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Parte 1 / 3
Algunos problemas de la comunicación
La más antigua entidad del sistema de Naciones Unidas, la International
Telecommunication Union, (ITU) – nacida en el siglo pasado como la Unión
Telegráfica Internacional – ya ha hecho su convocatoria. Las conferencias
regionales están en marcha.
A medida que se acerque la fecha las preguntas sobre el futuro que allí se
estará configurando dejarán de ser sólo tecnológicas, para tomar un
creciente rostro político y cultural. Si la información es el gran recurso
del siglo XXI ese debate en Ginebra será clave para definir los parámetros
en que se producirá nuestra inserción en los nuevos mapas de la globalidad.
Las preguntas volverán a la esencia donde retornamos cada cierto tiempo: ¿Y
aquí los ciudadanos donde estarán? ¿Tendremos más o menos democracia en
medio de esta expansión digital? ¿Qué traerá a los hombres y mujeres de este
continente la creciente revolución comunicacional? ¿Cuánto nos falta por
saber para no quedarnos atrás?
Las preguntas no son tan distintas de aquellas que a mediados de los setenta
atizaron la puesta en marcha de un gran movimiento de investigadores de la
comunicación en este continente. En muchos casos, la pérdida de la
democracia en la región era más que suficiente motivo para pensar desde esa
realidad la transformación comunicacional que vivía el mundo. Los debates en
el seno de la UNESCO fueron tan intensos que Estados Unidos y luego el Reino
Unido terminaron por alejarse de la entidad. La conferencia de 1976 fue
especialmente ilustrativa de esta situación. De todo ello emergió la
Comisión Internacional para los Problemas de la Comunicación, más conocida
como Comisión MacBride que en 1980 dio a conocer su Informe Final.1
Pero si los gobiernos y ciertas entidades internacionales de prensa
levantaban el dedo para calificar de "peligro totalitario" la propuesta de
un nuevo orden informativo, al interior de la ITU fue vista en esos mismo
años por las grandes corporaciones de este campo como una "oportunidad" para
lanzar una gran política de inversiones en infraestructuras de
telecomunicación. Progresivamente el debate político sobre la
comunicación
perdió presencia en la UNESCO, mientras las grandes personalidades de la
política mundial optaban por la ITU como escenario para hacer sus propuestas
sobre la "Information Society" y la "Supercarretera de la Información".
Globales, alternativos y locales
En 1980 nació la CNN. Pero también en los umbrales de esa década comenzaron
a articularse las redes computaciones. Quienes impulsaban la llamada
"comunicación alternativa" sabían que allí se estaba construyendo una
historia de nuevas posibilidades. Los más intuitivos entre nosotros fueron
los brasileños y gente como Carlos Afonso, en IBASE, fueron pioneros para
hablar del poder de las redes en la base social.
Así los tiempos coincidieron para poner en marcha dos fenómenos que hoy se
entrelazan. La CNN y otras experiencias similares iniciaban un nuevo camino
para "lo global" en las comunicaciones. Las experiencias alternativas
comenzaban a descubrir que "lo local" podía articularse con otros que
también estaban en lo mismo y tejer una red usando los nuevos recursos
comunicacionales.
En 1987 escribimos un artículo en la revista TELOS, de España, donde
avanzábamos algunas interpretaciones de lo que estaba ocurriendo en este
campo.2 Aún no había llegado Internet, pero los sistemas de correo
electrónico ya estaban permitiendo trabajar en acciones coordinadas
globalmente. Un ejemplo concreto era la forma como Amnesty International
(AI) había logrado perfeccionar su trabajo de urgencia.
Desde hace un par de meses AI, la organización preocupada de los derechos
humanos y los presos de conciencia en todo el mundo, puso en marcha la "Red
de Acción Urgente". Para ello usa los microcomputadores, los modems
(tarjetas de comunicaciones), los teléfonos y todo el instrumental que las
redes teleinformáticas están multiplicando con gran celeridad, gracias a los
cuales ha logrado un impacto significativo en su tarea. Alrededor del 35% de
los casos de acción urgente reportaron un cambio favorable: presos
"desaparecidos" que reaparecen, sentencias de muerte conmutadas, situaciones
de incomunica-ción que terminan.
Desde el momento que Amnesty International recibe una denuncia urgente, pone
toda la información dentro de una conferencia electrónica cuya clave es "Al.
UAN". Son las letras en inglés correspondientes a Amnesty International:
Urgent Action Network. Sin duda, el elemento clave de esta operación es la
velocidad del trabajo. Amnesty International difunde la información urgente
en pocas horas, y también de un día para otro comienza a sentirse la presión
en favor del perseguido. El gran salto se dio gracias a un nuevo mundo de
comunicaciones: las redes de microcomputadores (TELOS,N°14, Madrid).
En ese mismo trabajo señalábamos las dudas y desafíos que las entidades
sociales tenían frente a estas nuevas formas de comunicación. Dudas hoy,
plenamente resueltas.
Es habitual que estas entidades se aproximen con dudas y resguardos a los
microcomputadores y las redes. A algunos les preocupan las intervenciones
"invisibles" que puedan recoger las informaciones y hacer mal uso de ellas.
A otras les parecen prácticas de alta tecnología y de países desarrollados,
lejanas de las necesidades inmediatas de la base social. A otros les
preocupan los costos que es-tas comunicaciones puedan llegar a tener. Las
tres formas de preocupaciones se van superando con la experimentación misma.
La efectividad de la acción a través de las redes demuestra que, más allá
de posibles intrusos, lo importante es la agilidad informativa para
perfeccionar coordinaciones (TELOS, ibid).
Esas acciones pioneras y esas dudas ya son historia. Dos décadas después
tenemos suficientes elementos para ver el impacto que esas tecnologías han
traído al escenario de lo político social y también las nuevas preguntas
generadas.
En agosto de 1991 tuvo lugar el intento de golpe militar contra el
parlamento ruso en lo que aún era la Unión Soviética. Los golpistas
siguieron un modelo clásico: ocuparon inmediatamente los estudios y torres
de control de la radio y la televisión y pusieron bajo control los diarios y
agencias de noticias. Pero en su diseño no entró la ocupación de una modesta
oficina con un par de computadores donde funcionaba una emergente
organización ecologista, la "Glasnet", juego de palabras con glasnost,
concepto clave en la apertura que condujo al fin del régimen comunista.
Glasnet, conectada por teléfono a los computadores de otras redes de
Finlandia y del resto del mundo, estaba enviando permanentes comunicados
desde Moscú, dando a conocer lo que ocurría y transmitiendo el discurso de
Jeltzin parado arriba de un tanque y las reacciones que el golpe había
gestado en la confusa sociedad moscovita y en el resto del mundo soviético,
ya en crisis. Fue un momento clave para demostrar que otro mundo de
comunicaciones, instalado en medio de la sociedad civil y conectado a otras
entidades similares en el resto del mundo, podía cruzar las fronteras y
generar corrientes de opinión que circulaban por circuitos distintos a los
creados por los "mass-media" del siglo XX.
En 1994, Alvin y Heidi Toffler indicaron que:
"Esta sociedad civil internacional, enlazada gracias a
los recursos tecnológicos más sofisticados (que a menudo son precisamente
los más sencillos de utilizar), ha ganado una significativa presencia en el
debate y la discusión política en numerosas naciones, de la misma forma que
se ha diversificado y cobrado presencia también en el plano internacional".
Para algunos analistas "el ciberespacio, al menos hasta ahora, manifiesta
una pluralidad mayor que la del mundo real."3
Notas
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