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Parte 1 /4
Este trabajo forma parte del libro "Bioética
para sustentabilidad"
Publicaciones Acuario del Centro Félix Varela de Cuba.
El Dr. Acosta Sariego fue el Editor Científico de este título
Resumen
La gestación de la bioética en la década del sesenta, su
nacimiento en los inicios de la década del setenta y su rápido
desarrollo en los lugares más variados del mundo, ponen de manifiesto la
íntima relación existente entre bioética y sociedad civil.
En este trabajo, nos proponemos profundizar en las
características de dicha relación, mostrando el horizonte de esperanza que
abre la bioética en su proceso de institucionalización e
internacionalización. La naturaleza dialéctica de recíproco condicionamiento
entre bioética y sociedad plantea la exigencia de construir una bioética y
una biopolítica desde América Latina íntimamente relacionadas entre sí y
permite construir estrategias de desarrollo social desde la salud, cuyo
ejemplo más significativo, en la actualidad, está constituido por la
organización de Municipios Saludables impulsada por la Organización Mundial
de la Salud (OMS).
La bioética constituye un horizonte de esperanza para la
sociedad civil
Su gestación y nacimiento, en plena revolución tecnológica,
constituye un gigantesco esfuerzo para encontrar respuestas a las
innumerables inquietudes generadas por la dimensión tecnológica de la
sociedad actual.
Nace, en medio de una verdadera explosión biotecnológica, en
los centros de investigación, en los laboratorios de experimentación, como
expresión de la profunda convicción sobre la incapacidad radical del
conocimiento científico y del progreso tecnológico para construir, por sí
solos, el bienestar de la humanidad.
Sus características fundamentales están constituidas por el
pluralismo, el multiculturalismo y la transdisciplinariedad.
La bioética, por tanto, surge como un nuevo espacio de
confluencia de saberes en el que se subraya la necesidad de respetar la
multiplicidad de las voces. En este contexto pluralista, el diálogo y la
tolerancia son ingredientes fundamentales, con la necesaria prudencia por un
lado y la inevitable osadía por el otro. Desde este punto de vista, es
importante señalar, para evitar equívocos sobre el estatuto epistemológico
de la bioética, que esta nació basada en el pluralismo existente de hecho en
las sociedades democráticas, en el respeto por las opciones libres,
soberanas y conscientes de los individuos y de las sociedades humanas,
siempre que dichas decisiones no avasallen la libertad y los derechos de los
otros individuos y de las otras sociedades y no —como muchas veces se
pretende— por la necesidad de reglamentar o legalizar todo y, mucho menos,
basada en las prohibiciones y vetos como si fuese una «ética del no».
Para ella, lo esencial es la libertad con compromiso y
responsabilidad.
Cuando prevalece una excesiva necesidad de reglamentar o
legislar toda acción humana, se cae en el peligro de confundir ética y
derecho, lo que genera situaciones verdaderamente contraproducentes. Los
problemas generados por la ingeniería genética o la reproducción asistida,
no se resuelven con una apresurada legislación.
Muchas veces los comités de ética se ven convocados a
pronunciarse sobre diversas innovaciones biotecnológicas. No debemos perder
de vista que, dado que las propuestas éticas se dirigen siempre a la
conciencia moral y a la voluntad libre de cada uno, no poseen un carácter de
obligatoriedad universal, como ocurre con la ley. Sería sumamente negativo
que las opiniones o consejos éticos se disfrazaran con la fuerza del derecho
al transformar los consejos en leyes. Las reglamentaciones jurídicas siempre
son normativas, estipulan el curso de acción que se debe cumplir; la
ponderación ética, en cambio, reflexiona sobre los posibles cursos de
acción. Tal vez algo de esto haya ocurrido con la introducción apresurada de
algunas legislaciones a propósito de la clonación, orientadas a prohibir
indiscriminadamente toda investigación sobre la clonación humana, sin tomar
en cuenta los eventuales beneficios en la investigación médica.
