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 LA BIOÉTICA DE POTTER A POTTER

  Por José Ramón Acosta Sariego   

Parte 2 /3   

El Big Picture potteriano

¿Cuál es el núcleo del pensamiento de Potter en cuanto al objeto y misión de la bioética?

Potter vino al mundo en 1911, en el ambiente rural de su natal Dakota del Sur, donde transcurrieron su infancia y primera juventud. De confesión presbiteriana, recordaba haber sido muy activo en su comunidad religiosa, al punto de inclinarse en cierto momento hacia la vocación de pastor eclesiástico, que después sublimó a través de la actividad científica en el campo tan sensible que eligió. Los que, como Sandro Spinsanti —de cuya semblanza sobre Potter he extraído la mayor parte de los datos biográficos aquí reseñados3— y el padre Alonso Llano, lograron llegar al noveno piso de McArdle y conocer a Potter en sus reducidos dominios, quedaron impresionados por la imagen de armonía espiritual que trasmitía este humilde anciano que había desarrollado una brillante carrera académica y fundado una visión posmoderna de la ética, a la vez que una prolífica familia producto de un estable matrimonio propio del ideal y las convenciones de la clase media norteamericana.

Potter, a pesar de ser el creador de la bioética, no fue un bioeticista en el sentido estricto de su dedicación a ella «a tiempo completo», pues demoró casi veinte años en publicar su segundo libro (Global Bioethics, 1988). Los trabajos investigativos en biología molecular continuaron poniendo el pan en su mesa, mientras que su creación, cual hija pródiga, se iba de casa para convertirse en icono del «jet set» posmoderno. De referente reconocía, como la mayor motivación que encendió su interés por la cuestión del progreso humano y el destino de la vida, la influencia ejercida sobre él por las ideas de la antropóloga Margaret Mead publicadas en la revista Science en 1957 («Toward more vivid utopias»), en particular su propuesta acerca del papel de las universidades en la construcción de una sociedad decente y humanista, para lo que consideraba esencial fundar «cátedras sobre el futuro». Tanta importancia concedió Potter a esta iniciativa que creó un comité interdisciplinario sobre el futuro en la Universidad de Wisconsin, el cual suscribió un artículo publicado en Science en 1970. En este trabajo se consideraban un anacronismo los dogmas positivistas de la «búsqueda de la verdad» y la «libertad académica» ante el requerimiento de trasmitir a los jóvenes universitarios no tan solo conocimientos, sino también juicios de valor sobre la responsabilidad con el futuro.

Sorprendentemente, Potter confesó ignorar, en la época en que escribió los diferentes textos que componen su primer libro, la obra de Aldo Leopold, otro profesor de Wisconsin, en particular su ética de la Tierra, enunciada en A Sand Country Almanac, with Other Essays on Conservation from Round River (1949), de la cual la bioética parece ser continuadora.

Comparte Potter con Leopold la idea de que el respeto por la naturaleza es esencial para la supervivencia como categoría fundamental de una meta-ética, colofón o tercera fase de la evolución de la ética desde su origen hasta nuestros días, y que según Leopold se resume en un proceso acumulativo que primero pretendió regular las relaciones entre los individuos, después agregó la prioridad dominante por las relaciones de estos con la sociedad, hasta la actual, en la que el objeto es regular la relación del hombre con la naturaleza en su conjunto. Potter considera la ética de la Tierra de Leopold como el principal antecedente y referente de la bioética. Por esta razón, casi al momento de estarse imprimiendo Bioethics: Bridge to the Future, logró introducir una dedicatoria a Leopold, y en su segundo libro, Global Bioethics, agrega el subtítulo Building on the Leopold Legacy. O sea, Potter pretende dejar claro que su visión global de la bioética está erigida sobre el legado de su colega de Wisconsin.

En uno de los últimos viajes que realizara fuera de los Estados Unidos, Potter dictó una conferencia ante más de quinientos estudiantes japoneses, en la cual resume lo que para él debe constituir el desarrollo de la bioética.

