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Tomado del
Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña
Parte 3 / 5
1. 3 Martin Hagen: tres conceptos diferentes sobre
democracia electrónica
Tomando las consideraciones realizadas con anterioridad,
podemos considerar el concepto de democracia electrónica como la noción que
se refiere al conjunto de teorías caracterizadas por el vínculo que
establecen entre las computadoras y redes computerizadas como elementos
esenciales para la elaboración de un sistema político democrático. Adoptando
la conceptualización establecida por Martin Hagen (1997) podemos distinguir
tres conceptos diferentes sobre democracia electrónica: Teledemocracia,
Ciberdemocracia y la Democractización Electrónica. Cada un de estos
conceptos difiere de los restantes en referencia a la tecnología por la que
aboga, la preferencia por una concepción democrática determinada (directa o
representativa), la dimensión de participación política que es considerada
como vital para la democracia y la agenda política que se pretende
perseguir. En este sentido, los conceptos analizados también dependen de su
propia historia así como de los atributos culturales e institucionales del
sistema político en el que se formulan. A pesar de sus diferencias, estas
visiones comparten la creencia de que las diversas potencialidades de los
nuevos medios – interactividad, mayor rapidez en la transmisión de datos, la
creación de oportunidades para la comunicación de muchos a muchos4,
la abundancia de información o los nuevos medios de control para el usuario
– pueden contribuir favorablemente en el proceso de mejora del sistema
político democrático erradicando algunas de sus principales imperfecciones.
En particular, la voluntad por tratar de elevar el nivel de participación
política se presenta como el principal objetivo para los partidarios de la
democracia electrónica independientemente del concepto que defiendan y en el
que se ubiquen (este hecho implica que, la mayoría de las veces, los
conceptos de democracia electrónica deben ser comprendidos como teorías o
visiones sobre participación política – Hagen, 2000).
Teledemocracia
Como nos indica el autor, el concepto más antiguo que podemos hallar al
hablar de democracia electrónica es el de Teledemocracia. Desarrollado
durante la década de los setenta, se convirtió en la primera idea de
democracia electrónica ampliamente discutida en los ochenta. Si bien es
tremendamente complejo designar al primer teórico que acuñó el término "teledemocracia",
sí podemos afirmar que éste fue usado por Ted Becker, quién experimentó con
el uso de televisión por cable para estudiar y analizar el proceso de toma
de decisión en la esfera política ya en el último tramo de la pionera década
de los años setenta. Al mismo tiempo, Christopher Arterton (1987) decidió
emplear esta misma nomenclatura en sus valoraciones críticas hacia las
reflexiones de Becker y las aparecidas en muchos otros proyectos referidos
al uso de la tecnología del cable a través de la televisión.
En esencia, la teledemocracia trata de establecer más formas de democracia
directa en el interior de los sistemas políticos a través del empleo de las
nuevas tecnologías de la comunicación (esencialmente mediante el uso de la
televisión por cable) para lograr tal propósito. Durante las décadas de los
ochenta y los noventa, científicos de la política y sociólogos como Becker
(1981), Amitai Etzioni (1983) y Christa Daryl Slaton (1992), amparándose en
esta premisa, experimentaron con aplicaciones prácticas de democracia
electrónica. Inspirándose en su trabajo, visionarios como Alvin Toffler
(1980) o John Naisbitt (1982) proclamaron que la teledemocracia sería la
llave para solucionar la mayoría de los problemas políticos más apremiantes
a escala mundial. De un modo menos especulativo y basándose en modelos
democráticos más complejos y elaborados, teóricos de la democracia como
Benjamin Barber (1984) y Robert Dahl (1989) recomendaron la necesidad de
establecer ensayos con diferentes aplicaciones de los dispositivos
teledemocráticos.
