Introducción
En los últimos años, en un escenario internacional
especialmente convulso, la prevención de conflictos ha ganado peso en la
agenda de los organismos internacionales y en la práctica de muchas
instituciones. Si al principio muchos de los enfoques preventivos tenían más
que ver con una concepción básicamente militar de la seguridad,
posteriormente se han incorporado con fuerza aspectos de desarrollo y de
combate a las causas profundas de la violencia. La necesidad, por tanto, de
profundizar en la relación entre la cooperación para el desarrollo y la
prevención de conflictos violentos comienza a estar clara.
Diagnóstico de la situación
Una serie de conflictos armados han causado en la última
década complejas situaciones de emergencia, en las que se combinaron
genocidios, hambrunas, destrucción de infraestructuras, desplazamientos
forzosos de población y desestabilizaciones regionales. Estos conflictos se
han librado dentro de Estados generalmente débiles con instituciones casi
inexistentes. Desde Somalia hasta el ex Zaire, pasando por los Balcanes,
Chechenia, Ruanda, Liberia, Sierra Leona, Colombia y Sri Lanka, los
conflictos armados en este tipo de Estados constituyen uno de los problemas
cruciales del siglo XXI.
En el marco de la globalización de las relaciones económicas
y de mercados internacionales cada vez más competitivos, los países que se
han visto afectados por prolongados periodos de conflicto armado continúan
perdiendo oportunidades para su desarrollo y crecimiento. Continúan
dependiendo de la ayuda humanitaria internacional y se ven involucrados en
el tráfico ilegal de recursos naturales, armas y personas.
En los últimos años ha comenzado un debate sobre los
diversos aspectos y perspectivas de la prevención de conflictos y su
vinculación a la cooperación para el desarrollo como consecuencia del
impacto que estos conflictos tienen en los Estados débiles, no sólo en las
poblaciones que los sufren sino también en los principales actores
internacionales involucrados con ellos, como los Estados, los organismos
multilaterales y las organizaciones no gubernamentales (ONG).
La prevención de conflictos tiene como fin evitar que las
tensiones escalen hasta la violencia con medidas a corto, medio y largo
plazo. Teóricamente, cuanto más eficaz sea la política preventiva, menos
tensiones habrá y más se alejará la violencia. Por otro lado, la prevención
debería ser el instrumento que evitara el infructuoso debate entre
intervención militar y no injerencia a la hora de dar respuesta a las
emergencias humanitarias complejas. Debate que, afortunadamente, está en
vías de ser superado poniendo el énfasis en la responsabilidad de proteger
por parte de la comunidad internacional1.
La extrema desigualdad y la pobreza son factores
desestabilizadores que, si se combinan con divisiones étnicas y culturales,
favorecen que los conflictos sociales escalen hasta la violencia. La
promoción del desarrollo en sentido amplio puede ayudar a desactivar los
conflictos potenciales y la prevención de conflictos armados puede ayudar o
fomentar el desarrollo.
La cooperación para el desarrollo puede ser un instrumento
eficaz para la prevención de conflictos incidiendo en los factores que son
fuente de tensión y promoviendo el fortalecimiento institucional, la
consolidación de la democracia y el respeto de los derechos humanos,
facilitando su resolución por medios pacíficos, antes de que el
enfrentamiento sea inevitable.