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Parte 1 /2
A luz del Informe Nacional de Desarrollo Humano,
'El Conflicto, callejón con salida' ,
son muchos y complejos los factores en juego para la diplomacia colombiana
frente al futuro de Colombia y al manejo del conflicto armado.
"Las relaciones exteriores han sido el detonante de la
compleja crisis colombiana, y es ante todo allí donde el futuro del país
tendrá que definirse", dice el
INDH 2003.
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¿Por qué en el 2003 el Informe de Desarrollo Humano
sobre Colombia se concentra en el conflicto armado?
Porque el conflicto armado se ha convertido en el
principal obstáculo para el desarrollo humano de los colombianos:
- El conflicto produce miles de muertes prematuras cada año.
- El conflicto impide que millones de niños y jóvenes accedan a la
educación.
- El conflicto destruye gran cantidad de activos productivos.
- El conflicto impide que la gente participe en la discusión y
decisión de los asuntos colectivos.
Hay más
para solucionar el conflicto armado se necesita desarrollo humano. Una
salida integral y duradera del conflicto requiere dar opciones nuevas a
todos los afectados, tanto a víctimas, comunidades como a actores
armados.El Informe 2003 busca esas opciones y el modo en que podríamos
propiciarlas y alcanzarlas.
Ver informe |
Especial atención se presta al narcotráfico que, aunque
no generó el conflicto armado, sí exacerbó uno a uno los problemas del país.
Por él, Colombia pasó de ser un país "modelo" a un "estado colapsado", un
vecino molesto, un dolor de cabeza para los Estados Unidos, un proveedor del
vicio, una economía en déficit creciente y con una guerrilla que, a más de
comunista, es "narco terrorista".
"Infortunadamente es en esta difícil realidad
-realidad percibida desde afuera- donde se inscribe y donde ha de
seguir actuando la diplomacia por la paz de Colombia", advierte el Informe.
Durante muchos años, Colombia se adaptó bien al orden
mundial y hasta fue catalogado como un "país modelo": una democracia
estable, un buen vecino, un aliado discreto pero leal de Estados Unidos, un
proveedor cumplido de café y petróleo, y una economía ortodoxa, con el único
defecto de la guerrilla campesina que "aunque fuera comunista, no molestaba
demasiado a nadie".
Todo eso cambió con el narcotráfico porque desgarró al país
entre dos fuerzas gigantescas y opuestas: la fuerza económica de los
consumidores de Estados Unidos y la fuerza política del gobierno de Estados
Unidos; la rentabiliad irresistible por un lado, la rigidez prohibicionista
por el otro.
En medio de una sociedad fragmentada y de un Estado en
construcción, la droga y su represión vinieron a crear más desorden y a
debilitar más el orden: riqueza fácil y corrupción por un lado, y desvió de
la poca capacidad de gobierno, por el otro.
¿POR QUÉ EL CONFLICTO ARMADO ENREDÓ A LA DIPLOMACIA
COLOMBIANA?
¿Por
qué no ingresó a la política sino a la geopolítica?
En los primeros cuatro capítulos del Informe se explica
porqué, además del daño directo del conflicto sobre el desarrollo humano,
aquel ha tenido un grave impacto indirecto sobre el crecimiento económico,
la democracia política y las relaciones exteriores. El daño es indirecto
porque se produjo un cruce entre el conflicto armado y otros procesos
sociales, en especial el tráfico de drogas. El conflicto convivió por cerca
de tres décadas con una economía más dinámica, una democracia más abierta y
una inserción más positiva de Colombia en el orden mundial gracias a que el
cruce con la droga se produjo después de muchos años de violencia.
Una apretada síntesis de esos cuatro capítulos sería. Las
guerras suelen resolverse por un triunfo militar o por un acuerdo negociado,
pero en Colombia se presenta un impasse: la negociación no prospera porque
la insurgencia no es, ni ha sido, una amenaza real al poder; pero no se la
derrota por un conjunto de razones geográficas, sociales, financieras
y políticas.
A falta de salida por los cauces "normales" -acuerdo o
derrota desde el Estado-, el conflicto acabó por desviarse hacia el ámbito
regional (capítulo 2) y se desvió hacia la esfera internacional. El
conflicto no ingresó a la política sino a la geopolítica. Claro está que,
desde muy temprano, nuestra "guerra" quedó inscrita en el marco de la Guerra
Fría y, por ende, fue entendida a la luz de la "doctrina de seguridad
nacional" pero, precisamente porque no había riesgo de un triunfo
guerrillero, Estados Unidos no le dio prioridad al conflicto colombiano.
¿Por
qué se cruzó la preocupación por la droga con otros
intereses?
Con el andar del tiempo, sin embargo, se presentaron dos
cambios convergentes: a) en Estados Unidos el problema de la droga se hizo
más grave y más visible, a tiempo que el fin de la Guerra Fría permitía que
el asunto ganara preeminencia en su agenda de política exterior; b) la
inercia del conflicto lo fue llevando a interferir con cada uno de los
intereses norteamericanos en suelo colombiano.
Además de la amenaza comunista (ya bastante residual) y, por
supuesto del tráfico de drogas, las acciones armadas afectaron más y más
otros intereses de la comunidad internacional, especialmente de los Estados
Unidos, a saber:
- Los recursos energéticos (petróleo, carbón y gas) pues su exploración,
explotación y transporte más que todo se dan en "zonas calientes".
- Seguridad y tranquilidad de las fronteras con Venezuela, Brasil, Perú,
Ecuador y Panamá, en cada una de las cuales actúan o combaten nuestros
grupos armados.
