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Parte 4 /4
El futuro de la bioética en América Latina estará
íntimamente relacionado con la biopolítica.
Si bien es cierto que la bioética, hoy, después de un largo
recorrido de tres décadas, pareciera estar repensando seriamente la
propuesta inicial de Potter, no lo es menos que el contexto histórico
político de injusticia y exclusión social que impera en América Latina
constituye un terreno fértil para una relectura de los textos del padre de
la bioética.
Para Van Rensselaer Potter, la bioética debe desarrollar,
con sabiduría, el programa para la supervivencia que la naturaleza nos ha
dado. «La especie humana es el único producto de la evolución que sabe que
ha evolucionado y que quiere continuar evolucionando. En este sentido, la
bioética es el desarrollo de una sabiduría biológica que nos permite usar el
conocimiento para sobrevivir, generación tras generación.»4
Un año antes de su muerte, en la apertura del Congreso
Internacional de Bioética, efectuado en Gijón, V. R. Potter5
señaló, entre otras cosas, tres aspectos que me parecen fundamentales para
lograr este propósito. En primer lugar, la necesidad de una nueva ética, una bio-ética, porque la ética tradicional versa sobre la «interacción entre
gente y gente», mientras que «la bioética trata sobre la interacción entre
la gente y los sistemas biológicos»; en segundo lugar, la necesidad de una
acción política: «necesitamos, manifestó, que la acción política reivindique
el liderazgo que se necesita para conseguir una bioética social de
continuidad a largo plazo» y, en tercer lugar, subrayó la urgencia de dicha
acción, parafraseando al presidente Roosvelt: «nunca antes hemos tenido tan
poco tiempo para hacer tantas cosas». Pidió rapidez en las decisiones y la
implicación de todos los sectores, pues, según dijo, «es difícil exagerar la
urgencia de invertir el sentido de las tendencias de deterioro
medioambientales».
Este es el punto de convergencia entre la bioética y la
biopolítica, que, en el contexto latinoamericano, puede adquirir toda su
fuerza transformadora.
Para lograr una supervivencia aceptable, «la bioética
mundial, siempre en las palabras de Potter, debe evolucionar hacia una
bioética social a escala mundial políticamente activa», y la biopolítica
deberá lograr que «la nueva ética que está emergiendo pueda traducirse en un
conjunto nuevo, más humano, de prioridades mundiales, nuevas instituciones
mundiales y nuevos niveles de cooperación mundial». 6
Un programa bioético con estas dimensiones, en nuestra
realidad latinoamericana, debería trabajar principalmente sobre cuatro ejes
principales:
1. Recuperar los valores de justicia, ciudadanía, derechos
humanos, libertad, participación, solidaridad.
La lucha contra las situaciones concretas de injusticia en
nuestras sociedades nos ofrece la posibilidad de trabajar en una teoría de
la justicia a partir de la voluntad de destruir esas situaciones de
injusticia cuya base fundamental es la exclusión. En realidad, el ideal de
justicia es siempre un ideal regulativo que nos orienta en la lucha contra
las situaciones de injusticia, al permitirnos una supervivencia
sustentable en la que se garantice la promoción de la dignidad humana.
2. Recuperar la dimensión ética del espacio público.
Hacer del hombre el gestor y el actor de su vivir es
ciertamente una tarea emancipadora que debe concebir el poder en términos
de biopoder y biolegitimidad. Pero no se puede reducir la biopolítica a la
esfera de lo individual y privado, sino que, por el contrario, debe
trascender a la esfera de lo público.
Se debe mantener un equilibrio entre el saber
(tecnociencia), el poder (la política) y el deber-valorativo (la ética).
Este equilibrio se rompe cuando se consolida la desigualdad en el mercado
entre los excluyentes y los excluidos, lo que da lugar a una sociedad
enferma, opresiva y con creciente exclusión social.
No es posible, por ejemplo, considerar al científico como
parte de una elite al margen de la responsabilidad ciudadana y de la
esfera de lo público.
Recluir la ética en la esfera estrictamente privada es
vaciar de su dimensión ética al espacio público y desconocer la
construcción social de la ética.
3. Garantizar el respeto por el medio ambiente y la
biodiversidad.
El éxito financiero debe evaluarse sobre la base del
mejoramiento de la calidad de vida en todo el planeta, y contribuir a la
más desafiante tarea de revertir las tendencias destructivas. Más aún, el
concepto de ganancia debe ser redefinido, para incluir las dimensiones de
riqueza interior, la preservación de recursos naturales como medidas
valorables en la prosperidad de las naciones, mejor salud y protección de
la biodiversidad, los que constituyen la «genuina» ganancia de la
sociedad.
La estructura económica prevaleciente debe ser rápidamente
rediseñada y reorganizada para poder operar sobre bases a largo plazo. La
política ambiental reactiva está llena de defectos y existe la gran
necesidad de cambiar de estrategias de «reacción y cambio» a estrategias
de «anticipación y prevención.7
En última instancia se trata de ampliar un enfoque teórico
meramente antropocéntrico desde una visión biocéntrica con todas las
consecuencias que implicaría en el campo de la ética, la economía, la
educación, la diplomacia y la paz.
4. Construir una nueva sociedad civil democrática y
participativa. Estrategia de los Municipios Saludables.
Por todo lo expuesto, creemos que una bioética desde la
perspectiva de América Latina tendrá que cultivar la prudencia que
proviene de la sabiduría práctica, con la osadía de defender y reclamar
las exigencias éticas que no tienen todavía expresión jurídica en nuestra
sociedad.
El derecho a la vida es parte integrante de los derechos
fundamentales.
La ciudadanía está íntimamente relacionada con la justicia
social y la salud está ligada a los derechos humanos y a la ciudadanía.
La tarea bioética, por tanto, está profundamente
identificada con la construcción de una nueva sociedad civil democrática y
participativa. La estrategia de los Municipios Saludables de la OMS es una
de las manifestaciones más visibles e importantes de esta participación
democrática en la práctica real de la salud pública. La promoción de la
salud como una tarea de todos y la propuesta de desarrollo social desde la
salud, se relacionan con la importancia que en la democratización de la
vida ciudadana van adquiriendo los procesos de descentralización y de
fortalecimiento municipal como una manera de distribuir más
equitativamente la salud.
Las formas diferentes de abordar la salud y de enfrentar
las inequidades constituyen un pilar indispensable para el desarrollo
colectivo de una sociedad.
Trabajar por una supervivencia aceptable, luchar contra la
exclusión y la injusticia y defender y ejercer el derecho a la vida-salud,
exige comprender y desarrollar la necesaria complementariedad entre la
bioética y la biopolítica en el marco de la lucha por una nueva sociedad
en América Latina y en el mundo.
Notas
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