Parte 3/3
Conflictos potenciales durante la próxima década
Los rasgos generales de los posibles escenarios muestran que
en uno, habrá poca conflictividad interna, debido a la implementación de una
gobernabilidad autoritaria, que sin embargo, provocará a su vez una serie de
tensiones y posibles enfrentamientos en el ámbito internacional,
especialmente con Colombia. En cambio, en otro escenario de reconstrucción
de una gobernabilidad democrática, que se produciría en el marco de una
institucionalidad democrática sumamente debilitada y de una profunda crisis
económica y social, habrá múltiples conflictos en el entorno doméstico,
mientras se buscará un nuevo acercamiento con Colombia y Estados Unidos, así
como la reinserción en diferentes esquemas de integración y en el sistema
interamericano, en términos generales. Pero, independientemente de los
resultados de la actual crisis de ingobernabilidad, es previsible que en los
próximos años Venezuela siga volcada hacia adentro, tratando de resolver los
graves conflictos económicos, políticos y sociales que afronta, por lo que
su participación internacional estará relegada a un segundo plano.
El grado actual de conflictividad lleva a que se perciba el
problema de seguridad interno como el fundamental, por lo que, a diferencia
de otros casos hemisféricos, la problemática de seguridad regional y
hemisférica tiene poca importancia. No obstante, esta crisis conduce a que
Venezuela sea percibida, desde fuera, como uno de los problemas importantes
de seguridad no solamente de la región andina sino también del hemisferio.
Esta preocupación incluye el peligro de reversión de la democracia, las
crecientes amenazas en cuanto a terrorismo, la actividad del narcotráfico, y
también las repercusiones --especialmente para Colombia-- de su recesión
económica, y de la crisis petrolera. Si internamente existe el temor de una
posible "colombianización" del enfrentamiento, en el exterior comienzan a
aparecer las referencias sobre los peligros de una "venezolanización" de
algunos procesos, como han sido los casos de Ecuador y Bolivia.
Según Arévalo de León (2002a), las funciones básicas del
Estado son la "promoción del bienestar y el desarrollo; protección de la
sociedad y sus instituciones; integración de la sociedad, sus instituciones,
y su territorio." (p. 21) Un Estado es fuerte cuando puede cumplir con estas
funciones utilizando un mínimo de poder coercitivo, y mientras más eficaz
sea en su cumplimiento más legitimidad tendrá. Por el contrario, un Estado
que no las cumple será débil, pues enfrentará el rechazo y muchas veces la
resistencia de amplios sectores de la sociedad, perderá legitimidad y podrá
llegar incluso a períodos de ingobernabilidad pues el Estado no será capaz
de mantener el orden y de ejercer su autoridad por medios pacíficos, sino
tendrá que recurrir a la represión legal y física.
Venezuela se encuentra actualmente en este último caso y
está frente a una reedición de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) cuyas
principales características son: (Arévalo de León, 2002b): el Estado tiene
plena autonomía y está por encima de la sociedad; se fundamenta en la
concepción del "enemigo interno", bajo la cual se establece que existen
sectores políticos y sociales nacionales que amenazan la seguridad, por
tanto deben ser vigilados y neutralizados; el disenso y la crítica son una
traición; y las fuerzas armadas cumplen el papel de árbitro político y único
defensor de los intereses nacionales.
En los últimos meses se han acentuado estos rasgos de la DSN.
De producirse el escenario de continuidad del proceso "revolucionario",
habrá un fortalecimiento de esta doctrina Se acentuará el proceso mediante
el cual la DSN profundizará la monopolización por parte del Estado,
especialmente de los militares, de los temas de seguridad y la "securitización"
de temas, convirtiendo los problemas de orden político, económico y social
en puntos de la agenda de seguridad. Al hacer esto, además, los militares
quedarían fuera del control de los poderes civil y político, con lo cual se
produciría un proceso de desmoronamiento de la institucionalidad y de la
utilización de medidas intimidatorias, coercitivas y represivas. (Arévalo de
León, 2002a)
En el marco de esta concepción de la DSN, el actor principal
es la institución militar debido a que "los estrategas son los mejores
gerentes de la crisis" (Vela, 2002, p. 140). Se privilegian mecanismos
militares para enfrentar las amenazas a la seguridad, las cuales, a su vez,
son definidas por el Estado. Los militares pasan a determinar
unilateralmente tanto la agenda como las políticas de seguridad, y hay un
traspaso del poder constitucional al poder militar (las decisiones militares
están por encima de las leyes). La institución militar no forma parte de la
arquitectura institucional destinada a abordar la problemática de la
seguridad, sino se convierte en el elemento rector de ésta, al actuar sin
controles y contrapesos; no hay coordinación interinstitucional. Los poderes
del Estado, legislativo, judicial y, a veces, hasta el ejecutivo, pierden su
papel contralor de las fuerzas armadas, pues éstas se transforman en un ente
totalmente autónomo. En aras de mantener la seguridad nacional, la
institución militar hace desaparecer los marcos regulatorios que permiten la
transparencia de sus funciones, ámbitos, estructuras orgánicas y
procedimientos.
El 28 de noviembre de 2002, la Asamblea Nacional aprobó y
sancionó la Ley de Seguridad Nacional, la cual en la práctica ha retomado la
DSN. La nueva ley, "según el abogado constitucionalista Hermann Escarrá,
puede restringir la libertad de circulación, limita el derecho de propiedad
y el derecho de movilización democrática o derecho de protesta" (Veneconomía
Opina). De hecho, ya se han presenciado varios actos cónsonos con esa
visión de la seguridad nacional, como la apertura de juicios y el
encarcelamiento de dirigentes de oposición por, entre otros, rebelión civil,
la disolución violenta de una serie de protestas opositoras pacíficas y la
militarización de las instalaciones y actividades de PDVSA.