- La extraordinaria diversidad de Colombia, situada sobre todo en la
Amazonia y la Orinoquia, tierras ambas marcadas por el conflicto.
- La vigencia de los derechos humanos y del Derecho Internacional
Humanitario que, por supuesto, es capital para la comunidad internacional
y es por supuesto negada por este brutal conflicto.
- El especial interés del mundo civilizado en proteger a la mujer, las
minorías étnicas y los oficios sensitivos (periodistas, sindicalistas,
defensores de derechos humanos) que son duramente golpeados por el
conflicto.
- El flujo creciente de refugiados que de manera legal o ilegal ingresan
a Estados Unidos y otros países.
- Después del 11 de septiembre, el "terrorismo" que, así no tenga
alcance "global" del que amenaza directamente al norte, es imputado a las
Farc, el ELN y las AUC por Estados Unidos y otros Estados del mundo.
¿Por
qué se narcotizaron las relaciones?
La "narcotización" de nuestras relaciones exteriores comenzó
por allá en los 70, con los primeros embarques de marihuana y las primeras
actuaciones de la DEA en suelo colombiano. Pero fue entre mayo de 1984
(asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla) y agosto de 1998
(fin del gobierno de Ernesto Samper, a cuya campaña presidencial ingresaron
dineros del Cartel de Cali) cuando el narcotráfico dominó del modo más
visible la política interior y exterior de Colombia: ascenso y caída de
Pablo Escobar, más altibajos de la extradición, hasta 1992; Cartel de Cali y
"proceso ocho mil", más choques entre Bogotá y Washington, hasta 1998.
En ese último año se produce una inflexión: con los carteles
fuera de la vida pública, con las siembras de coca en aumento muy rápido,
con la guerrilla y los paramilitares entrando a fondo en el negocio, el
énfasis de Estados Unidos se desplazó de los "narcos" a la "narcoguerrilla",
de los capos a los comandantes, de los carteles urbanos a los actores
armados instalados en las zonas rurales.
El nuevo énfasis se refleja en el Plan Colombia, cuya
lógica implícita podría resumirse así: Washington, por intermedio de Bogotá,
combina la zanahoria y el garrote respecto de las FARC; el garrote consiste
en un apoyo "decisivo" a las Fuerzas Armadas para vencer a la guerrilla; la
zanahoria consistía en que el Gobierno Nacional se sentara a negociar sin
condiciones, lo cual no era dable por las circunstancias internas de esta
"guerra". La ganancia para Estados Unidos vendría de la derrota militar de
la guerrilla, ya que un acuerdo de paz forzosamente tendría que pasar por el
tema de la droga y por sus otros intereses mencionados.
Plan Colombia: garrote y zanahoria
Paradójicamente, la inspiración "geopolítica" más que
"política" del proceso de paz adelantado bajo el gobierno de Andrés Pastrana
en buena parte explica su fracaso. Para lograr que la guerrilla accediera al
diálogo -lo cual, valga la claridad, era un anhelo arraigado de los propios
colombianos- se empezó por desmilitarizar cinco municipios, una "cuota
inicial" que tenía el doble efecto de ser demasiado alta y de no haber sido
acordada con el "establecimiento" o ambientada en la opinión. De aquí
resultó que, en vez de una negociación sustantiva, el "proceso de paz" se
redujera a tres años de controversia sobre los actos criminales de la
guerrilla dentro de la "zona de distensión".
Las consecuencias fueron:
- El desprestigio creciente de las FARC ante la opinión nacional y
mundial;
- La paradójica adopción de un umbral prohibitivamente alto para
diálogos futuros;
- La mayor polarización;
- El completo descrédito de la vía negociada; y
- El razonamiento tan entendible, como simplista, de que "si no se pudo
a las buenas habrá que hacerlo a las malas". Por ello, la opinión viró
marcadamente hacia la línea dura y eligió, por ventaja contundente, al
candidato que sin duda la encarnaba (Alvaro Uribe Vélez).
¿Por
qué en Estados Unidos coincidieron un gobierno de
derecha y el 11 de septiembre?
Esa coincidencia estrechó la alianza entre Washington y
Bogotá, acentuó el componente "garrote" del Plan Colombia y le añadió el
tinte "antiterrorista". La alianza implica más apoyo y mayor injerencia de
Washington en el conflicto, más convergencia en la definición del enemigo
-"narcoterroristas"- pero también más atención a las prioridades de Estados
Unidos: la droga y el petróleo, por un lado, el respeto a los derechos
humanos, por el otro.
¿Por
qué la nueva trama con Washington cambió nuestras
relaciones con los países vecinos?
De entrada, el conflicto creciente y degradado en cada una
de las cinco fronteras terrestres, junto con el papel crucial aunque
cambiante de Colombia en las redes de la droga, son motivos poderosos de
atención, cuidado y discrepancias entre Cancillerías.
Según sea la evaluación de riesgo y la coyuntura
socio-política, cada gobierno del área hace su balance entre factores tan
disímiles como:
- Acatar afinidades ideológicas;
- Prevenir desmanes en su territorio;
- Impedir el ingreso (o el regreso) de cultivos para usos ilícitos
- Obtener divisas;
- Combatir el narcotráfico;
- No llenarse de refugiados;
- Evitar que un rival potencial se fortalezca;
- Guardar su cercanía o su distancia con Estados Unidos; y
- Mantener sintonía con el gobierno de turno en Bogotá.
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