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 GLOBALIZACIÓN VERSUS DERECHOS HUMANOS

Democracia y derechos humanos

Por Silvina Verónica Ribotta     

Tomado del Instituto de Gobernabilidad de Cataluña    

Parte 2 / 3    

Lo que se globaliza y lo que no se globaliza

Vemos, entonces, que si hay un localismo que se globaliza mediante la dominación y la imposición frente a otros localismos hay, por ende, determinados factores, ideologías, modelos, personas que son los que se globalizan, mientras otros se marginan. Podemos decir que se globaliza la democracia representativa formal, pero sólo en su faz política y no social ni económica. Se globaliza un modelo de Estado mínimo, de Estado privatizado, de democracia formal compatible con el libre mercado y las políticas neoliberales2, y se marginan otras formas de gobierno y de Estado, como el Estado Social de Bienestar, el Estado Islámico, el Estado Comunista. Se globaliza un determinado modelo de economía, el neoliberalismo capitalista, arrasando con las garantías de la vida y el bienestar de la mayoría de la humanidad, concentrando el capital en pocas manos y aumentando desmedidamente las diferencias entre los polos mundiales de riqueza y pobreza, globalizando el valor de la eficiencia por sobre el valor de la igualdad y la justicia. Se globaliza un determinado modelo de organización laboral, de flexibilización de las otrora garantías laborales, de desaparición de las conquistas sindicales, de empresas transnacionales con capital difuso, nómades entre los países pobres que más condiciones de ganancia y menos de derechos laborales y presión fiscal le ofrezcan, un modelo que margina el trabajo como actividad que permite desarrollar instancias sociales colectivas, apropiación del espacio y estructuración de estrategias para llevar adelante planes de vida libremente elegidos. Se globaliza, entonces, un modelo de rapiña entre los países pobres como política de supervivencia, un modelo que alimenta la corrupción de los dirigentes políticos y sindicales, provocando que “muchos países llamados semiperiféricos se vean obligados a modificar sus legislaciones laborales y tributarias, haciéndolas menos proteccionistas hasta el punto de competir entre ellos, para conseguir el mejor tipo de inversión extranjera en sus territorios” (FARIÑAS, 2000, 23), obligados a privatizar masivamente las industrias y servicios nacionales, a producir verdaderos crímenes ecológicos, y en síntesis, a empobrecerse económica y culturalmente, alienando la –ya escasa de por sí- solidaridad entre los países pobres del mundo3. Se globalizan las fronteras de los capitales y el dinero, pero no se globalizan las fronteras para las personas, o, mejor dicho, para todas las personas con independencia del color de su piel, de su situación social y económica, de su religión, de su raza, con lo que se genera un nuevo tipo de apátridas, emigrantes económicos, “carentes de identidad como consecuencia de su falta de competencia económica y de su imposibilidad para acceder a los mercados de consumo”(FARIÑAS, 2000, 21). Se globalizan los territorios de los Estados para formar esta aldea global y la soberanía pareciera que pasa al cajón de los recuerdos pero, los países más ricos del planeta o las uniones entre éstos, siguen manteniendo fuertes políticas proteccionistas de sus industrias y sus producciones, convierten a la ciudadanía en una carta de privilegio4 y han reavivado una carrera armamentista de sus intereses y de sus capitales que creíamos olvidada en el siglo XX. Se globaliza la cultura occidental5, por lo que Fariñas define el proceso de globalización como un proceso de occidentalización, “un nuevo proceso de aculturación de un determinado modelo social, político, económico, jurídico, cultural y medioambiental”, que conlleva “el triunfo definitivo de la razón instrumental y de la racionalidad universal del mercado y del dinero”(FARIÑAS, 1997, 9). Un nuevo intento de homogeneizar la pluralidad, neutralizando y controlando las diferencias que amenazan a la imposición del modelo civilizatorio (FARIÑAS, 2000, 21). De la misma forma, Sen advierte “del abrumador poder de la cultura y del estilo de vida occidentales para socavar los modos de vida y las costumbres sociales tradicionales”, y de cómo “occidente sigue dominando tanto como antes y, en algunos aspectos, más que antes, sobre todo en temas culturales”(SEN, 2000, 291).

