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LA
GUERRA: EL SUMMUM DE LA ANTIÉTICA
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Resolución y prevención de conflictos |
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Parte 3/4
El arma biológica
La utilización de los agentes biológicos
patógenos como armas representa una de las más flagrantes violaciones de los
principios éticos que deben sustentar la existencia del ser humano, y,
desafortunadamente, ha estado presente en su historia desde hace cientos de
años, si no con las características actuales inherentes a las normas
científicas y tecnológicas en que se basa la guerra biológica moderna, al
menos con la intención de causarle epidemias al enemigo, fundamentalmente
mediante la contaminación del agua y de los alimentos.
Durante la Primera Guerra Mundial, en el
período 1915-1917, los alemanes fueron acusados de utilizar diversas formas
de guerra biológica: la infección de caballos y ganado vacuno en los puertos
norteamericanos desde donde se enviaban provisiones a los aliados en Europa;
la inoculación de ántrax a caballos y ganado vacuno en Bucarest (1916) y en
Francia (1917) y la diseminación del cólera en Italia. Sin embargo, en
contradicción con estas denuncias, en 1924 un subcomité de la Comisión
Adjunta Temporal de la Liga de las Naciones declaró que contrariamente a lo
ocurrido con el arma química, el arma biológica no había sido utilizada en
esta guerra, declaración que fue firmada por el Reino Unido, Francia e
Italia. 21
Durante la Segunda Guerra Mundial existieron
muchos indicios, algunos de ellos confirmados, del uso del arma biológica
por Japón. Al respecto el gobierno soviético aportó pruebas muy serias
acerca del uso del arma biológica contra Mongolia por el ejército japonés en
los años 1939 y 1940, contra la población china en el período 1940-1944 y
contra las tropas de ese país en 1942.
Esta pesadilla comenzó en 1932 con un mayor
japonés nombrado Shiro Ishii, obsesionado desde entonces con el desarrollo
del arma biológica, quien convenció a las autoridades japonesas para crear
un centro de investigación biológica en el Hospital Militar Harbin, cerca
del ferrocarril sur de Manchuria. Ya para el año 1939, Ishii era general en
el Instituto Pingfan, como fue llamado el centro, al que convirtió en un
gran laboratorio de enfermedades letales con fines ofensivos y en el que
desarrolló tifus, tifoidea, ántrax, cólera, peste, salmonelosis, tétano,
botulismo, brucelosis, gangrena gaseosa, varicela, encefalitis por
garrapatas, tuberculosis, tularemia y muermo. 22
Aunque Pingfan fue el corazón del programa,
este se extendía desde Harbin a las Indias Orientales Holandesas, y desde
Hokkaido a las Célibes, bajo el «inocente nombre» de «Unidad de
Abastecimiento de Agua Antiepidémica». Entre las pruebas que ofreció en 1949
el doctor Zhukov, de la URSS, y jefe de los asesores médicos militares
soviéticos, sobre actividades genocidas en el tribunal de Khabarovsk,
realizadas a prisioneros de guerra chinos, norteamericanos, británicos y
australianos estuvo la aceptación de Ishii de haber alimentado a un grupo de
estos con cultivos de toxina botulínica inyectado a otro grupo con cultivos
de brucellas y hecho explotar bombas diseñadas para producir gangrena
gaseosa cerca de otro grupo de aquellos. 23
En 1942 se reportó la utilización del arma
biológica contra China por parte de Japón. En el período 1940-1944, se
produjo en las provincias de Chekiang, Hopei, Honan, Shansi y Shantung, con
un total confirmado de setecientas víctimas, y específicamente contra tropas
chinas, la diseminación en gran escala de cólera y peste, a todo lo largo de
la vía férrea de Chekiang-Klangsi. 24
El nazismo alemán desarrolló también diversas
investigaciones en el campo de las armas biológicas en el Instituto Robert
Koch de Berlín, pero, por dedicar la dirección principal de su esfuerzo
económico-militar a las armas convencionales y químicas, no hizo uso de
aquellas durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, varias autoridades
científicas checas denunciaron, en mayo de 1945, la contaminación con
materia fecal, por tropas especiales de la SS, de una amplia zona que
albergaba diez mil personas, a las que causaron una epidemia de disentería
con el objetivo de detener el paso victorioso de las tropas soviéticas en la
zona de Bohemia. Y, por otra parte, el criminal régimen nazi no pudo
sustraerse a la compulsión de experimentar con agentes biológicos en sus
campos de concentración, lo que afortunadamente realizó de forma limitada,
como cuando cubrió virtualmente de piojos contaminados con bacilos tíficos a
los prisioneros de las tétricas instalaciones de Natzweiler, Dachau y
Buchenwald.
