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 DEMOCRACIA Y CIUDADANÍA:
REFLEXIONES SOBRE LA DEMOCRACIA Y LOS PROCESOS DE DEMOCRATIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA

Democracia y derechos humanos

  Por Alicia Iriarte, Mariana Vazquez y Claudia A. Bernazza    

 Parte 2 / 5

1.2. La democracia como foco temático de las ciencias sociales en América Latina: la transición a la democracia, procesos de democratización política

El gobierno del pueblo que supone la tradicional definición de democracia queda relegado por una polisemia que se redefine en cada espacio y tiempo particular, sobre todo si ese espacio es la periferia de Occidente. La democracia liberal acuñada en la modernidad tampoco supone de por sí una definición tajante y universal: "La teoría y la práctica de la democracia liberal es tan manifiesta como fundamentalmente creación y experiencia originaria de algunos países de Europa Occidental y la América del Norte. Fuera de allí hay que considerar más detenidamente los procesos locales de recepción y/o autoproducción de sus esquemas y hay que entenderla como en parte un transporte y en parte una recreación de esa historia relativamente ajena." (Strasser, 2000).

El tema de quiénes son libres, quién es el pueblo, qué es lo que la democracia garantiza o debiera garantizar como régimen político, son las cuestiones que se dirimen en la vida de cada pueblo, y que llevan a resultados diferentes en cada período de su historia.

En la década del ’80 los países del Cono Sur transitaron los tramos iniciales de una corriente redemocratizadora que, luego del derrumbamiento de las dictaduras militares, implicaría el paso de un régimen autoritario a uno democrático. Es en esta década -llegando casi hasta los ’90- cuando en América Latina se completó un ciclo significativo de transición hacia la democracia, que terminó con la transición chilena -plebiscito en 1988, elecciones en 1989 y régimen democrático en 1990-. Es en este período que se instala la preocupación temática de la democracia, orientando gran parte del debate en las ciencias sociales latinoamericanas.

La democracia surgida con posterioridad a los períodos autoritarios tuvo características que no pueden asociarse a la matriz nacional popular de los períodos democráticos anteriores, los que, aún con sus intervalos y desvíos, afrontaron la lucha por la distribución de dicho poder, del ingreso y las riquezas según sus cosmovisiones. La democracia, si existía en dichos períodos previos, no estaba "tematizada": era el régimen político para la puesta en acción de un proyecto de país, lo que supuso, en muchos casos, conflicto con intereses minoritarios y hegemónicos (oligarquía ganadera, monopolios extranjeros en el caso argentino). El proyecto nacional, la lucha por la soberanía política y la independencia económica, lo mismo que la aspiración a la justicia social o al desarrollo nacional, fueron los temas del discurso y la acción política y gubernamental.

En el caso de la Argentina, la característica primordial del último advenimiento democrático fue que este conflicto de intereses "se corrió" del escenario: la democracia devino en el valor prioritario a cuidar, alcanzando el primer lugar en la agenda pública. Un tema "pasado de moda" - la constitución de un Estado de Derecho-, alcanzaría incluso una dimensión movilizadora (Portantiero, 1985). Por las heridas imborrables que había dejado en el cuerpo social su ausencia, se optó, según palabras de Lechner, por una "definición mínima" pero al mismo tiempo impostergable de democracia: autoridades elegidas mediante sufragio universal en una competencia regular y regulada, derecho de asociación e información que asegure la libre participación ciudadana, respeto a las minorías y lealtad a la institucionalidad. Este fue el mínimo "no negociable", frontera a no traspasar, límite que dejaba del otro lado lo que "nunca más" debía volver a ocurrir.4

Desde los años ’50, signados por el tema de la modernización, "transición" significaba el paso de una sociedad tradicional a una sociedad moderna. A partir de la década del ’60, el tema recurrente es la "revolución" o el "cambio estructural global", donde el concepto de transición está asociado al paso del capitalismo al socialismo. En ambas problemáticas el tema del régimen político aparece subordinado a, y como reflejo de, las transformaciones globales de la sociedad (Garretón, 1987). Durante las décadas del ’70 y el ’80 el tema central pasa a ser el de la democracia política –y la transición hacia la democracia- privilegiándose el problema del régimen político.

