Institucionalización e internacionalización de la
bioética
La bioética, a partir de la convicción de la radical
insuficiencia del conocimiento científico para el progreso de la humanidad,
ha ido profundizando la comunicación entre ciencia y sociedad y la discusión
comunitaria de los fines mismos de la ciencia y la tecnología (dimensión
democrática de la ciencia). Por otro lado, ha profundizado también la
creciente comunicación entre los postulados de la bioética y las
planificaciones de las diversas políticas de gobierno (dimensión ética de la
política).
Esta presencia de las consideraciones bioéticas en la toma
de decisiones políticas se debe no solo al reconocimiento por parte de
algunos políticos de su potencial para prevenir eventuales problemas
sociales, sino también, y principalmente, a exigencias de la misma sociedad.
A nadie se le escapa que muchas veces se trata de procedimientos meramente
formales para dar cumplimiento a determinadas disposiciones. Pero en
términos generales, indican la exigencia de dar prioridad a criterios de
decisión que desbordan los meros intereses economicistas y políticos
habitualmente dominantes, como también otros intereses sectoriales
(religiosos, científicos, etcétera), y privilegian la promoción de la
dignidad y el bienestar del hombre como persona y como cuerpo social.
El complejo problema, por ejemplo, de los escasos recursos
en salud, su racionalización y su accesibilidad, solo puede ser abordado a
partir de una profunda reflexión sobre las teorías éticas de la justicia. La
implementación y el funcionamiento de los comités de ética pueden ayudar a
encontrar una mejor perspectiva de comprensión acerca de las condiciones de
realización de los ensayos clínicos, la determinación de la obligatoriedad o
no de las pruebas del SIDA, los antecedentes genéticos, los criterios de
verificación de la muerte cerebral o de las normas para la experimentación
con embriones.
El proceso de institucionalización de la bioética se fue
dando, desde el inicio, mediante la creación de los llamados comités de
ética, de asistencia hospitalaria o de investigación. En la década del
ochenta, asistimos no solo a la multiplicación de los primeros comités de
ética, sino también a la constitución de las primeras comisiones nacionales.
En 1983, en Francia, se crea el Comité Consultif National d´Éthique pour les
Sciences de la Vie et de la Santé, medida que rápidamente se extiende por
toda Europa.
Se pasa, luego, a la creación de comités internacionales. En
1985, el Consejo de Europa crea el Comité Ad Hoc de’Experts sur la
Bioéthique (CAHBI).
En la década del noventa se crean nuevas comisiones
internacionales. En 1993, la International Commitee of Bioethics de las
Naciones Unidas; en 1994, la Academia Pontificia para la Vida, fundada por
Juan Pablo II.
Normalmente, las comisiones nacionales tienen una función
fundamentalmente consultiva, y las comisiones internacionales asumen,
sobretodo, una función normativa, que se expresa bajo la fórmula de
recomendación, de convención, o de declaración, que, por un lado, van
otorgando cierta función normativa a las deliberaciones éticas y, por otro,
buscan una mayor armonización de los procedimientos.
Estos hechos muestran una coparticipación creciente de
preocupaciones comunes de las sociedades interesadas en la supervivencia del
hombre y en la integridad de su identidad moral. Por otro lado, expresan
también el esfuerzo por lograr un consenso y una armonización internacional
de las normas ético-jurídicas que han dado lugar al planteo de una «ética
global» por H. Küng, y también de la «bioética global» de V. R. Potter.
La entidad más significativa que promueve la bioética en el
ámbito mundial es la Asociación Internacional de Bioética (International
Association of Bioethics), constituida en 1992 con la finalidad de facilitar
el intercambio entre todos los que trabajan en bioética en distintas partes
del mundo; organizar reuniones internacionales de bioética (ya ha realizado
cinco congresos mundiales); estimular la investigación y la enseñanza de la
bioética y garantizar una discusión abierta y racional en las discusiones
sobre el tema. Al mismo tiempo, es responsable de la publicación
Bioethics.
En la UNESCO existe el Comité Internacional de Bioética, que
elaboró la Declaración Universal del Genoma Humano y de los Derechos Humanos
en 1997.
En los Estados Unidos, Canadá y Europa encontramos muchas
asociaciones de bioética muy importantes y con prestigiosas publicaciones
especializadas.
En Asia existe la Asociación Bioética Asiática, que reúne
instituciones de China, Japón, Indonesia y otros países.
En América Latina y el Caribe tenemos la Federación
Latinoamericana y del Caribe de Instituciones de Bioética (FELAIB), que ya
ha organizado varios congresos latinoamericanos. Tenemos, además, el
Programa Regional de Bioética para América Latina y el Caribe de la OPS-OMS,
con sede en Chile, que viene realizando una importante tarea en la formación
de recursos humanos. Edita, además, una publicación especializada, Acta
Bioética.*
La bioética impacta en la sociedad civil, al contribuir a la
conscientización de sus miembros acerca de su identidad personal y
comunitaria y de la dignidad intrínseca que les asiste. Por otra parte, la
sociedad, a su vez, incide en el desarrollo de la bioética al desechar toda
importación simplista de esta, y al exigir coherencia y correspondencia
entre los valores compartidos en la sociedad civil y la práctica bioética.
No se trata de transplantar prácticas establecidas en otros países, sino de
desarrollar un trabajo autóctono.
Se están verificando signos muy significativos en este
sentido. Por ejemplo, a la tendencia a sobrevalorar la autonomía en los
países anglosajones se le opone resistencia en Europa y en América Latina, y
se advierte cierta reacción generalizada en su contra, en particular contra
el principalismo y los enfoques liberales. Muchas veces, como propuesta
alternativa, se definen y se defienden otros principios como rectores de la
reflexión bioética.
En el debate filosófico actual Norte-Sur y Sur-Sur,
asistimos a un esfuerzo notable para reconstruir el discurso ético. ¿Cómo y
dónde está actuando el compromiso por la vida? El diálogo con las corrientes
contemporáneas, la confrontación y el consenso se hacen necesarios para el
ejercicio ético comprometido con la vida. La liberación es materia de
discernimiento ético. ¿Hasta dónde es posible para nosotros pensar
éticamente fuera del conflicto Norte-Sur? Las secuelas de las dictaduras
militares, el reajuste económico, la creciente deuda externa, constituyeron
el marco en el cual se implantaron los modelos neoliberales en América
Latina. En algunos países en forma drástica, y en otros en forma gradual.
Pero en todos vaticinando una estabilidad y un crecimiento que, en los
hechos, están significando mayor desocupación, aumento de la pobreza extrema
y crecientes niveles de exclusión social. Nuestras economías y nuestras
vidas cada día están más atadas a decisiones hegemónicas tomadas por los
centros del capital internacional. De acuerdo con estadísticas conocidas, el
20% de la humanidad dispone de más del 80% de las riquezas y la brecha entre
el 20% que más tiene y el 20% que menos tiene se ha duplicado en los últimos
años. Ya no se puede hablar más de Tercer Mundo, porque las dos terceras
partes de la humanidad vive en condiciones de pobreza. Es inevitable
preguntarse cuál es el tipo de ética que se debe construir en este contexto
de democracia tan frágil y condicionada. Nos parece importante dejar
señalada, si bien no podemos ocuparnos de su desarrollo en este trabajo, la
encrucijada en que se encuentra la ética en este conflicto Norte-Sur,
ciertamente determinante para la reflexión bioética. No ayuda importar
acríticamente los modelos conceptuales de otras latitudes, surgidos en
contextos históricos muy diferentes.