Conclusión: los contradictorios discursos del
desarrollo sostenible
Johannesburgo ha sido una importante cita internacional en
ese largo proceso internacional abierto hace 30 años para intentar combatir
la crisis socio-ambiental. A partir de Río y de las buenas perspectivas que
se abrieron tras la Cumbre de la Tierra del 92 comenzamos a observar que
casi nadie ha renunciado a usar el vocablo -desarrollo sostenible- (J.Riechmann,1995)
que era el leit motiv de ésta Cumbre y de él se han producido docenas de
definiciones. Dada la profusión y diversidad de voces que lo utilizan, es
normal encontrar al menos tres discursos contrapuestos.
Una primera interpretación o discurso asimila desarrollo y
crecimiento sostenible e interpreta que sólo desde el aumento del pastel
productivo y del incremento crematístico será posible atender las demandas
ambientales. Sólo con más capital será posible sufragar los costos de la
recuperación ambiental. Aumentemos el negocio y la "mano invisible" del
mercado traerá, como siempre, los remedios. Neoliberalismo puro y duro. (
ver E.García,1999:14-25)
En segundo lugar están la modernización ecológica y la economía verde. Con
el desarrollo sostenible se reivindican la internalización de los costos
ambientales, la defensa del medio ambiente como un bien colectivo y los
impuestos ecológicos como forma de frenar los desaguisados ambientales. Con
eficacia y nuevas tecnologías vendrán las soluciones económicas y sociales.
En un distinto tercer plano se sitúan los que además de
eficiencia incluyen la suficiencia en el desarrollo sostenible y reivindican
la ecologización estructural y no decorativa de las relaciones sociales.
Reivindican los cambios de producción y consumo, acompañados de la justicia
social y la equidad y democracia participativa como herramientas de cambio
político (I. Barcena, 2001).
Dicho de otra forma, según Wolfgang Sachs existen al menos
tres miradas o perspectivas que otorgan al término desarrollo sostenible un
valor distinto según su interpretación del desarrollo, de sus límites en
términos de espacio y de tiempo y por la forma de relacionar ecología y
justicia.
A la luz de una primera perspectiva, el medio ambiente
emerge como una fuerza de propulsión para el crecimiento económico que tiene
sus líneas maestras en la creencia que el crecimiento es parte de la
solución y no del problema, la modernización ecológica es el camino para las
economías industriales, la eco-eficiencia es un nuevo e importante valor de
competición mercantil y así el mundo se divide en países deficitarios (Sur)
y países de alto rendimiento (Norte) que deben sacar a los primeros de su
situación de insuficiencia de capital, obsoleta tecnología, falta de
expertos y crecimiento económico negativo.
Una segunda perspectiva considera al globo planetario como
un objeto político y científico. La investigación de la biosfera es su campo
y la sostenibilidad es un reto para la gestión (management) global. El
escenario donde debe actuarse ya no es el Sur sino todo el planeta en su
conjunto. Esto conlleva la puesta de sus miras en la unificación política
mundial, normativas internacionales, sistemas de información globales,
pactos multilaterales y consejos mundiales de distintos tipos para un Plan
Marshall planetario.
Una tercera perspectiva ve al desarrollo sostenible ligado a
la vida local. Desde este ángulo, la causa principal de la degradación
ambiental es el desarrollismo, enfermedad a combatir y la justicia social un
elemento de debate prioritario en el Norte y en el Sur a la hora de discutir
las necesidades a atender. Enfrentarse a la oligárquica dominación de los
recursos del planeta por el Norte significa discutir y revisar los fines,
más que los medios. Hablar de eficiencia no sirve de nada si no se aporta
equidad y suficiencia.(W.Sachs,1997).
Ni que decir tiene que el discurso neoliberal del
crecimiento sostenido ha sido el que ha marcado la pauta en la década que va
de Río a Jo'burgo, sin embargo en la Cumbre de la Tierra el contraste y las
diferencias ha aparecido de forma pública y manifiesta, cosa que es de
agradecer.
Allí se han contrastado las diferentes maneras de entender
el desarrollo sostenible. Y hemos aprendido que si "oficialmente" la
sostenibilidad se asienta sobre tres patas, una social, otra ambiental y
otra económica, los movimientos sociales allí reunidos han sabido
apuntalarlas con el respeto a los derechos humanos y a la equidad en lo
social, con el comercio justo y la justa redistribución, el control de las
empresas, la erradicación de la deuda y la no-privatización de los recursos
naturales en lo económico, y con la participación, la transparencia, la
soberanía y la seguridad ambiental en lo político (5).