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Tomado del
Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña
Parte 5 / 5
3. Conclusiones
En estas conclusiones se busca poner en perspectiva el
hilo conductor de la exposición y realizar algunas reflexiones acerca de la
forma en que la tecnología esta afectando a nuestras democracias y de cuál
es el papel de la acción política.
Los efectos de la tecnología sobre la democracia que se desprenden de los
tipos y los argumentos presentados, puede entenderse de forma intuitiva a
través de la noción de gobernanza.
Sin duda, más allá del modelo de democracia al que nos impulsa la
asimilación de las nuevas tecnologías por el proceso político, para de forma
más precisa qué tipo de patrones de interacción exige el desarrollo
tecnológico, es necesario examinar la gobernanza ("governance") que lo rige.
La gobernanza hace referencia al sistema institucional -formal e informal-
que enmarca la acción de los actores sociales -gubernamentales y no
gubernamentales- relevantes para la determinación y asignación autoritaria
de los bienes y los recursos públicos. Dichas determinación y asignación se
realizan a través de la acción política y de la formulación e implementación
de políticas públicas. (Prats, 1997).
La gobernanza se enfrenta a la resolución institucional de un conflicto
entre múltiples intereses y propósitos diferentes que, en un contexto de
rápido desarrollo tecnológico, exigen rapidez, flexibilidad y eficiencia.
Estos diferentes intereses y propósitos se encuentran imbricados en
organizaciones y grupos de organizaciones que se articulan en redes.
Así, siguiendo a Rhodes (1996), podemos entender la gobernanza como un
sistema en red de vínculos ínter-organizativos a través de los cuales se
prestan servicios, se gestionan actividades y se logran los objetivos y
donde dichas organizaciones son autónomas y están interesadas en alcanzar
sus objetivos.
Las redes integran las perspectivas de los actores privados y la estructura
pública multinivel en un sistema capaz de desarrollar endógenamente sus
propias políticas y moldear su contexto. Esta gobernanza en red tiene cuatro
elementos o características fundamentales (Rodees 1996):
-
La interdependencia entre organizaciones, que difumina los
límites entre lo público, lo privado y la acción voluntaria.
-
Interacciones continuas entre actores debido a la
necesidad de intercambiar recursos y negociar objetivos comunes.
-
Las interacciones toman la forma de juegos basados en la
confianza y regulador por reglas negociadas y acordadas por los
participantes en la red.
-
Un grado significativo de autonomía de la red respecto del
Estado y, por tanto, una rendición de cuentas sólo parcial, aunque el
estado indirectamente pueda influir en la misma.
Este es precisamente el modelo de gobernanza que se puede
observar en el estudio de las formas de coordinación que rigen Internet (Hutter,
2000), y que a nivel político se encuentra todavía en su periodo de
gestación. Las nuevas tecnologías no son sino el contenido material que
permite la integración y la convergencia y la articulación más sencilla de
objetivos.
Si tenemos en cuenta que las nuevas tecnologías cambias los precios
relativos de tal manera que la disminución del coste para el gobierno en
términos de tiempo y esfuerzo para generar transparencia, participación, o
responsabilidad permiten que dichos principios resulten menos excluyentes
unos para otros. Sin duda, se trata de una razonamiento teórico que requiere
de más estudio, pero que consideramos plausible dada la facilidad con que
las tecnologías captan, procesan y difunden la información.
Por ejemplo, a partir de un determinado nivel tecnológico, el costo de la
transparencia en relación a su potencial alcance irá disminuyendo
progresivamente en función del acceso, ya que un mayor acceso incrementa el
alcance potencial de la transparencia y, por tanto, el valor de la misma. En
estos casos, los efectos de red logran reducir los costes hasta mínimos una
vez alcanzados unos niveles de igualdad en el acceso.
Cuando los efectos de red son capaces de reducir los costes de la
transparencia, de participación o de responsabilidad política, éstos
principios resultan más fácilmente integrables en el sistema político, pues
convergen en un medio, las redes digitales, y forjan una estructura de
gobernanza interdependiente y dinámica capaz de garantizar el logro de sus
objetivos.
Sin embargo, el papel de la política es complejo y sólo se pretenden lanzar
plausibles interpretaciones de un fenómeno todavía poco estudiado en
profundidad por la ciencia política. Se pueden empero vislumbrar algunas
tendencias y prescripciones en cuanto al papel de la política frente a las
nuevas tecnologías.
