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Parte 2 /3
El Big Picture potteriano
¿Cuál es el núcleo del pensamiento de Potter en cuanto al
objeto y misión de la bioética?
Potter vino al mundo en 1911, en el ambiente rural de su
natal Dakota del Sur, donde transcurrieron su infancia y primera juventud.
De confesión presbiteriana, recordaba haber sido muy activo en su comunidad
religiosa, al punto de inclinarse en cierto momento hacia la vocación de
pastor eclesiástico, que después sublimó a través de la actividad científica
en el campo tan sensible que eligió. Los que, como Sandro Spinsanti —de cuya
semblanza sobre Potter he extraído la mayor parte de los datos biográficos
aquí reseñados3— y el padre Alonso Llano, lograron
llegar al noveno piso de McArdle y conocer a Potter en sus reducidos
dominios, quedaron impresionados por la imagen de armonía espiritual que
trasmitía este humilde anciano que había desarrollado una brillante carrera
académica y fundado una visión posmoderna de la ética, a la vez que una
prolífica familia producto de un estable matrimonio propio del ideal y las
convenciones de la clase media norteamericana.
Potter, a pesar de ser el creador de la bioética, no fue un
bioeticista en el sentido estricto de su dedicación a ella «a tiempo
completo», pues demoró casi veinte años en publicar su segundo libro (Global
Bioethics, 1988). Los trabajos investigativos en biología molecular
continuaron poniendo el pan en su mesa, mientras que su creación, cual hija
pródiga, se iba de casa para convertirse en icono del «jet set»
posmoderno. De referente reconocía, como la mayor motivación que encendió su
interés por la cuestión del progreso humano y el destino de la vida, la
influencia ejercida sobre él por las ideas de la antropóloga Margaret Mead
publicadas en la revista Science en 1957 («Toward more vivid utopias»),
en particular su propuesta acerca del papel de las universidades en la
construcción de una sociedad decente y humanista, para lo que consideraba
esencial fundar «cátedras sobre el futuro». Tanta importancia concedió
Potter a esta iniciativa que creó un comité interdisciplinario sobre el
futuro en la Universidad de Wisconsin, el cual suscribió un artículo
publicado en Science en 1970. En este trabajo se consideraban un
anacronismo los dogmas positivistas de la «búsqueda de la verdad» y la
«libertad académica» ante el requerimiento de trasmitir a los jóvenes
universitarios no tan solo conocimientos, sino también juicios de valor
sobre la responsabilidad con el futuro.
Sorprendentemente, Potter confesó ignorar, en la época en
que escribió los diferentes textos que componen su primer libro, la obra de
Aldo Leopold, otro profesor de Wisconsin, en particular su ética de la
Tierra, enunciada en A Sand Country Almanac, with Other Essays on
Conservation from Round River (1949), de la cual la bioética parece ser
continuadora.
Comparte Potter con Leopold la idea de que el respeto por la
naturaleza es esencial para la supervivencia como categoría fundamental de
una meta-ética, colofón o tercera fase de la evolución de la ética desde su
origen hasta nuestros días, y que según Leopold se resume en un proceso
acumulativo que primero pretendió regular las relaciones entre los
individuos, después agregó la prioridad dominante por las relaciones de
estos con la sociedad, hasta la actual, en la que el objeto es regular la
relación del hombre con la naturaleza en su conjunto. Potter considera la
ética de la Tierra de Leopold como el principal antecedente y referente de
la bioética. Por esta razón, casi al momento de estarse imprimiendo
Bioethics: Bridge to the Future, logró introducir una dedicatoria a
Leopold, y en su segundo libro, Global Bioethics, agrega el subtítulo
Building on the Leopold Legacy. O sea, Potter pretende dejar claro
que su visión global de la bioética está erigida sobre el legado de su
colega de Wisconsin.
En uno de los últimos viajes que realizara fuera de los
Estados Unidos, Potter dictó una conferencia ante más de quinientos
estudiantes japoneses, en la cual resume lo que para él debe constituir el
desarrollo de la bioética.
