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 BIOÉTICA Y BIOPÓLITICA EN AMÉRICA LATINA

  Por Francisco R. Parenti    

Parte 1 /4   

Este trabajo forma parte del libro "Bioética para sustentabilidad"
 Publicaciones Acuario del Centro Félix Varela de Cuba.
El Dr. Acosta Sariego fue el Editor Científico de este título

Resumen

La gestación de la bioética en la década del sesenta, su nacimiento en los inicios de la década del setenta y su rápido desarrollo en los lugares más variados del mundo, ponen de manifiesto la íntima relación existente entre bioética y sociedad civil.

En este trabajo, nos proponemos profundizar en las características de dicha relación, mostrando el horizonte de esperanza que abre la bioética en su proceso de institucionalización e internacionalización. La naturaleza dialéctica de recíproco condicionamiento entre bioética y sociedad plantea la exigencia de construir una bioética y una biopolítica desde América Latina íntimamente relacionadas entre sí y permite construir estrategias de desarrollo social desde la salud, cuyo ejemplo más significativo, en la actualidad, está constituido por la organización de Municipios Saludables impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La bioética constituye un horizonte de esperanza para la sociedad civil

Su gestación y nacimiento, en plena revolución tecnológica, constituye un gigantesco esfuerzo para encontrar respuestas a las innumerables inquietudes generadas por la dimensión tecnológica de la sociedad actual.

Nace, en medio de una verdadera explosión biotecnológica, en los centros de investigación, en los laboratorios de experimentación, como expresión de la profunda convicción sobre la incapacidad radical del conocimiento científico y del progreso tecnológico para construir, por sí solos, el bienestar de la humanidad.

Sus características fundamentales están constituidas por el pluralismo, el multiculturalismo y la transdisciplinariedad.

La bioética, por tanto, surge como un nuevo espacio de confluencia de saberes en el que se subraya la necesidad de respetar la multiplicidad de las voces. En este contexto pluralista, el diálogo y la tolerancia son ingredientes fundamentales, con la necesaria prudencia por un lado y la inevitable osadía por el otro. Desde este punto de vista, es importante señalar, para evitar equívocos sobre el estatuto epistemológico de la bioética, que esta nació basada en el pluralismo existente de hecho en las sociedades democráticas, en el respeto por las opciones libres, soberanas y conscientes de los individuos y de las sociedades humanas, siempre que dichas decisiones no avasallen la libertad y los derechos de los otros individuos y de las otras sociedades y no —como muchas veces se pretende— por la necesidad de reglamentar o legalizar todo y, mucho menos, basada en las prohibiciones y vetos como si fuese una «ética del no».

Para ella, lo esencial es la libertad con compromiso y responsabilidad.

Cuando prevalece una excesiva necesidad de reglamentar o legislar toda acción humana, se cae en el peligro de confundir ética y derecho, lo que genera situaciones verdaderamente contraproducentes. Los problemas generados por la ingeniería genética o la reproducción asistida, no se resuelven con una apresurada legislación.

Muchas veces los comités de ética se ven convocados a pronunciarse sobre diversas innovaciones biotecnológicas. No debemos perder de vista que, dado que las propuestas éticas se dirigen siempre a la conciencia moral y a la voluntad libre de cada uno, no poseen un carácter de obligatoriedad universal, como ocurre con la ley. Sería sumamente negativo que las opiniones o consejos éticos se disfrazaran con la fuerza del derecho al transformar los consejos en leyes. Las reglamentaciones jurídicas siempre son normativas, estipulan el curso de acción que se debe cumplir; la ponderación ética, en cambio, reflexiona sobre los posibles cursos de acción. Tal vez algo de esto haya ocurrido con la introducción apresurada de algunas legislaciones a propósito de la clonación, orientadas a prohibir indiscriminadamente toda investigación sobre la clonación humana, sin tomar en cuenta los eventuales beneficios en la investigación médica.

