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 JUSTICIA DISTRIBUTIVA Y DESARROLLO HUMANO: UNA MIRADA DESDE LOS POBRES

Desarrollo Humano Sustentable

Por Carlos P. Lecaros Zavala      

Tomado del Instituto de Gobernabilidad de Cataluña

Parte 1 / 4    

Introducción

El reconocimiento de que la pobreza, lejos de disminuir, ha aumentado a escala planetaria ha hecho que el tema de la desigualdad esté en el centro del debate1; girando en torno a ella todos aquellos mensajes que, como voces de alerta, desde décadas atrás, han venido lanzando diferentes sectores de opinión en relación a viejos temas con nuevos rostros: la pobreza, el género, la violación de los derechos humanos, el deterioro ambiental, las migraciones, entre los más urgentes. Definitivamente, estos mensajes que han sido traducidos a sus dimensiones e implicancias económicas, sociales, políticas y culturales, han permitido actualizar conocimientos y avanzar en la formulación de propuestas, novedosas o remozadas, en torno a la pobreza y la exclusión, teniendo frente a sí a un liberalismo aparentemente triunfante. Es más, han inducido a que se mantenga vigente, aunque con nuevos argumentos, la vieja lucha -teórica y práxica- entre igualitarios y libertarios; es decir, entre quienes defienden que el principio de igualdad entre los individuos está por encima del principio de la libertad (absoluta) del individuo; y viceversa. Esto, sin perder de vista que, más allá de la superación de los límites o condiciones de este aparente maniqueísmo, subyace el tema de la justicia.

El presente ensayo intenta establecer los vínculos existentes entre dos de las propuestas más novedosas que se encuentran en el debate actual en determinados círculos intelectuales, como son la teoría de la justicia distributiva en la visión de Amartya K. Sen, Premio Nobel de Economía 1998, y la del desarrollo humano (dh) impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)2. La relevancia de abordar la afinidad existente entre ambos enfoques responde no sólo a su mayor proximidad interpretativa de la realidad y demandas de los países del llamado Tercer Mundo, sino también al hecho de que en la valoración que se deriva de su comparación está implícito de manera concluyente un aspecto muy singular y común a ambos: la economía de mercado de corte liberal, reconocida implícitamente en esas propuestas como el modelo, el paradigma-clave que sustenta el funcionamiento eficiente y eficaz del sistema.

El ensayo toma como punto de partida el tema de la pobreza, a escala planetaria, para pasar a exponer las ideas de Amartya Sen respecto a ella, bajo el enfoque de justicia distributiva; que si bien las asume como un problema de desigualdad3 (inequidad), en rigor, se trataría, como se verá posteriormente, de disparidades (diferencias). El énfasis está puesto en los ejes principales de dicho enfoque de justicia distributiva, los mismos que volverán a aparecer, en la siguiente sección, en el marco de la propuesta sobre el desarrollo humano (dh) del PNUD. En la cuarta sección, se hace una reflexión sobre los alcances y limitaciones de ambos planteamientos, a partir de algunas lecturas que sugiere el viejo debate del desarrollo y subdesarrollo; al que al asunto de las disparidades se agregan temas que forman parte, hoy, de la misma problemática, como la libertad y la democracia. Finalmente, se presentan algunas conclusiones que, a manera de reflexión final, pretenden visualizar los mensajes contenidos en ambas propuestas, desde una perspectiva que sugiere no desgajarlas de la realidad en la cual se quieren inspirar; y por esta razón, situarlas en la dimensión de reflejar, ante todo, un conflicto ético que demanda justicia.


1. El marco general del problema: pobreza y desigualdad

Según el Banco Mundial, en su Informe sobre el Desarrollo Mundial 2000/20014, en 1998, 1,200 millones de personas en el mundo se veían obligadas a vivir con menos de un dólar diario; 20% de los niños pobres no llegaban a los 5 años de edad; 50% de niños pobres menores de cinco años estaban desnutridos. Estos pobres del mundo subdesarrollado que los organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), se niegan a ver, representan a los excluidos de un sistema económico: el del libre mercado «globalizado». Incluso, en los mismos países desarrollados, en donde, supuestamente, están dadas las mayores posibilidades y oportunidades de desarrollo, hay niños que no llegan a los 5 años de edad y otros que padecen desnutrición; y aunque los porcentajes sean menores (menos del 1% y del 5%5, respectivamente), no dejan de ser niños pobres y excluidos de su propio sistema.

