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Parte 1 / 5
1.1. La democracia contemporánea: evolución del concepto
La discusión sobre la definición acerca de la democracia está atravesada por
diferentes debates. Desde los antiguos griegos hasta Rousseau, se pensaba a
la democracia como democracia directa, en la cual los ciudadanos ejercen el
derecho a la participación en la toma de decisiones sin intermediación. La
democracia se asocia desde entonces con soberanía popular, voluntad general
e interés común. Esta concepción tradicional de la democracia se articula en
torno al protagonismo central del pueblo concebido como soberano, como un
todo homogéneo y capaz de producir una voluntad colectiva. Los protagonistas
de este tipo de democracias son los sujetos, capaces de identificar aquello
que constituye el bien común. Estas concepciones fueron elaboradas para
sociedades simples y apenas industrializadas.
Pero con la aparición de sociedades más complejas, de masa, con mayor
diferenciación, la democracia directa presenta una imposibilidad objetiva.
Por tanto, el proceso de surgimiento de estas nuevas sociedades fue
acompañado por modificaciones en la teoría de la democracia, en la que se
incorporarán los mecanismos de la representación y la dimensión vertical,
esto es, la constitución de autoridad. La democracia empieza a ser pensada
como representativa frente a la imposibilidad del autogobierno. En el
concepto de democracia moderna1 -a diferencia de
los antiguos- se incorpora el tema de la división entre la titularidad y el
ejercicio del poder, el principio de la mayoría, el constitucionalismo y la
representación política. Se habla entonces de democracia representativa,
régimen que acompaña la conformación de un Estado liberal-consitucional. Si
bien el término liberalismo y su derivado liberal, son de cuño relativamente
reciente, autores como Locke, Montesquieu, Madison, Hamilton, Constant,
pasando por Tocqueville y Stuart Mill, podrían considerarsee liberales en
tanto han hablado de un Estado controlado, liberal, constitucional.
Tocqueville, por su parte, adiciona el concepto de democracia social al
incorporar la idea igualdad, del ethos igualitario. Equipara libertad e
igualdad: con la democratización se supone una sociedad cuyo ethos implica
que sus miembros son socialmente iguales, es decir una sociedad
caracterizada por la igualdad de condiciones.
Si bien existen diversos matices, según el tratamiento que de este tema
hacen diferentes autores, podríamos decir que la concepción moderna de
democracia, la democracia liberal, hace referencia a un sistema político
basado en el poder popular en el sentido que la titularidad del poder
pertenece al demos, mientras que el ejercicio es confiado a representantes
periódicamente elegidos por el pueblo. Por consiguiente, el ejercicio el
poder popular se resuelve en gran medida en el poder electoral. Por otra
parte, la teoría clásica de la democracia liberal presupone que la
existencia de un mercado y de libertades individuales en el aspecto
económico es condición para que exista democracia política; esto es, que
exista un país y un mercado con fronteras.
Para esta tradición democrática liberal, el individuo es un sujeto fundante.
En su calidad de ciudadano, es un sujeto político que hace conocer su
voluntad para que esta sea parte de la voluntad gobernante. Al menos,
delibera con el resto de los individuos en igualdad de condiciones para
lograr decisiones legítimas (Held, 1990). Esta tensión entre el individuo y
"los otros", hacen de la democracia un cuerpo bicéfalo que contiene en sí
misma las libertades del individuo y la soberanía de un pueblo como un todo,
aún cuando esto signifique resignar libertades –y por lo tanto intereses-
individuales en pos del bien común (Strasser, 2000). Libertad/ igualdad,
individuo/ comunidad, ciudadano/ Estado: en la tensión entre estos polos se
dirime la historia contemporánea de la democracia2.
A lo largo de esta historia, varios son los modelos de democracia discutidos
a partir de la conformación de sociedades complejas, de masas, con economía
de mercado, donde la democracia debe ser pensada en su forma representativa.
Nos referiremos brevemente a algunos de estos modelos, aquellos que han
primado en el debate contemporáneo: el modelo competitivo elitista, el
modelo pluralista y la democracia participativa.
