Conocimiento y diálogo de saberes
La ignorancia y el desprecio hacia el ethos de las
diversas culturas americanas durante el proceso de conquista y apropiación
del espacio continental americano y el que aun este resulte vulnerado en
muchas de sus manifestaciones, incorpora la necesidad del establecimiento de
una política de la diferencia, de la diversidad, donde se les de cabida a la
existencia de estos diferentes ethos culturales, muchos de los cuales
expresan y contienen diferentes sistemas de saberes ancestrales que
reenlazan vínculos indisolubles de un mundo interconectado de procesos
ecológicos, culturales, tecnológicos, económicos y sociales.
Las culturas autóctonas generalmente han valorizado los
bienes ambientales y muestran relaciones con cosmovisiones que poseen claves
que tienden a la armonía en su interacción con "lo natural", ellas son el
acumulado cultural de experiencias sociales a través de siglos y a veces
milenios en una relación en la que se han reconocido los límites de la
intervención humana. La ancestral cultura maya hubo de padecer diversas
catástrofes para llegar ha establecer sus límites en la relación con la
naturaleza, límites que han sido vulnerados por la expansión económica y la
guerra en las últimas décadas y que han llevado a la hambruna a pueblos
enteros en esa zona centroamericana. Hace algunos años un estudio
arqueológico sobre una comunidad prehispánica en El Salvador, concluyo que
esa población poseía mejor calidad de vida que los actuales campesinos
salvadoreños.
La utilización de los conocimientos tecnocientíficos
actuales y ancestrales junto al accionar de los movimientos sociales que son
portadores de nuevas formas de producción sustentables, pueden propiciar la
aplicación de ecotecnologías mas apropiadas a cada región y ecosistema,
rompiendo las racionalidades económicas homogeneizantes impuestas por el
mercado durante décadas.
Así, el reconocimiento de los límites de la cultura
significa también la aceptación de los límites de la tecnología. El saber
ambiental cambia la percepción del mundo basado en un pensamiento único y
unidimensional, que se encuentra en la raíz de la crisis ambiental, por un
pensamiento de la complejidad. Esta ética promueve la construcción de una
racionalidad ambiental fundada en una nueva economía –moral, ecológica y
cultural– como condición para establecer un nuevo modo de producción que
haga viables estilos de vida ecológicamente sustentable y socialmente
justos, reenlazando los vínculos de los procesos ecológicos, culturales,
sociales económicos y tecnológicos.
En la realidad latinoamericana actual se encuentra con mucha
frecuencia que la toma de decisiones sobre los problemas ambientales no
rebasan el marco científico tecnológico marcado por los tecnócratas,
ignorando en consecuencia tanto los problemas globales ambientales como las
consecuencias ecológicas locales de la toma de decisión. Los mecanismos del
mercado marcan la pauta de los megaproyectos que acompañan las grandes
transformaciones económicas del espacio continental, en este sentido el ALCA
y el Plan Puebla Panamá nos brindan sus ejemplos.
Por otra parte, paulatinamente se van recolocando los
saberes tradicionales de las diversas etnias y de la cultura campesina, en
este sentido los procesos educativos no formales en América Latina cada vez
se percatan más de la importancia de incorporar estos sistemas de
conocimientos y sus elementos pedagógicos y metodológicos como parte de la
educación para la sustentabilidad, en un diálogo de saberes orientado hacia
la construcción de una nueva racionalidad ambiental más acorde con los
requerimientos culturales de los habitantes y de los ecosistemas de los
cuales dependen, a la vez estas visiones resultan holísticas y complejas;
resulta pues una educación para la participación, la autodeterminación y la
transformación social; una educación que permita recuperar el valor de lo
sencillo en la complejidad; de lo local ante lo global; de lo diverso ante
lo único; de lo singular ante lo universal, de los saberes populares y
locales y de la interculturalidad todo lo cual está implícito en una ética
que contemple el conocimiento valorativo, colocando a este como parte de la
trama del empoderamiento de los desposeídos.
Para los pueblos indígenas y afroamericanos, como también
para muchas sociedades campesinas y organizaciones populares, la ética de la
sustentabilidad se traduce en el respeto a sus estilos de vida y sus
espacios territoriales, a sus hábitos y su hábitat, tanto en el ámbito rural
como en el urbano. Ello se traduce en prácticas sociales para la protección
de la naturaleza, la garantía de la vida y la sustentabilidad humana. Los
conocimientos ancestrales, por su carácter colectivo, se definen a través de
sus propias cosmovisiones y racionalidades culturales y contribuyen al bien
común del pueblo al que pertenecen. Por ello con frecuencia se manifiestan
dentro de los conflictos ambientales la defensa de estos saberes, de su
naturaleza y su cultura en divergencia de las tendencias homogeneizadoras de
la globalización neoliberal.
En estas cosmovisiones de los pueblos indígenas y
afroamericanos, así como las de muchas comunidades campesinas, la naturaleza
y la sociedad están integradas dentro de un sistema biocultural,
donde la organización social, las prácticas productivas, la religión, la
espiritualidad y la palabra integran un ethos que define sus estilos
propios de vida. La ética remite a un concepto de bienestar que incluye a la
familia extendida y no únicamente a las personas individuales. Las dinámicas
demográficas, de movilidad y ocupación territorial, así como las prácticas
de uso y manejo de la biodiversidad, se definen dentro de una concepción de
la trilogía territorio-cultura-biodiversidad como un todo íntegro e
indivisible. El territorio se define como el espacio para ser y el
conocimiento de la biodiversidad como un patrimonio cultural que permite al
ser permanecer; por tanto la existencia cultural es condición para la
conservación y uso sustentable de la biodiversidad. Estas concepciones del
mundo están generando nuevas alternativas de vida para muchas comunidades
rurales y urbanas.