Se genera entonces todo un "corpus" teórico sobre la transición y muchos analistas intentarán, a partir de la particular situación política de las dictaduras, reflexionar acerca de cómo se produce el cambio de un régimen autoritario a un régimen democrático. Es interesante el aporte que hace a esta problemática Manuel Garretón quien prefiere utilizar el término "democratización política" para referirse al grupo de estudios que analizan el proceso en el cual se van generando y estableciendo instituciones democráticas, un régimen político democrático, allí donde existían regímenes no democráticos o donde prevalecían instituciones autoritarias por sobre las democráticas. Posteriormente, las discusiones se centrarán no sólo en analizar cómo se producen esos procesos de democratización política, sino también sobre qué tipo de democracia se configuraba, generándose posturas en las que diferentes autores resaltaban diversos aspectos del concepto mismo de democracia.

Si bien transición se define como el pasaje de un régimen político a otro, entendiéndose entonces el período comprendido entre el "principio del fin" de un régimen político y el establecimiento de uno nuevo, en el particular contexto político latinoamericano de fines de los ’80 –donde un conjunto de actores significativos de la sociedad quieren un régimen político alternativo a la dictadura al que llaman democracia- se hablaría de transición hacia un régimen político específico: la democracia. La democracia se convertirá en un punto referencial, particular e insustituible de la sociedad ideal a la que se aspira. Se habla así de "régimen político" como un conjunto de intermediaciones institucionales entre Estado y sociedad que resuelven problemas de gobierno, de ciudadanía y el problema de la regulación del conflicto y del marco institucional de la acción colectiva.

La democracia se convierte en el modelo político ideal sobre el cual vale la pena pensar y por el cual vale la pena luchar (Garretón, 1999). En este marco, los primeros trabajos sobre la transición abordan el pasaje de un régimen político autoritario a un sistema democrático.

Guillermo O’Donnell –uno de los autores más significativos en el tratamiento de esta temática- identifica dos momentos dentro del proceso de construcción de regímenes democráticos. Por un lado, una primera transición será el período que se extiende desde el inicio de la descomposición del régimen autoritario hasta la instalación de un gobierno democrático –con celebración de elecciones libres y transferencia de mando al gobierno electo-. Pero existiría un segundo momento de consolidación –una segunda transición- que correspondería al momento en que un gobierno elegido democráticamente se convierte en un régimen democrático. La diferencia fundamental entre ambos momentos es que la segunda transición se caracteriza por instituciones sólidas, fuertes y consolidadas que se convierten en los espacios de decisión y el centro del sistema político.

Al respecto, es necesario aclarar que las transiciones se desencadenan de diversas maneras. Pueden originarse "desde arriba", es decir controladas por el propio régimen autoritario –que decide cuándo retirarse, ya sea porque considera su tarea terminada o por una crisis de descomposición interna-. Las transiciones "desde arriba" son generalmente pactadas, en el sentido que los autoritarismos salientes negocian con la oposición las condiciones de la transición, descongelando paulatinamente la vida política y manejando tiempos políticos.

Por el contrario las transiciones que se originan "desde abajo", son aquellas no controladas por el régimen e implican una ruptura, ya que se inician por la acción de oposiciones, por un colapso o derrota militar del gobierno u otros factores externos que lo obligan a retirarse –tal sería el caso de Argentina, donde la derrota militar de Malvinas es el elemento clave que inicia y acelera la transición-.

Philippe Schmitter, otro de los autores que analizan los procesos de transición, afirma que partiendo de la dictadura existirían tres causas que pueden determinar la apertura hacia la transición. La primera sería el fracaso político de los regímenes autoritarios o alguna derrota o desastre militar. La segunda, el desencanto y desprestigio del régimen frente a fracasos económicos y/o su incapacidad para producir desarrollo de fuerzas productivas. La tercera, si logran el "desarrollo desde arriba", ya que es probable que existan desacuerdos respecto a cómo reconvertir el resto de la economía y cómo tratar la cuestión política. Llegado este momento, se manifestaría la pérdida de prestigio, produciéndose enfrentamientos dentro de la elite gobernante, con la consiguiente declinación de la capacidad para controlar acciones gubernamentales. Paralelamente, se produciría en la sociedad civil un proceso de creciente movilización de los diferentes grupos sociales: la liberalización política. Así se generaría un contexto favorable al cambio de régimen y si se inicia el camino hacia la transición, se plantea el problema de la sucesión del régimen autoritario. Aquí se abre la posibilidad de realización de acuerdos o pactos que regulen tanto la retirada militar como las reglas del juego.

