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Susana Chiariotti,
Coordinadora Regional de CLADEM
"No se
trata sólo de proclamar la diversidad, sino de ver cómo me acerco -con un
discurso que no sea de "vanguardia iluminada"- a la mujer indígena y a la
mujer rural, para contribuir a solucionar los problemas y sobre todo para
lograr una participación directa en el proceso de solución y propuestas"
Revista Futuros: Susana desearía que ante todo nos
hablases de tu trayectoria como activista.
Susana Chiariotti: Vamos a empezar en orden cronológico. Yo nací en un
pueblito de la provincia de Santa Fe, en Argentina. Luego pasé a vivir a
Rosario cuando mis padres nos llevaron para que estudiáramos. Allí me gradué
de abogada en la Universidad Nacional de Rosario y me especialicé en Derecho
Laboral, y esa especialización y la defensa de algunos dirigentes sindicales
y de casos de sindicatos fueron los que me obligaron a ir al exilio. Una vez
que llegó la dictadura militar la situación se hizo insostenible. Iban
cayendo muchos activistas sindicales y me exilié en Bolivia con mi familia.
Allí en Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra, estuve viviendo 7 años y medio
que fueron los años más productivos de mi vida porque
me abrieron la cabeza a Latinoamérica, me abrieron a
un panorama de culturas riquísimas, me acercaron a toda la cuestión
indígena. Fue una experiencia maravillosa. Durante un año estuve trabajando
como secretaria con empresas privadas, pero no como abogada -ocultando
incluso el hecho de que era abogada- y luego pude revalidar mi título y me
pidieron que fundara una organización para la defensa de las organizaciones
indígenas. No habían defensorías gratuitas y entonces colaboré en la
fundación de una organización que se llama CEJIS (Centro de Estudios
Jurídicos y Sociales) de Santa Cruz de la Sierra, que ahora, el primero de
julio del 2003, va a cumplir 25 años. Allí aumentó mi familia también.
En Bolivia hubo una cuestión que ya me interesó en mi
contacto con las organizaciones campesinas de mujeres. Me planteaban
constantemente que en sus organizaciones eran relegadas por los varones y
que no las dejaban tomar decisiones. A la hora de hacer las reuniones de la
confederación campesina, las invitaban a participar y después, al llegar a
la reunión, les pedían que les hicieran las empanadas y la comida, y no les
dejaban participar en la toma de decisiones. Por ello, muy
rudimentariamente, empecé a hacer mis pininos con el tema de la mujer desde
que estaba en Bolivia, asesorando, sin ningún tipo de apoyo teórico, a estas
mujeres para que tuvieran más autonomía, aunque más bien aprendía con ellas.
También ahí adquirí mucha experiencia
acerca del derecho indígena y
de la forma de resolución de conflictos que tenían las mujeres
indígenas, que eran totalmente distintas de las nuestras, era otro tipo de
visión. Entonces, esa vida en Bolivia me abrió totalmente la cabeza a otras
culturas.
Vuelta la democracia a mi país, retorné
a Argentina en 1984 y creé una organización de mujeres. También fui
fundadora del MEDH (Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos), y a partir de
ahí he colaborado con la creación de varias organizaciones. Finalmente, en
el año 1989, me uno a CLADEM, y en el 96 fui elegida su coordinadora
regional. Hice un postgrado de derecho de familia y pasé de activista
laboral a trabajar en derecho de familia y en los temas de violencia contra
la mujer. Así que mi vida se reparte ahora, y hasta que termine mi segundo
periodo de coordinadora regional de CLADEM, porque fui reelegida en el 2001
por 3 años más, entre mi vida en Rosario, donde tengo una oficina y vivo con
mi familia, y mis viajes periódicos a Lima, Perú, donde también me alojo y
trabajo con el equipo de la oficina regional, que decidí que no se moviera
de Lima para que no se debilitara la red. Allí tenemos nuestro centro de
documentación, y es desde donde se alimenta la página
Web de CLADEM
RF: ¿Cuáles son actualmente las principales líneas de
actuación de CLADEM?
