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ISSN 1913-6196

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 INSTITUCIONES DE MICROFINANCIACION EN EL DESARROLLO DE MERCADOS FINANCIEROS

Desarrollo humano sustentable

Por Eva Terberger

Parte 2 /5

Tomado CEPAL Review, Nº 81 (LC/G.2216-P/E),
Santiago de Chile,
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
Diciembre, 2003

II

Incorporar la microfinanciación en un banco comercial, estrategia opuesta a convertir una ONG en microbanco

Convencer a un banco comercial tradicional de que ofrezca microcréditos por su propia cuenta, sin que el gobierno haya puesto en vigor normas para esa actividad, solía considerarse una iniciativa totalmente inútil. Después de todo, la idea de las microfinanzas como instrumento de desarrollo económico había surgido porque esos bancos no tenían ningún interés en prestar servicios a clientes de bajos ingresos. Hasta los expertos que conocían bien los éxitos de la microfinanciación orientada al mercado en el decenio de 1980 y principios de la década de 1990 eran más bien escépticos frente a proyectos en ese sentido. Hulme y Mosley (1996, p. 157), quienes publicaron los resultados de sus investigaciones sobre la creación de instituciones de microfinanciación en 1996, llegaron a la conclusión siguiente: ‘La observación más significativa debe ser que las instituciones sin fines de lucro (incluidas las del sector público y las organizaciones no gubernamentales) parecen tener ventajas comparativas frente a las instituciones con fines de lucro para prestar servicios financieros formales a los pobres’. Esta aseveración se basa en tres argumentos centrales:

  • El primero es de carácter empírico: prácticamente ninguna de las instituciones encuestadas era una empresa dedicada exclusivamente a las actividades con fines de lucro. ‘...la única empresa incluida en nuestro estudio que prestaba ese tipo de servicios, y que había alcanzado una situación de madurez relativa, era BancoSol. Se había originado en PRODEM, una organización no gubernamental’ (Hulme y Mosley, 1996, p. 157).
  • Los otros dos argumentos tienen un carácter más bien teórico, vinculado con la estructura de gestión de las instituciones. El primero de ellos es que ‘las empresas privadas sencillamente no están dispuestas a aportar capital de riesgo para prestar servicios experimentales a prestatarios (y ahorristas) de bajos ingresos... El segundo tiene que ver con la premisa errónea de que algunas características de la gestión del sector privado esenciales para la prestación eficaz de servicios financieros (determinación de costos y precios, recuperación de costos, promoción en el personal de una mentalidad orientada a obtener resultados) sólo se encuentran en las empresas con fines de lucro’ (Hulme y Mosley, 1996, pp. 157 y 158).

Sin embargo, ninguno de los tres argumentos es en realidad convincente. En primer lugar, el que no se haya intentado hacer algo no significa que no pueda hacerse. En segundo lugar, quizás las empresas privadas no estén dispuestas a invertir capital de riesgo en la esfera de la microfinanciación, pero también es cierto que los donantes no esperan que lo hagan. Una de las características de los proyectos de crear departamentos de microcréditos en bancos formales es que una institución donante subsidie los costos de la puesta en marcha de tales departamentos. En tercer lugar, los autores citados sin duda tienen razón al creer que las técnicas de gestión empleadas en el sector privado pueden aplicarse en las organizaciones sin fines de lucro. La conversión de ONG en microbancos supone precisamente eso y es lo que explica el éxito del enfoque de mercado de la microfinanciación. Sin embargo, quizás un criterio tanto o más eficaz para crear estas instituciones microfinancieras sea aprovechar el incentivo "natural" de las empresas con fines de lucro a cubrir los costos, en lugar de transformar una institución sin fines de lucro, concebida para ayudar a un determinado grupo destinatario, en una organización que respete las limitaciones presupuestarias y los requisitos de eficiencia económica.

