J. Carmelo García. Director de IEPALA
"La cooperación adecuada tendría dos o tres referencias
básicas. Primero que sea cooperación, o sea, que no sea una ayuda,
sino que sea una implicación conjunta de dos entidades, sean sujetos o
colectivos, que en calidad de iguales -y no uno superior y otro inferior- se
implican en un proyecto común, que les concierne a los dos por igual"
Revista Futuros (RF): ¿Qué es IEPALA?
J. Carmelo García (JCG): IEPALA es un Instituto de Estudios
Políticos para América Latina y África, y no es únicamente una sigla. IEPALA
intenta responder a ese contenido, el de ser un instituto de estudios
políticos en el sentido más amplio. Se realizan estudios socioeconómicos,
socioculturales, otros estrictamente políticos, estudios estratégicos, de
relaciones internacionales, y todo ello para América Latina y África,
porque no es sobre ellos; sino que tiene como finalidad desde su
creación el ponerlo al servicio de los colectivos de América Latina y de
África. Esa finalidad es la que orienta todo el trabajo de IEPALA.
RF: ¿Cuáles son las principales líneas de acción de IEPALA?
JCG: Puedo mencionar a:
- IEPALA Estudios, que está integrado por los distintos departamentos:
IEPALA Cooperación al Desarrollo, que trabaja proyectos de desarrollo en
países de América Latina, África, Oriente Próximo y algo en Asia; y en
Educación al Desarrollo en España y Europa.
- IEPALA Solidaridad y Derechos Humanos, que se implica en los procesos
de defensa y promoción de los derechos de los pueblos y de las personas.
IEPALA Estudios tiene un Centro de Documentación, que hoy se
está informatizando, el mismo hoy acopia más de 1 millón de documentos. El
Centro tiene una biblioteca y un centro de documentación convencional, y es
también un centro de información y de documentación de carácter virtual.
Después tiene una editorial propia, que hasta este momento ya ha editado 450
libros sobre temas que tienen que ver con América Latina, África o la
situación internacional. Cuenta además con una distribuidora y tiene un
instituto universitario adscrito a la Universidad Complutense de Madrid en
el cual se otorgan títulos propios del tercer ciclo. Aquí los llamamos
estudios de tercer ciclo -de doctorado, maestría, títulos de especialistas,
expertos y diplomaturas después de haber terminado las carreras.
Luego tiene otros cursos, que no son de carácter
universitario, que van dirigidos al público en general. Son cursos de amplio
espectro. Hay incluso cursos de reciclados para encontrar empleos, pero con
una orientación definida; cursos de documentación o cursos dirigidos a
inmigrantes.
RF: ¿Quiénes reciben estos cursos?
JCG: Ya te digo, son inmigrantes principalmente de América
Latina o de África que, para incorporarse al trabajo, necesitan entender la
problemática del país, lo que necesitan para problemas concretos de
inserción laboral. Se tiene mucha flexibilidad en estos cursos y se
organizan de acuerdo a las necesidades concretas. Eso es lo que llamamos el
"IEPALA-Estudio".
Hay otro IEPALA al que llamamos "IEPALA-Cooperación al
Desarrollo", que impulsa proyectos de desarrollo en países de América
Latina, África y un poco de Asia, en Timor y en Filipinas. Son 53 países en
total con los cuales estamos trabajando en proyectos de desarrollo. Lo que
llamaríamos en términos clásicos el desarrollo integral, el desarrollo
productivo, pero al mismo tiempo integrando el factor social y el cultural.
Se procura cubrir las 5 grandes necesidades: vivienda, alimentación,
sanidad, educación y producción, todo ello formando parte de una unidad y al
mismo tiempo procurando la larga duración de esos proyectos, que no sean
proyectos coyunturales, sino que sean sustentables. Un tema bastante
complicado, es lograr la continuidad de los proyectos.
Al mismo tiempo ese "IEPALA-Cooperación al Desarrollo" tiene
una dimensión de sensibilización o de activación de la conciencia crítica en
nuestra sociedad: hacer que la gente entienda cuáles son las raíces y las
causas de la situación del Tercer Mundo y no la reduzca al mero
humanitarismo, a la mera limosna y a la mera caridad.
Luego hay otro IEPALA, que llamamos "IEPALA-Solidaridad
Derecho de los Pueblos y Derechos Humanos", que trabaja los temas
estrictamente políticos: el tema de Palestina, el del Apartheid en otro
momento, el tema de Cuba, el de los derechos colectivos, por ejemplo, de
mujeres, pueblos indígenas y afrodependientes. Este IEPALA fomenta la
solidaridad política, no la solidaridad humanitaria sino la solidaridad
política, y moviliza desde grupos de políticos, europarlamentarios,
gobiernos, hasta la sociedad en general en la cual se está desarrollando el
proyecto. Desde este IEPALA trabajamos intensamente en la defensa y
promoción de todos los Derechos Humanos como un sistema integrado y en su
fundamentación ética. Estos son "los tres IEPALAS" en los cuales nos estamos
moviendo.