[L]a teoría original de la bioética —bioética puente— era la intuición que señalaba que la supervivencia de gran alcance de la especie humana, en una civilización decorosa y sustentable, requería del desarrollo y del mantenimiento de un sistema ético. Tal sistema es la bioética global, basada en instituciones y razonamientos sustentados en el conocimiento empírico proveniente de todas las ciencias, pero en especial del conocimiento biológico. En esta observación utilizó la palabra empírico en el sentido usual: el conocimiento empírico es el conocimiento basado en las observaciones o experimentos que son independientemente verificables. En la actualidad, este sistema ético propuesto sigue siendo el núcleo de la bioética puente, con su extensión a la bioética global, en la que la función de puente ha exigido la fusión de la ética médica y de la ética medioambiental en una escala de nivel mundial para preservar la supervivencia humana.4

Para la concreción práctica de la bioética global, según Potter, es necesario despojarse de la aspiración competitiva de «winners» y «losers» que prevalece en la sociedad capitalista. Además, la reticencia de la ética médica al diálogo interdisciplinario y la tendencia entronizada en el ámbito médico de interpretar la bioética como ética biomédica, convenció a Potter de que los puentes bioéticos debían extenderse también hacia lo que él denomina como ética agrícola, ética social, ética religiosa y ética capitalista. Para clarificar más el pensamiento potteriano, permítaseme citar su interpretación de cuál es el significado de la ética social y la ética capitalista para la bioética.

La ética social se reduce a una búsqueda de soluciones al conflicto entre los más privilegiados y los menos privilegiados. Toda otra materia depende de ese conflicto: el avance de los más privilegiados versus la lucha por la supervivencia. Muchos países grandes en Asia y África parecen los ejemplos más remotos de un grupo reducido de privilegiados que ignora las necesidades básicas de alimentación, abrigo, educación, empleo y dignidad humana para la multitud menos privilegiada […]. Sin embargo, al final de este milenio, aquí, en los Estados Unidos, podemos observar ejemplos del dilema no solo de países lejanos, sino también en nuestro propio jardín trasero […]. En el año 1988, en el libro Bioética global, me extendí sobre el tema de que una demanda por una salud humana al nivel mundial para todos los habitantes del globo, y no solo para los escogidos, con tasas de mortalidad reducidas y reproducción humana controlada a voluntad, forma parte de la bioética global […].

La ética capitalista […] exige que la filosofía de libre mercado sea un instrumento para un desempeño social bueno, mediante la así llamada mano invisible del autointerés que Adam Smith, un economista escocés, describió en 1776. Sin embargo, en efecto, es la mano rapaz la que opera en el libre mercado de una economía global que reduce la selva tropical y que vacía el mar de sus peces. La ética, así como es, no ha podido resolver el dilema de la simple justicia que equilibra los derechos humanos contra la ganancia máxima de una minoría.5

Queda convencido Potter de que, en las condiciones del capitalismo salvaje, sus aspiraciones para una bioética global no son posibles, y de hecho se está pronunciando contra la ética del utilitarismo «duro» o economicista, dado que la época del capitalismo de libre concurrencia que imaginó Adam Smith, y que después se refrenda en la ética de Moore, Hare y Mill «del mayor beneficio para el mayor número posible», no es el capitalismo neoliberal global del grupo de Chicago que tuvo oportunidad de conocer el creador de la bioética, en el que el «mayor número posible» se reduce a un mínimo de privilegiados.

Es por esta razón que su pensamiento evoluciona y se radicaliza, en el sentido de percatarse de que los puentes entre los conocimientos empíricos de las ciencias naturales y sociales no son suficientes para concretar el ideal bioético de supervivencia, y toma como ejemplo la disparidad de los avances en la genética molecular en relación con la reflexión referente a la repercusión económica y social de sus potenciales beneficios y riesgos. Por todo ello, la tercera fase en el desarrollo de la disciplina que considera Potter es la bioética profunda.