No obstante, los argumentos de Hulme y Mosley dan la clave para comprender la diferencia fundamental entre los enfoques alternativos de desarrollo institucional (cuadro 1). Dichos autores establecen la comparación entre las instituciones de microfinanciación con fines de lucro y aquellas sin fines de lucro, en lugar de comparar el enfoque basado en la conversión de ONG en microbancos (lo que se conoce como upscaling) con el enfoque basado en la creación de departamentos de microfinanzas en bancos existentes (conocido como downscaling). Al hacer alusión al tamaño de la institución o a una modificación ascendente o descendente de escala, las expresiones upscaling y downscaling, surgidas en la bibliografía sobre microfinanciación para caracterizar a dos estrategias opuestas en materia de desarrollo institucional son, en el mejor de los casos, engañosas. Lo que interesa en la construcción de tales instituciones no es tanto su tamaño. La diferencia fundamental radica en la estructura de propiedad y de gestión característica de la institución que se utiliza como punto de partida. En los proyectos de conversión de ONG en microbancos por lo general se parte de una ONG pequeña perteneciente al sector financiero informal o semiformal. En cambio, para la creación de departamentos de microfinanciación en bancos formales generalmente se busca una entidad más grande, ya registrada como entidad financiera formal. No obstante, en este último caso las condiciones esenciales son los objetivos comerciales y la estructura de propiedad del banco comercial. Para que haya un auténtico proyecto de downscaling, la institución pertinente debe ser un banco con fines de lucro del sector privado. Si se trata de un banco estatal, sus características serán similares a las de una ONG, por más que sea formal y de gran tamaño. Por el contrario, un prestamista privado, aunque sea pequeño e informal, comparte las características principales de los bancos comerciales privados. Visto de esta manera, la creación de un banco de nuevo cuño en realidad no es una alternativa adicional.9 Más allá de que la creación de un banco nuevo permite ahorrar el tiempo que tomaría transformar una entidad existente y en cambio exige el esfuerzo de crear una institución desde cero, las características institucionales de los bancos de nuevo cuño pueden corresponder a las de instituciones con o sin fines de lucro, según cual sea su estructura de propiedad y de gestión, cosa que es preciso examinar (cuadro 1).

Cuadro 1
A
lternativas internacionales para las actividades de microfinanciación

Fuente: Elaboración propia.

¿Cuáles son las diferencias más importantes en materia de estructura de propiedad y de gestión de las instituciones con o sin fines de lucro, que determinan los distintos problemas que habrá que resolver para transformarlas en instituciones de microfinanciación formales? Los prejuicios más comunes sobre las dificultades fundamentales que deberá enfrentar en su desarrollo institucional una entidad de microfinanciación para cumplir la doble función que le corresponde podrían dar los primeros indicios. Si bien una institución sin fines de lucro se dedicaría, por sus propias características, a prestar servicios a grupos pobres, es común suponer que le resultará difícil asegurar la eficiencia y realizar los esfuerzos necesarios para cubrir los costos. En contraposición, un banco privado supuestamente hará por su propia cuenta todo lo posible por asegurar la eficiencia en función de los costos y la rentabilidad. El mayor problema en materia de desarrollo institucional será convencer al banco de que preste servicios a microclientes.

Indudablemente, estas visiones son demasiado simplificadas. Para dar un solo ejemplo, aunque importante, puede decirse que tanto las instituciones de microfinanciación sin fines de lucro como los bancos con fines de lucro generalmente son dirigidos por administradores designados. Éstos podrían estar utilizando (indebidamente) la institución para lograr ciertos objetivos personales en lugar de dedicarse a satisfacer las necesidades del grupo destinatario o maximizar las utilidades. En consecuencia, no se puede dar por sentado que en una organización sin fines de lucro los fondos se utilizarán exclusivamente en favor del grupo destinatario, ni que la eficiencia en función de los costos sea la característica fundamental de una institución bancaria con fines de lucro. No obstante, los prejuicios más comunes no carecen totalmente de fundamento. De hecho, el principal desafío para el diseño de una estructura de gestión de una institución sin fines de lucro —trátese de una ONG o de un banco estatal— es establecer restricciones presupuestarias estrictas que le impidan perder dinero. Las mayores dificultades para establecer restricciones presupuestarias estrictas en las instituciones sin fines de lucro derivan de la estructura de la propiedad y del control: si se dona capital a una institución o se diluye su estructura de propiedad, como ocurre con frecuencia en los bancos estatales, no habrá un propietario que tenga interés personal en ejercer los derechos de control y que al mismo tiempo deba responder por los resultados (financieros) positivos o negativos de la institución (cuadro 2). En tal sentido, no hay duda de que las empresas privadas poseen una ventaja. Los propietarios no sólo tienen un incentivo para multiplicar el valor de sus acciones, ejercitando sus derechos de control, sino que tales empresas enfrentan el riesgo de insolvencia si pierden su capital (un riesgo que también obliga a los administradores designados a ser más cuidadosos). Por último, aunque no por ello menos importante, las empresas privadas generalmente deben hacer frente a la competencia, lo que restringe el margen de ineficiencia que cada una de ellas puede permitirse. Para que las organizaciones sin fines de lucro compensen sus debilidades en materia de sostenibilidad financiera, pueden imitar las técnicas de gestión de las entidades con fines de lucro, como señalan Hulme y Mosley (1996).