SC:
CLADEM se ha fijado como misión articular
organizaciones y personas que trabajen en la defensa de los derechos de la
mujer, y para ello tiene 6 ejes de trabajo, que no quiere decir que los
aborde todos simultáneamente, lo vamos abordando de a poco en la medida en
que vamos construyendo capacidades. Los 6 ejes de trabajo son: ciudadanía,
desarrollo, violencia contra la mujer, derechos sexuales y reproductivos, la
discriminación étnico-racial.
Hasta este momento, tenemos acumuladas muchas experiencias y
capacidades en todo lo que es la temática de violencia contra la mujer y
participación política.
También estamos acumulando algún tipo de conocimiento en lo
que son los derechos sexuales y los derechos reproductivos. No hemos
abordado de la misma manera el cruce de la dimensión de género con la
variable étnico-racial, que es uno de nuestros ejes, pero en los cuales sólo
hemos hecho algunas aproximaciones y tenemos alguna gente trabajando en eso.
Necesitamos mucho más conocimiento para abordar ese eje temático que es
mucho más complejo, como tampoco hemos podido hacerlo hasta hoy con el eje
de medio ambiente, son tareas pendientes que tenemos.
En el tema de Derechos Económicos, Sociales, Culturales y
Desarrollo, estamos empezando en los últimos 3 años a profundizar esa
cuestión. Es bastante complejo el tema de la exigibilidad de los derechos
económicos, sociales y culturales en nuestros países, y sobre todo es
complejo el cruzarlo con la discriminación de la mujer. Ahí lo que estamos
haciendo nosotros es recién empezar a construir capacidades.
RF: En materia de las así llamadas mejores prácticas,
por decirlo de alguna manera, ¿cuáles son cosas las
creativas, novedosas que puedas recordar que han hecho y que efectivamente
les han dado resultado, por lo que otras organizaciones podrían aprender de
ellas? Ustedes son, por ejemplo, muy eficaces en cabildear los foros
internacionales…
SC:
Sí, pero no son creaciones nuestras, en todo
caso nosotras hemos ido aprendiendo de las
organizaciones de derechos humanos, y lo que sí hemos
establecido son muy buenas redes de comunicación entre nosotras
mismas. Por eso, a veces, cuando veo grupos que dicen "Abajo la
Globalización", me siento dubitativa, porque nosotras estamos globalizadas,
somos un ejemplo claro de lo que significa una globalización positiva, el
internacionalismo.
Nosotros tenemos algunas buenas prácticas en el cabildeo de
los foros internacionales porque hemos incorporado toda esa tecnología
electrónica para la denuncia de nuestros derechos y para crear cadenas
rápidas de alerta y de denuncia.
Hay otras cosas que aún estamos aprendiendo, por ejemplo, la
diversidad es algo más proclamado que practicado entre las mujeres, porque,
en general, gran parte del movimiento ha sido dirigido por mujeres de clase
media urbana y blanca. Entonces ahí tenemos que hacer un aprendizaje.
No se trata sólo de proclamar la diversidad, sino de ver cómo me acerco -con
un discurso que no sea de "vanguardia iluminada"- a la mujer indígena y a la
mujer rural, para contribuir a solucionar los problemas y sobre todo para
lograr una participación directa en el proceso de solución y propuestas.
Por ejemplo, todos los servicios de atención de violencia contra la
mujer están en las ciudades, no llega nada a la mujer rural. Otro ejemplo es
en Brasil, donde denunciamos la diferencia salarial entre varones y mujeres
que, en toda la región va entre el 60% y el 70%, lo
que ganan las mujeres de lo que ganan los varones, a pesar de que en algunos
países ya estamos superando a los varones en matrícula universitaria.
RF: ¿Hay un 60% o un 70% de diferencia del ingreso entre
mujeres y hombres en toda América Latina?
