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 LA BIOÉTICA DE POTTER A POTTER

  Por José Ramón Acosta Sariego   

Parte 1 /3   

Este trabajo forma parte del libro "Bioética para sustentabilidad"
 Publicaciones Acuario del Centro Félix Varela de Cuba.
El Dr. Acosta Sariego fue el Editor Científico de este título

Acerca de Potter

El movimiento intelectual y de práctica social creado alrededor del neologismo bioética, es aún muy joven en términos del desarrollo de una disciplina que no ha contestado fehacientemente la pregunta por su fundamento, y que hoy tal pareciera retornar a sus orígenes, tras meandros de controvertida búsqueda.

Cuando en 1982, junto a las tranquilas aguas del lago Mendota, en Madison, se celebraba el acto de jubilación del profesor Van Rensselaer Potter como director del Laboratorio McArdle, adscrito a la Universidad de Wisconsin, y esa casa de altos estudios anunciaba la institución de un ciclo de lecturas de bioquímica y oncología en reconocimiento a sus casi cincuenta años de dedicación a la investigación básica sobre el cáncer, en el ánimo de las autoridades universitarias prevaleció la percepción acerca del aporte social del homenajeado como la de un destacado investigador experimental que había acumulado méritos suficientes para, en diferentes momentos de su vida científica, ser elegido Presidente, tanto de la Sociedad Americana de Biología Molecular como de su homóloga para la Investigación del Cáncer. Al parecer, no justipreciaron en toda su dimensión la obra humanística que definitivamente le haría trascender.

Sin embargo, hace solo unos meses, el anciano profesor Potter, que continuó estoicamente asistiendo a diario a su trabajo, abandonaba la vida terrena a los noventa años de edad e ingresaba para siempre en el panteón de la gloria universal. Había ganado este derecho no precisamente por sus más de trescientos cincuenta artículos científicos acerca de la biología molecular del cáncer, en particular por sus aportaciones a la fundamentación de la quimioterapia contra los procesos neoformativos, sino por habernos legado una revolucionaria visión de la relación entre las ciencias y las humanidades, y, con ello, el esbozo de una nueva cultura para la supervivencia futura.

El primer segundo tras el Big Bang bioético

En 1962, la Universidad del Estado de Dakota del Sur invitó al ex alumno Van R. Potter a dictar una conferencia con motivo del centenario de la ley sobre concesiones de tierras firmada por Abraham Lincoln, a cuyo amparo se había fundado dicha universidad. Dadas las circunstancias, a pesar de que el honor se le confirió fundamentalmente por sus entonces veintidós años de experiencia en los estudios sobre el cáncer, Potter decidió optar por un tema más filosófico.

"Lo que me interesaba en ese entonces —rememoró Potter en uno de sus últimos trabajos—, […] era el cuestionamiento del progreso y hacia dónde estaban llevando a la cultura occidental todos los avances materialistas propios de la ciencia y la tecnología. Expresé mis ideas de lo que, de acuerdo con mi punto de vista, se transformó en la misión de la bioética: un intento por responder a las preguntas que encara la humanidad: ¿qué tipo de futuro tenemos por delante?, y ¿tenemos alguna opción? […]. Todo comenzó en esa charla de 1962, en la que la misión consistía en examinar nuestras ideas competitivas sobre el progreso. Así, el título de esa charla fue «Un puente hacia el futuro, el concepto de progreso humano…»1

En esa conferencia, Potter analizó tres imágenes del progreso: religioso, como ganancia material y como científico-filosófico, y llegó a la conclusión de que «solo el concepto científico-filosófico de progreso que pone énfasis en la sabiduría de gran alcance, es el único tipo de progreso que puede llevar a la supervivencia».2

A pesar de que la metáfora del «puente hacia el futuro» ya está presente en esta charla de 1962, Potter demoró ocho años más para madurar su definición de la bioética como la disciplina en la que el saber científico y filosófico confluyen, a fin de darle concreción a esta cultura de la supervivencia preconizada por él.

Es en «Bioethics. The Science of Survival», artículo aparecido en 1970 en la revista Perspectives in Biology and Medicine, donde Potter utiliza el término bioética por primera vez. No obstante, este no trascendió efectivamente al vocabulario científico hasta la publicación del famoso libro Bioethics: Bridge to the Future, aparecido a principios de 1971 a instancias de Carl Swanson, que dirigía la colección Biological Sciencies Series para el editor Prentice Hall, y donde se compilan trece artículos de Potter escritos entre 1962 y 1970.

La bioética era ya un hecho, y sin pretender restar méritos al visionario bioquímico de Wisconsin, las condiciones objetivas económicas y sociales imperantes en la sociedad norteamericana de la década del 60 y 70 así lo propiciaron. Esto parece ser confirmado por la fundación del The Joseph and Rose Kennedy Institute for the Study of the Human Reproduction and Bioethics de la Universidad de Georgetown, en Washington, D.C., en junio de 1971, tan solo pocos meses después de ver la luz el primer libro de Potter.

La sugerencia de incluir el término bioética en la denominación de lo que con el tiempo se convertiría en institución pionera y «Meca» del pensamiento bioético anglosajón, partió de un miembro del clan Kennedy, al parecer sin conocimiento de los trabajos de Potter. No es de extrañar entonces que el director fundador del Centro, el ginecobstetra de origen holandés Andre Hellegers, en su discurso de inauguración, definiera la bioética como una «ética biomédica». Aquí comenzó el proceso de medicalización de la disciplina, que, si bien sirvió de alternativa y asidero ante la crisis metodológica y de fundamentación por la que atravesaba la ética médica tradicional ante los impresionantes avances tecnológicos desarrollados bajo relaciones sanitarias asimétricas y en un entorno de inequidades en el acceso a los servicios de salud, significó también un reduccionismo del ideal potteriano.

Al igual que el universo tras el original Big Bang, la bioética comenzó a expandirse y alejarse cada vez más rápidamente de su punto de partida.


Notas

1 V. R. Potter. «Bioética puente, bioética global y bioética profunda.» Cuadernos del Programa Regional de Bioética [Santiago de Chile], no. 7, diciembre, 1998: 25.

2 Ibídem: 26.


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