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Juan
Mayr, miembro de la Comisión Cardoso
"La
sociedad civil debe contribuir de una manera proactiva
a la elaboración de las recomendaciones de la Comisión
(Cardoso), de tal manera que abramos nuevos caminos
para la relación entre Naciones Unidas y sociedad civil global"
Revista Futuros:
Desearía que nos hablase, brevemente,
de su experiencia como activista ecológico.
Juan Mayr: Tengo 25 años dedicados a los temas
ambientales. En estos 25 años inicié todo mi trabajo en una región
particular de Colombia, que es la Sierra Nevada de Santa Marta, una región
que hemos denominado el microcosmo de la realidad nacional, donde desde el
punto de vista natural están todos los ecosistemas. Es la montaña mas alta
en el planeta, junto al mar, a sólo 46 kilómetros se distancian los Nevados,
de 5775 metros de altura, de las playas del Mar Caribe.
Ahí están la fauna y flora
representativas del trópico americano, con una
historia prehispánica muy importante de grupos indígenas que habitaron
-y hoy continúan habitando sus descendientes-
esta región.
En la época de las violencias de los años 50, múltiples
grupos campesinos de diferentes procedencias buscaron en la Sierra Nevada un
sitio de paz, -y lo encontraron-, pero en los años 70 llegó a Colombia el
narcotráfico y se iniciaron los cultivos de marihuana en estas montañas,
afectándose la sociedad campesina, los territorios indígenas y generándose
una enorme destrucción de los ecosistemas de la Sierra que terminaron,
décadas después, afectando el recurso hídrico del que viven los diferentes
pueblos alrededor de la Sierra Nevada (cerca de un millón y medio de
personas) y las zonas productivas de los valles muy fértiles que rodean a la
Sierra. La deforestación llevó a la erosión y a la pérdida de la regulación
de los caudales, de tal manera que ahora tenemos inundaciones en épocas de
lluvia y sequía en épocas de tiempo seco. No hay agua para abastecer la
demanda. Todo esto condujo a la necesidad de crear
una organización no gubernamental que logré constituir en 1984 con la
participación de todos las fuerzas de la región, además de actores tales
como el gobierno de Colombia y el sector privado.
Todos junto a las comunidades y gobiernos locales. La ONG se dio entonces a
la tarea de emprender un análisis de la problemática de la Sierra Nevada y
buscar soluciones a través de un plan de desarrollo sostenible, proceso para
el cual contamos con apoyo internacional.
Luego, aparecieron en la Sierra Nevada grupos
armados que nacieron conjuntamente con el
narcotráfico, y que se dedican a la protección armada de los cargamentos de
marihuana. Esos grupos luego se transforman en
paramilitares.
Nuestra ONG llego a ser miembro de la Unión Mundial de
Conservación de la Naturaleza. Allí tuve la oportunidad de participar
como consejero regional, dentro del Consejo
Directivo, donde promovimos una nueva visión de
descentralización y regionalización de esa Organización.
Más adelante fui llamado por el presidente Pastrana a ser
ministro de medio ambiente de Colombia, posición que desempeñé a lo largo de
su periodo de gobierno, por cuatro años. Ahí tuve
la oportunidad de aprender muchísimas cosas acerca de la realidad política
del país, del manejo del gobierno, de la forma en que se toman las
decisiones, los criterios empleados para tomar esas decisiones, manejar
problemas muy complejos y complicados, el debate entre desarrollo y medio
ambiente, el debate respecto a la explotación del petróleo y su impacto
sobre las comunidades indígenas, el tema de las represas y las mega represas
y su relación con el de los territorios indígenas. En todo ello encontramos
un espacio muy interesante para el trabajo con las organizaciones de la
sociedad civil.
RF: ¿Qué papel jugaron las organizaciones de la sociedad
civil en esas prácticas
de desarrollo sustentable?
