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ISSN 1913-6196

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 PROMOVIENDO BUENAS PRÁCTICAS

 Entrevista con Susana Chiariotti, Coordinadora Regional de CLADEM   

   

Susana Chiariotti, Coordinadora Regional de CLADEM

"No se trata sólo de proclamar la diversidad, sino de ver cómo me acerco -con un discurso que no sea de "vanguardia iluminada"- a la mujer indígena y a la mujer rural, para contribuir a solucionar los problemas y sobre todo para lograr una participación directa en el proceso de solución y propuestas"

Revista Futuros: Susana desearía que ante todo nos hablases de tu trayectoria como activista.

Susana Chiariotti: Vamos a empezar en orden cronológico. Yo nací en un pueblito de la provincia de Santa Fe, en Argentina. Luego pasé a vivir a Rosario cuando mis padres nos llevaron para que estudiáramos. Allí me gradué de abogada en la Universidad Nacional de Rosario y me especialicé en Derecho Laboral, y esa especialización y la defensa de algunos dirigentes sindicales y de casos de sindicatos fueron los que me obligaron a ir al exilio. Una vez que llegó la dictadura militar la situación se hizo insostenible. Iban cayendo muchos activistas sindicales y me exilié en Bolivia con mi familia. Allí en Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra, estuve viviendo 7 años y medio que fueron los años más productivos de mi vida porque me abrieron la cabeza a Latinoamérica, me abrieron a un panorama de culturas riquísimas, me acercaron a toda la cuestión indígena. Fue una experiencia maravillosa. Durante un año estuve trabajando como secretaria con empresas privadas, pero no como abogada -ocultando incluso el hecho de que era abogada- y luego pude revalidar mi título y me pidieron que fundara una organización para la defensa de las organizaciones indígenas. No habían defensorías gratuitas y entonces colaboré en la fundación de una organización que se llama CEJIS (Centro de Estudios Jurídicos y Sociales) de Santa Cruz de la Sierra, que ahora, el primero de julio del 2003, va a cumplir 25 años. Allí aumentó mi familia también.

En Bolivia hubo una cuestión que ya me interesó en mi contacto con las organizaciones campesinas de mujeres. Me planteaban constantemente que en sus organizaciones eran relegadas por los varones y que no las dejaban tomar decisiones. A la hora de hacer las reuniones de la confederación campesina, las invitaban a participar y después, al llegar a la reunión, les pedían que les hicieran las empanadas y la comida, y no les dejaban participar en la toma de decisiones. Por ello, muy rudimentariamente, empecé a hacer mis pininos con el tema de la mujer desde que estaba en Bolivia, asesorando, sin ningún tipo de apoyo teórico, a estas mujeres para que tuvieran más autonomía, aunque más bien aprendía con ellas. También ahí adquirí mucha experiencia acerca del derecho indígena y de la forma de resolución de conflictos que tenían las mujeres indígenas, que eran totalmente distintas de las nuestras, era otro tipo de visión. Entonces, esa vida en Bolivia me abrió totalmente la cabeza a otras culturas.

Vuelta la democracia a mi país, retorné a Argentina en 1984 y creé una organización de mujeres. También fui fundadora del MEDH (Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos), y a partir de ahí he colaborado con la creación de varias organizaciones. Finalmente, en el año 1989, me uno a CLADEM, y en el 96 fui elegida su coordinadora regional. Hice un postgrado de derecho de familia y pasé de activista laboral a trabajar en derecho de familia y en los temas de violencia contra la mujer. Así que mi vida se reparte ahora, y hasta que termine mi segundo periodo de coordinadora regional de CLADEM, porque fui reelegida en el 2001 por 3 años más, entre mi vida en Rosario, donde tengo una oficina y vivo con mi familia, y mis viajes periódicos a Lima, Perú, donde también me alojo y trabajo con el equipo de la oficina regional, que decidí que no se moviera de Lima para que no se debilitara la red. Allí tenemos nuestro centro de documentación, y es desde donde se alimenta la página Web de CLADEM

RF: ¿Cuáles son actualmente las principales líneas de actuación de CLADEM?