Al confundir ética con derecho, se reduce el dominio
ampliado de la primera al más restringido del segundo, y se desvirtúan
simultáneamente la esfera de la ética y la del derecho. Este se ejerce en el
plano estrictamente normativo; la ética, aunque asume también una dimensión
normativa, en la formulación de los diversos cursos de acción, evidencia su
especificidad en la determinación del obrar humano. «La ética constituye
esencialmente una sabiduría práctica o un juicio prudencial, reflexión que
enuncia los principios del obrar humano y los aplica a las diversas
situaciones concretas, siempre inéditas, delineando cursos de acción siempre
justificados y flexibles.» 1
La bioética se desarrolla en el ámbito de la ética de la
sociedad civil, llamada también ética cívica. Esta surge en el seno de la
sociedad democrática, que es, de hecho, una sociedad plural en la que pueden
convivir distintos modos de pensar y diversas formas de creencias que exigen
la construcción de una ética civil, es decir, una ética de mínimos que
puedan ser compartidos por todos los miembros de dicha sociedad. Es una
ética racional, plural y laica. Indaga la dimensión ética de la vida humana
en cuanto esta tiene repercusión en la sociedad civil.
Afirmar la dimensión racional y la autonomía individual no
debe desmerecer, como señala H. Arendt, el otro pilar fundamental: la
conciencia de la alteridad. Esta es la consideración primera en todo intento
por construir una ética pluralista y secularizada. Debe ser laica o
aconfesional precisamente porque es plural.
Desde aquí se puede apreciar por qué el papel de la
filosofía en la indagación bioética no está ligado al éxito o fracaso de
ciertas teorías éticas. Toda fundamentación está afectada por los límites de
la racionalidad humana. Esta se manifiesta, precisamente, como plural,
gradual y falible. Pero no nos exime del desarrollo de las habilidades
argumentativas y dialógicas que nos permiten buscar y dar razones fundadas
para justificar o descartar una decisión. La falibilidad afecta a toda tarea
racional, al impedir la construcción de pautas de acción absolutas e
incontrovertibles. Pero ello tampoco significa relativismo. Se puede y se
debe argumentar con coherencia lógica buscando y dando razones.
El pensamiento crítico puede descubrir razones mejores que
otras en la justificación de una decisión, aunque no nos sea dado esperar de
una teoría ética la resolución absoluta de todos los conflictos y dilemas
éticos. Lo contrario sería caer en el dogmatismo o en el moralismo estéril.
«La bioética, dice Hottois, manifiesta la multiplicidad irreductible de
nuestras sociedades y, en el caso contrario, el carácter dogmático,
totalitario, y, por tanto, intolerable, de toda voluntad no pacífica de dar
a la bioética respuestas con pretensión universal ancladas en principios y
fundamentos absolutos que se impongan por ser las únicas verdades.» 2
La ética civil es, además, como ya hemos señalado, una ética
de mínimos, una ética que busca el mínimo moral común de una sociedad
pluralista que garantiza a todos y cada uno de sus miembros la posibilidad
de desarrollar sus propios proyectos humanos, culturales o religiosos. No
es, por tanto, independiente, ni se opone a la ética de máximos; todo lo
contrario, la supone, precisamente porque las personas viven en su propia
realidad sus éticas de máximos, es decir, su modo propio de entender la
felicidad. La sociedad democrática permite el desarrollo de comunidades
morales particulares con sus éticas de máximos, siempre y cuando no atenten
contra estos mínimos. Este pluralismo moral está en la base de la tarea
bioética.
Se trata, por tanto, de una ética mínima común, y en cuanto
tal no puede pretender ser totalizadora ni identificarse con un tipo de
religión determinado. Para ser una ética común deberá reflejar
necesariamente un diálogo entre las diversas sensibilidades éticas que haga
posible un cierto consenso social. 3
La bioética, desde su nacimiento, se identifica
históricamente con la nueva mentalidad emergente del movimiento de los
derechos humanos surgido en los siglos xvii y xviii, reafirmado en el juicio
de Nüremberg en 1947 y con la Declaración Universal de los Derechos del
Hombre en 1948.
Se expande rápidamente, en su desarrollo histórico, a lo
largo y a lo ancho de la sociedad civil en general, conscientizando a los
hombres sobre su dignidad personal y comunitaria, el valor de la vida humana
y del ser humano y las condiciones indispensables para su desarrollo.
