La gobernabilidad global y la democracia participativa
Los marcos jurídicos institucionales latinoamericanos aun no
reflejan las necesidades de las dinámicas ecológicas que generan las
políticas económicas aplicadas en los diferentes países. Si bien casi todos
los estados del área se han preocupado por emitir leyes y normativas
ambientales sobre todo luego de Río 92, muchas de estas legislaciones solo
norman las formas en que la economía se reproduce a sí misma, generando cada
vez mayores ganancias a expensas de las diferentes fases de desarrollo del
capital y de la actual fase ecológica de reproducción del capitalismo
posindustrial.
Las actuales agendas de los nuevos actores emergentes en la
arena política latinoamericana, incluyen en muchos casos la transformación
de estos marcos jurídicos y la construcción de procesos transparentes junto
a la rendición de cuentas necesaria para llevarlos a cabo.
La participación ciudadana consciente es un componente
inexcusable dentro de la construcción de gobernabilidad y política de la
sustentabilidad, así como la educación ambiental se presenta hoy día como un
instrumento eficiente muy importante para la consecución de los objetivos
del surgimiento y consolidación de una responsabilidad social ciudadana que
contribuya a la transformación necesaria en la actual agenda ambiental de
América Latina y el Caribe.
El hecho de que en América latina y el Caribe gran parte de
los problemas ambientales afecten a crecientes sectores de las sociedades1
plantean la posibilidad de un accionar político más plural e inclusivo, para
lo cual aún no parecen estar preparados los partidos políticos tradicionales
en el subcontinente. Los conflictos actuales (nacionales y regionales)
obstaculizan fuertemente la emergencia de escenarios más permisivos para la
actuación política de todos los actores posibles, por lo que la expresión de
las demandas sectoriales y colectivas resultan aún de un alto nivel de
conflictividad en el área.
Dentro de este proceso la urgencia de la participación
democrática junto a la construcción de una nueva ciudadanía presenta para
Latinoamérica y el Caribe otro de los retos políticos a enfrentar en el
nuevo siglo. Desde el punto de vista participativo no es posible soslayar
las preguntas de quien participa, sobre qué participa y para qué participa,
si como señaló Lechner2
todo orden político (incluso el democrático) presupone formas de
exclusión, por lo que éticamente deberá siempre permanecer la pregunta
¿quiénes son los excluidos?, sobre todo si se acepta que las comunidades e
individuos mas afectados por los conflictos ambientales resultan ser
generalmente los más pobres y vulnerables.
Para América Latina y el Caribe la construcción y lucha por
la democracia resulta acompañada de la construcción de ciudadanía, para gran
cantidad de habitantes de la región los derechos y deberes ciudadanos se van
expandiendo más allá de lo individual, para ocupar lugares en lo intra e
intergeneracional, en lo colectivo e intercultural y en la amplitud del
horizonte de actuación en lo ecológico hacia otras especies vivas.
La incidencia de diferentes actores en la construcción de
políticas ambientales para América Latina y el Caribe, ha sido señalada por
autores como Gudynas3
y tal como lo expone, más que una construcción de hegemonía nacional o de la
preponderancia de un actor específico sobre el resto, como movimientos
sociales, partidos políticos o estados, la posibilidad real de construcción
de una agenda ambiental efectiva, estriba en las concertaciones plurales que
puedan realizarse sobre escenarios de conflicto y que impliquen a todas las
partes presentes en las políticas nacionales.
La actual situación latinoamericana indica que junto a los
graves problemas ambientales que presenta la región, existen nuevos actores
sociales y sistemas políticos que no pueden solucionar los conflictos
socioeconómicos y ambientales de la misma, por lo que solo a través de un
replanteamiento ético en las relaciones políticas y sociales podrán ser
abordadas las posibles soluciones de los mismos.
Aún en la mayor parte de los países latinoamericanos se
mantiene como una realidad la afirmación de Gligo a comienzos de la década
de los 90´s4 respecto a
que el problema no es la calidad de vida sino la vida misma.
El hambre que se propaga en Guatemala se relaciona
directamente con el desgaste de los suelos, derivado de la explotación y
sobreuso y de otros malos manejos de este y otros recursos naturales. Por
ejemplo, las tierras del departamento de Chiquimula, ubicado a 100
kilómetros al este de la capital de Guatemala que es el más afectado por la
hambruna, eran aptas para la agricultura hace 20 años; La población de
Jocotán, Camotán y Olopa es de unas 64.000 personas, la mayoría de las
cuales viven por debajo de la línea de pobreza y más de 73 por ciento son
descendientes de distintos grupos mayas. A todo el proceso de deterioro
ambiental hay que añadir las políticas de contrainsurgencia que hace varios
años reubicaron poblaciones enteras en otras zonas del país lo que agrego
una presión demográfica adicional a las ya existentes. El proceso de
hambruna en los tres municipios ha tomado por sorpresa al resto de Guatemala
y a la comunidad internacional, pues se desconocía que allí hubiera
problemas severos de producción de alimentos, resulta muy probable que el
mismo genere un creciente proceso de migración marcado por este déficit
ambiental, creando contingentes de ecorrefugiados en ese país
centroamericano.