Asimismo, bajo la DSN se militariza la seguridad ciudadana
al aplicársele doctrinas, conceptos y metodologías militares y ésta pasa a
ser parte de la seguridad militar, con lo cual se debilita considerablemente
el cumplimiento de funciones de seguridad interior como la investigación,
obtención de pruebas, "colaboración con el poder judicial, conocimiento y
aplicación de la ley procesal." (Vela, 2002, p. 144) Además, la sociedad
pasa a formar parte de un sistema bélico, en el cual la población se
convierte en parte activa de la "defensa" y se forman grupos civiles
voluntarios encargados del control de la población, suministro de
información de inteligencia respecto al "adversario", e inclusive de
enfrentamiento y confrontación. Ejemplo de ello es la intervención de la
Policía Metropolitana por parte de los militares, con la amenaza de procesos
similares en otras policías municipales y estaduales, la actuación de grupos
paramilitares y de los llamados "círculos bolivarianos".
En este marco, los intereses y el proyecto de los actuales
dirigentes se han convertido en el proyecto e interés de la nación. Los
intereses de los demás sectores han quedado excluidos de la definición de lo
que es el interés nacional y, por tanto, los sectores que cuestionan el
actual proyecto "revolucionario" quedan excluidos de él. Esta es una
definición autoritaria del proyecto nacional, en contraposición a una
definición democrática, la cual buscaría establecer un pacto político entre
los diferentes actores, en torno a un proyecto que se desarrollaría de
acuerdo con principios y procedimientos claramente establecidos, y en torno
a los cuales existiría un consenso logrado mediante el diálogo y la
negociación entre los diferentes sectores.
Por tanto, en caso de que se produzca un cambio y se
comience un proceso de reconstrucción de la gobernabilidad democrática, los
retos más importantes de la seguridad serán cómo enfrentar las amenazas que
provienen del ámbito político y se relacionan con la incapacidad del Estado
para (González, 2002): 1) normar el estado de derecho, cuyos riesgos son:
actuaciones al margen de la ley, poderes paralelos, vulnerabilidad ante
diferentes focos de presión; 2) ejecutar programas a largo plazo, entre
cuyos riesgos se encuentra una continuidad de la crisis de gobernabilidad;
3) lograr una hegemonía política con el riesgo de la utilización del poder
coercitivo; y 4) la incapacidad de establecer una intermediación entre
sociedad y gobierno con el riesgo de una crisis de Estado. Mientras más
débil sea el Estado, más riegos corre ante las múltiples amenazas que
enfrentará.
En este sentido, en el corto y mediano plazo los retos en el
diseño de una política de seguridad (Arévalo de León, 2002b) incluirán la
afirmación de la naturaleza democrática de la concepción de seguridad,
asegurar la utilización de mecanismos de control democrático de las
actuaciones del Estado, establecer criterios de rendición de cuentas, así
como garantizar que las instituciones y actores del sector de seguridad
estén sujetos a la acción judicial. Otros retos importantes son que se
permita la incorporación de actores no estatales en la discusión de
políticas de seguridad, y se creen mecanismos que permitan su participación
en el diseño, ejecución y evaluación de dichas políticas.
La agenda de seguridad deberá incluir (Arévalo de León,
2002b): el análisis y planteamiento de reformas en cuanto al marco legal e
institucional de la seguridad pública, en temas tales como, los patrones de
reclutamiento y capacitación, desarrollo de una ética policial, mecanismos
de control y sanción institucional, fiscalización constante por parte de los
poderes ejecutivo, judicial y legislativo, el incremento de la capacidad de
investigación criminal y un proceso de reforma del sistema judicial para
evitar la impunidad. La sociedad civil puede desempeñar un papel de apoyo y
fiscalización de los organismos de seguridad.
Con respecto a las organizaciones de la sociedad civil, será
necesario que éstas incorporen en sus agendas aspectos relacionados con la
seguridad. El control civil sobre los militares, el seguimiento y
supervisión de sus actuaciones, la creación de mecanismos de rendición de
cuentas de los militares y de los presupuestos militares, así como el papel
de las fuerzas armadas dentro de la sociedad, son temas que deberían ser
incorporados en sus discusiones. En conclusión, se hace necesario un
"control social" de las actividades militares, especialmente después de la
aguda militarización a la cual ha estado sujeto el país.
Bibliografía
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reflexiones sobre la seguridad democrática". En Arévalo de León (coord.),
Seguridad democrática en Guatemala: desafíos de la transformación,
Guatemala, FLACSO, 2002.
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Arévalo de León (coord.): Seguridad democrática en Guatemala: desafíos de
la transformación, Guatemala, FLACSO, 2002b.
González, Patricia, "Apuntes para un diagnóstico de
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Guatemala, FLACSO, 2002.
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Margarita, David Smilde y Keta Stephany, Protesta y cultura en Venezuela,
Caracas, FACES/CENDES/FONACIT, 2002.
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Vela, Monolo, "El sistema de seguridad en Guatemala: un
debate de la postguerra". En Arévalo de León (coord.), Seguridad
democrática en Guatemala: desafíos de la transformación, Guatemala,
FLACSO, 2002.
Veneconomía Opina, Caracas, 20-23 de diciembre de 2002