SC: Las mujeres ganamos entre el 60% y el 70% de lo que
ganan los varones. Sin embargo, yo creo que en nuestra región las mujeres no
podemos trabajar con la perspectiva de género sin cruzarla con la
étnico-racial y las de clases o sectores sociales. Si no cruzamos eso no se
entiende la situación de las mujeres. Hay una organización vinculada con
nosotras en Brasil que ha determinado que si ponemos el salario de un varón
como parámetro 100, una mujer blanca puede ganar entre el 60 y el 70%, un
hombre negro entre el 70% y el 80%, pero una mujer indígena negra 47%.
Entonces, ahí se cruza género con lo étnico-racial. Si yo no utilizo todas
esas variables en esta región o para ser más exacta en cualquier región,
-porque anda a ver en Estados Unidos esas diferencias donde hay actualmente
40 millones de personas bajo la línea de máxima pobreza- no voy a tener una
visión holística de la problemática social. Voy a tener una visión parcial,
y, en mi caso, siempre estuve en contra de los ghettos.
Otra de las ideas o preocupaciones que tiene CLADEM es cómo
incluimos nuestra agenda dentro de la agenda central de los derechos
humanos. O sea, cómo creamos puentes con la comunidad de derechos humanos
para que las organizaciones tradicionales de Derechos Humanos coloquen las
preocupaciones, experiencias y necesidades de las mujeres en la agenda de
los derechos humanos. En este sentido, si tomas como paradigma de lo que es
la comunidad de derechos humanos, el Foro Social Mundial de Porto Alegre, te
vas a dar cuenta de que ahí los que fuimos éramos sectores con
preocupaciones particulares, pero entre los cuales no se han tendido todavía
los suficientes puentes como para llegar a un discurso global. Por eso el
Foro no pudo sacar una declaración. O sea, aquí estamos las mujeres con
nuestros problemas, y aquí están los indígenas, y aquí están las mujeres
campesinas, y aquí están gay y lesbianas, transgéneros, y aquí están la
gente que trabajan en la lucha contra la pobreza, y así…. Yo no he visto
todavía, hasta ahora, que se hayan tendido todos los puentes necesarios para
que la voz del Foro sea lo que se ve en la manifestación del Foro, esa
diversidad, esa multiplicidad, porque incluso los paneles de la mañana, que
son los más importantes, donde van todos los jerarcas, yo puedo observar
que a menudo están constituidos, por ejemplo, por
7 hombres y una mujer, a veces 8 hombres y, si
acaso, 2 mujeres.
RF: ¿Cómo piensas que puedan tenderse esos puentes
horizontales entre movimientos fragmentados temáticamente?
SC: Yo creo que el Foro de Diplomacia Ciudadana (FDC) ha
tenido una gran intuición, y tiene posibilidades de contribuir a construir
fortalezas en ese sentido, grandes posibilidades. La expectativa de CLADEM
dentro del Foro es que sirva de amplificador de estas preocupaciones y
viabilizar la incorporación, dentro de los mecanismos de diplomacia
ciudadana, de estas preocupaciones de las mujeres. Sobre todo de
incorporación de nuevos estilos, de estilos inclusivos, paritarios,
diversos. Yo creo que esa es la gran posibilidad, oportunidad, que tiene el
FDC. Concretar, fortalecer o debilitar esa oportunidad en los próximos años
depende de nosotros.
RF: En relación con la creación del llamado Panel o
Comisión Cardoso, por el Secretario General de Naciones Unidas, ¿cómo se
acercan ustedes a esa iniciativa? ¿Cómo la ven? ¿Qué posibilidades le ven?
SC: Nosotros lo podemos hacer también a través del Foro
de Diplomacia Ciudadana, y también utilizar todo lo que es la amplitud y
coherencia del movimiento de mujeres para alertar sobre la necesidad de
contribuir con este panel para que pueda hacer su mejor trabajo. Todo
dependerá, en gran medida, de la presión, la fuerza y la solidez que
mostremos en las recomendaciones que le hagamos llegar a esa Comisión, a fin
de que ella pueda contribuir, a su vez, a ampliar la capacidad de incidencia
de las organizaciones de la sociedad civil dentro del sistema de Naciones
Unidas.
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