Parte 1/ 2
Introducción
El Foro Internacional de Montreal, FIM, solicitó a varios
participantes activos en el seguimiento más 5 de las conferencias de la ONU
de los años ’90 que reflexionaran acerca de sus experiencias y sacaran
algunas lecciones que pudieran ser de utilidad para intentos similares de la
sociedad civil. Estos trabajos tratan sobre el seguimiento Copenhague de
Desarrollo Social + 5 (Atila Roque); la revisión de El Cairo y Beijing + 5
sobre género (Sen y Mandungu); el proceso post UNCED/Conferencia de Naciones
Unidas de Medio Ambiente y Desarrollo (Victoria Tauli Corpuz); las
negociaciones del protocolo de Kyoto sobre cambio climático y la
renegociación comercial de Lomé IV (Kachingwe), enfatizando las
intervenciones de la sociedad civil. Este trabajo sintetiza algunas de sus
principales conclusiones, pero también utiliza algunas de las discusiones y
materiales adicionales de la tercera conferencia del FIM, que tuvo lugar en
Brisbane en septiembre de 2001.[1]
Este trabajo está organizado en torno a cuatro amplias áreas
temáticas: la importancia de las Conferencias más 5 de la ONU para las
Organizaciones de la Sociedad Civil; las estrategias que ellas presentan; la
discusión de algunos de los problemas encontrados; y las lecciones que se
pueden sacar para las actividades de abogacía internacional de las ONG’s y
OSC’s. Este trabajo no intenta, en forma alguna, abarcar todos los aspectos
de la participación de las ONG’s y OSC’s en estas reuniones. Se limita a
aquellos que han sido identificados por los autores y los participantes en
la conferencia del FIM en Brisbane.
La experiencia de las Conferencias más 5 de la ONU
Los noventa fueron escenario de un número de importantes
conferencias dedicadas a elementos críticos del sistema internacional.
Fueron diseñadas para tratar sistemáticamente cuestiones de medio ambiente y
desarrollo (la conferencia UNCED de Río 1992); derechos humanos (Viena,
1993); población y desarrollo (Cairo, 1994); desarrollo social (Copenhague);
mujeres y género (Beijing, 1995); Hábitat (Estambul, 1996); Cumbre Mundial
de la Alimentación (Roma, 1996). Cada una aprobó numerosos acuerdos
políticos, planes de acción y negociación de protocolos vinculantes, que
implicaban responsabilidades para los gobiernos, organizaciones
intergubernamentales y organizaciones de la sociedad civil.
Como se describe en el trabajo de Charles Abugre, estos
acuerdos deben ser considerados como el más serio intento de contrarrestar
las políticas neoliberales promulgadas por las instituciones de Bretton
Woods, bajo la dirección de los gobiernos conservadores de EU y británico.
Constituyeron un asalto a algunos de los conceptos básicos que guiaron el
proceso posterior a la II Guerra Mundial y a la descolonización: necesidad
de un Nuevo Orden Económico Internacional, justicia económica internacional
y administración del comercio. La conferencias globales fomentaron algunas
ideas cruciales: reafirmación de la importancia del desarrollo en términos
mas amplios que el del crecimiento económico, un enfoque del desarrollo más
orientado hacia el derecho, abandono de una perspectiva de política social
enfocada hacia el grupo, como los temas limitados a las mujeres, e
introducción del género en la agenda económica global, la importancia de la
redistribución internacional como principio rector de las relaciones entre
países desarrollados y en desarrollo y la idea de la gobernabilidad
pluralista a todos los niveles. También insistieron en la necesidad de
convertir al sistema de la ONU en la principal estructura de gobernabilidad
internacional, a la cual deberían estar subordinadas las instituciones
económicas de Bretton Woods (Roque, ICSW). Muchos de estos logros fueron el
resultado directo del activismo de las ONG’s y la sociedad civil, trabajando
por sí solas o aliadas a gobiernos amigos y a burócratas internacionales.