[L]a teoría original de la bioética —bioética puente—
era la intuición que señalaba que la supervivencia de gran alcance de la
especie humana, en una civilización decorosa y sustentable, requería del
desarrollo y del mantenimiento de un sistema ético. Tal sistema es la
bioética global, basada en instituciones y razonamientos sustentados en
el conocimiento empírico proveniente de todas las ciencias, pero en
especial del conocimiento biológico. En esta observación utilizó la
palabra empírico en el sentido usual: el conocimiento empírico es el
conocimiento basado en las observaciones o experimentos que son
independientemente verificables. En la actualidad, este sistema ético
propuesto sigue siendo el núcleo de la bioética puente, con su extensión
a la bioética global, en la que la función de puente ha exigido la
fusión de la ética médica y de la ética medioambiental en una escala de
nivel mundial para preservar la supervivencia humana.4
Para la concreción práctica de la bioética global, según
Potter, es necesario despojarse de la aspiración competitiva de «winners»
y «losers» que prevalece en la sociedad capitalista. Además, la
reticencia de la ética médica al diálogo interdisciplinario y la tendencia
entronizada en el ámbito médico de interpretar la bioética como ética
biomédica, convenció a Potter de que los puentes bioéticos debían extenderse
también hacia lo que él denomina como ética agrícola, ética social, ética
religiosa y ética capitalista. Para clarificar más el pensamiento potteriano,
permítaseme citar su interpretación de cuál es el significado de la ética
social y la ética capitalista para la bioética.
La ética social se reduce a una búsqueda de soluciones
al conflicto entre los más privilegiados y los menos privilegiados. Toda
otra materia depende de ese conflicto: el avance de los más
privilegiados versus la lucha por la supervivencia. Muchos países
grandes en Asia y África parecen los ejemplos más remotos de un grupo
reducido de privilegiados que ignora las necesidades básicas de
alimentación, abrigo, educación, empleo y dignidad humana para la
multitud menos privilegiada […]. Sin embargo, al final de este milenio,
aquí, en los Estados Unidos, podemos observar ejemplos del dilema no
solo de países lejanos, sino también en nuestro propio jardín trasero
[…]. En el año 1988, en el libro Bioética global, me extendí sobre el
tema de que una demanda por una salud humana al nivel mundial para todos
los habitantes del globo, y no solo para los escogidos, con tasas de
mortalidad reducidas y reproducción humana controlada a voluntad, forma
parte de la bioética global […].
La ética capitalista […] exige que la filosofía de libre
mercado sea un instrumento para un desempeño social bueno, mediante la
así llamada mano invisible del autointerés que Adam Smith, un economista
escocés, describió en 1776. Sin embargo, en efecto, es la mano rapaz la
que opera en el libre mercado de una economía global que reduce la selva
tropical y que vacía el mar de sus peces. La ética, así como es, no ha
podido resolver el dilema de la simple justicia que equilibra los
derechos humanos contra la ganancia máxima de una minoría.5
Queda convencido Potter de que, en las condiciones del
capitalismo salvaje, sus aspiraciones para una bioética global no son
posibles, y de hecho se está pronunciando contra la ética del utilitarismo
«duro» o economicista, dado que la época del capitalismo de libre
concurrencia que imaginó Adam Smith, y que después se refrenda en la ética
de Moore, Hare y Mill «del mayor beneficio para el mayor número posible», no
es el capitalismo neoliberal global del grupo de Chicago que tuvo
oportunidad de conocer el creador de la bioética, en el que el «mayor número
posible» se reduce a un mínimo de privilegiados.
Es por esta razón que su pensamiento evoluciona y se
radicaliza, en el sentido de percatarse de que los puentes entre los
conocimientos empíricos de las ciencias naturales y sociales no son
suficientes para concretar el ideal bioético de supervivencia, y toma como
ejemplo la disparidad de los avances en la genética molecular en relación
con la reflexión referente a la repercusión económica y social de sus
potenciales beneficios y riesgos. Por todo ello, la tercera fase en el
desarrollo de la disciplina que considera Potter es la bioética profunda.