Asimismo, en el Informe sobre Desarrollo Humano 19986 publicado por el PNUD se señala que mientras la quinta parte (20%) de la población mundial más rica consume el 45% de la carne y el pescado extraído; la más pobre, sólo el 5%. Esa misma población más rica consume el 58% de la energía que se produce, y la más pobre consume menos del 4%; la más rica consume el 84% del papel producido, la más pobre sólo el 1.1%7. Igualmente, 2,600 millones de personas de los países en desarrollo carecen de saneamiento básico; y 2,000 millones están en estado anémico. En síntesis, lo que destaca el Informe es que el 20% más pobre de la población mundial “ha quedado excluido de la explosión del consumo"8. Y no hay que dejar de mencionar el deterioro ambiental y el progresivo agotamiento de los recursos renovables. La paradoja de esta disparidad en el consumo9 entre países pobres y países ricos pone en evidencia hechos como, por ejemplo, que “un niño nacido en el mundo industrializado agrega más al consumo y la contaminación a lo largo de su vida que entre 30 y 50 niños nacidos en países en desarrollo"10.

Estos datos, entre otros no menos sorprendentes, proporcionados por estos dos organismos internacionales tomados como referencia, reflejan que la igualdad en el bienestar mundial, supuestamente inducida por la globalización, se ha reducido a vínculos de comercio que favorece a los países dominantes; y que la libertad de acceso a las oportunidades de desarrollo, a la hegemonía de los movimientos de capitales, con origen también en los países dominantes. Indudablemente, se trata de una mundialización de la pobreza; en la que ella -la pobreza- se sostiene, en contra de lo que afirman los exégetas del libre mercado, en una desigualdad que, como destaca William M. Dugger, “es acumulativa, no autocorrectiva; aumenta o disminuye; rara vez se mantiene igual y nunca llega al equilibrio”11.

Esta contradicción puesta de manifiesto en el modelo de globalización vigente tiene como trasfondo, sin lugar a dudas, la desigualdad de oportunidades y posibilidades en la que conviven naciones desarrolladas y subdesarrolladas; situación que, por cierto, contradice cualquier discurso sobre relaciones internacionales equitativas y supuestos equilibrios en el bienestar global. Desde esta perspectiva, y como se verá más adelante, las respuestas al problema de la desigualdad no están ausentes. Sin embargo, una de las tareas relevantes por efectuar pasa por valorar en qué medida nuestros países están involucrados en esas propuestas; razón que obliga a no dejar pasar por alto dos aspectos importantes: (i) si esas respuestas se sitúan desde la perspectiva de los países subdesarrollados; y (ii) si se trata de respuestas tendentes a transformar radicalmente la realidad, o simplemente a mejorar las condiciones de vida, ahí en donde sea posible y las condiciones lo permitan.

2. La propuesta distributiva al problema de la desigualdad en Amartya Sen: los fines y los medios

Para Amartya Sen, el ideal de igualdad se enfrenta a dos limitantes: la heterogeneidad humana y, en relación estrecha con ella, la amplia gama de variables desde donde puede ser visualizada. Sin embargo, reconoce que “(...) toda teoría normativa del orden social que haya resistido, con más o menos fortuna, al paso del tiempo, parece haber exigido la igualdad de algo, algo que, con respecto a esta teoría, se considera especialmente importante. (...)”12. Desde esta perspectiva aborda el estudio de los diferentes enfoques igualitarios, resumiéndolos en sus principales lineamientos de acuerdo a su autor13:

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John Rawls; o la igualdad de libertades e igualdad de distribución de «bienes elementales»

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Ronald Dworkin; o el «tratamiento como iguales», o «igualdad de recursos»

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Thomas Nagel; o la «igualdad económica»”

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Thomas Scanlon; o «igualdad», simplemente.

