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 DERECHOS LABORALES: UNA REFLEXIÓN

Derechos Humanos y democracia

Por Dick Erstad  

Palabras ante la Junta Directiva de
Los Derechos de los Trabajadores del Área de Filadelfia
Día Internacional de los Derechos Humanos
Diciembre 10 de 2003
320 Arch Street, Filadelfia, Pensilvania

Hoy conmemoramos el 55º Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ese extraordinario documento incluye en su Artículo 23 algunos derechos fundamentales: el derecho al trabajo; a condiciones laborales justas y favorables y a la protección contra el desempleo; a la retribución salarial igual, por trabajo igual; a una justa remuneración que asegure la dignidad humana y otros medios de protección social; y finalmente, a crear y unirse en sindicatos para la protección de los intereses de los trabajadores.

Sin embargo, para comprender mejor el marco internacional legal e institucional a partir del cual se desarrolla la lucha actual por el derecho de los trabajadores a organizarse, tanto en Estados Unidos como mundialmente, necesitamos mirar atrás, a lo que estaba ocurriendo antes, en el pasado siglo. Fue una era de violencia y guerras sin precedentes, de choques ideológicos y de sistemas económicos; de conquistas coloniales y descolonización, de luchas en todo el mundo por la soberanía, la dignidad y la esperanza.

Surgido de las ruinas de la Gran Guerra, en 1919, el Tratado de Versalles incluyó lo que demostró ser el único aspecto duradero de ese fallido documento: el establecimiento de la Organización Internacional del Trabajo. Era una era de plena conciencia, en la que si la humanidad esperaba evitar la devastación que había visto en la guerra, entonces se volvían necesarias las instituciones internacionales y las normas de conducta para unir a las naciones y los pueblos del mundo, juntos, en torno al propósito común de la paz. Las palabras de los documentos fundadores de la OIT suenan tan ciertas hoy, como les deben haber sonado a sus defensores en 1919.

Existen condiciones de trabajo con injusticias, dificultades y privaciones para un gran número de personas. El incumplimiento de una nación en la adopción de condiciones humanas de trabajo es un obstáculo en el camino de otras naciones que desean mejorar las condiciones en sus propios países. La paz universal y duradera podrá establecerse sólo si estuviera basada en la justicia social.

En los cimientos del edificio originario de la OIT, en Ginebra, reza la inscripción: "Si vis pacem, cole iustitiam" "Si deseas la paz, cultiva la justicia."

La misión de la OIT era promover los derechos fundamentales de los trabajadores y los asalariados, proveerlos de protección social y mejorar las condiciones de trabajo a través del diálogo social entre trabajadores, asalariados, patronos y gobiernos.

La OIT durante sus primeras tres décadas de existencia vio el fracaso de la Liga de las Naciones, la Gran Depresión, el surgimiento del fascismo y el socialismo, y la Segunda Guerra Mundial. La Organización fue compelida a reafirmar sus principios para un mundo de posguerra. Aquí, en Filadelfia, en 1944, la OIT lanzó la Declaración de Filadelfia, que tiene cuatro principios fundamentales:

  • el trabajo no es mercancía
  • la libertad de expresión y de asociación es esencial
  • la pobreza en cualquier lugar constituye un peligro para la prosperidad en todas partes
  • la guerra contra las carencias se debe desatar con vigor implacable

En palabras de Juan Somavía, actual director de la OIT,

El significado clave de la Declaración de Filadelfia fue que situó al ser humano en el centro del desarrollo, y expandió el mandato de la Organización hasta abrazar el campo de las políticas financiera y económica. Estableció firmemente la noción de que las políticas económicas y sociales fueran interdependientes. Según dice la Declaración, "Todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo, tienen el derecho de luchar por su bienestar material y su desarrollo espiritual, en condiciones de libertad y dignidad, de seguridad económica y de igualdad de oportunidades".

La OIT es parte del sistema de Naciones Unidas. Es la única organización tripartita donde trabajadores y patronos disfrutan los mismos derechos ante los gobiernos, tanto en representación como en la toma de decisiones. Otras convenciones se le han añadido, como la no. 97 acerca del Derecho de Organización y Negociación Colectiva, de 1949.

A lo largo de los años, otros muchos convenios y declaraciones internacionales les han ido añadiendo cláusulas a los derechos de los trabajadores y al derecho de organizarse como seres humanos, incluida la Declaración de los Derechos Sociales, Económicos y Culturales de la ONU, de 1966, y en los últimos doce años varias de las cumbres celebradas bajo los auspicios de la ONU, como la de Copenhague sobre los derechos sociales, Viena sobre los derechos humanos, Durban sobre racismo e intolerancia, y Beijing sobre los derechos de la mujer, entre otras. Existe además una Convención sobre los Derechos de los Trabajadores Migrantes y sus Familias, ratificada ya por 24 naciones.

En 1998, la OIT instituyó los derechos básicos del trabajo como derechos humanos inalienables, los cuales han pasado a ser conocidos como "Normas Fundamentales del Trabajo".

