II
Incorporar la microfinanciación en un banco comercial,
estrategia opuesta a convertir una ONG en microbanco
Convencer a un banco comercial tradicional de que ofrezca
microcréditos por su propia cuenta, sin que el gobierno haya puesto en vigor
normas para esa actividad, solía considerarse una iniciativa totalmente
inútil. Después de todo, la idea de las microfinanzas como instrumento de
desarrollo económico había surgido porque esos bancos no tenían ningún
interés en prestar servicios a clientes de bajos ingresos. Hasta los
expertos que conocían bien los éxitos de la microfinanciación orientada al
mercado en el decenio de 1980 y principios de la década de 1990 eran más
bien escépticos frente a proyectos en ese sentido. Hulme y Mosley (1996, p.
157), quienes publicaron los resultados de sus investigaciones sobre la
creación de instituciones de microfinanciación en 1996, llegaron a la
conclusión siguiente: ‘La observación más significativa debe ser que las
instituciones sin fines de lucro (incluidas las del sector público y las
organizaciones no gubernamentales) parecen tener ventajas comparativas
frente a las instituciones con fines de lucro para prestar servicios
financieros formales a los pobres’. Esta aseveración se basa en tres
argumentos centrales:
- El primero es de carácter empírico: prácticamente ninguna de las
instituciones encuestadas era una empresa dedicada exclusivamente a las
actividades con fines de lucro. ‘...la única empresa incluida en nuestro
estudio que prestaba ese tipo de servicios, y que había alcanzado una
situación de madurez relativa, era BancoSol. Se había originado en PRODEM,
una organización no gubernamental’ (Hulme y Mosley, 1996, p. 157).
- Los otros dos argumentos tienen un carácter más bien teórico,
vinculado con la estructura de gestión de las instituciones. El primero de
ellos es que ‘las empresas privadas sencillamente no están dispuestas a
aportar capital de riesgo para prestar servicios experimentales a
prestatarios (y ahorristas) de bajos ingresos... El segundo tiene que ver
con la premisa errónea de que algunas características de la gestión del
sector privado esenciales para la prestación eficaz de servicios
financieros (determinación de costos y precios, recuperación de costos,
promoción en el personal de una mentalidad orientada a obtener resultados)
sólo se encuentran en las empresas con fines de lucro’ (Hulme y Mosley,
1996, pp. 157 y 158).
Sin embargo, ninguno de los tres argumentos es en realidad
convincente. En primer lugar, el que no se haya intentado hacer algo no
significa que no pueda hacerse. En segundo lugar, quizás las empresas
privadas no estén dispuestas a invertir capital de riesgo en la esfera de la
microfinanciación, pero también es cierto que los donantes no esperan que lo
hagan. Una de las características de los proyectos de crear departamentos de
microcréditos en bancos formales es que una institución donante subsidie los
costos de la puesta en marcha de tales departamentos. En tercer lugar, los
autores citados sin duda tienen razón al creer que las técnicas de gestión
empleadas en el sector privado pueden aplicarse en las organizaciones sin
fines de lucro. La conversión de ONG en microbancos supone precisamente eso
y es lo que explica el éxito del enfoque de mercado de la microfinanciación.
Sin embargo, quizás un criterio tanto o más eficaz para crear estas
instituciones microfinancieras sea aprovechar el incentivo "natural" de las
empresas con fines de lucro a cubrir los costos, en lugar de transformar una
institución sin fines de lucro, concebida para ayudar a un determinado grupo
destinatario, en una organización que respete las limitaciones
presupuestarias y los requisitos de eficiencia económica.
No obstante, los argumentos de Hulme y Mosley dan la clave
para comprender la diferencia fundamental entre los enfoques alternativos de
desarrollo institucional (cuadro 1). Dichos autores establecen la
comparación entre las instituciones de microfinanciación con fines de lucro
y aquellas sin fines de lucro, en lugar de comparar el enfoque basado en la
conversión de ONG en microbancos (lo que se conoce como upscaling)
con el enfoque basado en la creación de departamentos de microfinanzas en
bancos existentes (conocido como downscaling). Al hacer alusión al
tamaño de la institución o a una modificación ascendente o descendente de
escala, las expresiones upscaling y downscaling, surgidas en
la bibliografía sobre microfinanciación para caracterizar a dos estrategias
opuestas en materia de desarrollo institucional son, en el mejor de los
casos, engañosas. Lo que interesa en la construcción de tales instituciones
no es tanto su tamaño. La diferencia fundamental radica en la estructura de
propiedad y de gestión característica de la institución que se utiliza como
punto de partida. En los proyectos de conversión de ONG en microbancos por
lo general se parte de una ONG pequeña perteneciente al sector financiero
informal o semiformal. En cambio, para la creación de departamentos de
microfinanciación en bancos formales generalmente se busca una entidad más
grande, ya registrada como entidad financiera formal. No obstante, en este
último caso las condiciones esenciales son los objetivos comerciales y la
estructura de propiedad del banco comercial. Para que haya un auténtico
proyecto de downscaling, la institución pertinente debe ser un banco
con fines de lucro del sector privado. Si se trata de un banco estatal, sus
características serán similares a las de una ONG, por más que sea formal y
de gran tamaño. Por el contrario, un prestamista privado, aunque sea pequeño
e informal, comparte las características principales de los bancos
comerciales privados. Visto de esta manera, la creación de un banco de nuevo
cuño en realidad no es una alternativa adicional.9 Más allá de que la
creación de un banco nuevo permite ahorrar el tiempo que tomaría transformar
una entidad existente y en cambio exige el esfuerzo de crear una institución
desde cero, las características institucionales de los bancos de nuevo cuño
pueden corresponder a las de instituciones con o sin fines de lucro, según
cual sea su estructura de propiedad y de gestión, cosa que es preciso
examinar (cuadro 1).
