Las nuevas tecnologías y los procesos civilizatorios
Los libros escolares de historia nos hablaban de las sociedades
nómadas, las agrícolas y las industriales las cuales surgieron como
resultado de los procesos civilizatorios que tuvieron lugar a consecuencia
de ciertas revoluciones tecnológicas. Sin embargo, desde hace muy pocos
años, el concepto de sociedad de la información se abre paso con la
intención de dar cuenta de un nuevo tipo de organización humana emergida del
nuevo proceso civilizatorio abierto por las novedosas tecnologías de la
información. La humanidad asiste hoy a un nuevo punto de viraje histórico
planetario del alcance que antes tuvieron el dominio del fuego, el
aprendizaje de la caza y la pesca, el conocimiento de las técnicas agrícolas
y ganaderas o el desarrollo del conocimiento de la mecánica y su aplicación
en la producción industrial.
Hay una serie de similitudes en los patrones que acompañaron el
surgimiento y desarrollo de esos diferentes procesos civilizatorios y
sociedades que vale la pena tener en cuenta.
- Puede decirse que se está en presencia de un nuevo proceso
civilizatorio cuando el surgimiento de una nueva tecnología tiene el
potencial de impactar de manera completa e integral sobre el modo en que
las personas interactúan entre si. Hay desarrollos tecnológicos como la
producción de penicilina, el invento de los elevadores y de los
frigoríficos, que ciertamente pueden darnos mayor seguridad y confort.
Pero su importancia en términos históricos no es comparable a la de
aquellos que, por su naturaleza, llegan a influir, de manera integral,
sobre las sociedades humanas las cuales se ven obligadas a reorganizarse
-de manera igualmente integral y en todas partes del planeta- a partir
del surgimiento de esos nuevos conocimientos y adelantos tecnológicos.
Tal es el caso de lo ocurrido con el dominio del fuego, la caza, la
agricultura y la mecánica industrial. Tal es el caso, nuevamente, de las
nuevas tecnologías de información (NTI).
- El desarrollo y expansión de esos procesos civilizatorios, sin
embargo, se produce siempre de manera desigual en distintas regiones
geográficas e incluso dentro de un mismo territorio. Todavía hoy en
Brasil –país donde ya se expanden las nuevas tecnologías de la
información y las formas de interactuación humana que las acompañan-
coexisten culturas o pueblos indígenas que son cazadores y recolectores
de alimentos, con las culturas propias de sociedades agrícolas e
industriales. En el presente hay más líneas de teléfonos en New York,
Bruselas y Tokio que en regiones enteras del planeta. Hace diez años
África solamente contaba con el dos por ciento de las líneas telefónicas
de todo el mundo y pese a que se decía que 22 países de esa región
estaban conectados al WWW lo cierto es que sólo existía un acceso muy
limitado a Internet y ubicado, a excepción de Senegal, en sus
respectivas capitales (UNDP 1996).
- Pero el que por periodos más o menos largos subsistan zonas dentro de
un mismo territorio o internacionalmente en las que aún prevalecen los
elementos de procesos civilizatorios anteriores no quiere decir que
ellas escapen al impacto reorganizador planetario del nuevo proceso en
marcha. Esa fue la realidad cuando las civilizaciones agrícolas del
medioevo europeo se impusieron sobre las de cazadores y sobre las
agrícolas del Nuevo Mundo. Pese a que, curiosamente, estas últimas se
encontraban más desarrolladas que las europeas en ciertas áreas, eran
subdesarrolladas en otros campos que resultaron vitales a la hora de
enfrentar las pretensiones colonizadoras europeas, como era el caso con
la brecha existente entre las tecnologías militares y de transportación
de ambas civilizaciones en aquel momento.
- Las sociedades humanas, si bien pueden ser clasificadas según el
proceso civilizatorio que constituye el elemento tecnológico central de
su organización productiva, también pueden ser organizadas bajo
diferentes culturas o sistemas sociales. La humanidad ha visto
sociedades agrícolas organizadas bajo formas esclavistas, feudales,
capitalistas y socialistas así como sociedades industriales basadas en
esquemas institucionales capitalistas y socialistas. Eso supondría que
las llamadas sociedades de la información pudieran ser también
organizadas bajo diferentes esquemas institucionales y valores
culturales, unos seguramente más eficientes y/o justos que otros, como
atestigua la pasada experiencia humana.