Se globaliza, de esta forma, un modelo de sociedad fragmentada y aislada donde se mina el concepto de humanidad como iguales en la diferencia, para marginarse la humanidad como cuerpo social, como igualdad garantía frente a la discriminación y como diferencia que permite la identidad y la autonomía. Con todo lo cual, se globaliza un determinado modelo local cultural y se margina toda cultura que pueda resultar emancipatoria para el hombre y pueda convertirse en obstáculo de la dominación, lo que implica aniquilar para la mayoría de la humanidad aquello que se defiende sin dubitaciones para una minoría selecta y lo que es la bandera del neoliberalismo: la libertad como posibilidad de ejercicio real de la autonomía de la voluntad (ver VAN PARIJS, 1993 y 1996). Hoy, capitalismo, neoliberalismo y globalización -pensamiento único-, son impuestos por los poderes mundiales centrales como realidades históricas connaturales a la esencia humana y, no sólo compatibles, sino posibilitadores de la defensa de la humanidad. Por ello, -dirá Fariñas- el proceso de globalización arrastra una “actitud generalizada e incuestionada de consolidación de las democracias neoliberales, de la economía capitalista, de los mercados financieros, de la concentración de poderes transnacionales en manos de multinacionales occidentales y del respeto universal y formal por los Derechos Humanos individuales, así como una fuerte dependencia económica de los países del tercer mundo respecto a los del denominado ‘primer’ mundo, a la vez que una inevitable interdependencia entre éstos últimos”(1997, 9).

Esa es la gran paradoja y el gran engaño ya que, como hemos analizado, la globalización que vivimos actualmente es un modelo de dominación que abraza la ideología neoliberal capitalista que presupone un modelo de democracias y de Estados de Derecho que van de la mano de economías liberales que se presentan con discursos de defensa de los derechos del hombre, pero con políticas desde las que no sólo es imposible la defensa de la vida y de la humanidad, sino que muchas veces configuran flagrantes violaciones a los mismos. Un modelo de globalización con pretensión de universalidad, pero que impide la universalización de la satisfacción de las necesidades básicas de millones de seres humanos, aumentando inexorablemente las desigualdades económicas mundiales6. Una globalización que mantiene la dominación de un primer mundo sobre otros terceros o cuartos -siempre últimos en la redistribución de los beneficios-, donde malviven millones de niños, mujeres y hombres que no tienen, ni tendrán, como lo predijo Malthus7, lugar para ellos en la mesa de los manjares mundiales8. Una globalización que esclaviza la vida de millones de seres humanos pobres -latinoamericanos, africanos, árabes, orientales, europeos del este, aborígenes- que trabajan en condiciones infrahumanas y alejados de la posibilidad de poder acceder a los beneficios del primer mundo, ya que la globalización no globaliza las fronteras para que las cruce el inmigrante pobre9.

Así, el modelo de globalización que se nos presenta como incuestionable es una ideología que borra diferencias culturales para homogeneizar pobreza y desamparo, para desestructurar identidades e historias y construir-destruir creativamente sobre ellas una razón instrumental basada en criterios de eficiencia financiera, compatibles y posibilitadores de un modelo de dominación y sujeción. De esta forma, se habrá conseguido, como dice Beneyto, normalizar las alternativas culturales para que no sean obstáculo a la dominación de un localismo, ya que “la homogeneización está bien en marcha y, una vez conseguida la transformación capitalista del antiguo bloque soviético, el objetivo inmediato es China, y, después el último reducto, el mundo del Islam”, desde que los “los benéficos efluvios del libre comercio y la expansión del capital deben llegar a todos los hombres de buena voluntad”(1997, 65). Hoy, podemos ver que las conclusiones a las que llegaba Beneyto son sangrantes realidades. El antiguo bloque soviético ya ha sido transformado y es un aliado de las políticas estadounidenses. China ya fue captada, en gran parte, por la economía de mercado y el consumismo, con lo que el resto es cuestión de tiempo. Más compleja resulta la conquista del mundo del Islam, pero el atentado del 11 de septiembre y sus posteriores consecuencias en la política internacional desnudan las verdaderas intenciones del modelo macroeconómico -combinación de dominio militar e imperialismo económico- que Estados Unidos, legitimado por el silencio europeo, despliegan sobre el mundo islámico y todo diferente que se revele, en busca del poder del petróleo y del control de las principales reservas energéticas del mundo con las cuales garantizar su hegemonía mundial10.