Cuadro 1
Alternativas internacionales para las actividades de
microfinanciación

Fuente: Elaboración propia
.
¿Cuáles son las diferencias más importantes en materia de
estructura de propiedad y de gestión de las instituciones con o sin fines de
lucro, que determinan los distintos problemas que habrá que resolver para
transformarlas en instituciones de microfinanciación formales? Los
prejuicios más comunes sobre las dificultades fundamentales que deberá
enfrentar en su desarrollo institucional una entidad de microfinanciación
para cumplir la doble función que le corresponde podrían dar los primeros
indicios. Si bien una institución sin fines de lucro se dedicaría, por sus
propias características, a prestar servicios a grupos pobres, es común
suponer que le resultará difícil asegurar la eficiencia y realizar los
esfuerzos necesarios para cubrir los costos. En contraposición, un banco
privado supuestamente hará por su propia cuenta todo lo posible por asegurar
la eficiencia en función de los costos y la rentabilidad. El mayor problema
en materia de desarrollo institucional será convencer al banco de que preste
servicios a microclientes.
Indudablemente, estas visiones son demasiado simplificadas.
Para dar un solo ejemplo, aunque importante, puede decirse que tanto las
instituciones de microfinanciación sin fines de lucro como los bancos con
fines de lucro generalmente son dirigidos por administradores designados.
Éstos podrían estar utilizando (indebidamente) la institución para lograr
ciertos objetivos personales en lugar de dedicarse a satisfacer las
necesidades del grupo destinatario o maximizar las utilidades. En
consecuencia, no se puede dar por sentado que en una organización sin fines
de lucro los fondos se utilizarán exclusivamente en favor del grupo
destinatario, ni que la eficiencia en función de los costos sea la
característica fundamental de una institución bancaria con fines de lucro.
No obstante, los prejuicios más comunes no carecen totalmente de fundamento.
De hecho, el principal desafío para el diseño de una estructura de gestión
de una institución sin fines de lucro —trátese de una ONG o de un banco
estatal— es establecer restricciones presupuestarias estrictas que le
impidan perder dinero. Las mayores dificultades para establecer
restricciones presupuestarias estrictas en las instituciones sin fines de
lucro derivan de la estructura de la propiedad y del control: si se dona
capital a una institución o se diluye su estructura de propiedad, como
ocurre con frecuencia en los bancos estatales, no habrá un propietario que
tenga interés personal en ejercer los derechos de control y que al mismo
tiempo deba responder por los resultados (financieros) positivos o negativos
de la institución (cuadro 2). En tal sentido, no hay duda de que las
empresas privadas poseen una ventaja. Los propietarios no sólo tienen un
incentivo para multiplicar el valor de sus acciones, ejercitando sus
derechos de control, sino que tales empresas enfrentan el riesgo de
insolvencia si pierden su capital (un riesgo que también obliga a los
administradores designados a ser más cuidadosos). Por último, aunque no por
ello menos importante, las empresas privadas generalmente deben hacer frente
a la competencia, lo que restringe el margen de ineficiencia que cada una de
ellas puede permitirse. Para que las organizaciones sin fines de lucro
compensen sus debilidades en materia de sostenibilidad financiera, pueden
imitar las técnicas de gestión de las entidades con fines de lucro, como
señalan Hulme y Mosley (1996).