Al confundir ética con derecho, se reduce el dominio ampliado de la primera al más restringido del segundo, y se desvirtúan simultáneamente la esfera de la ética y la del derecho. Este se ejerce en el plano estrictamente normativo; la ética, aunque asume también una dimensión normativa, en la formulación de los diversos cursos de acción, evidencia su especificidad en la determinación del obrar humano. «La ética constituye esencialmente una sabiduría práctica o un juicio prudencial, reflexión que enuncia los principios del obrar humano y los aplica a las diversas situaciones concretas, siempre inéditas, delineando cursos de acción siempre justificados y flexibles.»1

La bioética se desarrolla en el ámbito de la ética de la sociedad civil, llamada también ética cívica. Esta surge en el seno de la sociedad democrática, que es, de hecho, una sociedad plural en la que pueden convivir distintos modos de pensar y diversas formas de creencias que exigen la construcción de una ética civil, es decir, una ética de mínimos que puedan ser compartidos por todos los miembros de dicha sociedad. Es una ética racional, plural y laica. Indaga la dimensión ética de la vida humana en cuanto esta tiene repercusión en la sociedad civil.

Afirmar la dimensión racional y la autonomía individual no debe desmerecer, como señala H. Arendt, el otro pilar fundamental: la conciencia de la alteridad. Esta es la consideración primera en todo intento por construir una ética pluralista y secularizada. Debe ser laica o aconfesional precisamente porque es plural.

Desde aquí se puede apreciar por qué el papel de la filosofía en la indagación bioética no está ligado al éxito o fracaso de ciertas teorías éticas. Toda fundamentación está afectada por los límites de la racionalidad humana. Esta se manifiesta, precisamente, como plural, gradual y falible. Pero no nos exime del desarrollo de las habilidades argumentativas y dialógicas que nos permiten buscar y dar razones fundadas para justificar o descartar una decisión. La falibilidad afecta a toda tarea racional, al impedir la construcción de pautas de acción absolutas e incontrovertibles. Pero ello tampoco significa relativismo. Se puede y se debe argumentar con coherencia lógica buscando y dando razones.

El pensamiento crítico puede descubrir razones mejores que otras en la justificación de una decisión, aunque no nos sea dado esperar de una teoría ética la resolución absoluta de todos los conflictos y dilemas éticos. Lo contrario sería caer en el dogmatismo o en el moralismo estéril. «La bioética, dice Hottois, manifiesta la multiplicidad irreductible de nuestras sociedades y, en el caso contrario, el carácter dogmático, totalitario, y, por tanto, intolerable, de toda voluntad no pacífica de dar a la bioética respuestas con pretensión universal ancladas en principios y fundamentos absolutos que se impongan por ser las únicas verdades.»2

La ética civil es, además, como ya hemos señalado, una ética de mínimos, una ética que busca el mínimo moral común de una sociedad pluralista que garantiza a todos y cada uno de sus miembros la posibilidad de desarrollar sus propios proyectos humanos, culturales o religiosos. No es, por tanto, independiente, ni se opone a la ética de máximos; todo lo contrario, la supone, precisamente porque las personas viven en su propia realidad sus éticas de máximos, es decir, su modo propio de entender la felicidad. La sociedad democrática permite el desarrollo de comunidades morales particulares con sus éticas de máximos, siempre y cuando no atenten contra estos mínimos. Este pluralismo moral está en la base de la tarea bioética.

Se trata, por tanto, de una ética mínima común, y en cuanto tal no puede pretender ser totalizadora ni identificarse con un tipo de religión determinado. Para ser una ética común deberá reflejar necesariamente un diálogo entre las diversas sensibilidades éticas que haga posible un cierto consenso social.3

La bioética, desde su nacimiento, se identifica históricamente con la nueva mentalidad emergente del movimiento de los derechos humanos surgido en los siglos xvii y xviii, reafirmado en el juicio de Nüremberg en 1947 y con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en 1948.

Se expande rápidamente, en su desarrollo histórico, a lo largo y a lo ancho de la sociedad civil en general, conscientizando a los hombres sobre su dignidad personal y comunitaria, el valor de la vida humana y del ser humano y las condiciones indispensables para su desarrollo.

