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 PUEBLOS INDÍGENAS, COSMOVISIÓN Y DESARROLLO SOSTENIBLE

Diplomacia ciudadana

Por Alfonso Alem Rojo   

  Parte 3 / 3    

Los pueblos indígenas, la naturaleza y el desarrollo sostenible

En la cosmovisión indígena, cada pueblo, cada cultura, es el espejo del mundo natural en el que vive. La diversidad cultural es el espejo de la diversidad natural. La obra de la Creación es la unidad de la diversidad, donde coexisten todas las vidas en un equilibrio armónico. Cada vez que se arrasa un bosque, se violenta una forma de vida, se pierde una lengua, se corta una forma de civilización, se comete un genocidio.

Por milenios, los pueblos indígenas han aprendido de la naturaleza a vivir en armonía con todos sus elementos constitutivos. La tierra no les pertenece, son parte de ella y de los equilibrios que hacen posible la vida en su seno.

Los valores sobre los que los pueblos indígenas han construido sus complejos sistemas de relación se fundan en la cooperación y la reciprocidad en la vida comunitaria y la responsabilidad individual; en la autoridad de los ancianos y en la relación con sus ancestros; en la comunicación y la responsabilidad intergeneracional; en el derecho colectivo a la tierra, el territorio y los recursos; en la austeridad y la autosuficiencia de sus formas de producción y consumo; en la escala local y la prioridad de los recursos naturales locales en la búsqueda y construcción de su bienestar.

La relación de los pueblos con sus tierras y recursos es un elemento esencial del derecho a la libre determinación, como lo atestiguan los Pactos internacionales de derechos humanos: "Para el logro de sus fines, todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, sin perjuicio de las obligaciones que derivan de la cooperación económica internacional basada en el principio de beneficio recíproco, así como del derecho internacional. En ningún caso podrá privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia." En el caso de los pueblos indígenas, esta realidad es aún más importante por cuanto que el territorio es para ellos fuente de identidad cultural, de conocimientos y de espiritualidad y se relaciona estrechamente con su supervivencia. Por otro lado, no resulta casual que las regiones más prístinas, es decir, aquellas donde la riqueza natural ha permanecido a salvo de la depredación provocada por la sobre-explotación de sus recursos, coincidan admirablemente con territorios indígenas.

Estas vastas y complejas relaciones explican la naturaleza ética, espiritual y sagrada del vínculo de los pueblos indígenas con toda la obra de la creación y, por eso, son inviolables. Así lo han entendido los pueblos indígenas a través de los siglos y así pareció entenderlo la comunidad de naciones hace 10 años en Río, al reconocer la interconexión y dependencia recíproca de todos los elementos que hacen posible la sostenibilidad del desarrollo y la vida.

La Cumbre de Río fue un pacto ético y político para redistribuir el poder, los recursos y las oportunidades entre los países y al interior de ellos. Hace 10 años se hizo un pacto por el desarrollo y la equidad. Hoy, que el concepto de seguridad parece haber sustituido a estos valores, colocando a la diversidad como su principal amenaza, los pueblos indígenas comparten la impotencia del resto de la humanidad denunciando que la seguridad no puede ser el pretexto para la agresión, ni la guerra puede continuar siendo la locomotora de la economía y el conocimiento en desmedro de los equilibrios que hacen posible la vida en el planeta.

En el proceso iniciado en Río, los pueblos indígenas han tenido una participación creciente y muy significativa. Así, la 4ª reunión de la Conferencia de las Partes (COP4) del CBD decidió, luego de amplio cabildeo, la creación de un Grupo de Trabajo intesesional abierto sobre la implementación del artículo 8j y las previsiones conexas del Convenio relativas al conocimiento tradicional, con una importante participación de los representantes indígenas, convirtiéndose en un foro potencialmente significativo para el intercambio y la formulación de políticas.