Las revisiones más 5 consistieron en una implementación
general coordinada e integrada y una evaluación de seguimiento de cada
conferencia. Aunque fueron creadas sobre la base de los trabajos de cada
comisión, las reuniones de revisión debían no sólo evaluar, sino también
ampliar algunos de los compromisos. Con este objetivo, debían reunir a los
principales interesados que habían participado en las conferencias:
gobiernos, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil,
incluyendo a los grupos más importantes y a las autoridades locales,
organizaciones intergubernamentales y al sector privado. (Consejo Económico
y Social E/2001/73).
Las conferencias más cinco tuvieron lugar en un contexto
diferente al que caracterizó a las cumbres originales. El contexto estuvo
marcado por varios desafíos. El primero venía del nuevo gobierno conservador
de EU. que se movió agresivamente contra algunas de las negociaciones
internacionales y, entre otros, decidió abandonar las negociaciones del
protocolo de Kyoto sobre la reducción de las emisiones de gas invernadero (Mwangi)
y después la Conferencia Mundial contra el Racismo 2001, que tuvo lugar en
Sudáfrica. También vino de los fundamentalistas, descritos por Sen y Madungu
como "nacionales, basados en la religión, en la etnia y otras identidades en
que la reafirmación de los roles "tradicionales" de género y los sistemas de
autoridad es fundamental". Estos grupos pudieron condicionar varias
negociaciones. Un tercer cuestionamiento parece haber venido desde dentro
del sistema de Naciones Unidas, mediante la firma por la ONU, el Banco
Mundial, el FMI y la OCDE del documento "Un Mundo Mejor para Todos", que
filtró algo de la ideología y las propuestas de Bretton Woods. (Roque).
Finalmente, algunos de los criterios y principios negociadores que se
utilizaron en las negociaciones de la OMC aparecieron en las renegociaciones
comerciales de Lomé IV, cuando los negociadores de la UE presionaron a favor
de un acuerdo comercial recíproco, en contraposición al sistema
no-recíproco, que reconoce las diferencias en el desarrollo (Kachingwe).
Estas conferencias enfrentaron algunos problemas prácticos menores: los
delegados gubernamentales procedían de los círculos diplomáticos de Nueva
York y Ginebra y no habían participado en las discusiones a nivel nacional.
En muchos casos se trataba de delegados inexpertos. Se califican así para
las conferencias más 5 sobre Población, Género, Desarrollo Social y Medio
Ambiente y Desarrollo (Sen, Tauli Corpuz, Roque, CIBS). Otro problema surgió
de los participantes de la sociedad civil, que asistieron en menor cantidad
que a las conferencias originales. Un último problema, que surgió con
fuerza, fue el establecimiento de medidas más estrictas de seguridad y
control, limitando el acceso a las áreas comunes y a las principales
reuniones.[2]
En este contexto, los delegados de la sociedad civil
tuvieron que enfrentar nuevos retos. Centraron sus esfuerzos de abogacía en
dos áreas fundamentales: el tema de la gobernabilidad internacional,
incluyendo la reforma de la ONU y la defensa y posible ampliación de los
derechos acordados en las conferencias originales.
La discusión en la conferencia más cinco sobre el sistema
internacional de gobernabilidad fue difícil, pues en parte se hizo bajo
presión del gobierno de EU y sus prácticas. Al reflexionar sobre las
negociaciones del protocolo de Kyoto, Mwangi se pregunta acerca de las
implicaciones de tal comportamiento en futuras negociaciones multilaterales
y si no hay una transición en el sistema internacional de gobernabilidad,
donde un poder ejerce poder de veto en todas las negociaciones. Roque
descubre que las ONG’s enfatizaron el fortalecimiento del sistema de la ONU
como método para impulsar la democracia a nivel mundial y reafirmaron el
papel de la Asamblea General de Naciones Unidas como el espacio adecuado
donde discutir los aspectos macroeconómicos, en contraposición a la
propuesta de los países de la OCDE de discutirlos en instituciones
económicas como el Banco Mundial, el FMI y la OMC. El CIBS (Consejo
Internacional de Bienestar Social) también trabajó en esa dirección,
señalando la importancia del ECOSOC como foro abarcador de las negociaciones
internacionales de política económica y social.