  • Libertad de asociación y derecho a la negociación colectiva
  • Abolición de toda forma de trabajo forzoso u obligatorio
  • Abolición efectiva del trabajo infantil
  • Abolición de la discriminación en materia de empleo y ocupación

Casi todos los gobiernos del mundo son miembros de la OIT y, por tanto, de sus convenios. Mucho ha sido el trabajo desplegado para ayudar a las naciones a desarrollar leyes e instituciones con el objetivo de darle vida a estos derechos, y para solucionar problemas. Pero siempre se ha carecido de poder real para hacerlos cumplir, se ha trabajado mediante la persuasión y, en ocasiones, con el poder de la vergüenza. Ha sido un proceso lento y a veces dolorosamente inefectivo, frustrado por naciones poderosas e intereses económicos, e impedido de alcanzar sus promesas, a pesar de contar con un personal entregado a su trabajo y con una dirección visionaria.

Estados Unidos no se unió a la Liga de las Naciones, y sólo a mediados de los años 30 se unió a la OIT. El excepcionalismo de Estados Unidos se ha impuesto la mayor parte de las veces. Estados Unidos es miembro de la OIT, pero en términos de la ratificación de los convenios fundamentales de los trabajadores clasifica al final, junto a un conjunto de países, empatado con Omán, Myanmar –Burma-- al haber ratificado sólo dos. Ahora, el unilateralismo de Estados Unidos a través de una gama de instituciones y asuntos es un hecho, y tiene el efecto de socavar todas las formas de acuerdos internacionales y convenciones que han unido a toda la humanidad. Los derechos del trabajo y el derecho de organizarse están entre ellos, convirtiéndose Estados Unidos en un caso de estudio al erosionar esos derechos.

Quisiera volver ahora a mi tema central, al mencionar no sólo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino también otros instrumentos legales internacionales e instituciones en todas partes, donde personas comprometidas han estado luchando, y continúan luchando, no sólo para hacer uso de la declaración, sino para vivir conforme a ella, a sus principios universales y derechos, incluyendo el derecho a organizarse.

La triste realidad es que en muchas partes del mundo, e incluso aquí en Estados Unidos, estas grandiosas declaraciones de principios y las instituciones que las sustentan no son más que pedazos de papel guardados en algún lugar remoto. ¿Cómo podemos cambiar esto?

Pienso que, aunque imperfecto, ya existe un marco internacional de normas y estándares para los trabajadores. Tenemos movimientos obreros fuertes y en desarrollo, tanto aquí como en todo el mundo, que luchan en sus países por el derecho a organizarse como un derecho fundamental de los derechos humanos. Si queremos tener éxito en transformar el mundo, necesitamos, nosotros mismos, dedicarnos de nuevo a vincular los movimientos locales con los internacionales. Es lo menos que exige esta era de la llamada globalización.

Si no realizamos grandes esfuerzos, si no contamos con el interés de activistas, sindicatos y otras instituciones comprometidos, en todas partes del mundo, las leyes internacionales de protección a los trabajadores que se han logrado se debilitarán, o se desmantelarán, una a una. Vemos que eso ya está sucediendo en Estados Unidos. Sin estas leyes de protección al trabajador, las luchas de base organizadas y las victorias alcanzadas serán cada vez más vulnerables.

En la medida en que las luchas de base organizadas y la protección de nuestros derechos como trabajadores se lleven a cabo en ese marco legal internacional, y se ayude a fortalecerlo, en esa medida estarán esos derechos mejor protegidos y nuestras luchas de base tendrán más posibilidades de triunfar.

Yo pertenezco al American Friends Service Comité, una organización cuáquera fundada aquí, en esta gran ciudad, en 1917, creo que con nuestra propia versión de la Declaración de Filadelfia, que anticipó a la de la OIT en dos años. El AFSC se fundó sobre la premisa de que la paz y la justicia social están indisolublemente unidas al esfuerzo por erradicar las raíces causales de las  guerras y conflictos violentos en el mundo.

La AFSC es un centro de trabajo sindicalizado. Trabajamos para tener buenos contratos y para activarlos en la protección de los derechos de los trabajadores, como derechos humanos. Yo, junto con mis colegas que trabajan a una milla escasa de este lugar, cada día me comprometo en tratar de alcanzar la meta de vincular las luchas de base a la lucha mundial. Sabemos cuán difícil es, pero sabemos también cuán importante es que el trabajo de base sobre la ayuda solidaria, la organización, y la promulgación de los derechos de los trabajadores esté vinculado a luchas más amplias.

Felicito a los organizadores de este evento, y a los de más de 70 eventos como éste que se desarrollan en todo el país, por brindarnos los testimonios de trabajadores que están luchando por defender sus derechos. Son ejemplos que incitan a crear conciencia sobre los vínculos con los movimientos nacionales y mundiales.

La inscripción que está en el edificio de la OIT merece que la inscribamos en nuestros corazones: "Si deseas la paz, cultiva la justicia."

Muchas gracias.

(Traducido del inglés)


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