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 DEMOCRACIA Y COMUNICACIÓN EN EL SIGLO XXI

Comunicaciones

  Por Fernando Reyes Matta    

 Parte 1 / 3

Algunos problemas de la comunicación

La más antigua entidad del sistema de Naciones Unidas, la International Telecommunication Union, (ITU) – nacida en el siglo pasado como la Unión Telegráfica Internacional – ya ha hecho su convocatoria. Las conferencias regionales están en marcha.

A medida que se acerque la fecha las preguntas sobre el futuro que allí se estará configurando dejarán de ser sólo tecnológicas, para tomar un creciente rostro político y cultural. Si la información es el gran recurso del siglo XXI ese debate en Ginebra será clave para definir los parámetros en que se producirá nuestra inserción en los nuevos mapas de la globalidad. Las preguntas volverán a la esencia donde retornamos cada cierto tiempo: ¿Y aquí los ciudadanos donde estarán? ¿Tendremos más o menos democracia en medio de esta expansión digital? ¿Qué traerá a los hombres y mujeres de este continente la creciente revolución comunicacional? ¿Cuánto nos falta por saber para no quedarnos atrás?

Las preguntas no son tan distintas de aquellas que a mediados de los setenta atizaron la puesta en marcha de un gran movimiento de investigadores de la comunicación en este continente. En muchos casos, la pérdida de la democracia en la región era más que suficiente motivo para pensar desde esa realidad la transformación comunicacional que vivía el mundo. Los debates en el seno de la UNESCO fueron tan intensos que Estados Unidos y luego el Reino Unido terminaron por alejarse de la entidad. La conferencia de 1976 fue especialmente ilustrativa de esta situación. De todo ello emergió la Comisión Internacional para los Problemas de la Comunicación, más conocida como Comisión MacBride que en 1980 dio a conocer su Informe Final.1

Pero si los gobiernos y ciertas entidades internacionales de prensa levantaban el dedo para calificar de "peligro totalitario" la propuesta de un nuevo orden informativo, al interior de la ITU fue vista en esos mismo años por las grandes corporaciones de este campo como una "oportunidad" para lanzar una gran política de inversiones en infraestructuras de telecomunicación. Progresivamente el debate político sobre la comunicación perdió presencia en la UNESCO, mientras las grandes personalidades de la política mundial optaban por la ITU como escenario para hacer sus propuestas sobre la "Information Society" y la "Supercarretera de la Información".

Globales, alternativos y locales

En 1980 nació la CNN. Pero también en los umbrales de esa década comenzaron a articularse las redes computaciones. Quienes impulsaban la llamada "comunicación alternativa" sabían que allí se estaba construyendo una historia de nuevas posibilidades. Los más intuitivos entre nosotros fueron los brasileños y gente como Carlos Afonso, en IBASE, fueron pioneros para hablar del poder de las redes en la base social.

Así los tiempos coincidieron para poner en marcha dos fenómenos que hoy se entrelazan. La CNN y otras experiencias similares iniciaban un nuevo camino para "lo global" en las comunicaciones. Las experiencias alternativas comenzaban a descubrir que "lo local" podía articularse con otros que también estaban en lo mismo y tejer una red usando los nuevos recursos comunicacionales.

En 1987 escribimos un artículo en la revista TELOS, de España, donde avanzábamos algunas interpretaciones de lo que estaba ocurriendo en este campo.2 Aún no había llegado Internet, pero los sistemas de correo electrónico ya estaban permitiendo trabajar en acciones coordinadas globalmente. Un ejemplo concreto era la forma como Amnesty International (AI) había logrado perfeccionar su trabajo de urgencia.

Desde hace un par de meses AI, la organización preocupada de los derechos humanos y los presos de conciencia en todo el mundo, puso en marcha la "Red de Acción Urgente". Para ello usa los microcomputadores, los modems (tarjetas de comunicaciones), los teléfonos y todo el instrumental que las redes teleinformáticas están multiplicando con gran celeridad, gracias a los cuales ha logrado un impacto significativo en su tarea. Alrededor del 35% de los casos de acción urgente reportaron un cambio favorable: presos "desaparecidos" que reaparecen, sentencias de muerte conmutadas, situaciones de incomunica-ción que terminan.

Desde el momento que Amnesty International recibe una denuncia urgente, pone toda la información dentro de una conferencia electrónica cuya clave es "Al. UAN". Son las letras en inglés correspondientes a Amnesty International: Urgent Action Network. Sin duda, el elemento clave de esta operación es la velocidad del trabajo. Amnesty International difunde la información urgente en pocas horas, y también de un día para otro comienza a sentirse la presión en favor del perseguido. El gran salto se dio gracias a un nuevo mundo de comunicaciones: las redes de microcomputadores (TELOS,N°14, Madrid).

En ese mismo trabajo señalábamos las dudas y desafíos que las entidades sociales tenían frente a estas nuevas formas de comunicación. Dudas hoy, plenamente resueltas.

Es habitual que estas entidades se aproximen con dudas y resguardos a los microcomputadores y las redes. A algunos les preocupan las intervenciones "invisibles" que puedan recoger las informaciones y hacer mal uso de ellas. A otras les parecen prácticas de alta tecnología y de países desarrollados, lejanas de las necesidades inmediatas de la base social. A otros les preocupan los costos que es-tas comunicaciones puedan llegar a tener. Las tres formas de preocupaciones se van superando con la experimentación misma. La efectividad de la acción a través de las redes demuestra que, más allá de posibles intrusos, lo importante es la agilidad informativa para perfeccionar coordinaciones (TELOS, ibid).

Esas acciones pioneras y esas dudas ya son historia. Dos décadas después tenemos suficientes elementos para ver el impacto que esas tecnologías han traído al escenario de lo político social y también las nuevas preguntas generadas.

En agosto de 1991 tuvo lugar el intento de golpe militar contra el parlamento ruso en lo que aún era la Unión Soviética. Los golpistas siguieron un modelo clásico: ocuparon inmediatamente los estudios y torres de control de la radio y la televisión y pusieron bajo control los diarios y agencias de noticias. Pero en su diseño no entró la ocupación de una modesta oficina con un par de computadores donde funcionaba una emergente organización ecologista, la "Glasnet", juego de palabras con glasnost, concepto clave en la apertura que condujo al fin del régimen comunista. Glasnet, conectada por teléfono a los computadores de otras redes de Finlandia y del resto del mundo, estaba enviando permanentes comunicados desde Moscú, dando a conocer lo que ocurría y transmitiendo el discurso de Jeltzin parado arriba de un tanque y las reacciones que el golpe había gestado en la confusa sociedad moscovita y en el resto del mundo soviético, ya en crisis. Fue un momento clave para demostrar que otro mundo de comunicaciones, instalado en medio de la sociedad civil y conectado a otras entidades similares en el resto del mundo, podía cruzar las fronteras y generar corrientes de opinión que circulaban por circuitos distintos a los creados por los "mass-media" del siglo XX.

En 1994, Alvin y Heidi Toffler indicaron que:

"Esta sociedad civil internacional, enlazada gracias a los recursos tecnológicos más sofisticados (que a menudo son precisamente los más sencillos de utilizar), ha ganado una significativa presencia en el debate y la discusión política en numerosas naciones, de la misma forma que se ha diversificado y cobrado presencia también en el plano internacional". Para algunos analistas "el ciberespacio, al menos hasta ahora, manifiesta una pluralidad mayor que la del mundo real."3


Notas


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