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Para muchas personas el concepto de desarrollo sustentable y
el de conflicto se le antojan antípodas irreconciliables. Esta percepción no
se corresponde con la realidad y responde a una concepción negativa del
conflicto que ha sido ampliamente difundida a lo largo de la historia.
Muchas utopías sociales y políticas se basaban en la creencia de que era
posible erradicar los conflictos. Los conflictos, sin embargo, son parte
ineludible de la realidad cotidiana y lejos de representar un fenómeno
negativo son el modo en que se expresan las diferentes posibilidades de
evolución que están encerradas en aquella. Los conflictos son en esencia la
revelación de que la realidad puede fluir en una dirección o en otra a cada
momento. No es su existencia la que resulta negativa, sino el modo en que
son abordados y los métodos que empleamos para intentar darles "solución"
los que pueden serlo. El llamado a "prevenir conflictos" es por ello
inexacto sin una precisión adicional: no se trata de prevenir la ocurrencia
de todo conflicto, - lo cual sería imposible en todo momento y
circunstancia-, sino de prevenir el abordaje de su pretendida solución con
herramientas y enfoques destructivos.
El desarrollo de la especie humana en nuestro planeta
plantea un conflicto con la capacidad limitada que éste tiene para
aportarnos recursos y reciclar nuestros desechos. La capacidad para
comprender la existencia de ese conflicto constituye el punto de partida
para el diseño de proyectos de desarrollo humano que resulten ecológicamente
sustentables. Por otra parte, los proyectos de desarrollo que parten de
modelos económicos que promueven la extrema polarización de la riqueza
creada y la exclusión social, tampoco son sustentables y tienden a generar,
en el campo político, situaciones de conflictivas de ingobernabilidad y
violencia. Comprender el conflicto existente entre los modelos socialmente
excluyentes de crecimiento económico y la promoción de los derechos humanos
y la democracia es imprescindible para estar en condiciones de diseñar
modelos y políticas alternativas de desarrollo sustentable.
No obstante, es bueno reconocer que tampoco la pobreza, per
se, es la causa única del surgimiento de la violencia y los conflictos. Hay
razones extra- económicas, de naturaleza histórica, cultural y política, que
también se sitúan en la raíz de muchos de ellos. La erradicación de la
violencia asociada a muchos de los conflictos existentes requiere de algo
más que la erradicación de la pobreza. La prevención de conflictos
evitables, la solución pacífica de aquellos a los que puede encontrárseles
una salida y la administración no violenta de esos otros para los cuales aun
no se ha diseñado una solución adecuada mientras ella aparece, reclama de
una nueva cultura del desarrollo y, dentro de ella, de una nueva cultura
política. Las ideas y concepciones para la prevención y solución de
conflictos ambientales, políticos y sociales, forman por esa razón parte
inseparable de cualquier nueva escuela de pensamiento en torno al desarrollo
humano sustentable.
Partiendo de tales criterios, habíamos previsto desde un
inicio que el segundo número de la Revista Futuros estuviese dedicado al
tema de los conflictos en nuestra region y de sus vínculos con el desarrollo
sustentable. No podíamos imaginar entonces que cuando éste viera la luz el
mundo podría estar siendo testigo de una nueva conflagración internacional
de gran capacidad destructiva. Aun con la caída de Bagdad en manos de de la
coalición armada de intervención hay preguntas que siguen en pie.¿Qué viene
después? ¿Habrá más o menos paz y seguridad para esa región y el resto del
mundo al emplear la guerra como pretendida solución al problema planteado?
Hay quienes incluso se cuestionan si los términos mismos en que fue
planteado el problema son falsos supuestos de partida que conducían
inevitablemente a malas decisiones.
Si bien no hemos visto aun el desenlace final de esta crisis
en Irak ya hay mucho que cuestionar sobre el meritorio pero, sin duda, débil
y todavía insuficiente ejercicio desarrollado por las Naciones Unidas en
este conflicto. El desarrollo de los acontecimientos parece indicar que el
fortalecimiento del multilateralismo frente al unilateralismo tiene por ello
que seguir siendo una prioridad de la diplomacia ciudadana.
