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 DEMOCRACIA ELECTRÓNICA: CONCEPTO, TIPOS Y POSICIONAMIENTOS

Democracia y derechos humanos

  Por Joan Oriol Prats y Óscar del Álamo    

 Tomado del Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña

Parte 5 / 5

3. Conclusiones

En estas conclusiones se busca poner en perspectiva el hilo conductor de la exposición y realizar algunas reflexiones acerca de la forma en que la tecnología esta afectando a nuestras democracias y de cuál es el papel de la acción política.

Los efectos de la tecnología sobre la democracia que se desprenden de los tipos y los argumentos presentados, puede entenderse de forma intuitiva a través de la noción de gobernanza.

Sin duda, más allá del modelo de democracia al que nos impulsa la asimilación de las nuevas tecnologías por el proceso político, para de forma más precisa qué tipo de patrones de interacción exige el desarrollo tecnológico, es necesario examinar la gobernanza ("governance") que lo rige.

La gobernanza hace referencia al sistema institucional -formal e informal- que enmarca la acción de los actores sociales -gubernamentales y no gubernamentales- relevantes para la determinación y asignación autoritaria de los bienes y los recursos públicos. Dichas determinación y asignación se realizan a través de la acción política y de la formulación e implementación de políticas públicas. (Prats, 1997).

La gobernanza se enfrenta a la resolución institucional de un conflicto entre múltiples intereses y propósitos diferentes que, en un contexto de rápido desarrollo tecnológico, exigen rapidez, flexibilidad y eficiencia. Estos diferentes intereses y propósitos se encuentran imbricados en organizaciones y grupos de organizaciones que se articulan en redes.

Así, siguiendo a Rhodes (1996), podemos entender la gobernanza como un sistema en red de vínculos ínter-organizativos a través de los cuales se prestan servicios, se gestionan actividades y se logran los objetivos y donde dichas organizaciones son autónomas y están interesadas en alcanzar sus objetivos.

Las redes integran las perspectivas de los actores privados y la estructura pública multinivel en un sistema capaz de desarrollar endógenamente sus propias políticas y moldear su contexto. Esta gobernanza en red tiene cuatro elementos o características fundamentales (Rodees 1996):

  1. La interdependencia entre organizaciones, que difumina los límites entre lo público, lo privado y la acción voluntaria.

  2. Interacciones continuas entre actores debido a la necesidad de intercambiar recursos y negociar objetivos comunes.

  3. Las interacciones toman la forma de juegos basados en la confianza y regulador por reglas negociadas y acordadas por los participantes en la red.

  4. Un grado significativo de autonomía de la red respecto del Estado y, por tanto, una rendición de cuentas sólo parcial, aunque el estado indirectamente pueda influir en la misma.

Este es precisamente el modelo de gobernanza que se puede observar en el estudio de las formas de coordinación que rigen Internet (Hutter, 2000), y que a nivel político se encuentra todavía en su periodo de gestación. Las nuevas tecnologías no son sino el contenido material que permite la integración y la convergencia y la articulación más sencilla de objetivos.

Si tenemos en cuenta que las nuevas tecnologías cambias los precios relativos de tal manera que la disminución del coste para el gobierno en términos de tiempo y esfuerzo para generar transparencia, participación, o responsabilidad permiten que dichos principios resulten menos excluyentes unos para otros. Sin duda, se trata de una razonamiento teórico que requiere de más estudio, pero que consideramos plausible dada la facilidad con que las tecnologías captan, procesan y difunden la información.

Por ejemplo, a partir de un determinado nivel tecnológico, el costo de la transparencia en relación a su potencial alcance irá disminuyendo progresivamente en función del acceso, ya que un mayor acceso incrementa el alcance potencial de la transparencia y, por tanto, el valor de la misma. En estos casos, los efectos de red logran reducir los costes hasta mínimos una vez alcanzados unos niveles de igualdad en el acceso.

Cuando los efectos de red son capaces de reducir los costes de la transparencia, de participación o de responsabilidad política, éstos principios resultan más fácilmente integrables en el sistema político, pues convergen en un medio, las redes digitales, y forjan una estructura de gobernanza interdependiente y dinámica capaz de garantizar el logro de sus objetivos.

Sin embargo, el papel de la política es complejo y sólo se pretenden lanzar plausibles interpretaciones de un fenómeno todavía poco estudiado en profundidad por la ciencia política. Se pueden empero vislumbrar algunas tendencias y prescripciones en cuanto al papel de la política frente a las nuevas tecnologías.