Desafortunadamente, a mediados de la década de los ochenta, quedó claro que
la televisión por cable no había conducido a nuevos mecanismos de democracia
directa y, en consecuencia, no había logrado incrementar la participación
política en referencia a un público de carácter general. Así, no supone
ahora ni supuso en su momento una sorpresa que el escepticismo de cara a los
experimentos vinculados a la democracia electrónica no sólo permaneciera
elevado sino que además se fuera extendiendo. A pesar de esto, algunas
experiencias de carácter exitoso basadas en proyectos de uso de la
televisión por cable a nivel local (como por ejemplo el proyecto "Reading")
permitieron a los partidarios de la teledemocracia la posibilidad de
mantener una visión optimista de cara al futuro.
A principios de la pasada década de los noventa, en Estados Unidos, el
debate alrededor de la teledemocracia se vio nutrido de nuevas energías.
Como parte de su estrategia de campaña populista, el candidato presidencial
Ross Perot situó la idea de televisar los encuentros o reuniones ciudadanas
como uno de las prioridades en la agenda mediática de los políticos y
científicos sociales. La campaña de Bill Clinton, a su vez, dejó de un lado
los medios tradicionales para apostar por los nuevos medios electrónicos
como herramientas a través de las que efectuar las citadas reuniones
ciudadanas. Esta nueva concepción de encuentro otorgó una nueva legitimidad
a los argumentos de los teledemócratas que, hasta el momento, únicamente
encontraban sustento en argumentos esencialmente teóricos y en algunos de
los escasos proyectos o experiencias piloto que citábamos en los párrafos
precedentes. Por otra parte, el segundo motivo que impulsó el renacimiento
de la teledemocracia fue el avance experimentado en el campo de los nuevos
medios de comunicación, sus nuevos formatos y, por supuesto, el explosivo
crecimiento de redes computerizadas; este progreso ayudó a reactivar el
debate acerca la conveniencia de la teledemocracia enfrentando a sus
partidarios contra los nuevos promotores del uso de las computadoras y la
restante tecnología que ha acompañado a su desarrollo. La discusión generada
sigue sin un claro vencedor a pesar de que el uso de los ordenadores e
Internet parece estar desplazando a la televisión como plataforma política.
En este sentido, aún hoy, mientras muchos activistas observan la existencia
de redes computerizadas como la herramienta esencial para el establecimiento
de una democracia electrónica, otros teóricos permanecen fieles a las
creencias basadas en el uso de la comunicación a través de la televisión
como sustento básico de cara a lograr la implementación de este mismo ideal.
El concepto de teledemocracia considera que las principales causas de la
actual apatía de la ciudadanía, en la esfera de participación política
propiamente dicha, residen en la frustración, la alienación del electorado
en la estructura de la democracia representativa y en los efectos derivados
de la actividad informativa llevada a cabo por los medios corrientes
destinados a la comunicación de masas. En primer lugar, las visiones
teledemocráticas argumentan que los gobiernos se han distanciado en exceso
de los ciudadanos, considerando a éstos en su parcela o vertiente más
individual. Así, los nuevos medios de comunicación podrían ayudar a acercar
de nuevo el gobierno a los hogares de los ciudadanos. Además, estas
tecnologías permiten a este último superar las barreras de tiempo y espacio,
generando formas de democracia directa pensadas con anterioridad pero no
aplicadas de una manera práctica debido a los problemas de tamaño en la
población. En este sentido, los espectaculares avances en las tecnologías de
la comunicación abren, por primera vez, las posibilidades para una
participación directa de los ciudadanos en el proceso de toma decisiones (Toffler,
1980).