CUADRO 2
Los desafíos del desarrollo institucional: instituciones
con o sin fines de lucro
| |
Sin fines de lucro |
Con fines de lucro |
|
Sostenibilidad |
Mecanismo "trasplantado" |
Mecanismo "natural" |
|
Cobertura de los costos
|
Riesgo de insolvencia si se interrumpe la corriente de
donaciones |
Riesgo de insolvencia porque los fondos de los
propietarios son limitados |
|
Eficiencia
|
Prevención de la laxitud organizativa mediante la
imitación de las técnicas de gestión de las instituciones con fines de
lucro o el control ejercido por los donantes |
Técnicas de gestión de las instituciones con fines de
lucro; competencia; gestión realizada o controlada por el propietario |
|
Orientación al grupo destinatario |
Control ejercido por los donantes para evitar que la
administración abuse de la institución para su propio provecho
|
Control ejercido por los donantes para evitar que los
propietarios usen los subsidios en actividades más lucrativas ajenas a
las necesidades del grupo destinatario |
|
Subsidios |
|
Temporales
|
Para cubrir las pérdidas hasta que la institución
pueda solventar los costos y conservar el capital |
Para lograr que la actividad en beneficio del grupo
destinatario cubra los costos (incluidos los costos de oportunidad del
capital) |
|
Por un plazo indefinido
|
Equivalentes a la rentabilidad del capital en una
inversión alternativa |
|
|
Control ejercido por los donantes
|
Por un período indefinido o hasta que se haga la
transición a una empresa con fines de lucro |
Hasta que las actividades en beneficio del grupo
destinatario sean tan rentables como otras inversiones |
Fuente: Elaboración propia.
Aunque el "trasplante" de estas técnicas utilizadas por las
instituciones con fines de lucro funcionara bastante bien (y existe un buen
número de ejemplos de lo contrario),
10 toma mucho tiempo y es caro,
como lo demuestra el lento y prolongado proceso de conversión de ONG.
Es indudable, por lo tanto, que la estructura de
propiedad de un banco con fines de lucro tiene sus ventajas respecto de la
cobertura de los costos, en tanto factor que garantiza la sostenibilidad de
la institución. Las principales dificultades estriban (y aquí nuevamente
cobran validez los prejuicios más frecuentes contra las entidades con fines
de lucro) en hacer que estas instituciones se orienten al grupo
destinatario. El mayor obstáculo no radica en los costos de puesta en
marcha, porque las instituciones donantes están dispuestas a subsidiar los
costos de ingreso. Son las perspectivas comerciales de largo plazo para
servir a microclientes lo que podría hacer que entidades con fines de lucro
fuesen inadecuadas como instituciones de microfinanciación.
Si bien una entidad con fines de lucro se hace sostenible
tan pronto como logra cubrir los costos operacionales y financieros y evitar
la descapitalización, ni el departamento de microfinanzas de un banco
comercial ni una institución de microfinanciación con fines de lucro
alcanzará a la vez el punto de equilibrio y la sostenibilidad. Para que la
microfinanciación sea un negocio y que una institución con fines de lucro
continúe en esa actividad, aunque se vayan eliminando los subsidios de los
donantes y los controles concomitantes que ellos ejercen, no sólo debe ser
rentable, sino que debe tener la misma rentabilidad que cualquier actividad
que compita por los recursos limitados de un propietario de banco. Este
punto de referencia, que determina la sostenibilidad de la microfinanciación
en los bancos con fines de lucro, ha sido denominado en la bibliografía
especializada como "la plena sostenibilidad financiera". Ella involucra,
entre otras cosas, la necesidad de cubrir los costos de oportunidad del
capital del propietario.
Este umbral es ineludible para las entidades con fines de
lucro, pero carece de toda significación para la supervivencia de las
instituciones sin fines de lucro. Se considera que una empresa privada que
es parte integrante del mercado debe maximizar los beneficios y enfrentar la
competencia utilizando con la mayor eficacia posible los escasos recursos de
que dispone. Las instituciones sin fines de lucro no están sujetas de igual
manera a estas fuerzas del mercado. Las reglas que rigen su supervivencia
son otras porque, por definición, sus motivaciones no son meramente
financieras. El solo hecho de que el capital de una ONG provenga de
donaciones la libera de la necesidad de cubrir los costos de oportunidad del
capital. Mientras no genere pérdidas, puede sobrevivir casi eternamente
aunque la rentabilidad del capital sea significativamente menor que la de un
banco con fines de lucro.
Por ese motivo, la microfinanciación en un banco con
fines de lucro es la piedra de tope para sopesar las potencialidades de la
microfinanciación: si las microfinanzas pueden convertirse en una actividad
realmente rentable para un banco comercial, se hace innecesario subsidiar en
forma permanente a instituciones sin fines de lucro. Aun si los subsidios
sólo se aportan como donación de capital, siempre será necesaria la
supervisión de los donantes para evitar su mal uso por laxitud organizativa.11
Las entidades con fines de lucro cuentan con ventajas
efectivas para desempeñarse como instituciones microfinancieras, siempre y
cuando la microfinanciación pueda convertirse en una solución que beneficie
a todas las partes interesadas en un período acotado de tiempo. Cabe
preguntarse si las innovaciones en la estructura de tales instituciones —a
saber, la creación de departamentos de microfinanzas en bancos con fines de
lucro y la fundación de bancos de nuevo cuño— realmente suponen una
experimentación con las estructuras de propiedad de las entidades con fines
de lucro, y en ese caso, si ofrecen la posibilidad de materializar las
expectativas puestas en la microfinanciación.
Notas