Parte 2/2
¿Qué se puede hacer para prevenir la
violencia?
La violencia es un problema
polifacético, para el que no existe una solución sencilla o única; antes
bien, como pone de manifiesto el modelo ecológico empleado en el informe, es
necesario actuar simultáneamente en varios niveles y en múltiples sectores
de la sociedad para prevenirla. Por ejemplo:
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Hacer frente a los factores de
riesgo individuales y adoptar medidas encaminadas a fomentar actitudes y
comportamientos saludables en los niños y los jóvenes durante su
desarrollo y a modificar actitudes y comportamientos en los individuos
que ya se han vuelto violentos o corren riesgo de atentar contra sí
mismos. |
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Influir en las relaciones
personales más cercanas y trabajar para crear entornos familiares
saludables, así como brindar ayuda profesional y apoyo a las familias
disfuncionales. |
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Vigilar los lugares públicos,
como las escuelas, los lugares de trabajo y los barrios y tomar medidas
destinadas a hacer frente a los problemas que pueden conducir a la
violencia, así como a concienciar a la población sobre la violencia,
fomentar las actuaciones comunitarias y asegurar la asistencia y el
apoyo a las víctimas. |
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Hacer frente a las
desigualdades entre los sexos y a las actitudes y prácticas culturales
adversas. |
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Prestar atención a los
factores culturales, sociales y económicos más generales que contribuyen
a la violencia y tomar medidas para modificarlos, como las orientadas a
reducir las diferencias entre ricos y pobres y garantizar un acceso
igualitario a los bienes, los servicios y las oportunidades. |
En el informe se describen las distintas estrategias de
prevención que se han puesto en práctica en los distintos niveles y se
resumen las conclusiones referentes a su eficacia. Así, por ejemplo, se
muestra que las intervenciones realizadas durante la infancia, como los
programas de visita domiciliaria, han logrado frenar el maltrato de menores
y han resultado ser una de las actuaciones más prometedoras para lograr a
largo plazo un descenso de la violencia juvenil. También los programas de
formación parental y terapia familiar tienen efectos positivos a largo plazo
sobre la reducción de los comportamientos violentos y delictivos, y al cabo
del tiempo resultan menos costosos que otros programas de tratamiento.
Los programas que hacen hincapié en las aptitudes
relacionales y en la competencia social constituyen igualmente estrategias
prometedoras para poner coto a la violencia interpersonal, en tanto que el
tratamiento de los trastornos psíquicos y la aplicación de programas de
terapia comportamental pueden ofrecer posibilidades de reducir los
comportamientos suicidas. Otras medidas, como la de restringir el acceso a
los medios para matar o quitarse la vida, también han demostrado ser
eficaces para reducir las tasas de homicidio y suicidio en determinados
entornos.
En el informe se señala, no obstante, que son pocos los
programas que se han evaluado con rigor. Existe igualmente un desequilibrio
en la orientación de los programas: se concede menos interés a las
estrategias basadas en la comunidad y la sociedad que a los programas
centrados en los factores individuales y relacionales.
Enseñanzas que cabe sacar de la
experiencia
Aunque existen importantes lagunas en el conocimiento y se
necesitan urgentemente más investigaciones, se han extraído de la
experiencia algunas lecciones importantes sobre el modo de prevenir la
violencia y mitigar sus consecuencias.
A menudo la violencia es previsible y evitable
Aun siendo a veces difícil establecer una causalidad
directa, algunos factores parecen claramente predictivos de violencia.
Identificarlos y medirlos puede servir para advertir oportunamente a las
instancias decisorias de la necesidad de actuar. Además, la panoplia de
instrumentos para intervenir aumenta constantemente a medida que avanza la
investigación orientada hacia la salud pública.
Las inversiones "río arriba" dan resultados "río abajo"
En todo el mundo, las autoridades tienden a actuar sólo
después de que se hayan producido actos violentos. Sin embargo, invertir en
prevención, especialmente en actividades de prevención primaria que operan
antes de que lleguen a producirse los problemas, puede resultar más eficaz
con relación al costo y aportar beneficios considerables y duraderos.