Algunas perspectivas de futuro

Habiendo presentado las posturas analizadas, parece claro que para asegurar la existencia de una democracia basada en el uso de Internet y las restantes tecnologías de la información, las tres principales fuerzas de la sociedad – sector empresarial, gobierno y sociedad civil – deben involucrase en el proceso. Por su parte, el sector empresarial puede desarrollar servicios destinados a servir a finalidades democráticas mientras se realice un retorno aceptable en la inversión. Así mismo, el sector de los negocios puede realizar donaciones caritativas y, por supuesto, contribuir a la empresa democrática a través de sus impuestos. No obstante, este sector no puede hacerlo todo, ya que la democracia no es una tarea destinada a la obtención de beneficios económicos. Por lo tanto, el papel del gobierno es necesario. No podemos contemplar una perspectiva clara para la democracia a través de Internet y en los futuros sistemas interconectados sin una sustancial participación e inversión por parte del gobierno.

El gobierno tiene obligaciones para con la sociedad que deben ser aplicadas en la esfera de los nuevos medios de comunicación. Algunas de estas obligaciones incluyen un trabajo destinado a proveer acceso universal de manera que los sectores económicamente menos pudientes y otros grupos marginales no queden excluidos; también debe protegerse la privacidad personal; el libre acceso a una información gubernamental clara y bien organizada; y, en general, la creación y consolidación de nuevos espacios públicos de carácter no comercial en Internet donde las necesidades de comunicación de las comunidades democráticas puedan seguir siendo asimiladas en un mundo en el que nuestras vidas cambian diariamente.

Así, únicamente la provisión pública en infraestructura de la información y el subsidio público para los servicios de información pueden asegurar que los beneficios de acceder a la información serán distribuidos de una manera equitativa y democrática (Schiller, 1984), deteniendo, en este sentido, la creciente disparidad entre los que tienen acceso a la información y los que no.

Al mismo tiempo, el gobierno debe observar que Internet ha colocado un nuevo poder en manos de los ciudadanos. Los gobiernos no pueden permanecer más como simples dispensadores de información. La realidad nos indica que muchos gobiernos no pueden seguir actuando como observadores pasivos y algunos de ellos ya han empezado a asumir los retos de un mundo caracterizado por el cambio constante. Así, las nuevas tecnologías están empezando a ser usadas no sólo para entregar servicios a la población sino para reforzar algunos aspectos como la administración gubernamental. También, algunos de estos gobiernos están empezando a desplazarse hacia postulados de gobernanza electrónica. En este contexto, la gobernanza puede ser vista como uno de los medios a través de los que proveer servicios a la ciudadanía y mejorar los mecanismos de eficiencia administrativa en el interior de los gobiernos (Riley, 2000).

En la etapa en la que nos encontramos, pocos gobiernos han sido capaces de involucrar a su ciudadanía electrónicamente en los procesos democráticos. Muchos gobiernos han sido efectivos dispensadores de información que, a menudo, ha pasado como medio de refuerzo del proceso democrático, pero esto no es suficiente y deben buscarse nuevas pautas basadas en el uso de las nuevas tecnologías. Así, hay muchas iniciativas gubernamentales que tratan de incorporar a los ciudadanos a la red, buscando consolidar un proceso de retroalimentación a través de diversos reportes y desarrollando listas de distribución así como grupos de discusión para extraer las perspectivas de los ciudadanos. No obstante, la mayor parte de los gobiernos está lejos están lejos de las actividades que los propios ciudadanos desarrollan a través de la red en todo el mundo. Estas actividades suponen sustanciales cambios en la esfera política y social considerando la Internet como un medio para fomentar, reforzar y cambiar la manera en la que la población se ha involucrado en los procesos democráticos.

Aún se desconoce si todos los potenciales ofrecidos por Internet podrán ser encontrados en su totalidad. Esta es una cuestión clave ya que en el caso de que estos beneficios sean simplemente asumidos y dominados por un selecto grupo de grandes corporaciones o sometidos a la regulación gubernamental pueden inhibir las libertades ofrecidas por las nuevas tecnologías. Sin embargo, podemos decir que a pesar de las visiones negativas sobre las posibilidades de que Internet caiga en el dominio de los intereses corporativos, existen legiones de ciudadanos alrededor del mundo que están empleando tecnologías como la de la red de un modo creativo, productivo, interactivo e imaginativo. Unas nuevas vías que seguramente pueden mejorar el proceso democrático.

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Under the framework of governance the capabilities and identities of the actors plays a crucial role (March and Olsen, 1995)


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