En este marco, la bioética instaura una profunda transformación en la relación entre los profesionales de la salud y los pacientes, que va produciendo un fuerte impacto sociocultural.

Esta profunda transformación que se realiza en el ámbito más reducido de la bioética, se corresponde con una transformación similar en el área más amplia de la biopolítica.

En la esfera de la salud, se va imponiendo, en los ensayos clínicos, la necesidad de contar con la aprobación de un comité de ética de investigación. Especialistas, con formación académica en ética, son convocados como consultores para una mejor toma de decisiones. Simultáneamente, las cátedras de bioética van integrando, cada vez más, los planes de estudio de grado y de posgrado de los profesionales de la salud.

La bioética ha ido conformando en estos últimos años un importante cuerpo doctrinal que ha dado lugar a posgrados de especialización. No se debe perder de vista la realidad multicultural que siempre debe mediar la pretensión transcultural de la bioética.

Es digno de destacarse que, así como en Europa ha surgido la idea de preparar una Maestría General en Bioética, organizada por las universidades de Nimega (Holanda), Lovaina (Bélgica), Padua (Italia) y Madrid (España), en América Latina, el Programa Regional de Bioética para América Latina y el Caribe de la OPS/OMS ha organizado una Maestría Internacional en Bioética con la finalidad de formar recursos humanos para organizar, en sus respectivos países de origen y con el apoyo técnico de dicho Programa, diversos centros de especialización y enseñanza en el continente.

Estas iniciativas contribuyen a la creación de innumerables proyectos de investigación pluridisciplinares y multiculturales que son testimonio de la pujanza creciente de la bioética en nuestros días y en nuestra región.

En el orden sociopolítico, esta transformación (de la relación paternalista en una relación dialógica que respeta la autonomía), se corresponde, como señalábamos más arriba, con un fuerte impacto sociocultural.

La bioética, de este modo, promueve una relación horizontal basada en el respeto mutuo. Se revaloriza la confidencialidad, la fidelidad, la privacidad, la veracidad y el consentimiento informado.

Se intensifica un amplio debate que, iniciado en el área de la salud, involucra sectores cada vez más amplios de la sociedad en la discusión de problemáticas tales como la fertilidad asistida, la esterilización, el aborto, el concepto de muerte, la eutanasia, el suicidio asistido, la ingeniería genética, los alimentos transgénicos, los sistemas de salud y el concepto de calidad de vida versus cantidad de vida.

En síntesis, la bioética constituye un horizonte de esperanza para la sociedad civil, al introducir y hacer circular en su seno la convicción profunda de la radical insuficiencia del conocimiento científico para garantizar el desarrollo y progreso de la humanidad, al señalar la necesidad de un nuevo espacio transcultural donde puedan confluir los diversos saberes y se puedan escuchar todas las voces.

La vigencia de los derechos humanos como contenido material de una ética cívica; el carácter permanentemente revisable, y en ese sentido siempre provisorio, de los acuerdos consensuados; la participación democrática de la sociedad en las grandes decisiones vinculadas a su bienestar, y la creciente toma de conciencia colectiva de la comunidad como tal, llevan a cuestionar la finalidad misma de la ciencia y de los procesos que desencadena para su prosecución.


Notas

1 V. Garrafa. «Bioética, saude e ciudadania.» O Mundo da Saude, vol. 23, no. 5, 1999. En varios puntos de este trabajo sigo de cerca el estimulante pensamiento de V. Garrafa.

2 G. Hottois. «Bioéthique et Droits de l´Homme.» En: J. Triana; G. Hottois; F. Parenti y otros. Bioética y derechos humanos. Bogotá, Ediciones El Bosque, 1998. [Colección Bios y Ethos]

3 F. Parenti. «Paradigma bioético y corporalidad.» Bioética desde América Latina, año I, no. 1. Bioética y Sociedad. Editada por el Programa Interdisciplinario de Bioética para la Región. Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, 2000: 14.


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