Pero las actividades biológicas con fines
militares no fueron exclusivas de los países que constituyeron el Eje
fascista durante la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar esta guerra, los
soviéticos presionaban durante el Juicio de Nuremberg con la demanda de la
pena de muerte para Hans Fritzsche, por haber sido el responsable de sugerir
al Alto Mando alemán que utilizara las sustancias biológicas como armas.
Esto constituyó para el Reino Unido y para los Estados Unidos un momento
extremadamente embarazoso, ya que ambos estaban conscientes de que habían
empleado muchos más recursos y esfuerzos en el desarrollo de esas «armas
prohibidas» que los nazis, por lo que defendieron, con un descarado énfasis
antiético, la absolución de Fritzsche.
El proyecto británico sobre guerra biológica
nació en febrero de 1934 durante una reunión de sus jefes de estados
mayores, y se responsabilizó al Consejo de Investigaciones Médicas que se
encargara de «ayudar» en este importante asunto, ya que la Conferencia de
Ginebra estaba tratando de resolver para siempre los problemas relacionados
con el arma química y se había incluido también al arma biológica. Entre
1937 y 1940, el Reino Unido comenzó a acumular vacunas, fungicidas e
insecticidas en previsión de un posible ataque biológico. En 1940 se creó en
Porton un laboratorio altamente secreto para la investigación del arma
biológica, que fue dirigido por Paul Fildes, entonces jefe de la Unidad
Metabólica Bacteriológica perteneciente al Consejo de Investigaciones
Médicas. Durante esa época, los intereses fundamentales del Reino Unido en
relación con esta rama de la ciencia médica militar estaban dirigidos a los
agentes anticosechas y a enfermedades del ganado, por lo que se desarrolló
un trabajo en el que se le otorgó prioridad al ántrax. En 1941, al parecer,
Fildes obtuvo un gran éxito en el programa secreto del BTX, la toxina
botulínica, el más peligroso de todos los agentes biológicos, la que aparece
como una muy virulenta forma de envenenamiento de los alimentos, con más del
60% de mortalidad promedio en los afectados. Este último hecho determinó el
desarrollo de un importante incidente ocurrido en Checoslovaquia en 1942: el
atentado al reichprotektor de Bohemia, Reinhard Heydrich, considerado el
posible sustituto de Hitler, acción concebida y llevada a cabo por el
Servicio Secreto Británico bajo el nombre de Operación Antropoide. 25
Después de un riguroso chequeo de las
actividades habituales de Heydrich en Praga, el 27 de mayo de 1942 su
automóvil fue emboscado por un comando, el que le lanzó una granada que a
pesar de no impactar contra su Mercedes Benz varias de sus esquirlas
hirieron al Reichprotektor en la espalda. Conducido al Hospital Bulovka,
cercano al sitio del atentado, fue reconocido por el staff médico de
este, pero las enérgicas demandas de Heydrich de ser tratado por
especialistas médicos de Berlín no impidieron que se le practicaran varias
pruebas de rayos X, las que unidas al examen físico del herido arrojaran el
diagnóstico siguiente: esquirlas de granada alojadas en el bazo; el
diafragma con varias perforaciones; una abertura en la caja torácica y una
costilla rota. Indicaciones inmediatas: intervenirlo quirúrgicamente de
urgencia. La operación fue realizada sin mayores complicaciones por el
profesor Hollbaum de la clínica quirúrgica alemana de Praga, aunque se
compartimentó rigurosamente la descripción del acto operatorio. Casi de
inmediato, el posoperatorio de Heydrich comenzó a complicarse con una severa
infección, la que retrospectivamente coincidía con la sintomatología de una
intoxicación botulínica, seguida de coma y de un colapso generalizado. Una
semana después del atentado, el Reichprotektor falleció y los asombrados
médicos que lo trataron certificaron una septicemia como causa de su muerte.