- No obstante, el que un mismo tipo de proceso civilizatorio pueda
organizarse bajo diferentes esquemas institucionales y valores
culturales no significa que puedan ser organizados bajo cualquier tipo
de esquema institucional, social, económico, y cultural. Algunos mínimos
requisitos son insalvables para que un cierto esquema de organización
económico-social-cultural pueda ser compatible con ciertos procesos
civilizatorios. El desarrollo de las sociedades industriales demostró
ser incompatible a mediano plazo con el esclavismo, por ejemplo. Las
sociedades de la información, por otro lado, pueden ser desarrolladas en
un corto plazo dentro de una sociedad cerrada limitándola incluso al
acceso y participación en ella de un circuito o estrato social
privilegiado en un territorio dado. Pero su lógica tecnológica es
expansiva y por ello incompatible a mediano y largo plazo con las
sociedades cerradas, tanto desde el punto de vista político como
económico o cultural. En ese sentido, si bien la sociedad de la
información está asociada al advenimiento de las nuevas tecnologías
digitalizadas, también podría decirse que ellas tuvieron sus primeros
embriones dentro de las sociedades industriales cuando los medios de
comunicación masiva, como la radio y la televisión, hicieron porosas las
fronteras y controles nacionales por vez primera.
- La experiencia histórica confirma que sin excepción el poder
económico, político, militar y cultural a escala nacional o
internacional ha estado asociado a aquellos sectores, clases y/ o
naciones que tuvieron la capacidad para ser los primeros en adquirir,
dominar y desarrollar -cuando no monopolizar- las tecnologías de punta
de los nuevos procesos civilizatorios. Poderosos imperios como el
español sucumbieron ante la pujanza del capitalismo inglés porque las
clases dominantes españolas no favorecían las nuevas tecnologías
industriales por temor a los cambios en la organización y estructuras
económicas, culturales y sociales que ellas traían inevitablemente
aparejadas. La aristocracia feudal europea perdió en más de un sitio sus
privilegios –cuando no sus cabezas- por aferrarse a formas de
organización económica, social, política y cultural, que la pujanza
empresarial y revolucionaria de la burguesía en ascenso venían haciendo
obsoletas y desplazando.
Si deseamos comprender los límites y posibilidades de las llamadas
sociedades de la información es preciso tener en cuenta todo lo expresado
con anterioridad respecto al modo de operar y desarrollarse que han mostrado
los procesos civilizatorios precedentes.
El sociólogo Manuel Castells prefiere llamar a las nuevas sociedades
emergidas de esta transformación mundial "sociedades en red" las que, según
él, constituyen la nueva estructura funcional del sistema mundial basadas,
hasta el presente, en un capitalismo de nuevo tipo. Ciertamente, las nuevas
tecnologías han hecho posible que las redes globales de capital, trabajo,
mercados e información ahora funcionen a la velocidad de la luz. Y aquellas
regiones o países que no están en condiciones de sumarse a esas redes y
mantenerse dentro de ellas quedan relegadas a la extrema periferia del
sistema mundial. (Por cierto, en algunos países se nota también el fenómeno
de grupos de personas que optan por retirarse del mundo tecnológico, o que
por su fe religiosa prefieren quedar más o menos fuera de aquel.)
Pero ello no quiere decir que los que no llegan a integrar sus sociedades
plenamente al Internet puedan permanecer en una posición de autarquía
aséptica respecto al resto del mundo organizado en red. Simplemente están en
una situación de desventaja respecto a las sociedades informatizadas
e integradas a redes. Digitalización y conexión no son términos
equivalentes. La autarquía computarizada – o sea, la presencia de sistemas
internos de redes y servicios computarizados de información, pero con acceso
limitado al World Wide Web- no cambia la relación de desventaja con respecto
a las sociedades conectadas en red. Tampoco las "protege" de aquellas. Las
decisiones y modos de operar de las sociedades organizadas en redes
continúan teniendo un impacto sobre aquellas áreas que están fuera de ellas.
Kart Marx, el principal crítico del sistema capitalista, no compartía la
solución del movimiento luddista de enfrentarse a las novedosas tecnologías
industriales que permitieron la consolidación del capitalismo y su
transformación en un sistema planetario de interactuación humana. Incluso
llegó al penoso extremo de aplaudir la brutal colonización británica de la
India al considerarla progresista por llevar hasta allá el nuevo
proceso civilizatorio industrial.
En términos históricos el dilema que enfrentan las naciones es el de
sumarse a un nuevo escalón en la historia de las civilizaciones humanas o
permanecer en uno inferior y mucho mas vulnerable a las manipulaciones de
los centros de poder situados en los países mas desarrollados.
Sin embargo, ello no significa que exista un único modo de
organizar el actual proceso civilizatorio de la información. En el pasado
existieron varios modos de organizar los procesos civilizatorios agrícolas e
industriales. De hecho podría decirse que algunos de los países centrales
que impulsaron el desarrollo de sociedades industriales lo hicieron mientras
coexistían en ellos, de manera temporal, varios sistemas organizativos (en
el caso de EEUU, el norte capitalista e industrial y el sur agrícola y
esclavista) hasta que llegó a imponerse el más avanzado. A escala planetaria
es indudable que el desarrollo del capitalismo en varios puntos de Europa
estuvo basado en la explotación de mano de obra esclava, sacada a la fuerza
de África, en las colonias americanas que los surtían de productos
primarios. Por otro lado, el que el actual proceso civilizatorio de la
información haya emergido bajo un cierto esquema de capitalismo renovado
tampoco significa que pueda desarrollarse de manera infinita bajo ese
sistema normativo sin demandar nuevos ajustes radicales. Mucho menos
significa que no pueda emerger algún otro esquema de organización que
demuestre la capacidad de conjugar una mayor eficiencia con un mejor sistema
de distribución del poder y las riquezas que el que el capitalismo ha sido
capaz de aportar hasta hoy.
