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 DEMOCRACIA Y COMUNICACIÓN EN EL SIGLO XXI

Comunicaciones

  Por Fernando Reyes Matta    

 Parte 3 / 3

El peligro de la "brecha digital"

Una declaración, muy difundida en todo el mundo, del Presidente Ricardo Lagos de Chile, Thabo Mlabeki de Sudáfrica y Goran Persson, Primer Ministro de Suecia, señaló lo siguiente:

"La tecnología de la información es, en todo el mundo, un factor clave en los procesos de desarrollo económico, político y cultural, sin embargo, hasta ahora solamente una elite tiene acceso a ella. Si la tecnología de la información no está disponible para todos, puede llegar a ser otra fuente de división y de mayor desigualdad, además de un obstáculo para el desarrollo. La brecha digital ya existe, y nuestra tarea como líderes políticos es asegurar que disminuya, dentro y entre nuestras naciones."5

Casi al mismo tiempo tuvo lugar en Japón la reunión del llamado G-8, esto es, el Grupo de Países de Mayor Desarrollo Económico Capitalista, más Rusia. Los países del G-8, reunidos en Okinawa, ensalzaron los beneficios que la revolución digital supone para la economía mundial, pero también advirtieron los peligros que se ensanche la brecha entre los ricos y los pobres en este sector. Los líderes suscribieron la Carta de Okinawa sobre la Sociedad Global de Información:

"Debemos asegurar que sirva al crecimiento económico sostenible, al bienestar social y a la cohesión social, a fortalecer la democracia, promover los derechos humanos, resaltar la diversidad cultural, así como la paz y la estabilidad internacional."

Los comentaristas y los despachos informativos desde Okinawa indicaron que, según estadísticas de ese momento, el número de usuarios de Internet se había casi duplicado en un año - de 180 millones a fines de junio de 1999 - estaba llegando a 330 millones en junio del 2000. Sin embargo, los informes también remarcaron que el 90% de los usuarios de Internet existentes en el mundo provienen de los países más desarrollados.

Detrás de las cifras y llamados de atención, se ubica un espacio que no está necesariamente referido a la frontera países desarrollados /países en desarrollo, sino a aquellas fronteras creadas por el nuevo fenómeno de las "comunidades de interés" que, a partir de un determinado discurso, constituyeron una posición y buscaron tener una influencia significativa en la agenda internacional.

Un nuevo tipo de alianzas emergió, durante la última década del siglo 20, entre las instituciones y grupos de la sociedad civil existentes en países desarrollados con aquellas instituciones y personas que en los países del sur comparten una misma sensibilidad e impulsan similares conceptos: un activista del ecologismo ubicado en el sur de Chile tiene mucho más que ver con un activista de Suecia, de Filipinas, de Canadá o Nueva Zelanda, con los cuales comparte una plataforma común. Las comunidades de interés han creado un "cyberciudadano" que no sólo habita en su espacio geográfico específico, sino también en un espacio virtual de su "comunidad de interés". La principal herramienta de estos grupos es la coordinación de acciones y, con ella, van generando procesos de alcance internacional como nunca antes los puso en marcha la sociedad civil.

Lo que han debido entender al cruzar el 2000 los ejecutivos más tradicionales de la economía global es que en la globalización los signos ideológicos y políticos se entremezclan, se confunden, haciendo posible que no sólo desde el poder político o económico sea factible la conexión a las redes, sino también que éstas sean espacios de facilidades para organizaciones e individuos.

De alguna forma, los más contestatarios en el pasado respecto de la expansión de los nuevos recursos tecnológicos también han descubierto que en Internet los discursos del polo dominante y del polo dominado, al decir gramsciano, interactúan e influyen a veces con presencia tanto o más poderosa de aquellos que se supone detentan el poder.

Las redes y las torres gemelas

Los hechos del 11 de septiembre abrieron otra vez todos los escenarios comunicacionales a las preguntas claves. Y en esta circunstancia también las redes fueron una oportunidad nueva y significativa para los sectores excluidos de la producción de los mensajes comunicacionales dominantes.

El 11-S, como le gusta decir a la prensa española, la historia fue reubicada en el escenario de la simultaneidad. Ni diferencias de lenguas, ni distintos horarios, ni culturas diversas anularon la explosión de globalidad que significó el primer acto terrorista transmitido en directo a todo el mundo. Registro de las primeras opiniones de distintos gobernantes, como de los primeros comentarios de los periodistas y del público en la calle, demostraron que en aquellas horas la reacción era la misma tanto de los gobernantes como de los gobernados: había ocurrido algo grande, espantoso, inesperado, sin que nadie pudiera dar explicaciones precisas del alcance de los hechos y de quién estaba detrás de ellos.

Los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono demostraron que en el mundo de hoy la sobreabundancia informativa es un recurso en crecimiento, pero es cada vez más precario el recurso de la interpretación. Los hechos estuvieron conectados directamente con los terminales más finos de la emoción de cada cual y las imágenes se repitieron una y mil veces porque en cada instante que ellas se mostraban, desde diversos ángulos, se mantenía vivo el horror y el estupor.

Los medios europeos, tal vez con una mayor cercanía al mundo musulmán y una perspectiva profesional siempre más analítica, marcaron a poco andar sus diferencias. Las grandes estaciones europeas como BBC, TV1 o TVE se volcaron a encontrar los factores culturales y socioeconómicos que parecían estar detrás de la operación terrorista. A la vez, fueron enfáticos en hacer la diferencia entre el mundo musulmán y el islamismo, y el grupo talibán acusado del atentado y su líder Osama bin Laden.

En América Latina, con la excepción de las grandes corporaciones como Televisa y O"Globo, se vivieron varios días con la retransmisión de CNN y, ocasionalmente, de alguna cadena europea. La superposición de los logotipos locales sobre el logotipo de CNN o el título en español sobre la frase "America under attack" generaba un exceso visual en torno de las imágenes captadas - legal o ilegalmente - desde el exterior. Hubo otros excesos, como el de Televisión Azteca, en México, que con discutible aunque oportuno sentido del negocio, se apresuró en utilizar la tragedia de Manhattan. Unas horas después de que las torres gemelas habían caído, los programadores de esa empresa decidieron transmitir en el canal 7 la película Atentado al World Trade Center. Se trata de una cinta filmada en 1997 para la televisión, donde se relata el atentado que pocos años antes había sufrido ese emblemático sitio neoyorquino.

Lo nuevo respecto de todos los conflictos anteriores, incluida la Guerra del Golfo, es que en este caso Internet se convirtió en fuente y circuito de información de las ideas de la gente. No sólo los medios alternativos, de alcance menor en el pasado, han ganado su espacio de circulación global gracias a Internet, sino también las personas se han convertido en sujetos potenciales de información y opinión. Más allá de los medios está la voz de quienes siguieron los foros en los periódicos y en sus propios sitios alternativos. La red fue espacio de comunicación y debate ciudadano como nunca antes respecto de un conflicto mundial.6

La ruta del siglo XXI para la comunicación muestra una ruta clara: ya no se trata de la expansión de los medios y la libertad de acción de los mismos, lo cual es muy positivo. Se trata también de las múltiples acciones comunicacionales que los ciudadanos – desde sus diversas inquietudes – pondrán en marcha.7 Es allí, en esa comunicación directa, donde se están gestando las nuevas preguntas sobre comunicación y democracia en el mundo y en este continente.


Notas


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