Posteriormente, la COP5 del CDB decidió:

El reconocimiento de la importancia de la participación de pueblos indígenas y comunidades locales, desde el ámbito local al internacional, en una amplia variedad de programas de trabajo del CDB;
   
El reconocimiento de los roles especiales de las mujeres de los pueblos indígenas y comunidades locales en la conservación de la diversidad;
   
El reconocimiento del Foro Indígena Internacional sobre Biodiversidad como organismo asesor de la COP;
   
La promoción de la nominación de miembros de pueblos indígenas y comunidades locales a la nómina internacional de expertos;
   
La promoción de delegados indígenas dentro de las delegaciones oficiales de los procesos del CDB;
   
La continuación del Grupo de Trabajo sobre el Artículo 8j y las previsiones conexas relativas al conocimiento tradicional;
   
La creación de un Grupo de Trabajo sobre Acceso y Reparto de Beneficios que reconozca la participación de los pueblos indígenas y comunidades locales, y el principio del previo e informado consentimiento para cualquier uso de su conocimiento. Sobre este particular, la COP6 conoció el informe preliminar sobre la elaboración de las llamadas "Directrices de Bonn", las mismas que aún distan mucho de expresar el interés de los pueblos indígenas en la materia, dado que se inscriben en la lógica del interés de los estados como tutores de derechos que, en realidad, corresponden a los pueblos indígenas.

A pesar de los evidentes avances registrados, tanto en las reuniones de las COP como en los diálogos multisectoriales, los que los pueblos indígenas han venido reclamando ser considerados como los "detentadores de derechos" que son y no meramente como simples "partes interesadas".

Por otra parte, en las negociaciones globales sobre el clima, los pueblos indígenas han expresado su preocupación de que las actuales discusiones dentro de la Convención Marco sobre Cambio Climático, así como la implementación práctica del Protocolo de Kyoto, no brindan una adecuada participación de los pueblos indígenas y de la sociedad civil. Como consecuencia de esta falta de democracia, los pueblos indígenas están profundamente preocupados de que las medidas para mitigar el cambio climático que están siendo negociadas actualmente -como plantaciones, depósitos de carbón y emisiones comerciales- tengan como resultado proyectos que impacten negativamente sus ecosistemas naturales, sensible y frágiles, y contaminen los suelos, los bosques y las aguas, que ya cumplen funciones climáticas importantes.

Otro ámbito en que los pueblos indígenas han tenido un importante protagonismo ha sido la Comisión Mundial sobre Represas contribuyendo, junto a varias partes interesadas y afectadas en este polémico tema, al estudio conjunto de la efectividad de las grandes represas en el desarrollo y haciendo recomendaciones sobre el reconocimiento de derechos y evaluación de riesgos, como punto de partida para establecer el foro de partes interesadas que negociará acuerdos sobre servicios de agua y energía.

Finalmente, considerado la posición estratégica de los procesos independientes de diálogo y concertación multisectorial, el proyecto Minas, Minerales y Desarrollo Sostenible (MMSD), bajo la Iniciativa Minera Global, necesita esforzarse mucho más para obtener la amplia confianza de los pueblos indígenas y comunidades locales afectados por las actividades mineras, cuyos impactos ambientales están muy lejos aún del deseable paradigma de sostenibilidad.

A lo largo de los eventos e instancias mencionadas, uno de los principios cuyo cumplimiento han demandado los pueblos indígenas junto al del consentimiento libre, previo e informado es el de "responsabilidad común pero diferenciada", habida cuenta de la desigual cuota de responsabilidad que tienen los diferentes actores institucionales, sociales y empresariales en la degradación de los recursos, territorios y paisajes tanto naturales como culturales.

Entre los ejemplos cooperativos que han marcado una inflexión positiva en los últimos años podemos citar al Consejo Ártico (1996), donde los gobiernos y los pueblos indígenas están comprometidos en un enfoque colectivo e integrado que puede servir de ejemplo para que los gobiernos trabajen junto con los pueblos indígenas en diferentes regiones del mundo.

Finalmente, otro ejemplo de procesos exitosos de gobernación indígena es la Agenda Saami 21 en Finlandia, que fue adoptada por el Parlamento Saami Finlandés. El objetivo de esa Agenda 21 Saami es promover el desarrollo sostenible indígena y proteger los medios de subsistencia saami, como la cría de renos y la pesca.