Amartya destaca que esta demanda por igualdad ha sido reclamada también desde otros ámbitos; incluyendo a quienes han puesto en tela de juicio los principios de igualdad y de justicia distributiva. Al respecto, refiriéndose a Robert Nozick, afirma que éste “no exige la igualdad de utilidad o la igualdad en el disfrute de bienes elementales, pero sí exige la igualdad de derechos libertarios (el que nadie tiene más derecho que otro a la libertad)”14. De James Buchanan, dice que “incluye la igualdad de trato legal y político (...) en su planteamiento sobre una sociedad justa”. Y refiriéndose a la tesis utilitarista, expresa que ella “exige la maximización del total de utilidades de todos los individuos en conjunto”15, hecho que no considera muy igualitario debido a que, agrega, “la igualdad que persigue el utilitarismo consiste en tratar por igual a los seres humanos en el ámbito de ganancias y pérdidas de utilidades”16. Hecho este análisis de las doctrinas igualitarias, Amartya concluye:

“Ser igualitario (es decir, igualitarios en este o aquel ámbito al que se da especial importancia) no es realmente una característica «determinante».(...) Debido a que existen estas diferencias básicas entre los distintos ámbitos en los que la igualdad es recomendada por diversos autores, la similitud básica entre ellos (al defender la igualdad en algún ámbito considerado importante) puede no saltar a la vista. Esto ocurre, sobre todo, cuando el término «igualdad» se define, implícitamente, como igualdad en un ámbito determinado”17.

Pero, ¿cómo ser igualitarios en un ámbito determinado?. Al respecto, Sen sostiene que “la posición de una persona en la organización social se puede considerar desde dos puntos de vista distintos, el primero se refiere a los objetivos alcanzados y el segundo a la libertad para llegar a alcanzarlos”18. Y aquí es donde, para él, se da la distinción entre cómo es que se llega a alcanzar determinados objetivos, individuales o sociales (bienestar, por ejemplo), y mediante qué oportunidades concretas que puedan presentarse (y que permiten hacer uso de la libertad) es posible alcanzar dichos objetivos. En este aspecto, Sen quiere poner énfasis en que “la desigualdad puede verse en términos de realizaciones y de libertades, que no tienen por qué coincidir19. Aunque esta distinción no queda del todo clara, Sen la sustenta señalando que la mayoría de los autores igualitarios han puesto el centro de la atención en los objetivos alcanzados (el bienestar, por ejemplo), mediante el estudio del aprovechamiento de las ventajas obtenidas o de los ordenamientos sociales, dejando de lado el tema de la libertad (de conseguir el objetivo) sólo como un asunto instrumental. Explica, por ejemplo, que cuando los utilitaristas valoran lo social, restringen las comparaciones interpersonales a los objetivos alcanzados, siendo estos objetivos las utilidades alcanzadas; asimismo, cuando se refiere a los que otorgan privilegio a las funciones de bienestar social, afirma que la atención está puesta en los objetivos alcanzados, medidos como satisfacción de preferencias, satisfacción del consumidor; dentro de lo cual la libertad individual sólo viene a ser, indirectamente, un medio para alcanzar esos objetivos.

Amartya Sen llama la atención de este abandono de la libertad y pretende recuperarla para su teoría de la justicia. Sostiene que en los desarrollos recientes de la teoría de la elección social se busca en el marco de las evaluaciones, “valorar la libertad”20. En este sentido, al poner mayor énfasis en los medios para alcanzar los objetivos, se pone en cuestión el aspecto exclusivo de los logros. Según él, este paso de los logros hacia los medios, ya sea tomando como referencia los bienes básicos (Rawls) o los recursos (Dworkin), ha hecho que los estudiosos presten mayor importancia a la libertad, aunque no lo suficiente como para “atrapar lo importante que es la amplitud de la libertad”21.