Schumpeter define a la democracia como "un método para llegar a decisiones
políticas, en el que los individuos adquieren el poder de decidir por medio
de una lucha de competencias por el voto del pueblo" (Schumpeter, 1964). La
democracia se reduce, entonces, a un método electivo mediante el cual el
pueblo elige un gobierno, eligiendo un líder. Schumpeter colocará el acento
en los líderes –inversamente a la teoría clásica que lo pone en el pueblo-
que se proponen y compiten por el libre voto. El pueblo deja de existir como
un conjunto de ciudadanos racionales, interesados en la cosa pública; ahora
está compuesto por personas que sólo son racionales en los asuntos en los
que tienen responsabilidad directa. La esfera de la política está alejada de
sus responsabilidades directas y en ésta actuarán irracionalmente con
excepción de los líderes, quienes son los actores racionales. El votante no
es un maximizador de beneficios ni un votante racional sino un consumidor
irracional, manipulado por la propaganda. Es el liderazgo el que despierta,
organiza y estimula a los grupos y sus intereses. La democracia, según esta
perspectiva, queda reducida a la competencia por el liderazgo, donde los
líderes se constituyen en el nuevo eje del proceso político. Los
representados, salvo cuando tienen la posibilidad de votar, no cuentan con
otra instancia de participación. Su conocida definición señala que "el
método democrático es aquel mecanismo institucional para llegar a decisiones
políticas en las que algunas personas adquieren el poder de decidir mediante
una lucha competitiva por el voto popular".
Robert Dahl3
es el autor más representativo de la teoría pluralista de la democracia.
Postula que la democracia es un ideal imposible de realizar en la práctica,
por lo que debemos descartar el término de democracias "reales". Lo que
existe son "prácticas reales" o "poliarquías", es decir, combinaciones de
liderazgos con control de los no líderes sobre los líderes, regímenes cuyos
actos presentan una correspondencia con los deseos de muchos de sus
ciudadanos durante un largo período de tiempo. El término poliarquía incluye
a una gran variedad de organizaciones que, difiriendo entre sí, será
llamadas comúnmente democracias. Algunas de sus características son: 1) que
el control de las decisiones gubernamentales sobre las medidas oficiales le
corresponde a funcionarios electos; 2) los funcionarios electos son elegidos
y luego sustituidos por elecciones libres relativamente frecuentes; 3) en
esas elecciones tienen derecho a votar prácticamente todos los adultos; 4)
también tienen derecho a ocupar cargos presentándose como candidatos; 5) los
ciudadanos gozan del derecho de libertad de expresión; 6) tienen acceso a
diversas fuentes de información; 7) tienen derecho a formar asociaciones
políticas que procuran influir en el gobierno rivalizando en las elecciones.
Las poliarquías se dan en sociedades pluralistas, lo que presupone el
reconocimiento de la dispersión en el poder, la presencia de ciudadanos con
distintos intereses con posibilidad de agruparse libremente, la existencia
de grupos de interés libres, competitivos. Los protagonistas, en este caso,
más que los líderes son los grupos de interés, donde los no líderes
controlan a los líderes.
Una tercera visión la constituyen los teóricos que, críticos del elitismo y
el realismo político, ponen el acento en la participación como valor central
capaz de contrarrestar la tendencia "oligárquica" del sistema político.
Bachrach, Macpherson y Pateman afirman que la poca participación y la
desigualdad social están íntimamente unidas: para que haya una sociedad más
equitativa es necesario un sistema político más participativo. Rescatan la
dimensión de la democracia que hace referencia a la participación de los
ciudadanos en el proceso de toma de decisiones. La democracia no sería
entonces sólo un método: posee una dimensión ética, implica una dimensión
amplia de lo político que abarca no sólo las instituciones representativas
gubernamentales sino aquellos espacios en los que se toman decisiones que
afectan los valores sociales. A juicio de Macpherson, por ejemplo, la
democracia participativa puede ser calificada como un sistema piramidal, con
la democracia directa en la base y la democracia delegada en los niveles por
encima de ella (Macpherson, 1991).
Notas
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