Las ONG’s y organizaciones de la sociedad civil en las
conferencias más cinco se enfrentaron a dilemas cruciales en la agenda: En
primer lugar, tuvieron que defender y renovar los logros obtenidos en las
conferencias globales de los años ’90, derrotando las intenciones de
erradicarlas o disminuir su influencia, como trataron de hacer grupos
conservadores y fundamentalistas en el caso de conquistas fundamentales
sobre género. Pero yendo más lejos, varios grupos trataron de ampliar los
compromisos. Para la revisión de la Cumbre de Copenhague, Social Watch y
otras redes presentaron diez demandas de las ONG’s, definidas como el punto
de referencia de Ginebra. Estas demandas se produjeron gracias a una intensa
comunicación con una amplia base mundial. Incluía mecanismos para controlar
los flujos financieros, objetivos definidos para erradicar la pobreza en
estrictos plazos, promoción del desarrollo en África y "los países menos
desarrollados", igualdad de género y equidad y un medio ambiente propicio
para el desarrollo social. (Roque) El CIBS, tras varias consultas
regionales, trabajó en un pacto antipobreza; el pacto tiene siete objetivos:
objetivos específicos y que puedan medirse, compromisos para movilizar
recursos sujetos a límites de tiempo; alivio de la deuda, impuestos a las
transacciones monetarias, medidas anticorrupción y reducción de los gastos
militares. (CIBS) La Confederación Internacional de Sindicatos, EUROSTEP y
el Consejo Mundial de Iglesias prepararon otros documentos claves para la
revisión. Aunque parecidas, estas propuestas y las de Social Watch y CIBS
tenían diferencias, que no eran necesariamente discutidas y disminuidas. Sin
embargo, tenían el mismo amparo político.
Las estrategias más cinco: las lecciones positivas
Abogar por nuevas normas de gobernabilidad global y ampliar
los compromisos de las conferencias de los noventa implicó que las ONG’s y
redes de organizaciones de la sociedad civil y otras coaliciones dieran
pasos concretos con relación a involucrar a su membresía, interactuar con
otras coaliciones y a buscar estructuras de gobernabilidad más innovadoras.
Mientras la presencia en las conferencias + 5 se limitó a un
pequeño número de alianzas y redes, muchas de ellas involucraron en la
preparación de sus propuestas y temas de abogacía a grupos más amplios. En
el caso de Social Watch, esto se hizo a través de una red de grupos de
"observadores sociales" existente en varios países y se tuvo con ellos una
discusión activa por Internet. En el caso del CIBS, se hizo mediante nueve
conferencias regionales preparatorias celebradas en todo el mundo en
desarrollo y en transición. En el caso de las discusiones relacionadas con
los acuerdos comerciales de Lomé IV, el grupo central de organizaciones de
la sociedad civil de los ACP organizó numerosos talleres y seminarios
nacionales y subregionales. La preparación para las conferencias Cairo y
Beijing más 5 siguió un camino similar. Las estrategias de comunicación por
Internet y las reuniones cara a cara no sólo acercaron a una masa importante
de activistas de la sociedad civil y las ONG’s, sino que también ayudó a
vincular los problemas específicos y las luchas a nivel local y nacional a
la discusión internacional. Como dice Roque "proporcionaron la base
institucional para que las ONG’s nacionales jugaran un papel cada vez más
activo en la construcción de las agendas globales… mediante la introducción
de las luchas y procesos políticos locales en las discusiones"[3]
Este enfoque ayudó a zanjar las divisiones entre los grupos norte y sur y
desarrolló una verdadera plataforma global (Roque).
