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Los pueblos indígenas, la naturaleza y el desarrollo
sostenible
En la cosmovisión indígena, cada pueblo, cada cultura, es el
espejo del mundo natural en el que vive. La diversidad cultural es el espejo
de la diversidad natural. La obra de la Creación es la unidad de la
diversidad, donde coexisten todas las vidas en un equilibrio armónico. Cada
vez que se arrasa un bosque, se violenta una forma de vida, se pierde una
lengua, se corta una forma de civilización, se comete un genocidio.
Por milenios, los pueblos indígenas han aprendido de la
naturaleza a vivir en armonía con todos sus elementos constitutivos. La
tierra no les pertenece, son parte de ella y de los equilibrios que hacen
posible la vida en su seno.
Los valores sobre los que los pueblos indígenas han
construido sus complejos sistemas de relación se fundan en la cooperación y
la reciprocidad en la vida comunitaria y la responsabilidad individual; en
la autoridad de los ancianos y en la relación con sus ancestros; en la
comunicación y la responsabilidad intergeneracional; en el derecho colectivo
a la tierra, el territorio y los recursos; en la austeridad y la
autosuficiencia de sus formas de producción y consumo; en la escala local y
la prioridad de los recursos naturales locales en la búsqueda y construcción
de su bienestar.
La relación de los pueblos con sus tierras y recursos es un
elemento esencial del derecho a la libre determinación, como lo atestiguan
los Pactos internacionales de derechos humanos: "Para el logro de sus fines,
todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos
naturales, sin perjuicio de las obligaciones que derivan de la cooperación
económica internacional basada en el principio de beneficio recíproco, así
como del derecho internacional. En ningún caso podrá privarse a un pueblo de
sus propios medios de subsistencia." En el caso de los pueblos indígenas,
esta realidad es aún más importante por cuanto que el territorio es para
ellos fuente de identidad cultural, de conocimientos y de espiritualidad y
se relaciona estrechamente con su supervivencia. Por otro lado, no resulta
casual que las regiones más prístinas, es decir, aquellas donde la riqueza
natural ha permanecido a salvo de la depredación provocada por la
sobre-explotación de sus recursos, coincidan admirablemente con territorios
indígenas.
Estas vastas y complejas relaciones explican la naturaleza
ética, espiritual y sagrada del vínculo de los
pueblos indígenas con toda la obra de la creación y, por eso, son
inviolables. Así lo han entendido los pueblos indígenas a través de los
siglos y así pareció entenderlo la comunidad de naciones hace 10 años en
Río, al reconocer la interconexión y dependencia recíproca de todos los
elementos que hacen posible la sostenibilidad del desarrollo y la vida.
La Cumbre de Río fue un pacto ético y político
para redistribuir el poder, los recursos y
las oportunidades entre los países y al interior de ellos.
Hace 10 años se hizo un pacto por el desarrollo y la equidad.
Hoy, que el concepto de seguridad parece haber sustituido a
estos valores, colocando a la diversidad como su principal
amenaza, los pueblos indígenas comparten la impotencia del resto de la
humanidad denunciando que la seguridad no puede ser el pretexto para la
agresión, ni la guerra puede continuar siendo la locomotora de la economía y
el conocimiento en desmedro de los equilibrios que hacen posible la vida en
el planeta.
En el proceso iniciado en Río, los pueblos indígenas han
tenido una participación creciente y muy significativa. Así, la 4ª reunión
de la Conferencia de las Partes (COP4) del CBD decidió, luego de amplio
cabildeo, la creación de un Grupo de Trabajo intesesional abierto sobre la
implementación del artículo 8j y las previsiones conexas del Convenio
relativas al conocimiento tradicional, con una importante participación de
los representantes indígenas, convirtiéndose en un foro potencialmente
significativo para el intercambio y la formulación de políticas.
Posteriormente, la COP5 del CDB decidió:
A pesar de los evidentes avances registrados, tanto en las
reuniones de las COP como en los diálogos multisectoriales, los que los
pueblos indígenas han venido reclamando ser considerados como los
"detentadores de derechos" que son y no meramente como simples "partes
interesadas".
Por otra parte, en las negociaciones globales sobre el
clima, los pueblos indígenas han expresado su preocupación de que las
actuales discusiones dentro de la Convención Marco sobre Cambio Climático,
así como la implementación práctica del Protocolo de Kyoto, no brindan una
adecuada participación de los pueblos indígenas y de la sociedad civil. Como
consecuencia de esta falta de democracia, los pueblos indígenas están
profundamente preocupados de que las medidas para mitigar el cambio
climático que están siendo negociadas actualmente -como plantaciones,
depósitos de carbón y emisiones comerciales- tengan como resultado proyectos
que impacten negativamente sus ecosistemas naturales, sensible y frágiles, y
contaminen los suelos, los bosques y las aguas, que ya cumplen funciones
climáticas importantes.
Otro ámbito en que los pueblos indígenas han tenido un
importante protagonismo ha sido la Comisión Mundial sobre Represas
contribuyendo, junto a varias partes interesadas y afectadas en este
polémico tema, al estudio conjunto de la efectividad de las grandes represas
en el desarrollo y haciendo recomendaciones sobre el reconocimiento de
derechos y evaluación de riesgos, como punto de partida para establecer el
foro de partes interesadas que negociará acuerdos sobre servicios de agua y
energía.
Finalmente, considerado la posición estratégica de los
procesos independientes de diálogo y concertación multisectorial, el
proyecto Minas, Minerales y Desarrollo Sostenible (MMSD), bajo la Iniciativa
Minera Global, necesita esforzarse mucho más para obtener la amplia
confianza de los pueblos indígenas y comunidades locales afectados por las
actividades mineras, cuyos impactos ambientales están muy lejos aún del
deseable paradigma de sostenibilidad.