Según Potter, las ideas básicas de la bioética profunda están presentes en las consideraciones de Peter Whitehouse sobre ecología profunda, aunque las complementa con argumentos provenientes del teólogo alemán Hans Kung (Una ética global para una política global y económica, 1988) y de Haykudai Sakamoto (Una nueva base para la bioética de Asia, 1996), profesor de la Universidad Nihon.

De Whitehouse asume la impostergable urgencia de acometer una reflexión más profunda sobre el bien y el mal que trascienda los datos concretos cuantificables actuales y se proyecte al futuro, en el sentido de evitar el error fatal de priorizar los beneficios a corto plazo en relación con la prudencia a largo plazo, en términos de evitar la extinción. De Kung toma la idea de la necesidad de compromiso político de los Estados nacionales, aunque le critica su antropocentrismo judeocristiano. De Sakamoto incorpora su aserto acerca de que la naturaleza no es algo que se conquiste, sino con lo que convivimos, y su exigencia de que la bioética global requiere de una metodología precisa que evite la universalización de los patrones euro-norteamericanos.

Así, necesitamos combinar la bioética profunda —resume Potter— que explora los nexos entre los genes y la conducta ética, con la bioética global, que va mucho más allá del legado de Aldo Leopold, para aceptar un amplio diálogo entre Hans Kung y Haykudai Sakamoto.6

Este es el «último círculo» de la espiral del desarrollo bioético según Potter, la bioética sustentable, concepción que asumió el proyecto iniciado por él en Wisconsin, la última empresa bioética acometida antes de su fallecimiento.

Como se puede apreciar, el pensamiento potteriano es un amalgama de diferentes tendencias del saber humanístico contemporáneo, en el cual se evidencia una progresiva radicalización, desde la bioética puente hasta la bioética sustentable, pero que adolece de la limitación de no presentarnos una teoría ética consistente. Creo, incluso, que el propósito de Potter no haya ido más allá de enfrentarnos a su visión del problema y que no se planteó tratar de construir una teoría ética en regla.

Por su formación religiosa cristiana, podemos pensar que su deontología y escala axiológica es de inspiración neokantiana; sin embargo, la acérrima crítica al antropocentrismo de Kung y su concordancia con Sakamoto, en cuanto al carácter de sujeto moral de la naturaleza, lo aleja del más puro imperativo categórico kantiano y lo acerca a la reformulación de Jonas. Hay elementos de ética dialógica en Potter, por su reconocimiento del intercambio entre diferentes sujetos morales para alcanzar los propósitos políticos de la bioética global; así como visos de utilitarismo a lo John Stuart Mill, quien llegó a considerar la equidad social como utilidad, ya que en Potter la equidad intergeneracional e interespecies es condición para el bien supremo de la supervivencia. Por último, distinguimos en la bioética potteriana atisbos de la ética de la responsabilidad. Es obvio que comparte otros criterios con Jonas, dado que el principio de responsabilidad es consustancial a su visión ética, al igual que la necesidad de calcular el impacto remoto de las acciones presentes, la prioridad de los pronósticos malos sobre los buenos al enfrentar cualquier acción intervensionista en el medio ambiente y la exclusión de decisiones estrictamente mercantiles en materia ecológica, elementos todos constitutivos del sistema ético del pensador judío. Potter también tiene puntos de contacto con una visión propia del pensamiento complejo, donde conocimiento y valor se erigen en condiciones iniciales de una renovadora comprensión del sentido y destino de la vida.


Notas

3 S. Spinsanti. «Bioética global o la sabiduría para sobrevivir.» Cuadernos del Programa Regional de Bioética [Santiago de Chile], no. 7, diciembre, 1998: 10.

4 V.R. Potter. Op. cit.: 24.

5 Ibídem: 28-9.

6 Ibídem: 31.


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Siguiente: La Bioética fuera de Potter  

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