Mientras en las redes y alianzas se utilizaron estos
mecanismos creativos de consulta, se dieron otros pasos para tender puentes
hacia otras coaliciones y alianzas paritarias, así como para fortalecer su
voz y presencia. Enfrentando el ataque de los fundamentalistas, Sen y
Madunagu dicen que: "las organizaciones femeninas tuvieron que superar sus
discrepancias internas y crear fuertes coaliciones por encima de las
divisiones globales. Estas divisiones se referían tanto a posiciones sobre
diferentes aspecto como a las agendas norte y sur, ya que "aún las ONG’s de
desarrollo más progresistas tenían la tendencia a dejarle la lucha por la
igualdad de género a las organizaciones de mujeres. Este acercamiento
también está presente en el marco del desarrollo social, aunque parece
funcionar en el entorno de redes.[4]
El acercamiento en Lomé IV se hizo por un grupo variado de redes de ONG’s
subregionales y organizaciones de apoyo, procedentes de casi toda la región
ACP que se nuclearon en la cúspide en un foro de la Sociedad Civil ACP.
Con relación a la estructura de gobernabilidad de las ONG’s
y OSC’s que participaron en las conferencias +5, se observan dos modelos
básicos. Un mecanismo organizado centralmente y una estructura más holgada
mediante la cual cada grupo o red mayoritaria trata de desarrollar su
trabajo, con un mínimo de consultas con otros. En el caso de las primeras
conferencias: la de Medio Ambiente y Desarrollo y la de Derechos Humanos, se
estableció un mecanismo bien estructurado durante la conferencia o justo
después: el Comité Director de ONG’s y OSC’s y el Foro Global de ONG’s.
Estos aglutinaban a los representantes de los grupos mayoritarias asistentes
a la Conferencia, había un comité director oficial, se designaron puestos y
secretariados para apoyar la presencia continuada, la contribución y
participación de las ONG’s en los trabajos y revisión de la conferencia.
Este enfoque se denominó enfoque de "caucus" para la política de desarrollo.
Surgieron como iniciativas de las propias ONG’s, como se demuestra por el
Comité Director de ONG’s de la CDS. Después de la Conferencia de Naciones
Unidas de Medio Ambiente y Desarrollo y en ocasión de las dos primeras
reuniones de la Comisión de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, las
ONG’s decidieron crear el Comité Director de ONG’s de la CDS, como un
"organismo coordinador representante de las ONG’s y otros grupos
mayoritarios identificados en la Agenda 21, con Co-Presidentes tanto del sur
como del norte y representantes de los grupos temáticos, de los grupos
mayoritarios y de las redes regionales de las principales regiones del mundo
(Tauli Corpuz) [5]
En el caso de Lomé IV se estableció un mecanismo similar.[6]
En el caso de otras revisiones más 5, no se estableció tal
mecanismo, aunque parece que fue sugerido por funcionarios de Naciones
Unidas. Este mecanismo más suelto, basado en la autonomía constructiva de
los grupos mayoritarios, así como de redes regionales, se benefició
grandemente de la revolución en las comunicaciones que introdujo Internet,
las listas de discusión, las páginas Web y otras, que contribuyeron a la
interacción entre grupos basados en diferentes lugares del mundo. Sin
embargo, es necesaria una voluntad traspasar su base específica y traer al
menos algunos puntos comunes, aunque cada grupo conserve su agenda
específica. Esto funcionó positivamente en el caso de la revisión de
Desarrollo Social + 5, pero también en las de Cairo y Beijing.
El trabajo de las conferencias más 5 se basó en el trabajo
hecho desde el comienzo de las propias Cumbres y en la presencia en las
reuniones de las comisiones de trabajo. Este trabajo iba desde el
tradicional intercambio de información hasta el complejo proceso de
monitorear los resultados. En el primer caso, los mecanismos centrales de
coordinación tenían una presencia en Nueva York o Ginebra y distribuían la
información a la membresía de los "caucus", grupos y redes regionales
especializadas a través de los miembros del Comité Director. El CIBS o el
Comité Director de la CDS publicaban regularmente boletines y revistas que
trataban de hacer llegar los análisis y la información útil a la base.
