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 BIOÉTICA Y BIOPÓLITICA EN AMÉRICA LATINA

  Por Francisco R. Parenti    

Parte 4 /4   

El futuro de la bioética en América Latina estará íntimamente relacionado con la biopolítica.

Si bien es cierto que la bioética, hoy, después de un largo recorrido de tres décadas, pareciera estar repensando seriamente la propuesta inicial de Potter, no lo es menos que el contexto histórico político de injusticia y exclusión social que impera en América Latina constituye un terreno fértil para una relectura de los textos del padre de la bioética.

Para Van Rensselaer Potter, la bioética debe desarrollar, con sabiduría, el programa para la supervivencia que la naturaleza nos ha dado. «La especie humana es el único producto de la evolución que sabe que ha evolucionado y que quiere continuar evolucionando. En este sentido, la bioética es el desarrollo de una sabiduría biológica que nos permite usar el conocimiento para sobrevivir, generación tras generación.»4

Un año antes de su muerte, en la apertura del Congreso Internacional de Bioética, efectuado en Gijón, V. R. Potter5 señaló, entre otras cosas, tres aspectos que me parecen fundamentales para lograr este propósito. En primer lugar, la necesidad de una nueva ética, una bio-ética, porque la ética tradicional versa sobre la «interacción entre gente y gente», mientras que «la bioética trata sobre la interacción entre la gente y los sistemas biológicos»; en segundo lugar, la necesidad de una acción política: «necesitamos, manifestó, que la acción política reivindique el liderazgo que se necesita para conseguir una bioética social de continuidad a largo plazo» y, en tercer lugar, subrayó la urgencia de dicha acción, parafraseando al presidente Roosvelt: «nunca antes hemos tenido tan poco tiempo para hacer tantas cosas». Pidió rapidez en las decisiones y la implicación de todos los sectores, pues, según dijo, «es difícil exagerar la urgencia de invertir el sentido de las tendencias de deterioro medioambientales».

Este es el punto de convergencia entre la bioética y la biopolítica, que, en el contexto latinoamericano, puede adquirir toda su fuerza transformadora.

Para lograr una supervivencia aceptable, «la bioética mundial, siempre en las palabras de Potter, debe evolucionar hacia una bioética social a escala mundial políticamente activa», y la biopolítica deberá lograr que «la nueva ética que está emergiendo pueda traducirse en un conjunto nuevo, más humano, de prioridades mundiales, nuevas instituciones mundiales y nuevos niveles de cooperación mundial».6

Un programa bioético con estas dimensiones, en nuestra realidad latinoamericana, debería trabajar principalmente sobre cuatro ejes principales:

1. Recuperar los valores de justicia, ciudadanía, derechos humanos, libertad, participación, solidaridad.

La lucha contra las situaciones concretas de injusticia en nuestras sociedades nos ofrece la posibilidad de trabajar en una teoría de la justicia a partir de la voluntad de destruir esas situaciones de injusticia cuya base fundamental es la exclusión. En realidad, el ideal de justicia es siempre un ideal regulativo que nos orienta en la lucha contra las situaciones de injusticia, al permitirnos una supervivencia sustentable en la que se garantice la promoción de la dignidad humana.

2. Recuperar la dimensión ética del espacio público.

Hacer del hombre el gestor y el actor de su vivir es ciertamente una tarea emancipadora que debe concebir el poder en términos de biopoder y biolegitimidad. Pero no se puede reducir la biopolítica a la esfera de lo individual y privado, sino que, por el contrario, debe trascender a la esfera de lo público.

Se debe mantener un equilibrio entre el saber (tecnociencia), el poder (la política) y el deber-valorativo (la ética). Este equilibrio se rompe cuando se consolida la desigualdad en el mercado entre los excluyentes y los excluidos, lo que da lugar a una sociedad enferma, opresiva y con creciente exclusión social.

No es posible, por ejemplo, considerar al científico como parte de una elite al margen de la responsabilidad ciudadana y de la esfera de lo público.

Recluir la ética en la esfera estrictamente privada es vaciar de su dimensión ética al espacio público y desconocer la construcción social de la ética.

3. Garantizar el respeto por el medio ambiente y la biodiversidad.

El éxito financiero debe evaluarse sobre la base del mejoramiento de la calidad de vida en todo el planeta, y contribuir a la más desafiante tarea de revertir las tendencias destructivas. Más aún, el concepto de ganancia debe ser redefinido, para incluir las dimensiones de riqueza interior, la preservación de recursos naturales como medidas valorables en la prosperidad de las naciones, mejor salud y protección de la biodiversidad, los que constituyen la «genuina» ganancia de la sociedad.

La estructura económica prevaleciente debe ser rápidamente rediseñada y reorganizada para poder operar sobre bases a largo plazo. La política ambiental reactiva está llena de defectos y existe la gran necesidad de cambiar de estrategias de «reacción y cambio» a estrategias de «anticipación y prevención.7

En última instancia se trata de ampliar un enfoque teórico meramente antropocéntrico desde una visión biocéntrica con todas las consecuencias que implicaría en el campo de la ética, la economía, la educación, la diplomacia y la paz.

4. Construir una nueva sociedad civil democrática y participativa. Estrategia de los Municipios Saludables.

Por todo lo expuesto, creemos que una bioética desde la perspectiva de América Latina tendrá que cultivar la prudencia que proviene de la sabiduría práctica, con la osadía de defender y reclamar las exigencias éticas que no tienen todavía expresión jurídica en nuestra sociedad.

El derecho a la vida es parte integrante de los derechos fundamentales.

La ciudadanía está íntimamente relacionada con la justicia social y la salud está ligada a los derechos humanos y a la ciudadanía.

La tarea bioética, por tanto, está profundamente identificada con la construcción de una nueva sociedad civil democrática y participativa. La estrategia de los Municipios Saludables de la OMS es una de las manifestaciones más visibles e importantes de esta participación democrática en la práctica real de la salud pública. La promoción de la salud como una tarea de todos y la propuesta de desarrollo social desde la salud, se relacionan con la importancia que en la democratización de la vida ciudadana van adquiriendo los procesos de descentralización y de fortalecimiento municipal como una manera de distribuir más equitativamente la salud.

Las formas diferentes de abordar la salud y de enfrentar las inequidades constituyen un pilar indispensable para el desarrollo colectivo de una sociedad.

Trabajar por una supervivencia aceptable, luchar contra la exclusión y la injusticia y defender y ejercer el derecho a la vida-salud, exige comprender y desarrollar la necesaria complementariedad entre la bioética y la biopolítica en el marco de la lucha por una nueva sociedad en América Latina y en el mundo.


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