Los recursos deben concentrarse en los grupos más
vulnerables
Aunque todas las clases sociales padecen la violencia, las
investigaciones demuestran que las personas de nivel socioeconómico más bajo
son las que corren mayor riesgo. Si se desea prevenir la violencia, se ha de
poner fin al abandono que sufren las necesidades de los pobres, que en la
mayoría de las sociedades son quienes suelen recibir menos atención de los
diversos servicios estatales de protección y asistencia.
El compromiso político de poner coto a la violencia es
vital para las iniciativas en el ámbito de la salud pública
Aunque es mucho lo que las organizaciones de base, los
individuos y las instituciones pueden lograr, el éxito de las iniciativas
emprendidas en el ámbito de la salud pública depende del compromiso
político. Éste es tan importante a nivel nacional, donde se toman las
decisiones políticas, legislativas y de financiación general, como a los
niveles provincial, de distrito y municipal, en los que reside la
responsabilidad de la administración cotidiana de las políticas y los
programas.
Medidas recomendadas
La naturaleza polifacética de la violencia exige el
compromiso de los gobiernos y las partes interesadas a todos los niveles de
la toma de decisiones: local, nacional e internacional. Las recomendaciones
siguientes reflejan esta necesidad de estrategias multisectoriales y de
colaboración.
Recomendación 1
Crear, aplicar y supervisar un plan nacional de acción para prevenir la
violencia
Los planes nacionales de prevención de la violencia deberían
basarse en un consenso desarrollado por un amplio abanico de agentes
gubernamentales y no gubernamentales. Tendrían que incluir, además, un
calendario y un mecanismo de evaluación y permitir la colaboración entre
sectores que podrían contribuir a prevenir la violencia, como el
jurídico-penal, el educativo, el laboral, el sanitario y el de bienestar
social.
Recomendación 2
Aumentar la capacidad de recolectar datos sobre la violencia
Es importante disponer de datos fidedignos sobre la
violencia, no sólo para fijar prioridades o poder utilizarlos como
orientación a la hora de elaborar y supervisar programas, sino también para
sensibilizar a la población. Sin información, poca presión puede ejercerse
para que las personas reconozcan el problema o reaccionen ante él. Además de
asegurar que la información se recabe a todos los niveles, es igualmente
importante adoptar normas aceptadas internacionalmente para la recolección
de datos que favorezcan la comparación de éstos entre las diversas naciones
y culturas.
Recomendación 3
Definir las prioridades y apoyar la investigación de las causas, las
consecuencias, los costos y la prevención de la violencia
A nivel nacional, puede impulsarse la investigación mediante
políticas gubernamentales, la participación directa de las instituciones
estatales y la financiación de actividades realizadas
por instituciones universitarias e investigadores
independientes. Entre otras numerosas prioridades en materia de
investigación, es urgente desarrollar o adaptar, probar y evaluar muchos más
programas de prevención, tanto en los países en desarrollo como en los
desarrollados. A nivel mundial, cabe citar entre las cuestiones que demandan
investigaciones transnacionales: la relación entre la violencia y diversos
aspectos de la globalización; los factores de riesgo y de protección comunes
a las distintas culturas y sociedades; y las estrategias de prevención
prometedoras aplicables en diversos contextos.
Recomendación 4
Promover respuestas de prevención primaria
La importancia de la prevención primaria –y la falta de la
programación pertinente en muchos países– es una cuestión que se repite a lo
largo de todo el Informe mundial sobre la violencia y la salud.
Algunas de las intervenciones de prevención primaria importantes para
reducir la violencia son:
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atención prenatal y perinatal
para las madres, así como programas de enriquecimiento preescolar y
desarrollo social para niños y adolescentes; |
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formación para un correcto
ejercicio de la paternidad y un mejor funcionamiento de la familia;
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mejoras en la infraestructura
urbana, tanto física como socioeconómica; |
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medidas para reducir las
heridas por armas de fuego y mejorar la seguridad en relación con éstas;
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campañas en los medios de
comunicación para modificar las actitudes, los comportamientos y las
normas sociales. |
Las dos primeras intervenciones son importantes para reducir
el maltrato y el abandono de menores, así como la violencia perpetrada
durante la adolescencia y la edad adulta. Las otras tres pueden repercutir
notablemente en distintos tipos de violencia. La mayor parte de estas
intervenciones pueden tener importantes efectos de refuerzo mutuo,
dependiendo de las condiciones imperantes en cada lugar.