Social Watch implementó una experiencia más compleja e innovadora. Roque
señala que "El diálogo entre el Caucus de Desarrollo y otras redes,… resultó
esencial para agudizar la percepción acerca de la necesidad de un mecanismo
que mantuviera a los gobiernos bajo vigilancia constante en relación con los
compromisos de Copenhague". Para garantizar una perspectiva global mediante
la cual fueran monitoreados todos los gobiernos del norte y del sur se
desarrolló un Índice de Compromisos Cumplimentados, que permitió comparar a
los países contra sus propios logros anteriores. Se establecieron
plataformas nacionales en torno al Índice, en las cuales se reunían las
redes, movimientos sociales, ONG’s, intelectuales y otros actores para
dialogar y desarrollar campañas dirigidas a sus propios gobiernos. Estos
procesos nacionales se vincularon a la abogacía global que se llevó a cabo
en la Comisión de Desarrollo Social en la cual se lanzó el informe
internacional. (Roque).
Un elemento crítico en la marcha hacia la revisión de cinco
años fue la presencia en las reuniones de las comisiones de trabajo, pero
también en los comités preparatorios regionales, consultas especializadas y
actividades. Mientras sólo algunas ONG’s pudieron participar en todo,
algunas jugaron un papel fundamental mediante amplias consultas con la base,
lo que contribuyó a profundizar el comprometimiento de las ONG’s. Sin
embargo, estas reuniones no siempre se organizaron de forma que
contribuyeran al apoyo de un diálogo constructivo y gran parte del esfuerzo
se dirigió a abrirle espacios a las ONG’s y OSC’s. En muchos casos los
delegados no se pudieron insertar en el proceso de redacción, un elemento
que aún depende de la voluntad de la presidencia de la comisión.[7]
Esto no constituyó un obstáculo cuando los miembros de las ONG formaban
parte de las delegaciones gubernamentales.
En algunos casos estos talleres y seminarios preparatorios
ayudaron a forjar alianzas más fuertes con los delegados gubernamentales que
irían alas reuniones de negociación y a las revisiones + 5. Nancy Kachingwe,
de MWENGO, demuestra cómo las reuniones multilaterales de participantes se
organizaron para acercar a los gobiernos, OSC’s y académicos y contribuyeron
no sólo a las posibilidades de influencias las posiciones de los gobiernos
africanos, sino también a fortalecer sus capacidades de negociación al
"aportar nuevos análisis o añadir y corroborar los argumentos en contra del
Acuerdo Económico Regional de Asociación (REPAS)", propuesta de libre
comercio presentada por la UE.[8]
El CIBS lo define como regionalismo constructivo y ve en ello la posibilidad
de obtener una mesa de negociación más balanceada, porque en las
negociaciones globales los grupos del norte tienen más influencia.
Ya definidos sus objetivos y preocupaciones, las ONG’s y
otros actores de las OSC jugaron papeles cruciales en las conferencias + 5
en sí. Implicaba identificar a los aliados (y enemigos) claves, tanto en las
delegaciones gubernamentales como en las agencias de la ONU e instituciones
multilaterales, y trabajar con ellos para asegurar el éxito de sus
esfuerzos. Se obtenían más éxitos cuando las ONG’s habían trabajado a nivel
nacional y regional. Roque señala "La capacidad de movilización de algunas
plataformas nacionales y los canales de diálogo que abrieron hacia sus
gobiernos respectivos se reflejaron positivamente en el proceso
intergubernamental." Ya durante la revisión, las ONG’s tuvieron que trabajar
en favor de "alertar a las delegaciones débiles e inexpertas sobre las
complejidades, tanto técnicas como políticas, de las negociaciones". También
trabajaron para apoyar la creación de coaliciones estratégicas
intergubernamentales que pudieran derrotar a las coaliciones y grupos
conservadores. Un éxito clave en este sentido fue el establecimiento en
Beijing + 5 de un grupo llamado "Algunos Países Latinoamericanos/Some
Latin American Countries" (SLAC), que fue vital para el logro de los
objetivos definidos por las ONG’s. (Sen y Madunagu). No siempre las
relaciones con los gobiernos fueron comunicativas. Mawngi analiza la
dificultad para tratar de influenciar la posición del gobierno de EU en la
mesa de negociaciones en Kyoto, el que decidió retirarse. Su trabajo
argumenta que en casos como éste las ONG’s y OSC’s deben enfatizar más la
educación de la opinión pública, tanto a nivel nacional como estadual, que
es fundamental en los gobiernos federales.