Agenda de los pueblos indígenas para la próxima década

Con los antecedentes mencionados, se podría resumir las aspiraciones y tareas de los pueblos indígenas en los siguientes puntos:

La adopción de la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas con el texto ya aprobado por la Sub-Comisión de Derechos Humanos, antes de la finalización del Decenio (2004) es un requisito fundamental para el desarrollo sostenible.
   
El desarrollo de legislaciones y políticas nacionales que reconozcan y promuevan los derechos de los pueblos indígenas y la participación de los propios pueblos en la evolución de estas leyes y políticas. La participación de los pueblos indígenas en los mecanismos de gobierno, desde sus comunidades hasta los ámbitos de representación nacionales e internacionales deberán considerar la necesidad de programas de capacitación y fortalecimiento institucional para los pueblos indígenas, sus líderes y sus organizaciones. Asimismo, deberán fortalecerse los mecanismos de prevención y resolución de conflictos, particularmente en aquellos casos que implican a las comunidades indígenas, sus territorios y recursos.
   
La formulación de estrategias y planes regionales, nacionales y locales de desarrollo sostenible para la próxima década con la participación activa de los pueblos y comunidades indígenas, de manera de incorporar sus legítimas demandas y aspiraciones, respetando su identidad cultural y su dignidad, a aprovechando los sistemas de conocimientos tradicionales que poseen tales pueblos. Dichos planes deberán prevenir la transferencia de tecnologías destructivas y promover el desarrollo y acceso a otras ambientalmente apropiadas. La concientización pública, la educación, la investigación y la capacitación deberán jugar un papel determinante tanto en la promoción de un mayor conocimiento y comprensión de los pueblos indígenas, su historia, sus conocimientos y prácticas aportados al desarrollo sostenible, como en el establecimiento de un fecundo diálogo intercultural.
   
Los programas y políticas de combate a la pobreza deberán incorporar las propuestas y recomendaciones de los pueblos indígenas, particularmente, apartir de sus críticas a programas previos que se hayan implementado en regiones y comunidades indígenas. Se deberá asegurar la participación de los pueblos indígenas en el diseño e implementación de dichos programas revisados.
   
Las declaraciones, documentos de políticas institucionales de agencias financieras y documentos emergentes de las conferencias de las Naciones Unidas deberán ser ampliamente difundidos entre los pueblos indígenas y sus organizaciones representativas, buscando involucrarlos activamente en su valoración, adecuación y mejoramiento, así como en su implementación y acompañamiento. Ello exige que dichos documentos se encuentren accesibles, al menos, en los idiomas del sistema de las Naciones Unidas.
   
Se deberá adoptar un Código de Conducta por parte de las corporaciones y el sector empresarial, que incluya provisiones relativas a las pautas que deben observarse obligatoriamente, así como los mecanismos de rendición de cuentas indispensables en aquellos programas y proyectos que involucran el trabajo de los pueblos indígenas y/o los recursos existentes en sus territorios. Dicho Código debera contemplar además la regulación del uso de tecnologías, así como las recomendaciones formuladas por los propios pueblos indígenas en diversos eventos y procesos.
   
El aporte de las mujeres indígenas y sus valiosas contribuciones a la generación, reproducción y preservación del conocimiento tradicional, así como sus diversos roles sociales en el marco de sus familias, comunidades, organizaciones, organismos e instituciones locales y nacionales deberán ser reconocidos y promovidos de manera activa, así como el impulso al fortalecimiento y ampliación de sus mecanismos de organización y participación en todos los ámbitos.
   
El Foro Permanente sobre Cuestiones Indígenas en Naciones Unidas deberá gozar del pleno respaldo de las organizaciones indígenas pero también de los gobiernos y los organismos del sistema, para cumplir con las expectativas que pesan sobre él y que su trabajo se pueda traducir en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y el bienestar de sus familias y comunidades. A los avances ya alcanzados, habrá que sumar aquellas condiciones de apoyo técnico y político que apoyen y proyecten su trabajo dentro y fuera del sistema de las Naciones Unidas.


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