Recomendación 5
Reforzar las respuestas a las víctimas de la violencia
Los sistemas nacionales de salud, en su conjunto, deberían
aspirar a dispensar una asistencia de alta calidad a las víctimas de todos
los tipos de violencia y a asegurar los servicios de rehabilitación y apoyo
necesarios para prevenir ulteriores complicaciones. Las prioridades son,
entre otras:
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mejorar los sistemas de
respuesta urgente y la capacidad del sector sanitario para tratar y
rehabilitar a las víctimas; |
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reconocer los signos de
incidentes violentos o de situaciones de violencia continua y enviar a
las víctimas a los organismos adecuados para ofrecerles seguimiento y
apoyo; |
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garantizar que los servicios
de salud, judiciales, policiales y sociales eviten la "revictimización"
de las víctimas y disuadan eficazmente a los autores de actos violentos
de reincidir; |
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ofrecer apoyo social,
programas de prevención y otros servicios para proteger a las familias
en riesgo de violencia y reducir el estrés de los cuidadores;
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incorporar al plan de estudios
de los estudiantes de medicina y enfermería módulos sobre prevención de
la violencia. |
Todas estas respuestas pueden contribuir a reducir al mínimo
las repercusiones de la violencia sobre los individuos y las familias y su
costo para los sistemas sanitarios y sociales.
Recomendación 6
Integrar la prevención de la violencia en las políticas sociales y
educativas y promover así la igualdad social y entre los sexos
Gran parte de la violencia guarda relación con las
desigualdades sociales y entre los sexos que elevan el riesgo para grandes
sectores de la población. En muchos lugares del mundo, las políticas y los
programas de protección social se encuentran sometidos a considerables
tensiones. Numerosos países han sufrido la caída de los salarios reales, el
deterioro de la infraestructura básica y una reducción constante de la
calidad y la cantidad de los servicios de salud, educativos y sociales. Dado
que estas condiciones guardan relación con la violencia, los gobiernos
deberían esforzarse al máximo por mantener los servicios de protección
social, reorganizando, si es preciso, las prioridades de sus presupuestos
nacionales.
Recomendación 7
Incrementar la colaboración y el intercambio de información sobre la
prevención de la violencia
Es preciso mejorar las relaciones de trabajo entre los
organismos internacionales, los gobiernos, los investigadores, las redes y
las organizaciones no gubernamentales involucrados en la prevención de la
violencia para favorecer la puesta en común de los conocimientos, el acuerdo
sobre los objetivos de la prevención y la coordinación de las actuaciones.
Se debería reconocer y alentar la contribución de los grupos de defensa de
derechos, como los preocupados por la violencia contra las mujeres, la
violación de los derechos humanos, el maltrato de ancianos y el suicidio,
con medidas prácticas, como concederles rango oficial en las conferencias
internacionales más importantes e incluirlos en los grupos oficiales de
trabajo.
Recomendación 8
Promover y supervisar el cumplimiento de los tratados internacionales y la
legislación y otros mecanismos de protección de los derechos humanos
A lo largo del último medio siglo, los gobiernos nacionales
han firmado diversos convenios jurídicos
internacionales que guardan relación directa con la violencia y su
prevención. Muchos países han ido armonizando su legislación con sus
obligaciones y compromisos internacionales, pero otros no lo han hecho. Allí
donde el obstáculo sea la escasez de recursos o de información, la comunidad
internacional debería hacer más para ayudar.
Recomendación 9
Buscar respuestas prácticas y consensuadas a nivel internacional al tráfico
mundial de drogas y de armas
El tráfico mundial de drogas y de armas es consustancial a
la violencia, tanto en los países en desarrollo como en los
industrializados. Incluso los avances modestos en cualquiera de estos dos
frentes contribuirán a reducir la magnitud y la intensidad de la violencia
que padecen millones de personas.