Lo que les resultó imposible relacionar entonces fue la magnitud de las
heridas recibidas con su fatal desenlace, pues nadie imaginó que la granada
que las ocasionó había sido preparada con una carga de toxina botulínica por
el equipo de Fildes en Porton. 26
Las consecuencias de la muerte de Heydrich
fueron funestas para los checos. Los nazis desataron una ola represiva de
terror: el poblado de Lídice fue arrasado, su población masculina fusilada,
sus mujeres y niños fueron evacuados a campos de concentración; diez mil
checos fueron arrestados y los ejecutores del atentado fueron cazados y
asesinados. Por otra parte, según la aseveración de varios historiadores, la
inteligencia alemana no se recuperó jamás de la muerte de Heydrich.
Los Estados Unidos comenzaron la producción
industrial de medios biológicos contra seres humanos, animales y plantas en
1941. Dos años más tarde, se construyó en Fort Dietrick, Maryland, un centro
de investigación biológica para la guerra bajo la dirección del microbiólogo
Rosebury, donde se comenzó a realizar trabajos científicos sobre distintas
enfermedades: carbunco, brucelosis, tularemia, muermo, psitacosis y sobre
todo botulismo. Posteriormente, se crean otras instituciones con idénticos
objetivos, como el Centro No. 1 de Investigaciones Médicas de la Marina de
Guerra, el de la Universidad de California, el Polígono Darvey en Utah y el
Polígono de Horn Island en Mississippi.
Después de la Segunda Guerra Mundial,
exonerados los científicos genocidas japoneses en el Juicio de Nuremberg,
fueron llevados a los Estados Unidos para continuar allí sus escabrosas
actividades sobre el arma biológica. Su experiencia se vio aplicada durante
la guerra contra Corea y China en el período de 1951 a 1953, cuando fueron
lanzados por aire sobre estos países, artrópodos y peces infectados
pertenecientes a especies foráneas, y donde se hallaron los agentes
biológicos siguientes: Vibrio cholerae, Yersinia pestis,
Eberthella typhosa, Bacillus paratyphy A y B, Rickettsia
prowazekii y Shigella dysenteriae. 27
A partir de la década del cincuenta del pasado siglo, muchas han sido las
acusaciones en contra del gobierno de los Estados Unidos de haber hecho uso
del arma biológica.
En los años 1957 y 1963, terratenientes
brasileños utilizaron agentes biológicos patógenos contra varias tribus
indígenas del Matto Grosso con el fin de exterminarlas. Para ello
diseminaron allí los agentes etiológicos de la viruela, varicela,
tuberculosis, influenza y sarampión, reeditando de esta forma similares
acciones criminales a las realizadas por los británicos en el siglo xvii
contra los indios norteamericanos. El Ministerio del Interior de Brasil y la
Fundación Nacional para los Indios denunciaron estos hechos genocidas en
1969 y aportaron parte de las evidencias presentadas en el juicio celebrado
al respecto en la primavera de 1970. 28
En 1964, Cuba denunció por primera vez al
gobierno norteamericano de utilizar medios biológicos contra su territorio,
cuando fueron lanzados en su antigua provincia de Las Villas una serie de
balones plásticos que dispersaron una sustancia gelatinosa similar a la
utilizada en los cultivos bacteriológicos. En ese mismo año, la Agencia TASS
informaba desde Bogotá que tropas colombianas y la Comisión Militar de los
Estados Unidos en Colombia habían utilizado bombas y contenedores cargados
de bacterias patógenas contra los campesinos de Marquetalia con fines de
exterminio. A pesar de las reiteradas solicitudes hechas por el campesinado
colombiano a las autoridades de la Cruz Roja Internacional para que se
comprobasen en el terreno estos hechos inhumanos, nunca se obtuvo respuesta
alguna sobre ellos de parte del gobierno colombiano o del estadounidense. 29
Durante el año 1969, unos autores egipcios
denunciaron a los Estados Unidos de ser los causantes de las epidemias de
cólera que tuvieron lugar en Egipto en 1947 y en Iraq en 1966. Esta última
se transmitió a través de la frontera iraní, vía que no había seguido jamás
esa enfermedad en el pasado.