Sen también sostiene que la evaluación que se haga a los objetivos que persigue una persona o sociedad –por ejemplo, el de bienestar, como se viene señalando- y la libertad para buscarlos, obligan a examinar el “enfoque «capacidad»”22 . Para Sen, el bien-estar de una persona puede entenderse a partir de la calidad de vida; como por ejemplo, estar bien o suficientemente bien alimentado, gozar de buena salud, contar con una esperanza de vida adecuada a condiciones aceptables, y otras cosas análogas, hasta lo que constituye realizaciones más complejas, propias del ser humano, como el ser feliz, tener dignidad, tener vida comunitaria, etc. A estos atributos de la calidad de vida, consistentes en “estados y acciones”23, le llama vectores de funcionamientos. De ahí que cuando se habla de la realización de una persona, a lo que se está aludiendo es a ese conjunto de estados y acciones que actúan de manera interrelacionada como elementos constitutivos de ella; y, por tanto, al evaluar su bienestar lo que se está haciendo es valorar dichos elementos.

Sin embargo, debido a que referirse a los funcionamientos lleva a la noción de capacidad de funcionar, que la define como “las diversas combinaciones de funcionamientos (estados y acciones) que la persona puede alcanzar”24, Sen agrega que “la capacidad es un conjunto de vectores de funcionamientos, que reflejan la libertad del individuo para llevar un tipo de vida u otro”25. De esta manera, así como en el llamado conjunto presupuestario vinculado al espacio de los bienes la persona puede elegir comprar –esto es, tiene libertad para comprar- entre conjuntos (o haces, como lo llama) de productos, así mismo, “el «conjunto de capacidad» en el ámbito de los funcionamientos refleja la libertad de la persona para elegir entre diferentes modos de vida”26.

En otras palabras, para Amartya Sen “el bienestar de una persona debe depender fundamentalmente de la naturaleza de su estado, es decir, de los funcionamientos alcanzados”27. Sin embargo, no deja se preguntarse “¿qué relación tienen las capacidades, en contraposición con los funcionamientos alcanzados, con el bien-estar?”28. Esta relación entre capacidad y bien-estar surge, agrega, de “dos consideraciones distintas pero interrelacionadas”29:

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La primera se refiere a que “si los funcionamientos alcanzados constituyen el bien-estar de una persona, entonces la capacidad para alcanzar funcionamientos (es decir, todas las combinaciones alternativas de funcionamientos que una persona puede elegir) constituirá la libertad de esa persona, sus oportunidades reales para obtener bien-estar”30. Para el autor, “esta «libertad de bienestar» puede ser un tema central del análisis ético y político”31.

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La segunda relación “consiste en hacer depender el propio bien-estar alcanzado de la capacidad para funcionar”32.

Para el autor, en cualquiera de los dos aspectos, este enfoque «capacidad» se distancia radicalmente de cualquiera de las tesis tradicionales relativas a la evaluación individual y social; es decir, de los enfoques técnicos del bienestar, que basan sus planteamientos en variables como los bienes elementales (Rawls), los recursos (Dworkin), o el ingreso real (análisis del PNB, del PIB u los referidos a bienes determinados). Afirma que en la medida que estas variables tienen que ver más con los instrumentos para alcanzar el bien-estar buscado y otros objetivos, pueden tomarse, más bien, como los medios para la libertad. Así, concluye diciendo que “la capacidad refleja la libertad para buscar estos elementos constitutivos, y puede incluso tener (...) un papel directo en el mismo bien-estar, en la medida en que la decisión y la elección son también parte de la vida”33.

En resumen, avanzando más allá de las propuestas igualitarias como las de Rawls o Dworkin, por señalar a los autores más representativos, en el enfoque distributivo de Amartya Sen se observa un proceso como el siguiente:

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La desigualdad deviene en un asunto ético (punto de partida)

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La justicia (distributiva) consiste en proporcionar oportunidades

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Las oportunidades deben traducirse en capacidades

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Las capacidades son medios para el ejercicio de la libertad (si se quiere como bien superior).