En este marco, la bioética instaura una profunda
transformación en la relación entre los profesionales de la salud y los
pacientes, que va produciendo un fuerte impacto sociocultural.
Esta profunda transformación que se realiza en el ámbito más
reducido de la bioética, se corresponde con una transformación similar en el
área más amplia de la biopolítica.
En la esfera de la salud, se va imponiendo, en los ensayos
clínicos, la necesidad de contar con la aprobación de un comité de ética de
investigación. Especialistas, con formación académica en ética, son
convocados como consultores para una mejor toma de decisiones.
Simultáneamente, las cátedras de bioética van integrando, cada vez más, los
planes de estudio de grado y de posgrado de los profesionales de la salud.
La bioética ha ido conformando en estos últimos años un
importante cuerpo doctrinal que ha dado lugar a posgrados de
especialización. No se debe perder de vista la realidad multicultural que
siempre debe mediar la pretensión transcultural de la bioética.
Es digno de destacarse que, así como en Europa ha surgido la
idea de preparar una Maestría General en Bioética, organizada por las
universidades de Nimega (Holanda), Lovaina (Bélgica), Padua (Italia) y
Madrid (España), en América Latina, el Programa Regional de Bioética para
América Latina y el Caribe de la OPS/OMS ha organizado una Maestría
Internacional en Bioética con la finalidad de formar recursos humanos para
organizar, en sus respectivos países de origen y con el apoyo técnico de
dicho Programa, diversos centros de especialización y enseñanza en el
continente.
Estas iniciativas contribuyen a la creación de innumerables
proyectos de investigación pluridisciplinares y multiculturales que son
testimonio de la pujanza creciente de la bioética en nuestros días y en
nuestra región.
En el orden sociopolítico, esta transformación (de la
relación paternalista en una relación dialógica que respeta la autonomía),
se corresponde, como señalábamos más arriba, con un fuerte impacto
sociocultural.
La bioética, de este modo, promueve una relación horizontal
basada en el respeto mutuo. Se revaloriza la confidencialidad, la fidelidad,
la privacidad, la veracidad y el consentimiento informado.
Se intensifica un amplio debate que, iniciado en el área de
la salud, involucra sectores cada vez más amplios de la sociedad en la
discusión de problemáticas tales como la fertilidad asistida, la
esterilización, el aborto, el concepto de muerte, la eutanasia, el suicidio
asistido, la ingeniería genética, los alimentos transgénicos, los sistemas
de salud y el concepto de calidad de vida versus cantidad de vida.
En síntesis, la bioética constituye un horizonte de
esperanza para la sociedad civil, al introducir y hacer circular en su seno
la convicción profunda de la radical insuficiencia del conocimiento
científico para garantizar el desarrollo y progreso de la humanidad, al
señalar la necesidad de un nuevo espacio transcultural donde puedan confluir
los diversos saberes y se puedan escuchar todas las voces.
La vigencia de los derechos humanos como contenido material
de una ética cívica; el carácter permanentemente revisable, y en ese sentido
siempre provisorio, de los acuerdos consensuados; la participación
democrática de la sociedad en las grandes decisiones vinculadas a su
bienestar, y la creciente toma de conciencia colectiva de la comunidad como
tal, llevan a cuestionar la finalidad misma de la ciencia y de los procesos
que desencadena para su prosecución.
Notas
1 V. Garrafa. «Bioética, saude e
ciudadania.» O Mundo da Saude, vol. 23, no. 5, 1999. En varios puntos
de este trabajo sigo de cerca el estimulante pensamiento de V. Garrafa.
2 G. Hottois. «Bioéthique et
Droits de l´Homme.» En: J. Triana; G. Hottois; F. Parenti y otros.
Bioética y derechos humanos. Bogotá, Ediciones El Bosque, 1998.
[Colección Bios y Ethos]
3 F. Parenti. «Paradigma bioético
y corporalidad.» Bioética desde América Latina, año I, no. 1.
Bioética y Sociedad. Editada por el Programa Interdisciplinario de
Bioética para la Región. Facultad de Humanidades y Artes, Universidad
Nacional de Rosario, 2000: 14.
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