RF: Mencióname algunos ejemplos concretos de los proyectos
de desarrollo con América Latina
JCG: Bueno, puedo mencionar un proyecto concreto, por
ejemplo, en Cuba. Desde hace 14 o 15 años estamos trabajando en fomentar la
creación en Sancti Spíritus de un laboratorio con dimensión de producción
industrial sobre enzimas de restricción que son aplicadas a la agricultura,
así como también a la salud animal y a la salud humana. Este proyecto puede
incidir directamente en el desarrollo productivo y económico, pero al mismo
tiempo en el desarrollo humano de ese país.
Te puedo mencionar otro caso en África, Mozambique, donde
empezamos a trabajar desde comienzo de los 60. Se trata de la creación -que
de hecho está en proceso de consolidación- de una Unión General de
Cooperativas, que aglutina 6000 pequeñas cooperativas de mujeres productoras
avícolas que son las que abastecen de huevos y de carne de pollo y de
gallina a Maputo, la capital, que ya en el año 2002 tenía cerca de 3
millones de habitantes. Esas cooperativas han sido capaces de competir con
las empresas sudafricanas. Esa Unión General de Cooperativas tiene, al mismo
tiempo una línea de concesión de créditos, una línea de producción de lo que
llamamos marañón en América Latina, (que ya se está exportando), una fábrica
y una escuela de formación profesional. Siempre promovemos proyectos de
larga duración para poder transformar estructuras. Pero al mismo tiempo
estamos trabajando en la sensibilización de opinión para que la gente
comprenda cuál es la problemática concreta de un país como Mozambique al que
después de la liberación le declararon una guerra mercenaria que ha durado
casi 20 años y ha destruido al país. Esa es la dimensión política.
Para la dimensión de capacitación está en estudio otro
proyecto en Mozambique: la creación de una universidad politécnica.
No trabajamos en los 53 países de manera permanente; sino en
función de para dónde obtenemos los recursos porque IEPALA no recibe
recursos privados, sino que luchamos para obtener recursos públicos. Creemos
que, a fin de cuentas, es el fondo del patrimonio común el que tiene que
volver y restituirse a los pueblos, para compensar de cierta manera las
inequidades que se crean en las relaciones de los países ricos y el
subdesarrollo de los países pobres.
RF: ¿Cuáles serían las bases de una cooperación adecuada?
JCG: Este es un tema en el que insistimos desde hace mucho
tiempo. La cooperación adecuada tendría dos o tres referencias básicas.
Primero que sea cooperación, o sea, que no sea una ayuda,
sino que sea una implicación conjunta de dos entidades, sean sujetos o
colectivos, que en calidad de iguales -y no uno superior y otro inferior- se
implican en un proyecto común, que les concierne a los dos por igual, que si
tiene que ver con el desarrollo de su país también tiene que ver con el
desarrollo del otro. Esta es una primera condición: implicación en calidad
de iguales, de dos socios que trabajan juntos en un proyecto común.
La segunda cuestión es que el protagonismo directo de todo
el proceso lo tiene que llevar el colectivo del país destinatario. Tienen
que ser los colectivos de campesinos, trabajadores, asociaciones de la
sociedad civil que tengan capacidad de protagonismo, los que tengan
capacidad de ser sujetos activos de un proceso para poder asegurar la
continuidad y se rompan las dependencias.
El proyecto de desarrollo tiene que hacerse desde las bases
sociales populares, no desde las instancias de poder, aunque estas pueden
cooperar. Es fundamental el fomento del poder local, desarrollar la idea de
la democratización y de la ciudadanía desde abajo. Nos parece que el pueblo
tiene que reconquistar la dimensión de ciudadanía en el sentido más amplio,
y hacerse sujeto activo de la soberanía popular, exigiendo que los poderes
cumplan con aquellos que los eligieron y a los cuales representan.
Estos serían un poco los componentes básicos de lo que
entendemos por cooperación. Por último, hay que mencionar que debe ser lo
más integrado posible, no es aconsejable que sea sectorizado.
Debe responder
a todas las dimensiones del colectivo que participa en el proyecto, y por
supuesto, que tenga una incidencia política, porque si no tiene una
incidencia política y de carácter cultural se queda más o menos marginada la
iniciativa.
RF: ¿Qué quieres decir con eso?
JCG: Que la incidencia política efectivamente transforme la
naturaleza del poder, no de un poder abstracto, sino del poder político,
empezando por el poder local. Pero que no se dé la centralización del poder
político, que se dé participación a la sociedad civil, directamente, en lo
que sería la construcción de la democracia; que se dé también un tipo de
desarrollo local en el cual el poder político se ponga al servicio de la
comunidad.
No se trata de cambiar la tortilla de unos representantes a
otros, pero la sociedad civil tiene que participar directamente en el poder
político y para poder cambiar la naturaleza del poder central o del poder
regional.