 

CUADRO 2

Los desafíos del desarrollo institucional: instituciones con o sin fines de lucro

 

Sin fines de lucro

Con fines de lucro

Sostenibilidad

Mecanismo "trasplantado"

Mecanismo "natural"

Cobertura de los costos

Riesgo de insolvencia si se interrumpe la corriente de donaciones

Riesgo de insolvencia porque los fondos de los propietarios son limitados

Eficiencia

Prevención de la laxitud organizativa mediante la imitación de las técnicas de gestión de las instituciones con fines de lucro o el control ejercido por los donantes

Técnicas de gestión de las instituciones con fines de lucro; competencia; gestión realizada o controlada por el propietario

Orientación al grupo destinatario

Control ejercido por los donantes para evitar que la administración abuse de la institución para su propio provecho

Control ejercido por los donantes para evitar que los propietarios usen los subsidios en actividades más lucrativas ajenas a las necesidades del grupo destinatario

Subsidios

Temporales

Para cubrir las pérdidas hasta que la institución pueda solventar los costos y conservar el capital

Para lograr que la actividad en beneficio del grupo destinatario cubra los costos (incluidos los costos de oportunidad del capital)

Por un plazo indefinido

Equivalentes a la rentabilidad del capital en una inversión alternativa

 

Control ejercido por los donantes

Por un período indefinido o hasta que se haga la transición a una empresa con fines de lucro

Hasta que las actividades en beneficio del grupo destinatario sean tan rentables como otras inversiones

Fuente: Elaboración propia.

Aunque el "trasplante" de estas técnicas utilizadas por las instituciones con fines de lucro funcionara bastante bien (y existe un buen número de ejemplos de lo contrario), 10 toma mucho tiempo y es caro, como lo demuestra el lento y prolongado proceso de conversión de ONG.

Es indudable, por lo tanto, que la estructura de propiedad de un banco con fines de lucro tiene sus ventajas respecto de la cobertura de los costos, en tanto factor que garantiza la sostenibilidad de la institución. Las principales dificultades estriban (y aquí nuevamente cobran validez los prejuicios más frecuentes contra las entidades con fines de lucro) en hacer que estas instituciones se orienten al grupo destinatario. El mayor obstáculo no radica en los costos de puesta en marcha, porque las instituciones donantes están dispuestas a subsidiar los costos de ingreso. Son las perspectivas comerciales de largo plazo para servir a microclientes lo que podría hacer que entidades con fines de lucro fuesen inadecuadas como instituciones de microfinanciación.

Si bien una entidad con fines de lucro se hace sostenible tan pronto como logra cubrir los costos operacionales y financieros y evitar la descapitalización, ni el departamento de microfinanzas de un banco comercial ni una institución de microfinanciación con fines de lucro alcanzará a la vez el punto de equilibrio y la sostenibilidad. Para que la microfinanciación sea un negocio y que una institución con fines de lucro continúe en esa actividad, aunque se vayan eliminando los subsidios de los donantes y los controles concomitantes que ellos ejercen, no sólo debe ser rentable, sino que debe tener la misma rentabilidad que cualquier actividad que compita por los recursos limitados de un propietario de banco. Este punto de referencia, que determina la sostenibilidad de la microfinanciación en los bancos con fines de lucro, ha sido denominado en la bibliografía especializada como "la plena sostenibilidad financiera". Ella involucra, entre otras cosas, la necesidad de cubrir los costos de oportunidad del capital del propietario.

Este umbral es ineludible para las entidades con fines de lucro, pero carece de toda significación para la supervivencia de las instituciones sin fines de lucro. Se considera que una empresa privada que es parte integrante del mercado debe maximizar los beneficios y enfrentar la competencia utilizando con la mayor eficacia posible los escasos recursos de que dispone. Las instituciones sin fines de lucro no están sujetas de igual manera a estas fuerzas del mercado. Las reglas que rigen su supervivencia son otras porque, por definición, sus motivaciones no son meramente financieras. El solo hecho de que el capital de una ONG provenga de donaciones la libera de la necesidad de cubrir los costos de oportunidad del capital. Mientras no genere pérdidas, puede sobrevivir casi eternamente aunque la rentabilidad del capital sea significativamente menor que la de un banco con fines de lucro.

Por ese motivo, la microfinanciación en un banco con fines de lucro es la piedra de tope para sopesar las potencialidades de la microfinanciación: si las microfinanzas pueden convertirse en una actividad realmente rentable para un banco comercial, se hace innecesario subsidiar en forma permanente a instituciones sin fines de lucro. Aun si los subsidios sólo se aportan como donación de capital, siempre será necesaria la supervisión de los donantes para evitar su mal uso por laxitud organizativa.11

Las entidades con fines de lucro cuentan con ventajas efectivas para desempeñarse como instituciones microfinancieras, siempre y cuando la microfinanciación pueda convertirse en una solución que beneficie a todas las partes interesadas en un período acotado de tiempo. Cabe preguntarse si las innovaciones en la estructura de tales instituciones —a saber, la creación de departamentos de microfinanzas en bancos con fines de lucro y la fundación de bancos de nuevo cuño— realmente suponen una experimentación con las estructuras de propiedad de las entidades con fines de lucro, y en ese caso, si ofrecen la posibilidad de materializar las expectativas puestas en la microfinanciación.


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