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 LA BIOÉTICA DE POTTER A POTTER

  Por José Ramón Acosta Sariego   

Parte 3 /3   

La bioética fuera de Potter

Las ideas de Potter no encontraron eco inmediato, a pesar de la popularidad que el término bioética alcanzó en muy breve tiempo, tanto en los medios científicos como de divulgación masiva, favorecido esto último, en gran medida, por la toma de conciencia de la opinión pública y el espíritu cuestionador y contestatario de la década del sesenta y del setenta del pasado siglo xx ante los agudos problemas económicos y sociales, así como por el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

La sociedad norteamericana atravesaba, además, una crisis de credibilidad moral conmocionada por la recesión económica, el «síndrome de Vietnam», las luchas por los derechos de las minorías, los movimientos ambientalistas y contraculturales, el asesinato simbólico de las opciones de cambio (Malcolm X, los hermanos Kennedy y Martin Luther King, Jr.) y el desprestigio del sistema político tras el escándalo de Watergate.

Por otra parte, la introducción acelerada de tecnologías médicas de gran complejidad y poder invasivo disparó los costos de los servicios de salud y estimuló su comercialización, así como la especialización hacia la más rentable atención médica hospitalaria, en detrimento de las acciones de promoción y prevención. El peligro de la deshumanización ante el resquebrajamiento del ancestral deber hipocrático de actuar en el mejor interés del paciente, en el entorno de una práctica de la atención tradicionalmente autoritaria, pero ahora investida de un poder inusitado sobre la intimidad, la vida y la muerte.

Diversas revelaciones periodísticas sobre investigaciones médicas llevadas a cabo sin recaudos éticos y el debate público que esto produjo, estimularon a que el Congreso de los Estados Unidos creara, en 1974, la National Commission for the Protection of the Human Subjects Involved in Medical and Behavioral Research, la cual culminó sus trabajos en 1978 con el archifamoso Informe Belmont, esbozo de la teoría utilitarista que un año más tarde fuera sistematizada por dos profesores de Georgetown: Thomas Beauchamp, filósofo utilitarista que había formado parte de la Comisión, y James Childress, deontólogo cristiano, quienes, en coautoría, publicaron el libro Principles of Biomedical Ethics, texto contentivo de la aplicación sistémica de los principios de beneficencia, autonomía, justicia y no maleficencia a las decisiones en situaciones de conflicto presentes en la atención médica.

A pesar de basarse en un sistema de principios, lo que al parecer le confería cierto ropaje deontologista, al conferirles igual jerarquía a todos ellos, no llegan a establecer una escala ética, lo que evidencia el interés de los autores por brindar un procedimiento que ofreciera la mejor solución de acuerdo con las consecuencias, o sea, es una propuesta eminentemente teleológica, utilitarista. Al no establecer jerarquía entre los principios, ni siquiera una metodología explícita, Beauchamp y Childress dejan el campo abierto para que las características y circunstancias en que se toma la decisión aconsejen la opción que mejores consecuencias conlleve. Dada la tradición individualista de la personalidad social norteamericana, en la práctica, el llamado principalismo anglosajón inclinó el centro de las discusiones hacia la observancia del principio de autonomía y el procedimiento para ejercerlo: el consentimiento informado.

Indudablemente, esta propuesta resultó muy atractiva para la toma de decisiones en situaciones de conflicto en la práctica clínica, en especial en los casos límite propios de unidades de cuidados intensivos, cuerpos de guardia, unidades quirúrgicas e investigaciones médicas en seres humanos, fundamentalmente los ensayos clínicos. Esto justifica la gran popularidad del sistema de Beauchamp y Childress, con el cual prácticamente se identificó a la bioética, a pesar de que junto al principalismo coexistieron otras propuestas también utilitaristas, como el casuísmo y el pragmatismo clínico, que no llegaron a alcanzar cotas tan altas de aceptación como el primero.

Pero la ductilidad del principalismo comenzó a fallar dentro de la propia comprensión de la bioética como ética biomédica, en tanto demostró su incapacidad para resolver con satisfacción los problemas de ética relacional propios de la atención primaria de salud, los enfermos crónicos y mentales, ejemplos todos donde elementos externos a la organización sanitaria, en particular la cuestión de la equidad y los modos y estilos de vida, tienen un peso específico muy elevado.