SC: CLADEM se ha fijado como misión articular organizaciones y personas que trabajen en la defensa de los derechos de la mujer, y para ello tiene 6 ejes de trabajo, que no quiere decir que los aborde todos simultáneamente, lo vamos abordando de a poco en la medida en que vamos construyendo capacidades. Los 6 ejes de trabajo son: ciudadanía, desarrollo, violencia contra la mujer, derechos sexuales y reproductivos, la discriminación étnico-racial.

Hasta este momento, tenemos acumuladas muchas experiencias y capacidades en todo lo que es la temática de violencia contra la mujer y participación política.

También estamos acumulando algún tipo de conocimiento en lo que son los derechos sexuales y los derechos reproductivos. No hemos abordado de la misma manera el cruce de la dimensión de género con la variable étnico-racial, que es uno de nuestros ejes, pero en los cuales sólo hemos hecho algunas aproximaciones y tenemos alguna gente trabajando en eso. Necesitamos mucho más conocimiento para abordar ese eje temático que es mucho más complejo, como tampoco hemos podido hacerlo hasta hoy con el eje de medio ambiente, son tareas pendientes que tenemos.

En el tema de Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Desarrollo, estamos empezando en los últimos 3 años a profundizar esa cuestión. Es bastante complejo el tema de la exigibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales en nuestros países, y sobre todo es complejo el cruzarlo con la discriminación de la mujer. Ahí lo que estamos haciendo nosotros es recién empezar a construir capacidades.

RF: En materia de las así llamadas mejores prácticas, por decirlo de alguna manera, ¿cuáles son cosas las creativas, novedosas que puedas recordar que han hecho y que efectivamente les han dado resultado, por lo que otras organizaciones podrían aprender de ellas? Ustedes son, por ejemplo, muy eficaces en cabildear los foros internacionales…

SC: Sí, pero no son creaciones nuestras, en todo caso nosotras hemos ido aprendiendo de las organizaciones de derechos humanos, y lo que hemos establecido son muy buenas redes de comunicación entre nosotras mismas. Por eso, a veces, cuando veo grupos que dicen "Abajo la Globalización", me siento dubitativa, porque nosotras estamos globalizadas, somos un ejemplo claro de lo que significa una globalización positiva, el internacionalismo.

Nosotros tenemos algunas buenas prácticas en el cabildeo de los foros internacionales porque hemos incorporado toda esa tecnología electrónica para la denuncia de nuestros derechos y para crear cadenas rápidas de alerta y de denuncia.

Hay otras cosas que aún estamos aprendiendo, por ejemplo, la diversidad es algo más proclamado que practicado entre las mujeres, porque, en general, gran parte del movimiento ha sido dirigido por mujeres de clase media urbana y blanca. Entonces ahí tenemos que hacer un aprendizaje. No se trata sólo de proclamar la diversidad, sino de ver cómo me acerco -con un discurso que no sea de "vanguardia iluminada"- a la mujer indígena y a la mujer rural, para contribuir a solucionar los problemas y sobre todo para lograr una participación directa en el proceso de solución y propuestas. Por ejemplo, todos los servicios de atención de violencia contra la mujer están en las ciudades, no llega nada a la mujer rural. Otro ejemplo es en Brasil, donde denunciamos la diferencia salarial entre varones y mujeres que, en toda la región va entre el 60% y el 70%, lo que ganan las mujeres de lo que ganan los varones, a pesar de que en algunos países ya estamos superando a los varones en matrícula universitaria.

RF: ¿Hay un 60% o un 70% de diferencia del ingreso entre mujeres y hombres en toda América Latina?