En el caso de las salidas pactadas, Schmitter señala que los pactos son un acuerdo, no siempre explicitado o justificado, entre un conjunto de actores que procuran definir las reglas que rigen el ejercicio del poder sobre la base de garantías mutuas concernientes a los poderes vitales de quienes lo acuerdan (O´Donnell; Schmitter, 1991). El tema fundamental es quiénes están en condiciones de pactar y, en segundo lugar, sobre qué temas pueden girar los pactos.

De todos modos, como generalmente pactan los actores relevantes y moderados de la oposición con los autoritarismos en retirada, los pactos tienen un fuerte contenido antidemocrático. En este sentido, para Schmitter los pactos son "medios no democráticos para la construcción de democracias estables". Luego de este proceso, empezaría a funcionar lo que el autor denomina una "dictablanda," donde se produce el despertar de la sociedad civil. Aumenta y crece la oposición, y con ella, las manifestaciones en contra del régimen y a favor de la apertura, el desarme y desmilitarización de la vida política. Tal situación conduce a una elección que marca el cambio de régimen instaurando, en un primer momento al que llamará la "democradura", para luego recién pasar a la democracia. El esquema de Schmitter sería: dictadura – dictablanda- democradura- democracia.

Por su parte, M. Garretón señala que la desarticulación de un gobierno militar y la construcción de un régimen democrático en América Latina sería producto de dos procesos: por un lado, la crisis interna o de descomposición del régimen y, por otro, la reacción y movilización de la sociedad (Garretón, 1987). A estos dos procesos interdependientes se los puede desdoblar en cuatro: 1) el proceso de crisis o descomposición interna de la dictadura; aislamiento del grupo gobernante de sus apoyos internos e internos (sectores civiles); 2) movilización popular contra el régimen cuya principal característica es su carácter masivo, movilizaciones que tienen como núcleo demandas políticas que reclaman la instauración de un régimen democrático; 3) negociación o concertación: en la medida en que no existan colapso o derrota militar del régimen no habría proceso que no tenga u grado de concertación (las cuestiones centrales serían aquí quiénes negocian y qué negocian); y 4) mediaciones institucionales, en tanto el enfrentamiento entre el régimen y la oposición debe contar con instituciones a través de las cuales poder resolver el conflicto.

Por tanto, el inicio del proceso de transición hacia la democracia en los países de América Latina se produciría al concretarse el traspaso del poder a una autoridad elegida constitucionalmente. Si bien este hecho es un elemento necesario para marcar tal proceso, no es suficiente para comenzar a hablar de consolidación de un régimen democrático. Para hablar de un régimen democrático consolidado son necesarios otros elementos, por ejemplo, el arraigo de prácticas políticas participativas en la cultura política de la ciudadanía, la construcción de una red institucional fuerte que regule la vida política y que se constituya en el espacio por excelencia de la toma de decisiones.

Según esta postura, es difícil determinar cuándo un régimen político se ha consolidado. Podría considerarse el momento en que la primera autoridad constitucional hace entrega del poder a un presidente elegido constitucionalmente. Pero si bien este momento institucional es necesario, no bastaría para que la democracia se arraigue en la cultura política de la ciudadanía y regule la vida política.

A juicio de algunos autores, los países latinoamericanos han experimentado en muchos casos únicamente el primero de estos momentos, no habiendo terminado de transitar aún la etapa de consolidación. Según esta perspectiva, los regímenes democráticos latinoamericanos se habrían estancado en un estadio intermedio entre los autoritarismos y los sistemas representativos institucionalizados. Algunos son caracterizados como democracias incompletas, o bien, con rasgos plebiscitarios o personalistas. Otros piensan que estos regímenes ya están consolidados (las características más significativas de las democracias ya estarían alcanzadas), siendo un dato ilustrativo de esta postura el hecho de que crisis políticas importantes –como en el caso reciente de Argentina, y anteriormente en Brasil o Perú- se resolvieron sin que se produzca la regresión a un régimen militar. Por tanto, el gran tema de debate, una vez que se ha producido la transición, sería qué tipo de democracia se configura; tema sobre el que volveremos más adelante.

