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 LA NOTICIA NO TIENE SEXO PERO SU TRATAMIENTO SI TIENE GÉNERO1

Comunicaciones

Por Mirta Rodríguez Calderón    

  Parte 4 / 4

Las violencias de la omisión y el ocultamiento

Los procesos cognoscitivos se nutren de manera importante de productos comunicativos. Se sabe bien que, para bien y para mal, la revolución comunicacional dibuja, proyecta y difunde una realidad que no suele ser la realidad, pero acerca de cuyos contenidos la inmensa mayoría de las personas opone pocas dudas.

La "realidad" así construida pasa a ser uno más en los elementos del consumo, violatorio en grado superlativo de los derechos de las personas y de las comunidades, en tanto que la voluntad y el acto personal de escoger intervienen en menor medida en esta selección que en los casos de otros consumos.

Frei Betto acaba de reclamar para Brasil una campaña nacional de despolución televisiva.13

Ese pensamiento, sin embargo, prejuzga a los perceptores como una masa amorfa y acrítica, lo cual no siempre es cierto, si bien la compactación cultural que los propios medios propician "vende" productos comunicativos en los mismos porcentajes que cualquier otro bien comercial.

Me adscribo con toda devoción a las demandas que en Porto Alegre hiciera Ignacio Ramonet reclamando una ecología de la información.

Es atentatoria a cualquier forma de derechos de las personas la realidad de que no es posible determinar qué no se nos dice o muestra de lo que debemos conocer o ver, más allá de lo que a veces conseguimos precisar que se nos oculta ex profeso, por poderosos intereses actuantes en los espacios comunicacionales.

Me muevo hacia la visión de algo que puede parecer más sutil.

Es urgente comprender – en particular pensado desde el binomio-comunicación desarrollo -- que la omisión o el ocultamiento de lo que ocurre, piensa o reclama la mitad de la población – y a veces más de la mitad en nuestros países pobres– se constituye en un proceso de violencia.

Se trata de una violencia no tipificada explícitamente ni por la Convención contra toda Forma de Discriminación contra la Mujer, ni por las leyes de prensa, ni por otros instrumentos normativos. Aun en el punto J de la Plataforma de Acción aprobado en Beijing en 1995, este fenómeno se enmarca en palabras que no enfatizan la cuádruple dimensión del problema como expresión de violencia:

la que conspira contra una construcción de la equidad de géneros,
   
la que adjudica tratamientos y enfoques de las noticias y otros productos comunicativos que violentan el equilibrio intergenérico al minimizar (y a veces maltratar) al femenino,
   
la que deposita y populariza en el seno de la sociedad informaciones, estereotipos y aseveraciones que desdibujan a las personas de verdad, a los hombres y mujeres que tejemos la historia de lo cotidiano,
   
y la que desnaturaliza el concepto de prensa libre, democrática y apegada a la justicia, cuando resta voz a una parte de los actores sociales, o niega poder y calidad noticiosa a sus acciones.

No podremos –a mi modo de ver– sentir que nuestros esfuerzos por erradicar la violencia contra la mujer desde lo social alcanzan plenitud en sus objetivos, mientras no consideremos también a la omisión y al ocultamiento como acciones de violencia que reducen nuestras posibilidades, disminuyen nuestros saberes, enmascaran nuestras tristezas y aun nuestras alegrías y triunfos, y quitan impulso a nuestros empeños.

La masa crítica

Redes con diferentes características han emergido sobre todo en la última década: desde lo electrónico con Mujeres en Red a partir de España; desde lo regional enfilado a buena parte de América Latina con CIMAC: Comunicación e Información de la Mujer, empeño pionero conducido por Sara Lovera y sus colaboradoras desde México, una agencia de noticias y un sitio web; con Tertulia desde Guatemala, ALAI Mujeres de Ecuador, Isis Internacional desde su sede en Chile, con En la Mira y un portal web para difundir temas promotores de la equidad de géneros; Radio FIRE Internacional, que desde Costa Rica alcanza al mundo. Más numerosas redes locales y nacionales.

Una estrategia que apunta a tener presencia activa en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información se concretó ya por el Gender Caucus, grupo de trabajo integrado por mujeres comunicadoras de varios países del mundo, con el objetivo de asegurar que el derecho a la información y la igualdad de géneros, sean tomados en cuenta en la agenda de esta Cumbre que se reunirá este año en Ginebra, y en Túnez en el 2005.14

Más recientemente se abre paso A Primera Plana, desde República Dominicana, revista electrónica (www.aprimeraplana.org) de la ya mencionada Red de Periodistas con Perspectiva de Género, integrada por mujeres y hombres profesionales de la comunicación, y apoyada por el Global Fund for Women..

Este último medio – en el que yo misma estoy involucrada – registra la singularidad de tener una réplica impresa para alcanzar a los y las comunicadores que carecen de soporte electrónico. Otra característica es la de que se trata de un producto cuyo propósito es proporcionar insumos para su producción a colegas que trabajan en medios masivos. Así, aunque A Primera Plana es un medio alternativo, su verdadero efecto se registra en los medios masivos cuando cada vez más profesionales asumen una mirada inclusiva de toda la sociedad, que se expresa en múltiples trabajos, informaciones y reportajes con temas y enfoques poco frecuentes en un pasado reciente.

Tales empeños denotan la existencia de una masa crítica que, como toda masa crítica, posee multiplicadas capacidades (por lo mismo que ella es portadora al mismo tiempo que vector de su propio desarrollo) para configurar, ahora, el mundo del futuro.


Notas


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