Con estos análisis, quién puede negar que la actual globalización es un fenómeno ideológico que acompaña a esta nueva revolución del capitalismo, que implica su desorden y el desprendimiento absoluto del modelo keynesiano de Estado de Bienestar, para arrastrarnos a un modelo de mundo, no ya de Estados, de malestar, de muerte, de hambre de la mayoría, y de excelencia hegemónica de una selecta minoría. En este escenario11, ¿qué posibilidades le quedan a los Derechos Humanos?


Notas

2 Estas conclusiones las podemos constatar con las justificaciones que Blair, Bush, Romano Prodi, Berlusconi, Aznar, y muchos otros líderes mundiales realizan de sus políticas. Bush, en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (marzo de 2002) celebrada en Monterrey, dijo que EE.UU. sólo dará ayuda al desarrollo a los países democráticos que favorezcan el libre comercio, lo que implica decir que abran sus fronteras a los capitales transnacionales y se conviertan gustosos en leña fungible de sus fuegos financieros.

3 Ejemplo de estas políticas es la relación de rivalidad que existe entre Brasil y Argentina para lograr que las empresas transnacionales se instalen en sus territorios. Esta puja se puede analizar como una de las causas del fracaso del proyecto del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y de desarme de lo que podría haberse estructurado como una estrategia de cosmopolitismo –al decir de Sousa Santos-, frente al actual modelo de globalización.

4 Para este tema, ver FARIÑAS (2000, especialmente el capítulo III); FERNÁNDEZ GARCÍA (2001, especialmente pág. 51 y sig. y 108 y sig.), y KYMLICKA, W. (1996)- Ciudadanía multicultural. Una teoría liberal de los derechos de las minorías. Trad. por C. Castells Audela- Paidós- Barcelona.

5 Cuando nos referimos a occidente lo hacemos, obviamente, desde una concepción política y cultural del término con lo que, en sentido restringido, nos referimos a Europa –la Europa también política- y a los Estados Unidos de Norteamérica. En sentido cultural y político amplio, occidente podría incluir al ámbito de influencia de la cultura occidental, con lo que tendríamos un occidente cultural hasta en el lado oriental del mundo. Igualmente, entendemos que sería posible un uso reivindicativo del término desde su acepción geográfica, desde la cual occidente es mucho más vasto, e incluiría no sólo a América Latina sino también a parte de África.

6 Según el Informe sobre el Desarrollo Humano 2000-2001 - Lucha contra la Pobreza, del Banco Mundial, las diferencias existentes entre los niveles de renta del cuartil más rico de la población y los del más pobre en el año 1900 eran de uno a cinco y ahora son de uno a diez. Igualmente, que el 20% más rico de la población mundial tiene una proporción de 80/1 respecto al 20% más pobre, y que hace 40 años era de 30/1; y que en un momento de riqueza sin precedentes para muchos países, 2.800 millones de personas que representan el 46% de la población mundial viven con menos de dos dólares por día y que el ingreso medio en los veinte países más ricos es 37 veces mayor que el de los veinte países más pobres, y que esta brecha se ha duplicado en los últimos cuarenta años.

7 Ver Malthus (1798- edición de 1951), especialmente el Libro 1º Sobre las limitaciones del desarrollo de la población… epígrafe I y II, Libro 3º De los diferentes sistemas o expedientes que se han propuesto o han prevalecido en la sociedad, en cuanto afectan a los males que provienen del principio de la población, y Libro 4º De nuestras futuras probabilidades de suprimir o aliviar los males que se derivan del principio de la población.

8 Según el Informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación de 1999 (FAO), en el mundo en desarrollo 800 millones de personas pasan hambre, lo que supera a la población de Europa y Norteamérica juntas. El informe anual de Unicef 2000 dice que 600 millones de niños en el mundo que tienen entre 1 y 5 años son pobres y no gozan de buena salud, por lo que 209 millones de niños sufren un retraso del crecimiento con consecuencias irreversibles para su desarrollo y más de 11 millones de niños mueren cada año víctimas de enfermedades evitables. Esto no es privativo de los países pobres, ya que Unicef asegura que 1 de cada 6 niños que residen en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE - que agrupa a las 29 naciones más desarrolladas del planeta, y que de América Latina sólo incluye a México) viven en condiciones de pobreza relativa (un hogar donde los ingresos están por debajo de la mitad del promedio nacional) y en la cual los países con más niños pobres son México con un 26,2% y Estados Unidos con un 22,4%.