Conclusión
La violencia no es un problema social sin solución ni un
componente ineludible de la condición humana. Es mucho lo que podemos hacer
para arrostrarla y prevenirla. El mundo todavía no ha calibrado en su
totalidad la envergadura de la tarea ni dispone de todas las herramientas
para llevarla adelante, pero la base general de conocimientos se está
ampliando, y se ha adquirido ya mucha experiencia útil.
El Informe mundial sobre la violencia y la salud
intenta contribuir a esta base de conocimientos. Se confía en que inspirará
e impulsará la cooperación, la innovación y el compromiso para prevenir la
violencia en todo el mundo.
Comentarios
La violencia cercena anualmente la vida
de millones de personas en todo el mundo y daña la de muchos millones más.
No conoce fronteras geográficas, raciales, de edad ni de ingresos. Golpea a
niños, jóvenes, mujeres y ancianos. Llega a los hogares, las escuelas y los
lugares de trabajo. Los hombres y las mujeres de todas partes tienen el
derecho de vivir su vida y criar a sus hijos sin miedo a la violencia.
Tenemos que ayudarles a gozar de ese derecho, dejando bien claro que la
violencia puede prevenirse, y aunando esfuerzos para determinar sus causas
subyacentes y hacerles frente.
Kofi Annan, Secretario General de las
Naciones Unidas,
Premio Nobel de la Paz en 2001
Masacres, desplazamiento forzado de
poblaciones, discriminación en el acceso a la asistencia sanitaria... En el
marco en que trabaja MSF, la violencia, en especial la violencia política,
es frecuentemente una de las causas principales de mortalidad. La falta de
este epígrafe en los registros epidemiológicos suele reflejar la ambigüedad
de los médicos y los expertos ante las autoridades que detentan el poder.
Saludamos el presente informe, que rompe ese muro de silencio.
Morten Rostrup,
Presidente del Consejo Internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF),
Premio Nobel de la Paz en 1999
Necesitamos urgentemente un compromiso
mayor por incrementar los esfuerzos mundiales de prevención de la violencia.
Por eso, me congratulo de la aparición de este informe. Por primera vez se
presenta, reunido en una única publicación, todo el conocimiento disponible.
La sociedad civil y las organizaciones de las Naciones Unidas tienen que
trabajar en colaboración para aplicar las recomendaciones del presente
informe.
Jody Williams, Campaña Internacional
para la Prohibición de las Minas Terrestres,
Premio Nobel de la Paz en 1997
Mientras la humanidad siga recurriendo a la
violencia para resolver los conflictos, no habrá paz ni seguridad en el
mundo, y nuestra salud seguirá resintiéndose. Este informe es un elemento
importante para abrirnos los ojos a la realidad de la violencia como
problema de salud pública, y constituye una fuente de esperanza para el
futuro. Quizá sólo cuando nos demos cuenta de que la violencia está
destruyendo nuestros cuerpos y nuestras almas comenzaremos a hacer frente
colectivamente a sus raíces y a sus consecuencias. El presente informe es un
paso importante en esa dirección.
Oscar Arias, Ex presidente de Costa
Rica,
Premio Nobel de la Paz en 1987
La OMS brinda una contribución sustancial,
al ofrecer una perspectiva mundial de todas las formas de violencia. Hasta
ahora no se ha hecho frente adecuadamente, como problema de salud pública,
al colosal costo humano y social de la violencia. Este informe conducirá la
lucha contra la violencia a un nuevo nivel de compromiso de los trabajadores
de salud y otros. En IPPNW llevamos 20 años manteniendo que las armas
atómicas y la guerra nuclear son expresiones definitivas de violencia, que
deben eliminarse si queremos legar un planeta habitable a las generaciones
venideras.
Anton Chazov y Bernard Lown,
Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear
(IPPNW),
Premio Nobel de la Paz en 1985
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formato pdf (inglés)