Algunas perspectivas de futuro
Habiendo presentado las posturas analizadas, parece claro
que para asegurar la existencia de una democracia basada en el uso de
Internet y las restantes tecnologías de la información, las tres principales
fuerzas de la sociedad – sector empresarial, gobierno y sociedad civil –
deben involucrase en el proceso. Por su parte, el sector empresarial puede
desarrollar servicios destinados a servir a finalidades democráticas
mientras se realice un retorno aceptable en la inversión. Así mismo, el
sector de los negocios puede realizar donaciones caritativas y, por
supuesto, contribuir a la empresa democrática a través de sus impuestos. No
obstante, este sector no puede hacerlo todo, ya que la democracia no es una
tarea destinada a la obtención de beneficios económicos. Por lo tanto, el
papel del gobierno es necesario. No podemos contemplar una perspectiva clara
para la democracia a través de Internet y en los futuros sistemas
interconectados sin una sustancial participación e inversión por parte del
gobierno.
El gobierno tiene obligaciones para con la sociedad que deben ser aplicadas
en la esfera de los nuevos medios de comunicación. Algunas de estas
obligaciones incluyen un trabajo destinado a proveer acceso universal de
manera que los sectores económicamente menos pudientes y otros grupos
marginales no queden excluidos; también debe protegerse la privacidad
personal; el libre acceso a una información gubernamental clara y bien
organizada; y, en general, la creación y consolidación de nuevos espacios
públicos de carácter no comercial en Internet donde las necesidades de
comunicación de las comunidades democráticas puedan seguir siendo asimiladas
en un mundo en el que nuestras vidas cambian diariamente.
Así, únicamente la provisión pública en infraestructura de la información y
el subsidio público para los servicios de información pueden asegurar que
los beneficios de acceder a la información serán distribuidos de una manera
equitativa y democrática (Schiller, 1984), deteniendo, en este sentido, la
creciente disparidad entre los que tienen acceso a la información y los que
no.
Al mismo tiempo, el gobierno debe observar que Internet ha colocado un nuevo
poder en manos de los ciudadanos. Los gobiernos no pueden permanecer más
como simples dispensadores de información. La realidad nos indica que muchos
gobiernos no pueden seguir actuando como observadores pasivos y algunos de
ellos ya han empezado a asumir los retos de un mundo caracterizado por el
cambio constante. Así, las nuevas tecnologías están empezando a ser usadas
no sólo para entregar servicios a la población sino para reforzar algunos
aspectos como la administración gubernamental. También, algunos de estos
gobiernos están empezando a desplazarse hacia postulados de gobernanza
electrónica. En este contexto, la gobernanza puede ser vista como uno de los
medios a través de los que proveer servicios a la ciudadanía y mejorar los
mecanismos de eficiencia administrativa en el interior de los gobiernos (Riley,
2000).
En la etapa en la que nos encontramos, pocos gobiernos han sido capaces de
involucrar a su ciudadanía electrónicamente en los procesos democráticos.
Muchos gobiernos han sido efectivos dispensadores de información que, a
menudo, ha pasado como medio de refuerzo del proceso democrático, pero esto
no es suficiente y deben buscarse nuevas pautas basadas en el uso de las
nuevas tecnologías. Así, hay muchas iniciativas gubernamentales que tratan
de incorporar a los ciudadanos a la red, buscando consolidar un proceso de
retroalimentación a través de diversos reportes y desarrollando listas de
distribución así como grupos de discusión para extraer las perspectivas de
los ciudadanos. No obstante, la mayor parte de los gobiernos está lejos
están lejos de las actividades que los propios ciudadanos desarrollan a
través de la red en todo el mundo. Estas actividades suponen sustanciales
cambios en la esfera política y social considerando la Internet como un
medio para fomentar, reforzar y cambiar la manera en la que la población se
ha involucrado en los procesos democráticos.
Aún se desconoce si todos los potenciales ofrecidos por Internet podrán ser
encontrados en su totalidad. Esta es una cuestión clave ya que en el caso de
que estos beneficios sean simplemente asumidos y dominados por un selecto
grupo de grandes corporaciones o sometidos a la regulación gubernamental
pueden inhibir las libertades ofrecidas por las nuevas tecnologías. Sin
embargo, podemos decir que a pesar de las visiones negativas sobre las
posibilidades de que Internet caiga en el dominio de los intereses
corporativos, existen legiones de ciudadanos alrededor del mundo que están
empleando tecnologías como la de la red de un modo creativo, productivo,
interactivo e imaginativo. Unas nuevas vías que seguramente pueden mejorar
el proceso democrático.
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