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 LA NOTICIA NO TIENE SEXO PERO SU TRATAMIENTO SI TIENE GÉNERO1

Comunicaciones

Por Mirta Rodríguez Calderón    

  Parte 2 / 4

Un poquito de reflexión

El género es una categoría de análisis que "enfocada" hacia cualquier realidad, cotidiana o recreada, nos mostrará la brecha que nos coloca a unos y a otras con posibilidades, disponibilidades y expectativas diferentes.

Lo más simple para visualizar estas diferencias es imaginarse, en un país en desarrollo, la mesa de una casa donde sus habitantes coincidan a la hora de comer. Basta preguntarse quién sirve a quién, a cuál sexo pertenecen quienes comen o reciben más, y otras "minucias" de este tenor. Esas, para no hacer la pregunta que sigue: ¿quién limpia los trastes?

Pero en un diapasón más abierto (y es una buena técnica para hacer diagnósticos sobre equidad o inequidad de géneros) será suficiente explorar las nóminas que se firman al cobrar salarios, y constatar cuánto de los dineros devengados van a parar a manos femeninas o masculinas.

Es útil recordar aquí las categorías de condición y posición establecidas por Kate Young4. Sí, es cierto que ya figuramos en los registros de cobros en muchos países. En numerosos escenarios laborales las mujeres estamos presentes, pero haciendo qué, en cuál posición. La condición de trabajadoras no nos salva de la desigualdad. Esto para no mencionar lo que ya ha hecho profusamente el movimiento de mujeres y feminista en ciertos sitios, que es reclamar la inclusión en el Producto Interno Bruto de las naciones los valores del trabajo impagado de las mujeres, no tan sólo en el hogar sino también en los activismos comunitarios. Claro que estas son acciones que tanto las mujeres, que casi siempre son las más, como los hombres, hacen porque quieren, voluntariamente; pero la generación de riquezas y de bienes que de esto resulta suele ofrecer evidencias adicionales de inequidades de género5.

Las mayores, sin embargo, se ubican en los espacios donde la cultura patriarcal martiriza y victimiza a las mujeres, hechos que se relacionan de una manera muy estrecha con enfoques de la comunicación social muy alejados de lo justo y deseable por lo mismo que no son ni reflejos ni interpretación certera de la realidad. ¿Cómo transitan – o no transitan -- hacia la conciencia pública el cúmulo de injusticias que relega a las mujeres o los acontecimientos en los que ellas eclosionan como actoras?

Conozco de sobra cómo las reiteradas denuncias de las décadas de los 80 y los 90, sobre cuál imagen peyorativa y discriminatoria de la mujer ofrecían los medios de comunicación, llegó a convertirse en una cantinela que, a fuerza de repetirse, disminuyó su "carga" movilizativa y rectificadora., como lo señaló en su momento María Helena Hermosillo al convertir en un estereotipo el rechazo a los estereotipos.

No voy a evocar, por obvio y conocido, el empleo de cuerpos desnudos o semidesnudos de jóvenes (siempre jóvenes, bellas y casi todas blancas) cosificadas por la publicidad; o lo que parecería ser una ausencia de mujeres inteligentes que tengan ideas audaces y declaren cosas sensatas.

Es una verdad que no necesita demostración que ellas han irrumpido en casi todos los territorios del presente, no sólo para seguir pariendo y reproduciendo la fuerza de trabajo, sino también para aportar las soluciones más audaces a la pobreza en el ámbito familiar, emerger como lideresas en política, y constituirse en bastiones de movimientos populares que resurgen o se fortalecen.

He ahí una de las contradicciones mayores de la ausencia notoria de perspectiva de género en la comunicación, particularmente en el mundo en desarrollo: ¿por qué si ellas están y hacen y proponen y piquetean y son reprimidas, figuran tan poco en un periodismo que - por lo novedoso-noticioso del hecho mismo – debería exaltar sus protagonismos.

Hay, en un semejante diapasón, circunstancias en que la prensa – en su acepción más abarcadora – debería jugar más consistentemente un papel generador de dinámicas de cambio. La violencia de género6 que asesina, golpea e inutiliza para el trabajo y para la vida sana a miles de mujeres, es una realidad que necesita apoyarse en la comunicación para enfrentarla y hacerla recular. No verla, no reportarla, conspira contra el capital de que se nutre el desarrollo.

La explotación sexual, el abuso infantil, el incesto, las muertes maternas evitables, la expansión del Sida a costa de ellas, y la negación en muchos países del derecho femenino a decidir sobre la propia capacidad reproductiva, son hechos que tienen expresión cotidiana en el seno de los hogares y de las sociedades. No enfocarlos, revelarlos y atacar sus causales, implica no sólo una complicidad con lo más malsano de lo presente sino también una negación de futuros.

Cuando algunos de estos asuntos saltan a la gran prensa lo hacen la mayoría de las veces acompañados de interpretaciones y frases sexistas que agregan escarnio a la humillación de las mujeres: "asesina a su concubina por pasión", "se puso de necia en una discoteca y la mató de un botellazo", o "yo la maté porque no me quería" son titulares aparecidos en la prensa dominicana que se repiten con muy pocas variantes en otros muchos países. Todos implican una justificación del crimen que acusa a las víctimas y arroja compasión sobre el agresor. Revelan por demás el ejercicio por ciertos hombres de una noción de propiedad que los lleva hasta el crimen7 , considerado desde su imaginario como un derecho: "porque no me quería..."

Lo otro es la culpabilización de las mujeres en nombre de una mística sectaria, de púlpitos y arzobispados, que las etiquetea como asesinas por el libérrimo ejercicio de sus derechos sobre sus cuerpos. No hace falta mencionar el poder de la reacción y de los fundamentalismos en los medios de comunicación. ¿Pueden mujeres que paren todos los años, o las que sufren el cercenamiento de sus genitales, aportar sus mayores y mejores potencialidades al desarrollo? ¿Puede concebirse un desarrollo sustentable sin esas potencialidades? ¿Puede haber desarrollo sin una comunicación social que lo arrope y lo exalte también con las mujeres?

Los ejemplos mencionados tienen que ver con las vidas de las mujeres, son específicos para ellas. Por eso cuando se aboga por una comunicación con perspectiva de género - al margen de que el concepto sea bisexual – hay que visualizarlas a ellas.


Notas


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