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Parte 2 / 3
La nueva diplomacia ciudadana
Una nueva "diplomacia ciudadana" se había gestado alrededor
de los grandes debates internacionales. Haciendo uso principalmente del
correo electrónico y de las casillas dedicadas para pasar luego al uso de
los web sites, con la incorporación de texto, audio y video, se pusieron en
marcha grandes operaciones para influir en las cumbres que marcaron los años
90.
El primer momento político que mostró la existencia de este nuevo fenómeno
se produjo en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro. Desde ahí fue
evidente que los debates internacionales, marcados tras el fin de la Guerra
Fría por una preocupación central en el desarrollo social, debieron
considerar también a este llamado "tercer sector": una multitudinaria y
heterogénea gama de entidades no gubernamentales capaces de colocar agenda,
crear escenarios y abrir cauces a una mirada nueva en los macro problemas
contemporáneos. De la Cumbre de la Tierra se pasó a la Cumbre de Población,
del Hábitat, de Desarrollo Social, de los Derechos Humanos y de la Mujer.
Cada una de ellas fue demostrando las capacidades y reenfoques derivados de
este activismo transnacional. Pero la toma de conciencia global de que algo
nuevo estaba ocurriendo sólo se produjo con las manifestaciones en Seattle,
en diciembre de 1999.
Durante muchos meses, la Organización Mundial del Comercio, WTO, había
organizado su conferencia destinada a poner en marcha una nueva ronda de
conversaciones para el comercio mundial. Ya en el interior de APEC (Asia
Pacific Economic Cooperation Forum) en septiembre de ese año en Auckland, el
presidente Clinton había hecho sentir que esperaba convertir la Cumbre
Internacional de Seattle en un salto adelante en los procesos de apertura de
libre comercio y la liberalización económica.
Para todo estuvieron preparados, menos para la fuerza de las protestas que
se expandieron por Seattle, y que desde allí gestaron un llamado de atención
de carácter mundial. Más de 40 mil manifestantes se instalaron en las calles
de esa ciudad, haciendo imposible el trabajo en la WTO no sólo por los
obstáculos creados y los desórdenes de las confrontaciones con la policía,
sino porque mediante un sofisticado sistema de comunicación, establecieron
una tribuna paralela que, a través de Internet, buscó señalar que la
economía global necesitaba ser mirada no sólo bajo la lupa de las cifras
macroeconómicas, sino bajo otra lente que tomara en cuenta las condiciones
reales de vida de millones de seres humanos castigados por el desempleo y la
pobreza a medida que el modelo económico global se ha expandido.
Medio ambientalistas, sindicalistas, defensores de los derechos humanos y
representantes de muchas otras agrupaciones y minorías, unieron sus brazos y
sus computadores:
"Gracias en gran parte a Internet, que les ha permitido fortalecer sus
lazos, hacer públicas las injusticias y acrecentar sus números, los
activistas se han organizado, abarcando desde el poder obrero de antaño a la
destreza cibernética de los liberales universitarios. Sus crecientes números
hacen que el movimiento "Manos que cruzan América" parezca un juego de
niños."4
Los analistas de inteligencia comenzaron de inmediato a preocuparse por
saber quién era el líder de todo esto. Su sorpresa fue mayor cuando se
enteraron que no había un líder, que no había un Pat Robertson o un Ralph
Nader:
"La movilización por la justicia global no es un acontecimiento jerárquico
de subordinación, al igual que la Internet el movimiento antiglobalista es
un conjunto de personas que no solamente se las arregla para sobrevivir sino
que además crece, sin cabeza" (Time, ibid).
Por cierto, no faltaron quienes enfatizaron la ironía detrás de este
acontecimiento: los contrarios al globalismo se movilizan a través de una de
las creaciones más dinámicas de la nueva economía, la web. La red se supuso
que ayudaría a articular los mercados en un enorme espacio de comercio
mundial, no a organizar a miles de piquetes de protesta, decían los
comentaristas de dicha publicación.
Pero la expansión y presencia de la red ya trae otras preocupaciones
políticas. En definitiva, las mismas inquietudes del pasado frente a otros
avances de las tecnologías. Durante julio del 2000, se registraron
pronunciamientos políticos internacionales que pusieron luz sobre el
carácter de Internet y la posibilidad de que el "cyberspace" se pudiera
convertir en otro escenario de desigualdades.
Notas
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