Según Potter, las ideas básicas de la bioética profunda
están presentes en las consideraciones de Peter Whitehouse sobre ecología
profunda, aunque las complementa con argumentos provenientes del teólogo
alemán Hans Kung (Una ética global para una política global y económica,
1988) y de Haykudai Sakamoto (Una nueva base para la bioética de Asia,
1996), profesor de la Universidad Nihon.
De Whitehouse asume la impostergable urgencia de acometer
una reflexión más profunda sobre el bien y el mal que trascienda los datos
concretos cuantificables actuales y se proyecte al futuro, en el sentido de
evitar el error fatal de priorizar los beneficios a corto plazo en relación
con la prudencia a largo plazo, en términos de evitar la extinción. De Kung
toma la idea de la necesidad de compromiso político de los Estados
nacionales, aunque le critica su antropocentrismo judeocristiano. De
Sakamoto incorpora su aserto acerca de que la naturaleza no es algo que se
conquiste, sino con lo que convivimos, y su exigencia de que la bioética
global requiere de una metodología precisa que evite la universalización de
los patrones euro-norteamericanos.
Así, necesitamos combinar la bioética profunda —resume
Potter— que explora los nexos entre los genes y la conducta ética, con
la bioética global, que va mucho más allá del legado de Aldo Leopold,
para aceptar un amplio diálogo entre Hans Kung y Haykudai Sakamoto.6
Este es el «último círculo» de la espiral del desarrollo
bioético según Potter, la bioética sustentable, concepción que asumió el
proyecto iniciado por él en Wisconsin, la última empresa bioética acometida
antes de su fallecimiento.
Como se puede apreciar, el pensamiento potteriano es un
amalgama de diferentes tendencias del saber humanístico contemporáneo, en el
cual se evidencia una progresiva radicalización, desde la bioética puente
hasta la bioética sustentable, pero que adolece de la limitación de no
presentarnos una teoría ética consistente. Creo, incluso, que el propósito
de Potter no haya ido más allá de enfrentarnos a su visión del problema y
que no se planteó tratar de construir una teoría ética en regla.
Por su formación religiosa cristiana, podemos pensar que su
deontología y escala axiológica es de inspiración neokantiana; sin embargo,
la acérrima crítica al antropocentrismo de Kung y su concordancia con
Sakamoto, en cuanto al carácter de sujeto moral de la naturaleza, lo aleja
del más puro imperativo categórico kantiano y lo acerca a la reformulación
de Jonas. Hay elementos de ética dialógica en Potter, por su reconocimiento
del intercambio entre diferentes sujetos morales para alcanzar los
propósitos políticos de la bioética global; así como visos de utilitarismo a
lo John Stuart Mill, quien llegó a considerar la equidad social como
utilidad, ya que en Potter la equidad intergeneracional e interespecies es
condición para el bien supremo de la supervivencia. Por último, distinguimos
en la bioética potteriana atisbos de la ética de la responsabilidad. Es
obvio que comparte otros criterios con Jonas, dado que el principio de
responsabilidad es consustancial a su visión ética, al igual que la
necesidad de calcular el impacto remoto de las acciones presentes, la
prioridad de los pronósticos malos sobre los buenos al enfrentar cualquier
acción intervensionista en el medio ambiente y la exclusión de decisiones
estrictamente mercantiles en materia ecológica, elementos todos
constitutivos del sistema ético del pensador judío. Potter también tiene
puntos de contacto con una visión propia del pensamiento complejo, donde
conocimiento y valor se erigen en condiciones iniciales de una renovadora
comprensión del sentido y destino de la vida.
Notas
3 S. Spinsanti. «Bioética global o la sabiduría para
sobrevivir.» Cuadernos del Programa Regional de Bioética [Santiago de
Chile], no. 7, diciembre, 1998: 10.
4 V.R. Potter. Op. cit.:
24.
5 Ibídem: 28-9.
6 Ibídem: 31.
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