LA FORMACIÓN Y ACCIONES PROMOVIDAS POR EL FRENTE DEMOCRÁTICO CAMPESINO DE CHIHUAHUA, PARA MEJORAR LAS CONDICIONES DE VIDA Y DE EQUIDAD

 Por Laura Becerra  Pozos     

Parte 2/3   

Las etapas vividas por el FDC

En el proceso de organización y de acción colectiva del FDC, no es posible establecer una situación inicial discreta, es decir, bien acotada en el tiempo. Concebimos la situación inicial en términos continuos. Desde 1985 ha habido una constante integración de campesinos y campesinas al FDC, y las características que tenía la situación inicial para los que ingresaron en 1985, son muy semejantes a las de los que se integran en 1990 o 1994, o incluso en 1998.

El recuento de la integración del Frente parte de que 1981 fue quizá el último año "bueno" que tuvieron los campesinos. De 1982 en adelante y debido a las políticas de ajuste estructural aplicadas a la agricultura, el campo se ha visto en una escalada de necesidades y problemas no resueltos. En ese año el gobierno federal empieza a controlar los precios de garantía del maíz y del frijol a la vez que libera los de los insumos agrícolas. Desde mediados de los años ochenta los precios del maíz y del frijol continuarán deteriorándose: entre 1982 y 2001 el maíz perdería el 56.2% del poder adquisitivo de su grano, en tanto el frijol perderá el 46% de su valor entre 1985 y 2000.(2)

De 1988 a 1993 las necesidades y problemas de financiamiento de la agricultura son los que generan los movimientos más importantes del FDC.

En 1988 y 1989 hay una gran cantidad de denuncias por el financiamiento de más de 100 mil hectáreas "fantasmas" por parte de Banrural para utilizar los recursos a favor del partido del gobierno. También en contra de los inspectores de campo de la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera (ANAGSA) que para declarar un siniestro y hacer estimaciones correctas de las cosechas, piden dinero (mordida) a los productores.

El problema con estas instituciones termina de la peor manera: en 1990 el gobierno federal da de baja del padrón crediticio de Banrural 120 mil hectáreas de la zona temporalera del estado de Chihuahua "por alta siniestralidad y baja productividad" y la mayoría de productores del FDC se queda sin crédito. Entonces surge otra necesidad: acceder al Crédito a la Palabra del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol). En 1990 se lucha para que los productores sean habilitados por Pronasol con el mismo hectareaje que tenían registrado en Banrural. Pero luego, en 1991 y 1992, ante la cerrazón del gobierno, el problema ya no es ese, sino que, al menos, el productor tenga acceso al Pronasol aunque sea con tres hectáreas.

A fines de 1992 y hasta 1995, se dejan sentir fuertemente en la región los estragos de la crisis de la Banca en México. Debido a las altas tasas de interés y a la reducción del valor de los productos agrícolas, los pocos campesinos que continúan trabajando con la banca oficial o la banca privada caen en cartera vencida. Se desencadenan entonces los problemas de los embargos, desalojos y remates de las propiedades

A mediados de la década de los noventa los problemas que enfrentan los campesinos temporaleros chihuahuenses se multiplican y se hacen más complejos, por la conjunción de los factores señalados. Y aunque no se ha hecho una investigación exhaustiva y sistemática de las dimensiones del deterioro, en las reuniones de análisis son expresadas de varias formas: baja en la producción por la sequía que dura hasta la fecha; caída sostenida de los precios del maíz y del frijol; incremento del costo de los insumos por la devaluación; reducción de los apoyos del gobierno a la agricultura. Y las consecuencias: los pueblos se van vaciando, pues los jóvenes emigran a los Estados Unidos o a trabajar en las maquiladoras de Chihuahua o Ciudad Juárez; se venden los implementos agrícolas, la maquinaria y los hatos ganaderos. Aumenta el número de hectáreas sin cultivar.

Aumenta también la actividad del narcotráfico en las comunidades, que engancha a los jóvenes como cultivadores o portadores de la droga. Poco a poco la agricultura va dejando de ser la actividad que más contribuye al ingreso de las familias campesinas.(3)

Contra viento y marea los productores del FDC se han ido modernizando y reconvirtiendo. Cambiaron de variedades de frijol para obtener más altos rendimientos; organizaron empresas comercializadoras del grano y se capacitaron para administrarlas ellos mismos. Se vincularon con otros productores a nivel nacional.