SC: Las mujeres ganamos entre el 60% y el 70% de lo que ganan los varones. Sin embargo, yo creo que en nuestra región las mujeres no podemos trabajar con la perspectiva de género sin cruzarla con la étnico-racial y las de clases o sectores sociales. Si no cruzamos eso no se entiende la situación de las mujeres. Hay una organización vinculada con nosotras en Brasil que ha determinado que si ponemos el salario de un varón como parámetro 100, una mujer blanca puede ganar entre el 60 y el 70%, un hombre negro entre el 70% y el 80%, pero una mujer indígena negra 47%. Entonces, ahí se cruza género con lo étnico-racial. Si yo no utilizo todas esas variables en esta región o para ser más exacta en cualquier región, -porque anda a ver en Estados Unidos esas diferencias donde hay actualmente 40 millones de personas bajo la línea de máxima pobreza- no voy a tener una visión holística de la problemática social. Voy a tener una visión parcial, y, en mi caso, siempre estuve en contra de los ghettos.

Otra de las ideas o preocupaciones que tiene CLADEM es cómo incluimos nuestra agenda dentro de la agenda central de los derechos humanos. O sea, cómo creamos puentes con la comunidad de derechos humanos para que las organizaciones tradicionales de Derechos Humanos coloquen las preocupaciones, experiencias y necesidades de las mujeres en la agenda de los derechos humanos. En este sentido, si tomas como paradigma de lo que es la comunidad de derechos humanos, el Foro Social Mundial de Porto Alegre, te vas a dar cuenta de que ahí los que fuimos éramos sectores con preocupaciones particulares, pero entre los cuales no se han tendido todavía los suficientes puentes como para llegar a un discurso global. Por eso el Foro no pudo sacar una declaración. O sea, aquí estamos las mujeres con nuestros problemas, y aquí están los indígenas, y aquí están las mujeres campesinas, y aquí están gay y lesbianas, transgéneros, y aquí están la gente que trabajan en la lucha contra la pobreza, y así…. Yo no he visto todavía, hasta ahora, que se hayan tendido todos los puentes necesarios para que la voz del Foro sea lo que se ve en la manifestación del Foro, esa diversidad, esa multiplicidad, porque incluso los paneles de la mañana, que son los más importantes, donde van todos los jerarcas, yo puedo observar que a menudo están constituidos, por ejemplo, por 7 hombres y una mujer, a veces 8 hombres y, si acaso, 2 mujeres.

RF: ¿Cómo piensas que puedan tenderse esos puentes horizontales entre movimientos fragmentados temáticamente?

SC: Yo creo que el Foro de Diplomacia Ciudadana (FDC) ha tenido una gran intuición, y tiene posibilidades de contribuir a construir fortalezas en ese sentido, grandes posibilidades. La expectativa de CLADEM dentro del Foro es que sirva de amplificador de estas preocupaciones y viabilizar la incorporación, dentro de los mecanismos de diplomacia ciudadana, de estas preocupaciones de las mujeres. Sobre todo de incorporación de nuevos estilos, de estilos inclusivos, paritarios, diversos. Yo creo que esa es la gran posibilidad, oportunidad, que tiene el FDC. Concretar, fortalecer o debilitar esa oportunidad en los próximos años depende de nosotros.

RF: En relación con la creación del llamado Panel o Comisión Cardoso, por el Secretario General de Naciones Unidas, ¿cómo se acercan ustedes a esa iniciativa? ¿Cómo la ven? ¿Qué posibilidades le ven?

SC: Nosotros lo podemos hacer también a través del Foro de Diplomacia Ciudadana, y también utilizar todo lo que es la amplitud y coherencia del movimiento de mujeres para alertar sobre la necesidad de contribuir con este panel para que pueda hacer su mejor trabajo. Todo dependerá, en gran medida, de la presión, la fuerza y la solidez que mostremos en las recomendaciones que le hagamos llegar a esa Comisión, a fin de que ella pueda contribuir, a su vez, a ampliar la capacidad de incidencia de las organizaciones de la sociedad civil dentro del sistema de Naciones Unidas.


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