicos, a la
sensibilización y la incidencia en el plano nacional, regional e
internacional respecto de la necesidad de hallar soluciones duraderas a
procesos de diálogo y negociación política.
Sin dichos recursos, y en cooperación con agencias del
Sistema de las Naciones Unidas, quizás las comunidades no habrían podido
adelantar acciones pacíficas de resistencia.
Sin embargo, quedan aún muchos retos pendientes de resolver,
en la medida en que algunas de dichas agencias han abandonado, en cierto
sentido, a las comunidades en donde los conflictos violentos terminaron con
procesos de paz, sin que se hubiera mantenido una mirada más de largo
alcance que perfilara las condiciones para la construcción de bases sólidas
de entendimiento sobre las causas que sobrevinieron en conflictos armados.
Su actividad se encamina ahora a la región andina como área
geográfica prioritaria, en especial hacia Colombia, en desmedro de los
conflictos latentes o en evolución actual que se siguen registrando en la
región Latinoamericana y del Caribe.
Además de no registrarse muchos avances en materia de
coordinación de esfuerzos y prioridades o destinatarios comunes, los efectos
de los cambios en la economía y los gobiernos de los países de donde
provienen los fondos de las agencias internacionales de cooperación, así
como el paulatino debilitamiento de los órganos intergubernamentales que se
ha registrado por el papel negativo de los Estados Unidos y de otros países
en temas como el racismo, la discriminación racial, la protección del medio
ambiente o el control del comercio mundial, han dado por resultado una
disminución considerable de la ayuda al desarrollo o, en el caso de los
conflictos armados, de la ayuda humanitaria y para los derechos humanos.
De allí que un reto importante que se deben plantear las
organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas que acompañan los
procesos sociales de la región es incidir de manera más contundente en un
enfoque mucho más coordinado, eficaz y de largo plazo para construir
relaciones que, evitando la dependencia, fortalezcan las capacidades ganadas
por las organizaciones populares de la región y contribuyan a asegurar que
se produzca una redistribución de los fondos que a nivel mundial genera la
riqueza que se origina en los países del Sur, o con el trabajo de pueblos
como los emigrantes, en los países del Norte.
Esto último plantea la necesidad de estrechar los lazos de
amistad, coordinación y diálogo entre las ONG de América Latina y el Caribe
con las agencias de cooperación al desarrollo en Europa y Norteamérica, a
fin de poder contribuir también a la configuración de escenarios en los que
el respaldo a políticas democráticas cuente con nuestra comprensión y
solidaridad recíproca.
Empujando un papel más protagónico de la
ONU
En el mismo sentido, hay varios temas a discutir desde las
organizaciones de la sociedad civil respecto del papel que actualmente están
jugando diferentes órganos de las Naciones Unidas.
Comenzando por el conocimiento y difusión de herramientas
como las Resoluciones del Consejo de Seguridad o las Recomendaciones del
Secretario General de la ONU que dan lugar a la protección de los niños y
niñas, las mujeres y en general, la población civil en los conflictos
armados, se debe potenciar los esfuerzos hasta ahora realizados en la
divulgación, promoción y utilización de los instrumentos y mecanismos de
derechos humanos que ofrece el Sistema ONU.
Estas actividades hacen que las tareas de cabildeo e
incidencia que las ONG y organizaciones sociales efectúan con los Países
Miembros de la ONU, tengan como prioridad la ampliación y el fortalecimiento
de las redes existentes, para que además de su trabajo alrededor de temas,
regiones geográficas o problemas particulares, puedan tener un impacto
mayor.
Aún hace falta tener un marco jurídico común, basado en la
Carta de Derechos Humanos y otros instrumentos derivados de los más de
cincuenta años de lucha por el reconocimiento de los derechos iguales e
inalienables de todas las personas, que incorporen los principios de
indivisibilidad, interdependencia y universalidad que hace ya casi diez años
ratificaron tanto los Estados como las organizaciones de la sociedad civil
en Viena.
Por ejemplo, las luchas por los derechos de las mujeres en
la región Latinoamericana y del Caribe deben prestar más atención a las
críticas relaciones inter-étnicas y la forma en que la militarización y los
conflictos violentos afectan y agravan problemas no resueltos, como la
violencia doméstica, el abuso sexual o los derechos reproductivos, usando
para ello una mirada que trascienda la Convención (CEDAW) y los protocolos
suscritos tanto en el plano regional como el internacional, para articularla
a otros instrumentos de derechos humanos, como la Convención contra la
Discriminación Racial, la Convención de los Derechos del Niño, el Estatuto
de Roma o el Derecho Internacional de los Refugiados, entre otros.