Así mismo uno de los puntos centrales en las convicciones de los
teledemócratas radica en el hecho de considerar que el ya clásico gobierno
representativo no puede responder de un modo apropiado a la siempre
creciente pluralidad de inputs políticos en el marco de una Sociedad de la
Información que se consolida progresivamente. Sus partidarios argumentan que
únicamente formas de democracia directa o "democracia fuerte" (o strong
democracy como la ha denominado el teórico Benjamin Barber) serán capaces de
generar outputs políticos que satisfagan las demandas de los
ciudadanos. En esta misma línea, Alvin Toffler ha argumentado continuamente
que las instituciones de carácter representativo no se encuentran adaptadas
para tratar con los problemas del siglo XXI, y ha propuesto el
establecimiento de una forma de democracia semi-directa en la que las nuevas
tecnologías de la información jugarían un papel crucial: la ciudadanía
podría, por ejemplo y por primera vez en la historia, empezar a materializar
muchas de sus propias decisiones políticas. En este sentido, el principal
objetivo de la teledemocracia pasa por devolver el poder "perdido" al
pueblo. Así, en un contexto democrático, el uso de las modernas
comunicaciones electrónicas y de la tecnología de la información aparecen
como instrumentos para empoderar a la población de cara a configurar
agendas, establecer prioridades, realizar políticas de importancia y
participar en su implementación. En una palabra, la teledemocracia supone el
uso de las telecomunicaciones para otorgar el impulso a la ciudadanía con el
objetivo de alcanzar su propia gobernanza.
A través de los argumentos que hemos citado hasta el momento, la conclusión
que puede ser extraída indica que los conceptos teledemocracia tienen una
clara preferencia por formas de democracia directa y se encuentran
principalmente concentrados en las dimensiones del voto y la actividad
política dentro de las esferas más propias de participación. Al mismo
tiempo, generar la mejor y más completa información política para el
electorado es un aspecto clave para fomentar una participación política más
efectiva, y ello motiva que se convierte en una preocupación central para
los teledemócratas.
Cyberdemocracia
Para Martín Hagen, los conceptos de cyberdemocracia responden directamente a
la evolución de las redes computerizadas. Para él, el teórico Howard
Rheingold se encuentra entre los primeros que apreciaron que este tipo de
redes tenían una gran ventaja sobre las formulaciones centradas en el uso de
la televisión por cable: eran mucho más interactivas y permitían vías de
comunicación de muchos – a - muchos, y no sólo un flujo de uno – a - muchos.
La idea de una comunicación de muchos – a – muchos es el marco central para
la generación de beneficios colectivos, presentando mayores capacidades que
aquellas teorizaciones vinculadas a revoluciones comunicativas previas que,
a menudo, no han ostentado la capacidad para percibir estas posibilidades.
Rheingold junto con los restantes partidarios de la cyberdemocracia confían
en que la creación de la comunidad a través de las redes computerizadas
puede construir y recuperar buena parte del capital social perdido que ha
sido anhelado por parte de científicos y analistas políticos durante el
último tramo del siglo pasado. Siguiendo este razonamiento, estas
comunidades, pues, se ven ampliamente reforzadas a través de las redes
sustentadas en computadoras. La tecnología que hace posible, por ejemplo, la
existencia de comunidades virtuales tiene el potencial para brindar un
enorme impulso a los ciudadanos de a pie a un coste relativamente bajo – les
otorga impulso intelectual, social, comercial y, quizá el más importante, el
político (Rheingold, 1993).
Los sectores más conservadores dentro de la Ciberdemocracia comparten la
importancia de la red como un instrumento esencial de cara a la construcción
y refuerzo de la comunidad, pero recalcan el profundo impacto de este nuevo
tipo de tecnología en los modos dominantes de producción. En este sentido,
ya no serán los bienes materiales, sino la información la que constituirá el
recurso principal del siglo XXI. Así, la organización democrática del
espacio virtual constituye una de las principales prioridades del concepto
de ciberdemocracia. Los autores y difusores del concepto están de acuerdo en
que el principal enemigo a combatir es el centralismo, tanto en las
estructuras políticas como en las informativas, que está ampliamente
relacionado con los procesos de deterioro de las formas vitales de
autogobierno. La importancia política de la comunicación a través de
ordenadores reside en su capacidad para afrontar el jerárquico monopolio
político existente en los poderosos medios de comunicación, y, quizá, en su
capacidad para revitalizar el concepto de democracia basado en la ciudadanía
(Rheingold, 1993).
