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 DEMOCRACIA ELECTRÓNICA: CONCEPTO, TIPOS Y POSICIONAMIENTOS

Democracia y derechos humanos

  Por Joan Oriol Prats y Óscar del Álamo    

 Tomado del Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña

Parte 4 / 5

2. Visiones "Optimistas" y "Pesimistas"

En la actualidad, estamos siendo testigos de un fenómeno basado en la abundancia de cambios en las sociedades de todo el mundo en un período de tiempo muy corto. Fruto de estos cambios, hoy día, se ha formado una opinión común que, dentro del estricto sistema de gobierno representativo, defiende que los líderes políticos raramente consultan o dialogan con la población si no es durante las campañas electorales. El diálogo entre ciudadanos se ha visto disuadido por lo que parece ser una amplia división entre la gente y su gobierno. Los fallos de la política actual podrían ser descritos como una ruptura en el proceso de comunicación (Conrad, 1999)5 La cuestión que debe ser explorada es si la solución al problema reposa en el uso de Internet y las nuevas tecnologías como fuente para que la mayoría de estas opiniones y consideraciones sociales cambien.

La población mundial está reclamando oportunidades de diálogo a través del uso de Internet para lograr cambiar y mejorar las estructuras de gobernanza democrática. Es obvio que ahora podemos entrar en contacto, por ejemplo, con los miembros de los respectivos Congresos con la voluntad de expresar nuestras preocupaciones en referencia a diversos asuntos. Así, los ciudadanos, a través de medios como el correo electrónico, pueden comentar cualquier aspecto y recibir una respuesta oportuna. En este sentido, existen numerosas ventajas que se derivan del uso de las nuevas tecnologías para tratar de mejorar la comunicación con nuestros gobiernos. La tecnología existente en la actualidad podría, pues, hacer posible una democracia más auténtica. En consecuencia, podríamos argumentar que es sólo cuestión de tiempo que esta idea se consolide y empiece a remodelar tanto nuestro gobierno como su sistema de gobernanza. Pero, ¿es una situación para la que estamos preparados? Mientras unos sectores advierten los beneficios resultantes de mejorar la comunicación de los ciudadanos con los gobiernos, otros son conscientes de los límites de estas posibilidades y no apuestan por ningún tipo de transformaciones radicales en la estructura de gobierno. Así, podemos acabar preguntándonos: ¿Realmente un gobierno en línea mejorará el estado de nuestra gobernanza? ¿La oportunidad para incorporar mayores inputs de carácter público supone un gobierno más responsable? Ante la incerteza que parecen generar estas cuestiones, lo que sí es claro es que debemos tratar de hallar las respuestas.

En este contexto, con la progresiva diseminación de Internet y las restantes redes computerizadas se ha encendido un debate sobre la democracia electrónica. Los expertos de la ciencia política se preguntan si es posible fomentar el desarrollo democrático y la mejora de la gobernanza con la ayuda de la tecnología de la información y la comunicación (por ejemplo, podemos citar aquí a autores tan relevantes como Bertelsen – 1992 -, Friedland – 1996 – o Ogden – 1994). La investigación acerca de la relación entre las redes computerizadas y la democracia electrónica ha provisto considerables evidencias que indican que los conceptos de democracia electrónica contribuyen con la teoría de la gobernanza democrática y, al mismo tiempo, con nuestra comprensión sobre el trabajo a desarrollar en un sistema político democrático en la era de la información.

Nuestra hipótesis radica en el hecho de que hay diferentes conceptos y perspectivas (fundamentalmente una positiva y una negativa) alrededor de la democracia electrónica, especialmente en relación al papel que debería jugar la información y la comunicación política en el proceso gobernanza democrática.

Desde posturas más negativas, algunos teóricos han considerado que las nuevas tecnologías pueden constituir un serio problema para los sistemas democráticos. Básicamente, señalan que el crecimiento de la inequidad en la información amenaza la participación política considerando a ésta en sentido amplio. En segundo lugar, el poder del estado y las corporaciones para retener, mediante una vigilancia electrónica a la sociedad civil, no sólo amenaza los derechos de los grupos a la hora de organizarse y dialogar sino que también supone un peligro para la privacidad de los derechos individuales. En tercer lugar, las nuevas formas de ciudadanía y vida pública se encuentran simultáneamente permitidas por las nuevas tecnologías pero, al mismo tiempo, restringidas por el poder del mercado y los ya citados mecanismos de vigilancia.

