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 LECCIONES DE JOHANNESBURGO:
RETOS LOCALES Y GLOBALES PARA LA SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL Y SOCIAL

Desarrollo Humano Sustentable

Por  Iñaki Barcena   
Departamento de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco   

Tomado de Ecoportal.net   

Parte 1 / 4   

Introducción

Desde el 24 de Agosto hasta el 4 de Septiembre del 2002, la megaciudad de Johannesburgo en Sudáfrica fue el punto de encuentro de miles de personas llegadas de los cinco continentes para la celebración de la Cumbre de la Tierra sobre el Desarrollo Sostenible convocada por la Naciones Unidas. Al hilo de lo allí acontecido, con este escrito se pretende aportar una serie de datos y reflexiones que nos ayuden a afrontar los duros retos ambientales y sociales que tanto local como globalmente estamos obligados a asumir en el inicio del siglo XXI.

No era la primera vez que un evento internacional de este tipo se celebraba. Desde 1972, todos lo años acabados en dos las Naciones Unidas han celebrado una gran conferencia internacional para atajar los males que la crisis ambiental está provocando en la Tierra, por eso trataremos en primera instancia de hacer un repaso sobre las diferentes reuniones y cumbres para conocer sus cambiantes coyunturas políticas, sus temas centrales, sus logros y sus devenires para posteriormente intentar analizar los logros y enseñanzas de este importante evento internacional, enmarcado en el proceso hacia la sustentabilidad medioambiental y social.

Retrospectivas de las Conferencias de Estocolmo, Nairobi y Río de Janeiro

Solía decir mi profesora preferida de Historia que para hablar de la misma hacen falta al menos 50 años de distancia. Seamos pues prudentes. Solo han pasado 30 años desde la primera conferencia internacional convocada por las Naciones Unidas en Estocolmo en 1972 , con el título de "El hombre y la biosfera". Allí se produjo la primera voz de alarma gubernamental e internacional sobre la crisis ecológica y se defendió el ecodesarrollo (1) como medicina para evitar los daños ambientales y sociales creados por un modelo de desarrollo despilfarrador de recursos y creador de contaminación por tierra, mar y aire. Poco tardarían las Naciones Unidas en abandonar este término políticamente incorrecto por indicación del Sr. H. Kissinger, a la sazón embajador estadounidense. No obstante en el otro lado del muro, los soviéticos se jactaban de estar en mejores condiciones ambientales que el mundo occidental y de tener las herramientas (partido y estado socialista) para atajar "los males ecológicos inherentes a las sociedades capitalistas". Quien lo diría después de las tragedias de Chernobyl, del Mar del Aral o del asfixiante "Triángulo Negro" localizado entre Polonia y las desaparecidas Checoslovaquia y la RDA. Estocolmo, no obstante, tuvo de positivo el haber sido el inicio a un debate diplomático internacional sobre la crisis socioambiental, apercibiendo al mundo sobre los límites del crecimiento, en el mismo momento en que el Club de Roma publicaba sus informes de Meadows y Mesarovich entre otros.

Diez años después en Nairobi (Kenia) se asentó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) creado en Estocolmo y por primera vez empezaron a relacionarse las cuestiones del desarrollo y de la ecología quizás porque en aquel año conoce la luz el Informe Brandt, sobre las relaciones Norte-Sur donde se evidencia el saqueo permanente al que sometemos los países desarrollados a los países empobrecidos del hemisferio Sur. Su evidencia más flagrante se manifiesta en llamada "deuda externa" financiera que estos países deben pagar a las entidades crediticias internacionales tras haber seguido las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

A pesar de los intentos por acercar ambas perspectivas a un análisis conjunto, la del desarrollo y la ambiental, siguen siendo divergentes y casi opuestas (como en parte se ha evidenciado en Johannesburgo) ya que las preocupaciones de escritores, organizaciones y movimientos de ambas tendencias, con algunas excepciones, han andado durante décadas por sendas distintas (Sutcliffe, 1995). Ya por aquel entonces, a principios de la década de los 80 se había acuñado y difundido en los círculos ambientalistas internacionales el término desarrollo sostenible y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza junto al World Wildlife Fund y el PNUMA, que establecería su sede en Nairobi, lo definían en su Estrategia Mundial para la Conservación (1980) como "aquel que implica la mejora de la calidad de vida dentro de los límites de los ecosistemas".

Sin embargo fue la Comisión Mundial para el Desarrollo y el Medio Ambiente, un conjunto de varios cientos científicos y diplomáticos del Norte y del Sur, del Este y del Oeste, encargados de buscar durante 5 años los puntos de encuentro entre el desarrollo y la crisis ambiental. Así la publicación del Informe Brundtland en 1987 (Nuestro Futuro Común, Alianza, 1988) unió definitivamente los intereses conservacionistas y los desarrollistas con la introducción en el argot internacional del término -desarrollo sostenible-. En dicho informe se considera que la pobreza es el primer problema ambiental del planeta y que salir de ella significa aceptar el compromiso entre las generaciones actuales y las futuras para no devastar nuestras reservas.

Cinco años después del Informe Brundtland, en Río de Janeiro se produce el evento ecológico más relevante producido por la diplomacia internacional y por los nuevos movimientos sociales. En Río, la Cumbre de la Tierra reunió al mayor número de gobernantes estatales jamás visto en una conferencia de la ONU para aprobar la Carta de la Tierra, la Agenda 21 y los acuerdos sobre el Clima, la Biodiversidad y la Conservación de Bosques. Según el canadiense M. Strong, presidente de las cumbres de Estocolmo y Río, se trataba de pasar a programas concretos las recomendaciones del Informe Brundtland.

El momento político parecía inmejorable. La caída del socialismo real daba pie a entender las relaciones internacionales más allá de la guerra fría y el finiquitado binomio Este-Oeste posibilitaba el uso de los ingentes gastos militares para el dividendo por la paz.

Aún así los movimientos sociales y sus organizaciones de los cuatro puntos cardinales, rebautizados con el nombre de ONG-s, se reunieron en el Forum Global alternativo a 60 Kms. de la Cumbre oficial para establecer sus propios programas, críticas y acuerdos (Global Forum di Río, ISEDI, 1993). En Río, no obstante, el impacto mediático-político lo produjo George Bush padre, al recordar al mundo entero al comienzo de la Cumbre, que no iba allí a negociar el "american way of life", que sus pretensiones eran defender el nivel de vida de sus ciudadanos. Con esa entrada era fácil afirmar que no firmaría ni la Convención de Biodiversidad, ni la del Cambio Climático. Seguramente por las mismas razones hoy su hijo se niega a ratificar el Protocolo de Kyoto, al entender la sostenibilidad como algo que empieza y acaba en sus fronteras nacionales.

A pesar de ello, Río de Janeiro resultó ser el matrimonio entre ecología y economía, del que nacería un vástago denominado desarrollo sostenible. La alianza entre los gobiernos del Norte (para frenar el Cambio Climático) y los del Sur (para preservar la Biodiversidad) en favor de un modelo en el que lo que había de ser sostenible o sustentable ya no eran tanto los ecosistemas, sino el desarrollo económico entendido como crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB).


Notas

[1]  TAMAMES, R. (1974) :"Ecología y Desarrollo. La polémica sobre los límites del crecimiento" Alianza. Madrid.


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