Aunque en el transcurso de la guerra de
Vietnam no existieron evidencias documentales de la utilización por los
Estados Unidos del arma biológica, el hecho muy significativo del traslado
al territorio vietnamita desde Japón del Instituto Móvil de Investigaciones
del Cuerpo No. 406 de las Fuerzas Aéreas norteamericanas, centro oficial de
investigaciones biológicas del Ejército de los Estados Unidos en 1966, hizo
sospechar del uso limitado de dicha arma en ese período o de las intenciones
de hacerlo en algún momento de esa conflagración. 30
En 1972, Cuba sufrió una severa epidemia de
fiebre porcina, cuyas causas epidemiológicas no tuvieron jamás una
explicación lógica ni coherente y que le hizo perder la mayoría de ese
ganado en el país. Ocho años más tarde aparecieron súbitamente en suelo
cubano dos serias epidemias agrícolas: la roya de la caña de azúcar y el
moho azul del tabaco, las que devastaron ambos renglones fundamentales de su
economía. La forma en que se iniciaron ambas plagas y la relación de estas
con procesos patógenos sufridos por esta nación con anterioridad,
evidenciaron el carácter intencional y planificado de esas acciones, sin
dudas desarrolladas por el gobierno de los Estados Unidos, lo que se unió al
inhumano bloqueo económico que ha mantenido contra Cuba desde el año 1960
para desestabilizar su sistema político-económico a través de uno de los
conflictos de baja intensidad más cruentos y duraderos que ha conocido la
humanidad.
Pero la más trascendente de las acciones
epidémicas ocurridas en Cuba se produjo en 1981 con la introducción del
dengue, que produjo miles de casos, muchos de ellos de tipo hemorrágico.
Esta vez cobró centenares de vidas, la mayoría de ellas dentro de la
población infantil del país. El análisis exhaustivo que se hizo de la forma
de presentación de esta epidemia, sus mecanismos de transmisión, la
existencia de una epidemia precedente que sensibilizó a miles de personas
para facilitar en una nueva manifestación los mecanismos fisiopatológicos
hemorrágicos, hicieron concluir que se trataba en este caso del empleo de
una modalidad del arma biológica. 31
Algunos años más tarde se añadieron en este
país dos epidemias más a las ya conocidas: una de carácter humano: de
conjuntivitis hemorrágica; y otra animal: de dermatitis nodular del ganado
vacuno.
Después de los criminales actos terroristas
perpetrados en la ciudad de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, la
humanidad mira con aprensión y angustia su futuro inmediato y mediato,
asombrada de la continuidad de la violencia y de la maldad reinantes,
ejemplificadas en la utilización de agentes biológicos como el ántrax y la
viruela (ya erradicada en el mundo), y en la amenaza de viejas y nuevas
formas de terror para combatirlas.
Notas
32 E. Chazov. Nuclear War: The Medical and Biological
Consequences. Moscú, Novosti Press Agency, 1984: 101.
33 Ibídem.
34 Comité de Publicación Hiroshima-Nagasaki.
Hiroshima-Nagasaki: un testimonio gráfico de la destrucción atómica.
Tokio, Editorial Comité Hiroshima-Nagasaki, 1978: 17.
35 C. Pazos. «Nuclear Deterrence: Its Costs Upon Health.»
Lecture at UNESCO. París, 1995: 1.
36 C. Pazos. «La amenaza de las armas nucleares.»
Conferencia en el seno del Ejecutivo Nacional de IPPNW-CUBA realizada en el
MINSAP. La Habana, 2000: 2.
37 IPPNW. «Human and Technical Fallibility in Military
Organization.» Medical Articles on Nuclear War. Boston, 1982: 9-10.
38 C. Pazos. «Armas nucleares y armamentismo:
consecuencias en la salud pública de los países del Sur.» Conferencia en la
Universidad de París. París, 1995: 3.
39 Ibídem.
40 Ibídem: 4-5.
41 Ibídem: 5.
42 Ibídem.
43 Ibídem.
44 C. Pazos. «Informe del Ejecutivo en el Seminario
Nacional de IPPNW-CUBA.» La Habana, 2000: 8.
45 IPPNW. «Experiments on Human Beings.» En: Medical
Articles on Nuclear War. Op. cit.: 37.
46 S. Schwartz. «Four Trillion Dollars and Counting.»
The Bulletin of The Atomic Scientists [Chicago], noviembre-diciembre,
1995: 32.
47 B. Lown. «Fiebre del milenio: nuevas energías para la
IPPNW.» Discurso en el XII Congreso Mundial de la IPPNW. Versión en español.
Boston, 1996: 7.
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