Estamos de acuerdo de que el principio del cambio tiene que
ser que el pueblo tome el poder. Sin embargo, creemos que la propuesta que
se nos hizo desde hace tanto tiempo de tomar el poder global o poder del
estado nunca lo ha podido "tomar" verdaderamente el pueblo. Pero el pueblo
sí puede tomar el poder local. Creemos que es por ahí por donde se debe
comenzar. El poder local tiene que empezar a ser un poder del pueblo, un
poder democrático. Con esto no estamos mitificando al pueblo como categoría
política; sino que hablamos de la gente y de la sociedad civil organizada.
RF: ¿Cómo ves el poder local?
JCG: Tenemos una desventaja muy grande y es que somos
viejos, y tenemos una ventaja muy grande que es que somos viejos. Nosotros
hemos luchado durante mucho tiempo por la toma del poder, hemos apoyado a
muchos movimientos de liberación. En un tiempo estuvimos implicados en 38
procesos de liberación en América Latina y África. Creemos que las
propuestas que se hacían eran muy abstractas, y que el problema es que hay
que concretar las propuestas, y que esas propuestas, para concretarlas,
pasan por el poder local.
Creemos que en la dimensión de lo local, tanto desde el
punto de vista del desarrollo como desde el punto de vista de la democracia,
están los ejes de esa toma del poder. Creemos que van por ahí las cosas:
ahondar en la ciudadanía, en el empoderamiento de los grupos, el de las
mujeres, pero empoderamiento no en línea general, sino que tomen espacios
reales de poder, que conquisten espacios de poder. Creemos que por ahí anda
el camino
RF: Pero, sin embargo, ustedes trabajan también en otra
escala, aparte de lo local trabajan a nivel internacional ¿Por qué?
JCG: Eso es desde el tercer IEPALA, el de la defensa de los
derechos colectivos. Es imortante crear plataformas para la acción
internacional: internacionalizar acciones políticas. Internacionalizarlas,
porque al nivel de nuestra organización no somos eficientes o suficientes
para dar respuesta a ciertos temas. Entonces hay que internacionalizar, lo
cual significa ampliar el horizonte, la cooperación horizontal, las redes, y
hacer que esas plataformas se creen y sean activas. Hay plataformas para el
África Austral, Palestina, el Sahara, Centro América, hay varias. Está la
plataforma llamada Federación de Asociaciones de Defensa y Promoción de los
Derechos Humanos. Creemos que son plataformas de acción política, cada una
en su campo, ¿para qué? para buscar la eficiencia y eficacia políticas.
Sabemos que ese camino no es fácil, lleva mucho tiempo consolidar ese estilo
de trabajo y hay algunas dificultades, pero, sin embargo, nos parece que es
por ahí por donde tenemos que ir.
RF: ¿La iniciativa de crear vínculos de concertación entre
las sociedades civiles de Europa y América Latina que ustedes promovieron en
mayo del 2003 en Cáceres es un ejemplo de este trabajo?
JCG: El Foro de Cáceres fue la consecuencia de un proceso
que comenzó en el 92. Había comenzado primero en los años 80 en Nicaragua y
Centro América, pero aquello se fue diluyendo a partir del 90 y hay un
momento en el 92 en que relanzamos la constitución de una instancia de
acción política al servicio de las redes latinoamericanas y africanas, eso
fue madurando en varios encuentros desde el 98 hasta el 2000
y ya en el 2002 se materializa la creación del Foro de Cáceres, por motivo
de la Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y de
Europa.
Ya el Foro de Cáceres se ha consolidado como una instancia
concreta operativa, que queremos poner al servicio del Foro de Diplomacia y
Ciudadanía creado por mas de 40 redes y coaliciones de ONGs y movimientos
sociales pocos meses antes ese mismo año. Estos foros son una herramienta
necesaria para hacer eficiente la solidaridad, porque si no la solidaridad
es testimonial y creemos que esa etapa ya ha terminado, por lo menos para
nosotros, quizás para muchas otras gente no, pero para nosotros ya ha
terminado la etapa de lo testimonial. Nos parece que ya es suficiente.
RF: ¿Cuáles serían los principales retos que tiene IEPALA
para el año próximo?
JCG: Los proyectos de IEPALA son de larga duración como dije
antes, como promedio son proyectos de 10 años. En estos momentos lo que
queremos es consolidar las redes, hacer eficiente la acción política. Ese es
un plan estratégico. Yo diría que esa es una línea muy importante: ahondar
en lo que es la descentralización del poder político, contribuir al
incremento de eficacia de la sociedad civil organizada, en todos los
niveles, contribuir al fortalecimiento de esas instituciones, tanto en
América Latina, en África, como también en Europa, y luego explorar y
experimentar –aunque ya estamos desde hace bastante tiempo implicados en
esto-, cómo podemos ser más eficaces al servicio de las redes con las nuevas
tecnologías de información y comunicación. Creo que esas serían las líneas
más estratégicas en este momento, no sólo para este año, sino para los
sucesivos.