En ese propósito de Amartya Sen por rescatar la libertad, como medio y como fin, de ese segundo plano en el que la colocan, paradójicamente, otros teóricos de la justicia distributiva, es posible hacer una aproximación entre este tema, de acuerdo a su visión, y el enfoque del desarrollo humano; principalmente, en lo que concierne a cómo es que las oportunidades y capacidades -capacidades que dependen de las posibilidades de las personas- deberían operar para superar la desigualdad; o, más bien las disparidades..

En síntesis, el tema del desarrollo –o del subdesarrollo, dependiendo desde dónde se le mire- no es un tema nuevo. Lo que sucede es que en la intención de estudiarlo haciéndolo transitar de la consideración de ser asunto de «disparidades» en los resultados del desarrollo, para tratarlo como un asunto de desigualdad de las condiciones en las que se produce ese desarrollo, ha hecho que en los últimos tiempos haya cobrado relevancia en el orden ético, principalmente al incorporar en la reflexión el tema de la libertad. En este aspecto, Sen pretende, en definitiva, conciliar igualdad y libertad. Sin embargo, si el desarrollo (o subdesarrollo) es planteado, entonces, como un asunto de disparidades en el uso de las oportunidades y capacidades (libertades), punto en el que convergen Sen y la propuesta del dhs, la pregunta que surge es si es posible alcanzar, en la realidad concreta, el acceso a, por lo menos, un mínimo de oportunidades y capacidades; y, más aún, dentro de qué límites y bajo qué consideraciones.


Notas

1 Por cierto, este fenómeno se pone de manifiesto en medio de la paradoja de vivir una época de avances tecnológicos que evidencian mejoras sustantivas en la calidad de vida de las personas, como en el campo de la salud, por ejemplo.

2 Cabe destacar que Amartya Sen formó parte del equipo inspirador e impulsor de los Informes sobre Desarrollo Humano, creado y conducido en sus inicios por Mahbub Ul Haq (economista pakistaní, fallecido en 1998).

3 Conceptos desarrollados principalmente en el libro Nuevo Examen sobre le Desigualdad (cf. Amartya Sen. Nuevo Examen de la Desigualdad. México, D.F., Alianza Editorial / Serie «Ensayos», 1999).

4 Banco Mundial. Informe sobre el Desarrollo Mundial 2000/2001. Washington D.F., 2000; p. 3.

5 Banco Mundial. Informe sobre el Desarrollo Mundial 2000/2001. Op. cit., p. 3.

6  Informe sobre Desarrollo Humano 1998. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Ediciones Mundi-Prensa; Madrid, 1998. Nota: en adelante, para toda referencia a los Informe sobre Desarrollo Humano, se utilizará también, indistintamente, las expresiones Informes o IDH.

7  Informe sobre Desarrollo Humano 1998. Op. cit., pp. 2 y 3.

8  Ibid. p. 2.

 9 Y sólo por señalar esta variable que es la más representativa del modelo capitalista de desarrollo.

10 Ibid. p. 4.

11 Dugger, William M. Contra la Desigualdad. En: Cuadernos de Economía; Universidad Nacional de Colombia / Departamento de Teoría y Política Económica; Nº 29, 1988; p. 275.

12 Amartya Sen. Nuevo Examen de la Desigualdad. Op. cit., p. 25.

13 Ibid., p. 26.

14 Ibid., p. 26.

15 Ibid., p. 26.

16 Ibid., p. 26.

17 Ibid., p. 27.

18 Ibid., p. 45.

19 Ibid., p. 45.

20 Ibid., p. 46.

21 Ibid., p. 48.

22 Ibid., p. 53.

23  Ibid., p. 53.

24 Ibid., p. 54.

25 Ibid., p. 54.

26 Ibid., p. 54.

27 Ibid., p. 54.

28 Ibid., p. 54.

29 Ibid., p. 54.

30 Ibid., p. 54.

31 Ibid., p. 54.

32 Ibid., p. 55.

33 Ibid., p. 56.


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