En Río 92 se expreso también el despegue de las reformas
neoliberales, las cuales se incluyeron en muchas de las percepciones sobre
el ambivalente "desarrollo sostenible" allí expuesto por diversos jefes de
gobierno y autoridades empresariales, el fin de los conflictos bélicos en
Centroamérica, originó cambios políticos, que propiciaron el avance del TLC
primero hacia México, del ALCA luego hacia el resto de la región y más
recientemente del Plan Puebla Panamá; las secuelas de la guerra y el impacto
de las políticas asociadas a estos planes, han facilitado que Nicaragua,
Guatemala, Honduras y El Salvador estuvieran el año pasado en la lista de la
FAO de los treinta países que necesitaban ayuda del extranjero, el
desenvolvimiento de estos países en los últimos años y su ausencia de
cumplimiento de los acuerdos de Río, son un punto de referencia importante
para hacer ver la insustentabilidad del modelo económico y político de
nuestra región, así como las limitantes ecológicas y sociales que sesgan el
rumbo de la sustentabilidad.
En septiembre del 2001 se realizó un foro de información
sobre el Plan Puebla Panamá y sus implicaciones sociales, políticas,
económicas y ecológicas. En él participaron decenas de organizaciones de
México y Centro América, como
"la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del
Istmo (UCIZONI), Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca, (UNOSJO),
Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ) y Xi'Nich; redes de
organizaciones sociales como la Mexicana de Acción frente al Libre
Comercio (RMALC), el Centro de Derechos Humanos Tepeyac de Tehuantepec y
comunidades indígenas de los estados de Oaxaca, Veracruz, Chiapas,
Tabasco, Puebla y la Ciudad de México"5
En el foro se puso en tela de juicio la versión oficial de
este Plan de parte del gobierno mexicano y se comenzó una indagación sobre
los reales intereses del gobierno federal mexicano al promover los grandes
programas de desarrollo para la región sur-sureste de México.
Durante el foro se evidenció la falta de transparencia y
consulta entre las organizaciones y pueblos que serían afectados por dicho
plan con la ejecución de los megaproyectos comprendidos en el mismo para el
istmo de Tehuantepec. La construcción de maquilas, la expansión de los
viales y la construcción de una vía ferroviaria de alta velocidad que
funcione como un "canal seco" para el transporte de mercancías, además de
promover inversiones de empresas papeleras y forestales relacionadas con el
cultivo del eucalipto y otras especies de rápido crecimiento, lo cual
amenaza a los suelos, al agua y a los bosques autóctonos.
En el evento se discutieron estrategias para fortalecer las
comunidades campesinas y organizar un frente de resistencia capaz de
construir alternativas a los proyectos gubernamentales. En este sentido se
mencionó la importancia de hacer un rescate cultural de la medicina
tradicional, de la milpa, del cafetal y valorar el trabajo femenino
insustituible en la reproducción simple a nivel de las familias campesinas.
Mas de 350 asistentes de comunidades y regiones como los Tuxtlas, Uxpanapa,
la Sierra de Santa Martha, Jalapa, Villahermosa, Palenque, Juchitán, Matías
Romero, la Sierra Juárez y la costa Huave, se comprometieron en dar
continuidad a este esfuerzo y hacer resistencia al PPP.
Por su parte, El Salvador es uno de los países más afectados
ambientalmente por las transformaciones económicas y políticas en la
subregión centroamericana, causadas por la guerra y la expansión del ALCA.,
sin embargo, ha generado un fuerte proceso de convocatorias y acciones
ambientales promovidos por organizaciones vecinales, sindicatos y
organizaciones campesinas, junto a ONG's
ecologistas, lo que ha creado un intenso proceso de consulta, de
concientización educacional en el interior de El Salvador que culminaron con
el II Congreso Ambientalista en el país con delegados de comunidades y de
diversas organizaciones sectoriales, uno de sus pronunciamientos abordó la
importancia de ver lo global en nuestras realidades, toda la problemática de
los transgénicos y la de los acuerdos comerciales han sido discutidas en las
comunidades. También por ejemplo grandes obras de la infraestructura que no
benefician para nada a la población, como por ejemplo el Anillo Periférico
de San Salvador, han desatado crecientes protestas por las comunidades
afectadas, agrupadas en organizaciones de base y apoyadas por la Unión
Ecológica Salvadoreña, quienes han desplegado protestas y tomas de espacios
para evitar la construcción del referido anillo en el tramo de Puente de
Mulas. Las afectaciones a las comunidades y al medio ambiente catalizaron
las protestas he hicieron que el Consejo Municipal de la Alcaldía de Ciudad
Delgado, periférica a San Salvador, acordara el 8 de agosto del 2002 ordenar
al Ministro de Obras Públicas la suspensión del proyecto "hasta que no se
establezcan acuerdos que favorezcan a las diferentes comunidades afectadas y
que garanticen la conservación de los recursos naturales"6,
lo cual ha sido desoído por el Ministro de Obras Públicas. Actualmente la
UNES y el Foro de la Sociedad Civil para la Reconstrucción y el Desarrollo (FSC)
recolectan cien mil firmas para presentarla ante el BID en Washington, que
es la instancia financiadora del proyecto para frenar dichas acciones. La
batalla que están enfrentando las organizaciones de base en El Salvador
tiene mucho que ver con el fortalecimiento del papel de las comunidades para
la toma de decisiones en lo que se refiere a su vida y al manejo de los
recursos naturales, con la descentralización de la política ambiental y
social, con el aumento de presupuestos en educación y salud, o sea en
resumen, con la aplicación de cambios éticos en las relaciones
estado-sociedad-naturaleza.