Mientras tanto, vemos con preocupación la ausencia de
adecuada atención al conjunto de conflictos y situaciones de creciente
ingobernabilidad que viene desarrollándose en nuestra propia región. También
nos preocupa la clara militarización que –al igual que en el caso de Irak-
se viene expresando en las percepciones y políticas de la presente
Administración de EEUU respecto a ciertas situaciones en nuestros países. Es
por ello que fortalecer la capacidad de actuación autónoma de los foros
multilaterales regionales debe ser también asunto priorizado por la
diplomacia ciudadana. La próxima reunión de la OEA sobre Seguridad
Hemisférica en Ciudad México es un tema que debe concitar nuestra atención,
como lo es la negociación de los acuerdos centroamericanos de seguridad que
viene avanzando desde hace algún tiempo. El excelente informe
(Terrorismo y
Derechos Humanos) emitido por la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el impacto de la llamada
guerra contra el terrorismo sobre los derechos ciudadanos en nuestra región
es también un punto de partida y herramienta útil para nuevas iniciativas de
diplomacia ciudadana. Todo ello sin olvidar que la lucha por el desarrollo
sustentable, la democracia y la promoción de todos los derechos humanos, son
parte sustantiva para la búsqueda de soluciones sólidas dirigidas a la
erradicación definitiva de la violencia política y estructural. En todos
estos temas la diplomacia ciudadana regional ha estado actuando a lo largo
de estos meses y en ese trabajo se han destacado diversas redes y
coaliciones que participan en el llamado Foro de Diplomacia Ciudadana
fundado el pasado año con la participación de mas de cuarenta redes y
coaliciones de ONGs y movimientos sociales.
La Revista Futuros, para confeccionar este segundo numero
del 2003, invitó a través de CRIES a un grupo de académicos de América
Latina y el Caribe que vienen siguiendo algunos de estos temas, a levantar
un "mapa" de algunos de los principales focos de conflicto en nuestra
región. La sociedad civil regional, en los meses venideros, ha de desplegar
un mayor grado de imaginación y eficacia en su ejercicio de la diplomacia
ciudadana si es que hemos de prevenir la escalada violenta de algunas de las
tendencias en curso.
La presente crisis en Irak ya afecta nuestra región de
diversos modos. No se trata solamente de las significativas afectaciones
económicas coyunturales aparejadas con el alza de los precios del petróleo
que ya comenzamos a sufrir en algunos de nuestros países. Ellas, pese a su
gravedad, no resultan comparables con el aliento que recibirían los
promotores de soluciones violentas si se derrumbase la legitimidad de las
organizaciones multilaterales. Si ello ocurriese es posible que retornáramos
a una visión estrecha y militarista de los desafíos a la seguridad nacional
y hemisférica, a la violación del estado de Derecho y de los derechos
humanos en aras de elevar la eficacia policíaca y militar, a la
subordinación del desafió del desarrollo sustentable a los de la agenda del
gasto militar. Pero, quizás el más irreparable, sería la generalización
definitiva -desde izquierdas y derechas- del menosprecio por la democracia
participativa y el diálogo como mecanismos insustituibles para la resolución
de conflictos.
Percibimos que América Latina y el Caribe están hoy
enfrentados a crecientes peligros. Mientras tanto, Estados Unidos, aun más
desde los atentados terroristas del 9 /11, padece de una subestimación de
los desafíos extra militares que van desarrollándose en nuestro propio
hemisferio y el resto del mundo. Nos preocupa que cuando sea ya imposible
ignorarlos, su gravedad abra nuevos espacios a aquellas corrientes dentro de
la sociedad estadounidense - y en las nuestras- que sólo conciben abordar
los conflictos políticos y sociales cuando ellos alcanzan dimensiones
críticas y exclusivamente con métodos policíacos y militares.
Toda crisis nos presenta una oportunidad. Creemos, como
latinoamericanos y caribeños, que este es el momento de establecer un
espacio de diálogo franco, serio y constructivo con todos aquellos
funcionarios gubernamentales que deseen escucharnos -y con los de diversas
organizaciones multilaterales- sobre nuestras percepciones, preocupaciones y
propuestas. Seremos siempre las futuras víctimas de decisiones erradas que
vienen forjándose ya en el presente, por lo que estamos interesados y nos
creemos en el derecho de participar en los procesos para decidirlas.
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