A lo largo de los eventos e instancias mencionadas, uno de
los principios cuyo cumplimiento han demandado los pueblos indígenas junto
al del consentimiento libre, previo e informado es el de "responsabilidad
común pero diferenciada", habida cuenta de la desigual cuota de
responsabilidad que tienen los diferentes actores institucionales, sociales
y empresariales en la degradación de los recursos, territorios y paisajes
tanto naturales como culturales.
Entre los ejemplos cooperativos que han marcado una
inflexión positiva en los últimos años podemos citar al Consejo Ártico
(1996), donde los gobiernos y los pueblos indígenas están comprometidos en
un enfoque colectivo e integrado que puede servir de ejemplo para que los
gobiernos trabajen junto con los pueblos indígenas en diferentes regiones
del mundo.
Finalmente, otro ejemplo de procesos exitosos de gobernación
indígena es la Agenda Saami 21 en Finlandia, que fue adoptada por el
Parlamento Saami Finlandés. El objetivo de esa Agenda 21 Saami es promover
el desarrollo sostenible indígena y proteger los medios de subsistencia
saami, como la cría de renos y la pesca.
Agenda de los pueblos indígenas para la próxima década
Con los antecedentes mencionados, se podría resumir las
aspiraciones y tareas de los pueblos indígenas en los siguientes puntos:
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La adopción de la Declaración Universal
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas con el texto ya aprobado por
la Sub-Comisión de Derechos Humanos, antes de la finalización del
Decenio (2004) es un requisito fundamental para el desarrollo
sostenible. |
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El desarrollo de legislaciones y
políticas nacionales que reconozcan y promuevan los derechos de los
pueblos indígenas y la participación de los propios pueblos en la
evolución de estas leyes y políticas. La participación de los pueblos
indígenas en los mecanismos de gobierno, desde sus comunidades hasta los
ámbitos de representación nacionales e internacionales deberán
considerar la necesidad de programas de capacitación y fortalecimiento
institucional para los pueblos indígenas, sus líderes y sus
organizaciones. Asimismo, deberán fortalecerse los mecanismos de
prevención y resolución de conflictos, particularmente en aquellos casos
que implican a las comunidades indígenas, sus territorios y recursos.
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La formulación de estrategias y planes
regionales, nacionales y locales de desarrollo sostenible para la
próxima década con la participación activa de los pueblos y comunidades
indígenas, de manera de incorporar sus legítimas demandas y
aspiraciones, respetando su identidad cultural y su dignidad, a
aprovechando los sistemas de conocimientos tradicionales que poseen
tales pueblos. Dichos planes deberán prevenir la transferencia de
tecnologías destructivas y promover el desarrollo y acceso a otras
ambientalmente apropiadas. La concientización pública, la educación, la
investigación y la capacitación deberán jugar un papel determinante
tanto en la promoción de un mayor conocimiento y comprensión de los
pueblos indígenas, su historia, sus conocimientos y prácticas aportados
al desarrollo sostenible, como en el establecimiento de un fecundo
diálogo intercultural. |
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Los programas y políticas de combate a la
pobreza deberán incorporar las propuestas y recomendaciones de los
pueblos indígenas, particularmente, apartir de sus críticas a programas
previos que se hayan implementado en regiones y comunidades indígenas.
Se deberá asegurar la participación de los pueblos indígenas en el
diseño e implementación de dichos programas revisados. |
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Las declaraciones, documentos de
políticas institucionales de agencias financieras y documentos
emergentes de las conferencias de las Naciones Unidas deberán ser
ampliamente difundidos entre los pueblos indígenas y sus organizaciones
representativas, buscando involucrarlos activamente en su valoración,
adecuación y mejoramiento, así como en su implementación y
acompañamiento. Ello exige que dichos documentos se encuentren
accesibles, al menos, en los idiomas del sistema de las Naciones Unidas.
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Se deberá adoptar un Código de Conducta
por parte de las corporaciones y el sector empresarial, que incluya
provisiones relativas a las pautas que deben observarse
obligatoriamente, así como los mecanismos de rendición de cuentas
indispensables en aquellos programas y proyectos que involucran el
trabajo de los pueblos indígenas y/o los recursos existentes en sus
territorios. Dicho Código debera contemplar además la regulación del uso
de tecnologías, así como las recomendaciones formuladas por los propios
pueblos indígenas en diversos eventos y procesos. |
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El aporte de las mujeres indígenas y sus
valiosas contribuciones a la generación, reproducción y preservación del
conocimiento tradicional, así como sus diversos roles sociales en el
marco de sus familias, comunidades, organizaciones, organismos e
instituciones locales y nacionales deberán ser reconocidos y promovidos
de manera activa, así como el impulso al fortalecimiento y ampliación de
sus mecanismos de organización y participación en todos los ámbitos. |
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El Foro Permanente sobre Cuestiones
Indígenas en Naciones Unidas deberá gozar del pleno respaldo de las
organizaciones indígenas pero también de los gobiernos y los organismos
del sistema, para cumplir con las expectativas que pesan sobre él y que
su trabajo se pueda traducir en el reconocimiento de los derechos de los
pueblos indígenas y el bienestar de sus familias y comunidades. A los
avances ya alcanzados, habrá que sumar aquellas condiciones de apoyo
técnico y político que apoyen y proyecten su trabajo dentro y fuera del
sistema de las Naciones Unidas. |
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