Conclusiones
América Latina y el Caribe enfrentan hoy una serie de retos
respecto de los conflictos violentos, cuyo afrontamiento puede significar el
crecimiento de oportunidades para prevenir su deterioro, ampliación u
ocurrencia en el futuro cercano.
Uno de los elementos claves para que este afrontamiento sea
exitoso radica en la calidad y la cantidad de información que las propias
organizaciones sociales y populares de la región puedan conocer, difundir y
utilizar con el propósito de anticiparse a eventos conflictivos, aprender
lecciones de otros conflictos violentos o buscar formas de tratar los
problemas desde la mirada de la sociedad civil.
El seguimiento de los acontecimientos regionales no debe
entenderse solamente como un simple monitoreo con propósitos académicos, de
observatorios ciudadanos que pueden pronosticar las tendencias, identificar
los actores o dar cuenta del escalamiento de los hechos. El análisis de los
factores en juego en este momento en la región obligan además, a tener una
mirada que trascienda el espacio de los Estados nacionales y ubique las
interrelaciones que se están dando entre factores como el económico, el
político y el social, tomando en cuenta las dimensiones éticas que los
atraviesan.
Una herramienta útil en el seguimiento de los conflictos
violentos es la capacidad de las organizaciones de base, ONG, de iglesias y
de otros sectores de la sociedad, preocupados por los efectos y los
desarrollos de los conflictos violentos, es la investigación independiente
de los hechos, la elaboración de informes alternativos a los de los Estados
y la utilización de los mecanismos de información, divulgación, protección,
promoción y defensa de los derechos humanos.
Pero, al propio tiempo, las organizaciones subalternas en
América Latina y el Caribe tienen un acervo histórico muy valioso de
relaciones fraternas entre los pueblos para la construcción de alternativas
al uso de la fuerza en el manejo de los conflictos, sean éstos del orden
privado o público. Por ello, propiciar los intercambios de saberes, las
experiencias de trabajo y el desarrollo conjunto de proyectos y programas
regionales, se constituye en uno de los ejes del quehacer hacia el futuro
inmediato, potenciando los trabajos ya realizados en ese sentido y
capacitando a otros y otras para que puedan replicar dichas experiencias.
Los conflictos violentos en el mundo de hoy tienen
características diferentes a los de hace unas décadas, y eso es válido
también para América Latina y el Caribe. Por tanto, se precisa una mejor
apropiación de los conocimientos, metodologías y experiencias mundiales y
regionales sobre el manejo y prevención de conflictos, a fin de incidir con
más éxito ante los gobiernos propios, las instituciones multilaterales, los
sectores académicos y las Organizaciones y Agencias No Gubernamentales.
En el desarrollo de estos proyectos y programas de
fortalecimiento de las capacidades propias de las comunidades
latinoamericanas y caribeñas, se deben considerar los aportes de la
diversidad étnica, geográfica, cultural, generacional y de otro tipo
involucrado en su población. La lucha contra todas las formas de
discriminación no deberá ser entonces, un aspecto coyuntural referido a un
evento de la ONU, sino un elemento que refleje una convicción y un
compromiso serio desde las organizaciones de la sociedad civil
latinoamericana y caribeña.
El sufrimiento acumulado en las numerosas experiencias
violentas por las que ha atravesado la región, así como la capacidad de
resiliencia que han demostrado los pueblos que se han visto sometidos a
ellas, ofrecen un escenario valioso, de un acerbo de experiencias y
lecciones aprendidas, que deben ser socializadas con más fuerza, no solo
dentro de la región, sino con otras partes del mundo, en donde estas
enseñanzas puedan ser de validez.
El tránsito de lo que en Colombia se llama la "Violentología",
es decir, los estudios sobre la violencia y los conflictos violentos, a la "Pazología"
o estudios encaminados a construir de manera colectiva una cultura de paz,
que no desconozcan la diversidad humana existente, sino que pueda impregnar
las relaciones entre las personas y los pueblos de la sabiduría del manejo y
prevención de los conflictos para que éstos no se tornen violentos, exige de
nuestra parte tomar medidas que en el corto plazo nos ayuden a informar
sobre la naturaleza, los orígenes y las características de los conflictos
violentos pasados y actuales, a fin de propiciar espacios de intercambio,
apoyo moral y construcción de solidaridad inter e intra regional.
En el mediano plazo, la puesta en marcha de un esfuerzo
concertado para la utilización, implementación y monitoreo de los
mecanismos, instrumentos e instancias para la defensa, promoción y
protección de los derechos humanos, en especial referidos a la lucha contra
la impunidad a crímenes de Lesa Humanidad y crímenes de guerra, constituyen
una esperanza que, pese a los obstáculos, podrá aportar importantes
lecciones. Para ello, el trabajo en la reconstrucción del tejido social, las
investigaciones y los procesos legales encaminados a mantener la memoria
histórica, constituyen espacios a defender, promover y fortalecer en toda la
región, a fin de garantizar que la paz que se construya tenga por base la
verdad, la justicia y la reparación integral a las víctimas de cualquier
forma de violencia.
Y a largo plazo, las tareas deberán tener un efecto concreto
en incidir en las políticas gubernamentales y en particular de los Estados
Unidos para detener o cambiar los enfoques que basan en el uso de la fuerza
la solución de las disputas sociales, económicas y políticas que surgen de
poderosos intereses contrapuestos.
Solamente la confianza de que los conflictos violentos
pueden ser transformados, nos anima a decir, con el reconocido analista
menonita, John Paul Lederach2, que "construir la paz en los conflictos
actuales requiere un compromiso a largo plazo para establecer una
infraestructura que abarque todos los niveles de la sociedad, que permita
potenciar los recursos de la propia sociedad para la reconciliación y
rentabilice al máximo la contribución externa"
Notas