No falta tampoco la presencia de la violencia en todas sus
manifestaciones, incluso la eliminación física de quien se oponga
consecuentemente a determinados proyectos. En Olancho, Honduras, el sábado
30 de junio del 2001, fue ultimado a balazos por guardias de la empresa, el
líder ambientalista de 28 años Carlos Roberto Flores, quien se oponía a las
acciones que llevaba la empresa Energisa S.A. en la zona de amortiguamiento
del Parque Nacional Sierra de Agalta, parte del cual comprende el Municipio
de Gualaco, departamento de Olancho, en el caserío El Ocotal, perteneciente
a la aldea de La Venta.
Este Parque, protegido a perpetuidad y que forma parte del
Corredor Biológico Centroamericano, presenta un alto índice de biodiversidad
en la nación y el movimiento lidereado por Flores se oponía a la expansión
de los proyectos energéticos de la referida compañía.
El 16 de octubre del 2001 se llevo a efecto en Ciudad Panamá
la tercera vigilia campesina por la Vida y la Tierra, que tenía por objeto
protestar contra la construcción de represas que afectarían la "vida en
todas sus expresiones" según las palabras de los líderes de esta acción.
Dichas represas resultaban una demanda de la Administración del Canal de
Panamá (ACP) para contar con mayores volúmenes de agua en las operaciones
canaleras.
La construcción de las represas dañaría la fauna y la flora
de la región del istmo provocando la desaparición de áreas de gran valor
para la alimentación, la reproducción y en fin la biodiversidad de Panamá a
la vez que desplazaría a cientos de campesinos de cinco distritos y decenas
de corregimientos, de sus tierras de labor tradicionales; por ello la
Coordinadora Campesina Contra los Embalses (CCCE), organizada en cuatro
sectores: Río Indio Centro, Río Indio Lago, Caño Sucio y Coclé del Norte, e
integrada por uniones campesinas, cooperativas, sindicatos, delegados de la
palabra, grupos de mujeres, asentamientos campesinos, asociaciones de padres
y madres de familia, estudiantes, entre otras, movilizan y accionan en
diversas ciudades del país y en la capital.
Conclusiones
En la nueva Geopolítica de América Latina y el Caribe la
cuestión ambiental se presenta cada vez con mayor importancia, tanto en la
resolución de los conflictos ecológicos, como en las construcciones de
nuevos paradigmas por las sociedades.
El establecimiento de plataformas de negociación entre los
diferentes actores sociopolíticos es una realidad que se construye día a día
en el espacio americano en la cual los principios éticos del desarrollo
sustentable resultan un referente operativo que no se puede soslayar por
ninguno de los actores involucrados. La necesidad de trabajar en diversas
escalas como lo local, lo nacional y lo internacional imponen un nivel de
información y conocimientos que redunde en la toma de decisiones conscientes
por quienes forman parte de las sociedades de la región para lograr las
articulaciones necesarias y los puntos de encuentro y de resolución de los
conflictos. Parece necesario superar los maniqueos binarios que
convencionalmente hemos establecido entre Norte y Sur, Estado y Sociedad
Civil, Esfera Pública y Esfera Privada, etc. Para lograr realizar un ploteo
de elementos e intereses sobre los que se pueda actuar asignando
responsabilidades iguales pero diferenciadas de acuerdo a las condiciones de
los actores involucrados.
Por otra parte los sistemas políticos tendrán que resultar
más participativos, transparentes y controlados por la ciudadanía, con
mecanismos de rendición de cuentas y responsabilidad social sobre estas
rendiciones. O sea, deberán comprender no solo los problemas de la
transparencia en lo local, sino también en aquellos aspectos que la
transnacionalidad de lo ecológico implique negociaciones internacionales y
acuerdos binacionales o multinacionales. En este sentido no solo será
necesario el logro de acuerdos, sino también el reconocimiento de los
disensos, la viabilización de los conflictos, el reconocimiento de los
ausentes y los excluidos en caso de que no se haya podido incorporarlos. El
desafío es comenzar la construcción de otra racionalidad alternativa, que
incorpore en el mundo deseable a los 300 millones de excluidos de América
latina y el Caribe en el que un proyecto de construcción de justicia social,
equidad y armonía ecológica resulte posible.
Notas