Por todo lo anterior es que resulta reaccionario oponerse a la
globalización y progresista el buscar los caminos alternativos para
su reorganización sobre criterios que no sean exclusivamente de
eficiencia económica –que sin embargo no puede ser desatendido como ya
demostró la bancarrota del culto irrestricto al estatismo y la caída del
llamado socialismo real- sino también de otros principios bioéticos,
democráticos y de justicia social. Este es el punto en que se cruzan las
sociedades de la información y el desarrollo sustentable.
El desarrollo sustentable está, por definición, vinculado a la idea de
poder desarrollar sociedades de la información que sean, a la vez,
sociedades sustentables. Pensar en el siglo XXI en una sociedad sustentable
que no sea al mismo tiempo una sociedad de la información es reducir el
concepto de sustentabilidad a la perspectiva del ambientalismo conservador.
La sociedad sustentable, sin embargo, representa mucho más que una simple
sociedad de la información. Es la propuesta de un paradigma alternativo de
organización al que hoy prevalece en las sociedades de la información y el
proceso de globalización. Pretende ser un modo más eficiente de usar los
recursos humanos y naturales, una sociedad más justa desde el punto de vista
distributivo y más democrática desde la perspectiva de la participación en
los procesos de decisión.
Mientras que el concepto de sociedades de la información resulta útil
solamente para clasificar conjuntos humanos a partir del grado de
integración que hayan logrado de las nuevas tecnologías a su cotidianidad,
el concepto de sociedades sustentables resulta más abarcador y permite
develar las insuficiencias a superar, en toda una serie de campos diversos,
de nuestras actuales sociedades no sustentables. El concepto de sociedad de
la información expresa una relación entre los seres humanos y los procesos
tecnológicos que sirve de indicador para medir el grado de adhesión al nuevo
proceso civilizatorio en marcha.
El concepto de sociedad sustentable supone un criterio integral de
valoración de las relaciones sociales: a) entre personas, b) entre seres
humanos y sistemas ecológicos, c) entre seres humanos y procesos
tecnológicos. Mientras que en una discusión sobre sociedades de la
información la atención se concentra en el grado de desarrollo de servicios
digitalizados en un país o región y su conexión planetaria, una discusión
acerca de sociedades sustentables se interesa en contestar, entre otras,
preguntas tales como: ¿Se puede lograr un equilibrio entre las necesidades
de la economía y la sustentabilidad de los ecosistemas? ¿Es posible
compatibilizar la creación eficiente de riquezas que generan los mercados
con esquemas redistibutivos adecuados y servicios básicos universales?
¿Resulta posible una reorganización del régimen político para que resulte
más democrático y participativo que el actual? ¿Pueden construirse culturas
que valoren la diversidad, fomenten la tolerancia y la empatía y tengan
instituciones adecuadas para la prevención, contención y resolución o
transformación pacifica de los conflictos? ¿Es posible reorganizar las
sociedades humanas sobre principios culturales que no sean los del
patriarcalismo? ¿Pueden organizarse los actuales regimenes económicos y
jurídicos de tal manera que estén en condiciones de facilitar y garantizar
los derechos económicos, sociales y culturales en nuestras sociedades?
Podríamos, a partir de lo ya dicho, que el desarrollo sustentable, como
escuela de pensamiento, se interesa por las sociedades de la información en
la medida en que cree encontrar en ellas las claves tecnológicas que
permiten dar respuestas constructivas a esas interrogantes. Pero al mismo
está consciente de que pueden existir –y de hecho ya existen- sociedades de
la información que aportan respuestas negativas a esos dilemas. En ese
sentido podría afirmarse que las sociedades sustentables aspiran a
representar una forma superior de organización de las sociedades de la
información en el marco de un nuevo paradigma cultural situado más allá del
socialismo que conocimos en el siglo XX y el capitalismo actual.
Para los adherentes al ideal de construir sociedades sustentables la
pregunta es cómo poder usar con sabiduría los conocimientos que ponen
a nuestro alcance las sociedades de la información. Ello plantea dos
interrogantes adicionales: ¿cómo pueden desarrollarse sociedades
sustentables desde las sociedades de la información? Y también: ¿cómo se
podría alcanzar y desarrollar una sociedad de la información partiendo desde
los principios de una sociedad sustentable como elementos indispensables
para guiar esa transición?
Este y todos los números de nuestra Revista Futuros están dedicados a
buscar respuestas colectivas a esas interrogantes.
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