Por último, un elemento clave del activismo de las ONG’s en
las revisiones +5 fue la relación con los círculos académicos y la comunidad
científica. En muchos casos ésta fortalece su capacidad de influenciar las
negociaciones. Los aportes de las ONG’s ayudaron en los foros nacionales y
regionales, pero también a nivel intergubernamental. A nivel nacional, como
en el caso de África, las ONG’s elaboraron numerosos documentos, que
resultaron fundamentales para la preparar a los negociadores
gubernamentales. A nivel intergubernamental, los análisis comparativos les
brindaron una perspectiva general, que no tenían muchas delegaciones.
Notas
[1]Un
trabajo aparte sintetiza las discusiones sostenidas. Al final se detalla la
referencia completa de los trabajos y materiales adicionales.
[2] Esto
se presentó como una consecuencia directa de las protestas que tuvieron
lugar en torno a las cumbres internacionales, comenzando con Seattle y
agravadas por los ataques del 11 de septiembre. Sin embargo, ésta no parece
ser la única razón.
[3] Un
documento del ECOSOC (E/2000/57) menciona a 14,000 personas representantes
de los grupos mayoritarios que participan en la 19na. Sesión de la Asamblea
General. Con relación a la Conferencia Mundial de Derechos Humanos menciona
que el foro global de ONG’s presentó un documento final, después de
múltiples consultas, sobre la Conferencia de Población. Ofrece una lista de
153 ON’s participantes en la revisión de cinco año. En la revisión de
Mujeres y género, ofrece una lista de 3,106 representantes participando en
la asamblea.
[4] Roque
dice “el seguimiento de Copenhague atrajo a un número relativamente menor de
Organizaciones de la Sociedad Civil, (que) limitó el ámbito de alianzas y
cooperación con otros actores de la sociedad civil. Entre las asociaciones
más estrechas con Social Watch, merecen especial atención las asociaciones
con la red Dawn y con las redes Eurostep y SAPRIN.... Sin embargo, no hubo
debate público (con CIBS).
[5] Tauli
Corpuz sintetiza la historia detrás de esto de la siguiente forma: Como
resultado de una iniciativa del Centro para Nuestro Futuro Común, ONG
establecida en el Reino Unido, se organizó una reunión en la que se decidió
crear un Comité Internacional Facilitador, que contribuyera a la
participación de las ONG’s en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio
Ambiente y Desarrollo, aunque no tenía el mandato de estructura política de
las ONG’s. El Foro de Organizaciones No Gubernamentales Internacional,
INGOF, establecido después, trató de convertirse en dicha estructura, aunque
otros grupos continuaron preparando declaraciones alternativas. Durante la
conferencia en sí, varios grupos, especialmente a lo largo de las divisiones
norte sur y de desarrollo medioambiental, sostuvieron intensas discusiones
que ayudaron a desarrollar posiciones y puntos de vista comunes. Ver
también, Felix Dodd, de los Pasillos del Pador a la Mesa de Negociación
Global: el Comité Director de Ong’s de la Comisión de Desarrollo Sostenible,
en M. Edwards y J. Gaventa, Global Citizen Action, Rienner, 2001.
[6] Cabe
preguntarse si las instituciones de la ONU y la UE no alentaron tal
organización, para facilitar las relaciones con una estructura única
organizada.
[7] Foro
UNED, Volumen II, números V y VII.
[8]
Ella continúa diciendo que no fortalecieron totalmente la capacidad de los
gobiernos africanos en la mesa de negociación, donde la UE usó no sólo
argumentos, sino también tácticas.