JM: Fue posible recuperar un fondo de 50 millones de
dólares que había quedado congelado, del llamado
canje de deuda por naturaleza, y se estableció un fondo para las
organizaciones no gubernamentales. Ese fondo permitió el financiamiento de
actividades, a las organizaciones de la sociedad civil, dedicadas a este
campo de actividad. Así se fortaleció su autonomía y capacidad de incidencia
en todo el país, particularmente a nivel local, que era uno de nuestros
grandes intereses. Fortalecimos de ese modo el sistema nacional ambiental
dentro de la descentralización que ha sido concebida en la ley ambiental
colombiana. Trabajamos muy activamente en llevar la dimensión ambiental a
todos los sectores en los demás ministerios, y trabajamos también con el
sector privado para establecer conjuntamente reglas claras de juego, en
cuanto al desarrollo de los sectores productivos y su impacto ambiental.
Establecimos guías ambientales para todos los sectores, generando procesos
de confianza, pero también manteniendo lo que ha sido el mandato del
Ministerio del Medio Ambiente, en el sentido de ser una
instancia reguladora de las
actividades de instituciones con impacto ambiental.
La experiencia con organizaciones no gubernamentales fue muy
positiva. Yo venía de ese sector. Fui el primer ministro de medio ambiente
en Colombia que tenía ese origen, lo cual me permitió mantener un diálogo
muy activo con las diferentes organizaciones. Pero, además, desarrollamos
una política ambiental participativa a través del Proyecto Colectivo
Ambiental para la Construcción de la Paz y el Contexto Colombiano. En la
época del gobierno de Pastrana este proyecto se desarrolló dentro de los
diálogos y negociaciones de paz con la guerrilla y esto obviamente permitió
que el tema ambiental se constituyera también en un elemento de acercamiento
en la negociación con las guerrillas.
RF:
¿Qué has hecho desde que saliste del gobierno?
JM: Posteriormente, ya como ex-ministro, tuve la
oportunidad, por una invitación que se me hiciera, de pertenecer al panel de
alto nivel del Secretario General de Naciones Unidas para revisar las
relaciones entre sociedad civil y el sistema de Naciones Unidas: la llamada
"Comisión Cardoso" por el nombre del ex mandatario de Brasil – Jorge Enrique
Cardoso- que fue designado para presidirla. Es un panel que ofrece
oportunidades sumamente interesantes para elaborar un conjunto de
recomendaciones al Secretario General sobre cómo
reformar el sistema de Naciones Unidas a fin de mejorar la capacidad de
incidencia de las ONGs y sociedad civil en general. Es un nuevo foro para
el análisis y el debate de lo que pudiera
llegar a ser una nueva visión de las relaciones entre Naciones Unidas y
la sociedad civil. Por ello se convierte en una
magnifica oportunidad para todas las organizaciones de la sociedad civil de
pronunciarse y traer sus ideas sobre la base
de su experiencia y mostrarnos sus frustraciones,
como las ha habido en muchos momentos, con el trabajo de Naciones Unidas.
Pero, ante todo, la sociedad civil debe contribuir de una manera proactiva a
la elaboración de las recomendaciones de la Comisión, de tal manera que
abramos nuevos caminos para la relación entre Naciones Unidas y
la sociedad civil global.
RF:
¿Crees que ese panel adquiere
mayor importancia ahora que el multilateralismo ha sido puesto a prueba?
JM: Yo creo que en el momento difícil por el que
atraviesa el multilateralismo, el panel -y el espacio que se ha abierto para
analizar todos estos temas de sociedad civil-, se convierte en una
oportunidad magnífica. Creo que la clave del éxito del panel va a radicar en
promover la participación activa de las organizaciones y de las redes de la
sociedad civil en torno a su gestión para nutrirse con la mayor cantidad de
elementos e ideas que le permitan hacer las mejores recomendaciones al
Secretario General.
Adicionalmente, creo que también es el momento de la
sociedad civil. No es para nadie desconocido que tal vez hoy, en este nuevo
orden global que está emergiendo después de la Guerra de Irak, el tema de
la sociedad civil adquiere una relevancia, como nunca
antes, diría yo. Su derecho a participar de manera
significativa y eficaz como fuerza global, nacional y local, debe recogerse
y viabilizarse adecuadamente a través de las recomendaciones que formule la
Comisión al Secretario General de la ONU.
El actual proceso de globalización reclama una alta dosis de
participación de la sociedad civil en los asuntos de Naciones Unidas. Creo
que es un momento muy importante, un momento que no podemos desaprovechar.
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