Desde estas posturas también se considera que el crecimiento de una infraestructura de información privada conducirá al crecimiento de la disparidad entre aquellos que puedan formar parte de ella y aquellos que no. Como James Madison escribía "...un gobierno popular sin información popular, o los medios para adquirirla, es un preludio de una farsa o una tragedia, o quizá de ambos. El conocimiento gobernará siempre a la ignorancia y la gente que desee convertirse así misma en su propio gobernante debe armarse con el poder que confiere el conocimiento..."

Al mismo tiempo, dentro de esta perspectiva se indica, cómo antes anticipábamos, que el crecimiento de una infraestructura privada de información puede conducir al incremento de mayores sistemas de vigilancia y control. Así, el desarrollo de la tecnología de la información podría suponer un incremento en la pérdida de autonomía en los campos de la política, la economía, la cultura y la vida social (Gandy, 1994). Gandy, basándose en la construcción realizada en los trabajos de Jeremy Bentham y Michael Foucault, describe la sociedad como una clase panóptica; en otras palabras, una concepción de sociedad desarrollada desde una amplia visión de la clásica prisión panóptica de Bentham en la que todos los que se encuentran en su interior se hallan bajo la aparente vigilancia de los guardias. Esta noción puede interpretarse bajo una simple premisa: si una persona se encuentra bajo la percepción de ser constantemente observada, esta persona comenzará a censorar su propio comportamiento. Como argumenta Foucault (1977), una sociedad diseñada bajo estos parámetros acaba generando una atmósfera escalofriante en la que el comportamiento de las masas es controlado de una manera mucho más efectiva que en una sociedad basada en el castigo a las transgresiones. El resultado de esta visión panóptica es la creación de una única corriente principal en cuanto a pensamiento y actitud. Irónicamente, la homogeneización de preferencias desarrolladas acabaría venciendo al propósito de una democracia online.

Por otra parte, los teóricos ubicados en estas tendencias creen que ofrecer posibilidades de voto a la gente, por ejemplo, desde sus casas, no sería la mejor manera de conducir un país. Así, ellos se acaban preguntando: ¿aunque la tecnología pueda hacer posible la democracia para la gente, esto sería una buena idea? Su respuesta es clara: probablemente no a juzgar, por ejemplo, el riesgo que supone la posibilidad de emergencia de un comportamiento antidemocrático de millones de personas a partir del momento en que éstos se hallen vinculados en un debate en línea. En consecuencia, no existe una garantía que permita eliminar la democracia representativa por voto popular como estrategia a emplear para solucionar los problemas (Braun, 1997). Contra la posible aparición de nuevas formas de democracia directa basadas en el uso de las nuevas tecnologías, el conjunto de autores vinculados a estas posturas toman un argumento planteado por el filósofo político Edmund Burke: "...los grandes grupos necesitan dos o más capas de representación más que no una representación directa para poder trabajar en políticas públicas basadas en el consenso. La historia ha probado que los grandes grupos son incapaces de encontrar el acuerdo a través de medios como los tipos de diálogo posibles en un encuentro ciudadano..." Esta misma objeción queda reflejada en las palabras del columnista George Will: "...no se supone que la gente debe gobernar; no se supone que ellos deban decidir asuntos. Se supone que ellos deben decidir quién decide..."

Con lo visto hasta el momento, parece innegable que el problema básico que todos los conceptos de democracia electrónica señalan es la crisis que se percibe en la participación política y el papel disfuncional de los medios de comunicación en los procesos políticos. El argumento central que sostiene sus reflexiones se inicia con la asunción de que el funcionamiento del sistema político democrático se encuentra interrumpido por la presencia de tres variables: una falta de información y de comunicación entre la población en general y los decisores en el interior del sistema político; una ausencia de participación política, causada por el déficit estructural o funcional del sistema político y un efecto negativo de los medios de comunicación de masa tanto sobre el sistema político en general como en la participación política en particular. Ante estos problemas, las posturas de carácter marcadamente negativista no han sabido encontrar una solución o establecer vías alternativas de trabajo, ubicando sus reacciones, cómo veíamos, en contra de los planteamientos e impulsos lanzados por las diversas vertientes de democracia electrónica, fundamentalmente contra las que apuestan por vías directas de participación.