Sin embargo, a finales de los noventa enfrentan graves dificultades en la comercialización de la leguminosa: las importaciones del grano procedentes de los Estados Unidos y el contrabando derrumban el precio. Por otro lado, el presupuesto que el gobierno federal otorga como apoyo a la comercialización es muy exiguo, lo que lanza a los productores a las carreteras, a las calles y a la misma Cámara de Diputados a exigir los recursos para comercializar su producto.

Si bien todos estos problemas objetivos son la base de la acción colectiva del FDC, en los diferentes talleres de análisis que realizamos, los hombres y las mujeres de la organización se refirieron más a los problemas subjetivos, a las dificultades para tomar conciencia, para organizarse, para participar, para tener incidencia pública. Todos, resultado de más de seis décadas de corporativismo del partido del gobierno y de su relación autoritaria – paternalista con el campesinado.

La palabra más mencionada en los talleres, al describir su situación antes de participar en el FDC, es "miedo": miedo a las autoridades, miedo a participar, miedo a pedir cuentas o siquiera información, incluso a los funcionarios de su comunidad; miedo a hablar en público, miedo a organizarse por su cuenta.

También resaltan su aparente carencia de conocimientos: no conocían los programas del gobierno orientados a la agricultura; no conocían sus derechos; no sabían a qué instancia o dependencia dirigirse. No tenían información sobre organizaciones independientes a las del partido oficial y mucho menos sobre experiencias exitosas de las mismas.

Por otra parte, aunque había conciencia y hartazgo de la corrupción y de la manipulación de organizaciones oficiales, como la CNC, estaban resignados a pertenecer y ser representados por ella, por el temor y la desconfianza ante cualquier otra organización.

Podría decirse que estas condiciones, predominantes antes de la participación en el FDC, impiden la construcción de la ciudadanía en el medio campesino. No hay información sobre los propios derechos. No se desarrollan las competencias mínimas para exigirlos. No se construyen organizaciones independientes. No se toma parte en la esfera pública, ni siquiera a nivel de la propia comunidad.

Dicho de otra manera, estas condiciones impiden la construcción del capital social comunitario y extracomunitario.

En 1988, los avances logrados por el Frente le ofrecen condiciones para construir un nutrido entramado de alianzas locales, nacionales e internacionales. Su relación con Equipo Pueblo le permite vincularse a otras organizaciones sociales, y con organismos de la cooperación internacional. Así, logra el primer financiamiento de Desarrollo y Paz, de Canadá. A nivel estado construye una relación privilegiada con la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos (COSYDDHAC) y con el Frente de Consumidores. A nivel nacional se integra al Movimiento Nacional de Resistencia Campesina y a la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC). Así mismo mantiene una relación permanente de diálogo e información con los partidos políticos y organizaciones sociales a nivel local.

En 1994 con el auge de las reformas neoliberales de Carlos Salinas, van desapareciendo los precios de garantía de los productos agrícolas; continúa la apertura comercial al extranjero, y se negocia el TLCAN. Se privatiza la Banca y se excluye a la mayoría de los agricultores temporaleros de la cobertura del Banrural. Se reforman la Constitución y la Ley Agraria para permitir la privatización de los ejidos y construir un mercado para la tierra. Se incrementan notablemente las tasas de interés. Todo esto en un contexto de euforia de la opinión pública nacional por el inminente ingreso de México al "Primer Mundo". Varias organizaciones campesinas independientes son contagiadas y participan con el gobierno de Salinas en proyectos como "la apropiación del proceso productivo". Así, la labor del FDC se torna más cuesta arriba, con menos apoyo de la opinión pública que en sus primeros años.

Pero igualmente a partir de ese 1993 el Frente da pasos cualitativos en términos organizativos: se celebra el Primer Congreso Estatal del FDC, se elige la primera dirección netamente campesina representada en la Comisión Ejecutiva, y se elabora un programa de trabajo para dos años.