El ecumenismo bioético alrededor del principalismo anglosajón comenzó a resquebrajarse en tanto la bioética se extendió a Europa y posteriormente a América Latina, donde las corrientes éticas neokantiana, marxista y «posmarxista» tenían más arraigo y se han constituido en verdaderas alternativas.

La vuelta a Potter

En el propio año de 1979, en el que veían la luz las ediciones príncipes de Principles of Biomedical Ethics de Beauchamp y Childress y El principio de responsabilidad de Hans Jonas, también aparecía la primera edición de una obra cuyo superobjetivo fue la revalorización del aporte de Potter. Se trataba de Bioethics. A Textbook of Issues, del profesor de la Universidad de Illinois George Kieffer, quien adoptó el término bioética en concordancia con la visión potteriana.

[L]as decisiones éticas son normalmente conclusiones para guiar acciones futuras en términos de consecuencias futuras […] ninguna ética previa tuvo en consideración la condición global de la vida humana y del futuro lejano, mucho menos del destino de toda la especie humana […].7

Hoy día, cuando los enfoques bioéticos al uso acusan sus fisuras, cada vez son más los bioeticistas que se percatan de las limitaciones del enfoque biomédico de la bioética y vuelven sus ojos al abigarrado, un tanto confuso, pero holístico sistema potteriano.

La bioética debiera ser vista —afirma Potter— como el nombre de una nueva disciplina que cambiaría el conocimiento y la reflexión. La bioética debiera ser vista como un enfoque cibernético de la búsqueda continua de la sabiduría, la que yo he definido como el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia humana y para mejorar la condición humana. En conclusión, les pido que piensen en la bioética como una nueva ética científica que combina la humildad, la responsabilidad y la competencia, que es interdisciplinaria e intercultural, y que intensifica el sentido de la humanidad.8

Potter se comprometió con los que sufren y con el futuro. Los que hemos escrito para este texto justipreciamos lo que su legado significa para los miles de millones de seres humanos desposeídos de su dignidad, y pese a las urgencias y desastres de todo tipo que ensombrecen el presente, como nuestro José Martí, tenemos fe en el mejoramiento humano, en el valor de la solidaridad y la resolución de actuar para conjurar el holocausto ecológico, contribuir a la construcción de una existencia digna y sustentable a las venideras generaciones y demostrar con ello que otro mundo humanista y responsable es posible.

Bibliografía

Gracia, D. Fundamentos de bioética. Madrid, Editorial Eudema Universidad, 1989.

Gracia, D. «El qué y el porqué de la bioética.» Cuadernos del Programa Regional de Bioética [Santiago de Chile], no. 1, septiembre de 1995: 35-53.

Jonsen, A. «El nacimiento de la bioética.» En: L. Pessini; C. de P. Barchifontaine, (eds.). Problemas actuales de bioética. 4ª ed. São Paulo, Ediciones Loyola, 1997: 16.

Llano, A. «Pasado, presente y futuro de la bioética.» Conferencia dictada en el III Encuentro de Biotecnología del Ecuador y I Curso Regional de Bioseguridad. Quito, Ecuador, 7 al 10 de junio de 1999.

Patrau Neves, M. do C. «Fundamentación antropológica de la bioética: expresión de un nuevo humanismo contemporáneo.» Cuadernos del Programa Regional de Bioética [Santiago de Chile], no. 2, abril, 1996: 11-28.

Potter, V. R. Biotehics: Bridge to the Future. Englewood Cliffs, NJ, Prentice-Hall, 1971.

Reich, W. T. «¿Cómo surgió el neologismo bioética?» En: L. Pessini; C. de P. Barchifontaine (eds.). Op. cit.: 14.

Simón, P.; I. M. Barrio. «Un marco histórico para una nueva disciplina: la bioética.» Med Clin, vol. 105, no. 15, 1995: 583-7.


Notas



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Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte

Inicio: Acerca de Potter  

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