Mientras los ciberdemócratas, como los teledemócratas, claman por más formas
directas en relación a los gobiernos, a diferencia de éstos últimos inciden
en los aspectos de participación política desde otra perspectiva. Para
ellos, la discusión y la participación política en su vertiente de carácter
más comunitario constituyen la esencia sobre la que trabajar. Su primordial
preocupación, en consecuencia, reside en (re -) crear comunidades (virtuales
y no virtuales) como base a partir de la que contrarrestar las formas
centralizadas de gobierno.
Democratización electrónica
En contraste con Teledemocracia y la Cibderdemocracia, el concepto de
Democratización Electrónica, según Hagen, no desea establecer modalidades de
democracia directa, aunque sí desea mejorar la situación de las estructuras
de democracia representativa. Para los partidarios de este concepto el mayor
potencial de la nueva tecnología de la información, con vistas a mejorar la
democracia, reside en su capacidad para realzar la democracia mediatizada
(Zinder, 1994). Su primer objetivo se encuentra en el trabajo a realizar
para lograr un aumento en las dimensiones de los canales y vías destinados a
la provisión de información. La meta a perseguir, a través de este ideal,
es, pues, el realce de la democracia a través de las nuevas tecnologías de
manera que pueda incrementarse el poder político de aquellos cuyo rol se
encuentra habitualmente minimizado en los procesos políticos fundamentales.
Los partidarios de este concepto asumen que con estos postulados se logra
ubicar a una mayor cantidad de ciudadanos en las esferas de poder (Hacker &
Todino, 1996).
Así, su principal preocupación gira alrededor de cómo extender a la
población en general las "ventajas informativas" que las redes
computerizadas han otorgado a los miembros de las élites. En este sentido,
el sistema político democrático obtendría importantes ganancias en todas sus
dimensiones. Para los promotores de este concepto, la apatía política y el
desencanto con el gobierno no tiene su origen en la estructura básica del
sistema político representativo, sino en ciertas imperfecciones y
disfunciones localizadas en su interior que pueden ser remediadas. La
voluntad en esta vertiente consiste en la creación de nuevos y alternativos
(en relación a los mass media) canales y modos de información y
comunicación entre la población y sus representantes electos. Así, este
ideal comunitario-representativo de democracia electrónica se opone
claramente al ideal de democracia directa que aparecía en los restantes
conceptos de democracia electrónica señalados por Hagen.
El concepto de democratización electrónica también señala que las redes
computerizadas son un instrumento válido de cara a reforzar la sociedad
civil, teniendo en cuenta que los costes de transacción y organización en
las asociaciones y grupos de interés pueden verse ampliamente reducidos (Bonchek,
1995).
Las diversas vertientes ubicadas en el concepto de democratización
electrónica favorecen las mejoras en las estructuras y mecanismos propios de
la democracia e inciden en la importancia de los intercambios de información
y las discusiones políticas en el marco de las actividades de participación.
Este concepto, probablemente porque favorece las formas de democracia
representativa sobre aquellas propiamente de democracia directa, ha sido
crucial en la implementación de muchos de los usos políticos a los que han
sido sometidas las redes computerizadas actualmente, especialmente en los
sistemas de información política.
Los tipos de democracia electrónica de Martín Hagen
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Teledemocracy |
Cyberdemocracy |
Electronic Democracy |
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Tecnología principal |
Televisión |
Redes de Ordenadores |
Redes de Ordenadores |
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Tipo de Democracia |
Directa |
Directa |
Representativa |
|
Dimensiones de la participación |
Voto |
Discusión y participación política |
Discusión Política e Intercambio de Información |
|
Arena Política |
Información |
Ventajas Informativas |
Sistemas de información Políticos |
Notas
4
Traducción libre del concepto many - to many communication que el autor cita
en su documento y que emplearemos en los restantes tramos del documento.
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