Si bien hasta ahora nos hemos referido a los análisis sobre la "transición", podemos hacer referencia a los estudios sobre "democratización política", término este que permitiría caracterizar más apropiadamente distintas situaciones en América Latina, en la medida que desde esta perspectiva podrían interpretarse procesos que son muy diferentes y que van más allá de las transiciones. Según M. Garretón habría tres tipos de democratización política en América Latina: 1) las fundaciones democráticas, 2) las transiciones y 3) la extensión y las reformas democráticas (Garretón, 1999).

La primera de estas tipologías, las fundaciones democráticas, comprende aquellos países que no habiendo tenido experiencia en regímenes democráticos instalan por primera vez una democracia, y tienden a acercarse al modelo de cambio global, como lo fueron las instauraciones democráticas originales en países de Europa o en Estados Unidos. Este proceso de fundación democrática es el que se habría producido durante las últimas décadas en Centroamérica, e implica la construcción de un núcleo básico de instituciones democráticas luego del derrumbe de oligarquías y dictaduras patrimoniales, situaciones de guerra civil, guerrillas y revoluciones. Ligado a este último aspecto de cambio global, ese tipo de democratización política presenta tres características importantes: la conversión de los actores combatientes en actores políticos -lo que implica cómo actores que buscaban eliminar a su enemigos se convierten en actores que entran a negociar y a representar para gobernar un país en un marco institucional compartido-; la construcción de instituciones democráticas que se fundan con un proceso de pacificación nacional -y de reconstrucción- y el hecho de que, en una situación de confrontación extrema, es fundamental el peso de los actores externos.

El segundo tipo son las transiciones, referidas al paso de un régimen autoritario o militar formal a un régimen básicamente democrático, aunque sea incompleto o imperfecto. Este tipo coincidiría con las presentaciones previas de autores que se refieren a las transiciones. Difieren de las fundaciones en tanto no desencadenan cambios globales, y también, porque el poder está en manos de los militares. Las transiciones no operan por derrocamiento de los militares sino por movilizaciones, negociaciones políticas y mediaciones institucionales, que pueden ser plebiscitos, elecciones o mediación de una institución por encima de las partes en conflicto. Por tanto, no hay derrota o empate militar. Este sería el caso de España -de cuyo proceso de transición se tomaron las pautas de análisis en los años ’80 para América Latina- y particularmente de los países del Cono Sur.

El tercer tipo de democratización política es el que produce extensión o reformas democráticas que buscan crear, extender y ampliar las instituciones para convertirlas en democráticas. Comprende un proceso complejo de instalación y creación progresiva, gradual, con avances y retrocesos, de instituciones democráticas desde el régimen y, aún, desde los titulares del poder anterior, sin que necesariamente se produzca su eliminación o reemplazo. Esta movilización "por arriba" es activada por presiones y movilizaciones desde abajo. Hay que señalar que esta clasificación no hace referencia a cualquier tipo de reforma política o democrática, o extensión y ampliación del régimen democrático en vigencia, sino que se refiere a un proceso intencional y global de transformación de instituciones políticas para hacerlas democráticas. Son procesos largos, donde hay espacios que se van abriendo y no es posible precisar y celebrar el momento de "inauguración democrática", como sí ocurre en las fundaciones y en las transiciones. En este esquema de análisis se ubicarían los casos de México y Colombia, que si bien comprenden situaciones muy distintas, son procesos en los que el gobierno o los partidos de gobierno son actores protagónicos:

Considerando que las democratizaciones políticas ya fueron realizadas, el accionar y debate posterior se orientan a la caracterización del tipo de democracia que se logra, esto es, el carácter y la calidad del régimen democrático que se instala, tema que presentamos a continuación.


Notas


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