Durante cuatro años extienden el Movimiento de Apoyo a Deudores de la Banca. El problema estalla primero en el campo. El FDC se une a la mayoría de las organizaciones campesinas de Chihuahua, para formar la Coordinadora de Organizaciones Campesinas y Organismos Superiores del Sector Agropecuario (COCOSSA) y abordan desde el principio el problema de las carteras vencidas. A mediados de 1993 las organizaciones cercanas al PRI dejan la coordinadora, las independientes pasan a llamarse Organizaciones Campesinas en Lucha (OCL) y luchan, sobre todo, para resolver el problema de los deudores. Se vinculan al movimiento nacional de deudores El Barzón. En noviembre de 1994 el Frente se suma a otras organizaciones y constituyen en Chihuahua la Coordinadora de Usuarios de la Banca.

El Frente y otras organizaciones sociales de la ciudad de Chihuahua integran en octubre de 1995 el Movimiento "Todos por Chihuahua". Que se convierte en un generador de luchas sociales en Chihuahua.

Pocas veces confluyen tantos factores negativos en una coyuntura. Los efectos acumulados de 10 años de políticas neoliberales hacia el campo se dejan sentir fuerte en 1992, al estallar el problema de las carteras vencidas en el medio rural. Esto lleva a la quiebra a miles de pequeños, medios y grandes productores. Luego, con la crisis económica, la devaluación de diciembre de 1994, y el programa de ajuste implementado por el gobierno federal, la crisis pasa también al medio urbano y hace que cientos de miles de familias pierdan su casa, su vehículo o su negocio.

Durante la etapa 1999-2000, el FDC dedica buena parte de su tiempo y recursos a la consolidación y crecimiento de la cooperativa de ahorro y crédito "Fondo Solidario del FDC", a la formación de empresas comercializadoras de frijol y de maíz en diferentes municipios, y a la promoción de la economía de traspatio entre las familias a través de las granjas sustentables. Contribuye mucho a todo esto el apoyo económico que se obtiene de la Unión Europea a través de agencias de cooperación internacional. El financiamiento, que asciende a un millón doscientos mil dólares, se dedica a estos tres proyectos de organización económica y dura de 1999 a finales del 2001.

En diciembre de 1999 y en diciembre de 2000, el FDC participa junto con las demás organizaciones de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras del Campo (ANEC) en acciones de presión frente a la Cámara de Diputados, para demandar incremento al presupuesto federal para desarrollo rural, y la constitución de fideicomisos para la comercialización de maíz y de frijol. El segundo año se logra un incremento de 4 mil 500 millones de pesos para el sector. Así mismo, ante la sequía prevaleciente en el estado, el Frente organiza un foro sobre el tema. Tanto en 1998 como en 1999 exige que se declare al estado zona de desastre, y en junio de 1999 se moviliza y hace propuestas al gobierno sobre la forma de integrar y operar el Fideicomiso para enfrentar la sequía.

El despegue de la Cooperativa de Ahorro hace que numerosas mujeres ingresen a esta y al Frente, y empiecen a desempeñar funciones importantes como cajeras, promotoras, integrantes del consejo de administración o incluso como representantes municipales del FDC.

Durante esta etapa cobra realidad la divisa del Frente: "caminar con dos pies, el de la protesta y el de la propuesta". Al tiempo que se echan a andar los proyectos de organización económica, se acude a la movilización y a la acción directa para lograr que el gobierno asigne recursos y genere políticas a favor precisamente los esfuerzos organizativos y productivos.

La estrategia detrás de todo esto es el fortalecimiento de la economía y del tejido social campesinos. Ante la imposibilidad de competir ventajosamente en el marco del TLCAN, se busca construir la autosuficiencia alimentaria y económica de las familias campesinas al tiempo que se retiene a la población en el medio rural.

El Frente amplía sus relaciones internacionales. Además del financiamiento de la Unión Europea recibe apoyos del CCFD de Francia y de Hermanos de los Hombres, y gracias a éstas realizan intercambios con la Confederation Paysanne.

Durante estos años el Frente sabe aprovechar las pocas oportunidades de acceso a recursos y espacios de discusión de políticas que brindan los gobiernos federal y estatal. Aunque el presupuesto federal para el sector agropecuario se sigue reduciendo y se da la última vuelta de tuerca a las políticas de ajuste, los pocos apoyos que se dan fluyen a través de los proyectos de comercialización o de programas de emergencia como el de la sequía. Así, mediante la doble pinza de la presión y de la participación en las reuniones de discusión y planeación convocadas por las instancias gubernamentales, el Frente va teniendo acceso a apoyos financieros o en especie.


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