9 Basta mirar para ello las realidades de explotación a las que son sometidas las personas que emigran a los países del primer mundo en busca de trabajo y de lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas y, porque no, tras el sueño de hacer realidad sus planes de vida. Ya lo saben en EE.UU. los miles de espaldas mojadas mexicanos, colombianos, guatemaltecos, salvadoreños, venezolanos, bolivianos, peruanos, argentinos, indios, negros, dispuestos a hacer lo que sea a cambio de la posibilidad de sobrevivir, aunque muchas veces en el paraíso de la democracia la supervivencia se transforme en una cruel pesadilla. En Europa, podemos preguntarles a los miles de latinoamericanos, negros, árabes, chinos, indios, europeos del este. A los marroquíes que mueren intentando llegar a las costas españolas, o los kurdos y rumaníes a las costas de Italia, o los afganos a las australianas, o chinos a las inglesas, y a todos los sin papeles -como si fuera necesario sumar la legalidad a la condición de ser humano para tener derecho a vivir dignamente-. Según datos del Informe sobre Desarrollo Humano 2000 del PNUD, el mundo industrializado ha atraído a millones de inmigrantes, se estima que en 1995 llegaron tan sólo a Europa de 26 a 30 millones de personas -y la situación, desde entonces, se ha agravado profundamente-, y que por lo menos 150 millones de trabajadores de todo el mundo estaban desempleados a fines de 1998 y hasta 900 millones estaban subempleados y, de ellos, 35 millones pertenecían a países de la OCDE. El mismo informe reconoce que la globalización y la presión a favor de un mercado laboral flexible compromete los ingresos, los derechos y la protección de los trabajadores, que el sistema de bienestar social está en decadencia y que se han reducido el número de los miembros de los sindicatos en todos los países, incluidos los de la OCDE.

10 Sobran, lamentablemente, otros ejemplos del modelo de política internacional que EE.UU ha desplegado sobre el mundo, especialmente en el Caribe y América Latina, en el Sudeste Asiático y en Oriente Próximo, como las dictaduras militares y las actuales dictaduras neoliberales que son impuestas como parte de la política económica a seguir por los países de América Latina, la campaña en Nicaragua contra los sandinistas, el bloqueo en contra de Cuba, el Plan Colombia, el apoyo al genocidio de Guatemala y a la guerra en El Salvador, la connivencia de EE.UU en las masacres en Indochina y a las que cometió Indonesia en la invasión a Timor Oriental, la colaboración-comercio de armas que EE.UU realizó con Turquía para la matanza del pueblo kurdo, la crítica participación a la guerra de los Balcanes y los bombardeos a Kosovo y Servia, el bloqueo al ex-funcional gobierno de Saddam, la injusta e ilegal guerra con el pueblo afgano, las amenazas a los gobiernos de Irán e Irak, el apoyo al conveniente Estado de Israel y a todos los pasados y presentes genocidios que Sharon realiza al pueblo palestino, y muchos más. Tampoco es posible olvidar que los que luego se convirtieron en enemigos del mundo democrático en palabras de EE.UU. habían sido preparados o agentes de sus mismos servicios secretos, o habían recibido apoyo incondicional de éstos para llegar al poder, como Trujillo, Mobutu, Marcos, Duvalier, Noriega, Videla, Pinochet, Suharto, Saddam Hussein, Bin Laden y los talibanes, entre otros. Ver CHOMSKY, 2001 y 1997.

11 Según el Informe Unicef 2000, alrededor de una tercera parte de los niños menores de 5 años en los países en desarrollo tienen bajo peso -indicio de desnutrición- y según, el Informe del PNUD 2000, en el mundo hay 250 millones de niños trabajadores y se mueren más de 30.000 niños cada día por causas básicamente prevenibles. Igualmente, en el mundo en desarrollo, 1.200 millones de personas tienen pobreza de ingreso, cerca de 1000 millones de adultos son analfabetos, 1000 millones de personas carecen de acceso al agua potable y más de 2400 millones no tienen acceso al saneamiento básico.


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