No obstante, algunas posturas (lo que podría llegar a calificarse como una visión o vertiente positiva) cercanas a la Democratización electrónica de Hagen, abogan por los modernos diseños a los que hemos hecho referencia. Estas posiciones confían en que la introducción de las redes computerizadas ayudarán a aliviar el déficit estructural y funcional que sufre, hoy día, el sistema político. En primer lugar, existe la convicción de que nuevos canales informativos y comunicacionales, entre la población y los decisores, serán creados. Así, estos canales actuarán como alternativa a los media y colaborarán a realizar los ajustes necesarios al sistema representativo o para establecer más elementos acordes con el desarrollo de la democracia. En segundo lugar, estas tendencias consideran que las redes computerizadas serán capaces de fortalecer y empoderar la comunidad política fomentando la creación de nuevas comunidades políticas que podrán ser organizadas localmente o en base a aspectos o asuntos específicos. Como consecuencia, y en tercer lugar, al uso de las nuevas tecnologías en los procesos políticos se le atribuye el poder de incrementar la participación política y de reforzar el sistema político democrático.

Así, desde estas posturas, parece algo obvio que el creciente acceso a las herramientas de la red está empezando a crear espacios públicos en los que pueden circular las nuevas formas de información y de creación de vínculos. Esto permite el refuerzo práctico de las bases de la organización democrática así como su crecimiento y extensión a los nuevos grupos ciudadanos. Además, aunque los medios de comunicación de masas permanecen en las instituciones dominantes en el momento de hacer circular noticias y fuentes culturales que pueden ayudar a crear identidades formativas a través de "comunidades imaginarias", las redes electrónicas están empezando a proveer nodos interconectados que ofrecen alternativas accesibles.

En consecuencia, las redes electrónicas contribuyen a la formación de nuevas redes sociales que conducen a nuevas formas de capital social que pueden ser desplegadas en diferentes grupos. En este sentido, nos encontramos ante el desafío de comprender estas redes emergentes de capital social en un contexto de reconstrucción de la sociedad civil. Estas premisas pueden ser también halladas en las palabras de algunos expertos como las de Steven Clift. Él considera que la tecnología es esencialmente neutral6, pero que el uso estratégico y organizado de la información por parte de los esfuerzos desarrollados por ciudadanos supondrá una importante contribución para una democracia mejorada en muchos niveles. Como inicio, las redes informativas proporcionan el potencial para aumentar el conocimiento sobre las elecciones y las posturas de los candidatos aunque el beneficio último consistirá en una sociedad más democrática. Una sociedad en la que más gente sea capaz de escuchar y ser escuchada por los otros, gozando de la oportunidad de situar a la voz de la población en la configuración de la agenda e incrementando en su habilidad para contribuir en la resolución de los problemas públicos.


Notas

5   Así, algunos teóricos han reforzado esta percepción describiendo las disfunciones de las moderna política diaria como rupturas en los procesos comunicativos. Por ejemplo, el historiador social Michael Schudson se pregunta si el problema de nuestros asuntos políticos , en esencia, radica en falencias comunicativas. Duane Elgin, que exploró los encuentros ciudadanos electrónicos durante una década, sitúa el conflicto en un problema de elección: nos indica que nuestra elección es simple – comunicación o catástrofe.
En esencia, la política se convierte en una empresa comunicativa; esto queda demostrado si tenemos en cuenta que desarrollar y promover políticas públicas supone comunicación en cada uno de sus aspectos: encuentro de población, clarificar aspectos, desarrollar y redefinir ideas, persuadir a los demás, alistar su apoyo o negociar trade-offs, según Scott London en "Electronic Democracy: a literature survey" ( 1994 ).

6  Otros autores como Ellen Kole defienden que Internet no es una herramienta de carácter neutral que pueda ser aplicada en los procesos de carácter político; para ella, Internet, en sí, es política. Al margen de esperar el desarrollo de la ciberdemocracia a través del uso de Internet, tiene que convertir a la Internet en democrática. Algunas sugerencias para materializar este propósito podrían pasar por situar las necesidades de los sectores más marginados en un posiciones prioritarias, anticipar los aspectos sociales en los proyectos de Internet, la creación de condiciones necesarias o establecer una concentración explícita en aquellos usuarios no tan aventajados.


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